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A MODO DE SALUDO NAVIDEÑO



NAVIDAD GAUCHA EN TRES PALABRAS

Dijo por primera vez:
¡Mama!

(como todos los gurises gauchitos)

Dijo por primera vez:
¡Tata!

(como todos los gurises gauchitos)

Una Virgen Inmaculada y
Dios Padre  le respondieron:

¡m’Hijo!




Gloria Martínez


HIMNO AL GENERAL SAN MARTÍN


Yerga el Ande su cumbre más alta,
dé la mar el metal de su voz
y entre cielos y nieves eternas
se alza el trono del Libertador

Suenen claras trompetas de gloria
y levanten un himno triunfal,
que la luz de la historia
agiganta la figura del Gran Capitán.

De las tierras del Plata a Mendoza,
de Santiago a la Lima gentil
fue sembrando en la ruta laureles
a su paso triunfal, San Martín.

San Martín, el señor de la guerra,
por secreto designio de Dios,
grande fue cuando el sol lo alumbraba
y más grande en la puesta del sol.

¡Padre augusto del pueblo argentino,
héroe magno de la libertad!
A tu sombra la patria se agranda
en virtud, en trabajo y en paz.

¡San Martín! ¡San Martín! Que tu nombre
honra y prez de los pueblos del sur
aseguren por siempre los rumbos
de la patria que alumbra tu luz.
 

(Música: Arturo Luzzatti - Letra: Segundo M. Argarañáz) 

COMBATE DE LA VUELTA DE OBLIGADO

Campo de gloria

Carlos Obligado

Allá al fin de la Vuelta, donde ya por vez última
Refleja el Paraná campesinas barrancas,
Gira en hondos remansos, y sesgado al oriente,
Por el dédalo isleño se desliza hacia el Plata,
Viejo campo de gloria la heredad solariega
Tiende en prados y bosques y tersura de aguas,
Donde, pronto hará un siglo, combatientes heroicos
Defendieron la Vía primordial de la patria.

Si en defensa del paso, baterías ligeras
Tuvo el jefe argentino que oponer a la escuadra,
No apocó a sus valientes esa lucha imposible
Del cañón de marina y el cañón de campaña.
Y alza aquí su baluarte, cierra ahí nuestro río
Con la triple cadena de su puente de barcas,
Y contiene a las naves con tormenta de fuego
Mientras queda un soldado, y un cañón, y una bala…

¡Pasa, quilla extranjera: será breve tu orgullo!
Del arrojo tremendo, del martirio sin tacha,
Diga sólo la Historia. “Fueron mil defensores,
Y quinientos, aquí, para siempre descansan”…
¿Qué importa que los héroes arbolaran tu insignia,
Roja Federación que ese día eras santa?
¡Vergüenza al argentino que no estuvo, en su hora,
Con el “tirano” criollo frente al gringo pirata!

Hoy, pacíficas naves van por ti, río inmenso,
Y apoyáis altos muelles, nemorosas barrancas,
Que a colmar las bodegas, para el hambre del mundo,
Desde aquel llano fértil al canal se adelantan.
Nada es eco de antaños, ni recuerda que un día
Fueran campo de horror estos campos de gracia.
Sólo, acaso, el labriego, su azadón virgiliano
Mella en huesos antiguos y en herrumbre de armas.

Ni más piden los bravos, su laurel ya ceñido,
Pues cayeron en pro de la tierra sagrada,
Y hoy, llamada a respeto, sabe la ávida Europa
Que no es cosa de nadie nuestra próvida Pampa.
Mas, la Patria no olvide que allanó a su bandera,
Con derrota fecunda, la victoria cercana,
Esa hueste indomable que luchó en Obligado

Y que duerme a la sombra de una cruz solitaria…

12 DE AGOSTO




Antonio Caponnetto


Hoy la ciudad acampa en su ribera,
el viento del sudeste empuja al río,
trazando orillas que no son de agua.

Albión está encallada en un estuario
que la cartografía de los mares
da por perdido al sur, ignoto y frío.

Sopla el invierno su canción helada,
rastro del mediodía, racha dura,
aire que no perdona al forastero.

Hoy es el día en la ciudad signada.

Bofarrul arengaba a los Miñones,
Juan Gutiérrez plegaba su velamen,
el polvorín de Alzaga está inquieto
y las anclas del bárbaro navío
yacen hundidas en la tierra infértil.

Los riachos del Tigre o San Isidro,
la Chacarita de los Colegiales,
o en Luján, los Corrales o en Olivos,
donde pasa Liniers todos lo aclaman

El ultimátum ya arribó hasta el Fuerte,
la mirada de Beresford se apaga:
“¿Cómo han llegado allí, de las orillas,
armados de trabucos antañones?
¿Quiénes son estos hombres de a caballo,
de a pie, de a puño limpio,o poncho al brazo?
¿De qué cuartel salen mujeres, chicos,
viejos, caudillos,veteranos, frailes,
en qué Academia las terrazas lanzan
aceite hirviendo, piedras o guijarros?
¿Qué táctica es aquella de facones,
de relinchos,caronas y cabestros?
¿Cuándo enseñó el Liceo entre sus aulas
que una reja es puñal o carabina,
cuándo se vio el repique de badajos
animando el coraje de plegarias?”

A bayoneta y paso de carrera
otra vez Bofarrul se abre camino
entre dos centenares de invasores.
Y Liniers en vanguardia, sable enhiesto,
en las calles, la plaza, la recova,
en el pórtico antiguo del santuario,
multiplicando esfuerzos y victorias.
Tres balas condecoran su uniforme,
él escucha un clamor: “¡avance, avance!”
Su nombre y su destino eran Santiago.

Las murallas del Fuerte por asalto,
el puente levadizo que se tumba,
el mástil rojo y gualda, nuevamente,
desfila la derrota, silenciosa.

Hoy es el día en la ciudad signada,
un día medieval, templario, andante.
Santa María de la Reconquista
se llama desde entonces Buenos Aires.



GRANADEROS A CABALLO

Leopoldo Lugones

Con arrebato de horda va el corcel formidable.
Enredado a sus crines ruge el viento de Dios.
Sobre el bosque de hierro vibra en llamas un sable
Que divide a lo lejos el firmamento en dos.

La montaña congénere donde el cóndor empluja,
Sonreída de aurora despertó a ese tropel
De Patria, y la simétrica marea ungió en la espuma
De un brindis gigantesco los flancos del corcel.

La tierra devorada por los cascos, se abisma
En el tremendo vértigo que arrastra aquel alud.
Y el Himno natal surge del trueno con la misma
Voz que estalló en clarines en los campos del Sud.

¡Tufo de potro; aroma de sangre; olor de gloria!
La hueste bebe el triunfo cual sublime alcohol,
Y la muerte despliega sobre su trayectoria,
Acabada la tierra, la mar de luz del sol.

UN NIÑO Y SAN MARTÍN


César Fernández Moreno

San Martín, fatigado de galopar el cielo,
En el pueblo y mi plaza puso fin a su vuelo:
Ved ahora su brazo que hacia el azul señala,
Tan firme sobre el viento como si fuera un ala.
Desde su pedestal altísimo de piedra
Es el gran capitán del ombú y de la hiedra,
Y también de las flores que adornan los canteros;
De los ligustros graves, de los pastos terreros
Donde empuja su lodoel negro escarabajo...
Porque es el capitán de lo alto y de lo bajo,
De lo fuerte y lo débil, de lo humilde y altivo.
Lo puedo decir yo, que ante su plaza vivo,
Y, con mis compañeros, en ella río y lloro
Mientras él con justicia reparte el sol de oro.

Cuando en su pedestal juego a las escondidas
Y me toca contar en sus piedras sabidas,
Hacia él mi mirada sube entre dedo y dedo
Y en su actitud de bronce aprendo su denuedo.
Si él quisiera tomarlo de un manotazo airado,
El cielo le cabría en un puño cerrado;
Si él quisiera dos cielos, de un tajo formidable
En dos lo partiría con su virgíneo sable.
Pero él no quiere nada. Le basta lo que tiene:
El don de señalar el rumbo que conviene;
Porque donde él indica, allí el Norte se asoma,
La rosa de los vientos por él cambia de aroma.
¡Oh general del cielo! Junto a tu pedestal,
A tus plantas rendido, se desvanece el mal.
Contigo raya el día donde la noche raya,
Recíbeme en tu sombra cuando la luz se vaya.

ANTE LOS RESTOS DEL GENERAL SAN MARTÍN



Carlos Guido y Spano

Faltaba esa reliquia a nuestra tierra,
Este homenaje a nuestro honor faltaba;
La memoria del héroe reclamaba
En la patria el sepulcro que hoy se cierra

Ante él se inclina el genio de la guerra,
Cuya luz su alta mente iluminaba
Cuando el libre pendón triunfante alzaba,
Del mundo asombro, en la gigante sierra.

Fue su gloria sin mancha y sin ocaso:
De Mayo el verde lauro la eternice,
Y antes de hollarle América sucumba.

Rompió el alma inmortal su frágil vaso:
“Yace aquí San Martín”, el mármol dice;
Pero a tal hombre es pórtico la tumba.

Nuestra Señora del Carmen


Generala del Ejército Argentino
Por tierras cuyanas
va San Martín galopando
con veteranía de caballero.
Sus ojos se detienen en la cima
del Ande. Imaginan el horizonte
que se oculta tras las montañas,
el resplandor azul y blanco de las
aguas golpeando la nieve.
Otea el vuelo del cóndor, mide
la altura de la estrella, pesa el
cansancio sobre sus hombros.
Nada podrá conseguirse sin
la custodia de María.
Y la nombró Patrona y Generala
de las Armas Argentinas.
Ella cruzó por Uspallata y
Los Patos, entre pendones, rifles,
cañones y maromas. Ella salió
en procesión a la vanguardia de
los héroes. Ella cuidó la
retaguardia en el peligro, y
avanzó entre tambores y clarines
que anunciaban la Independencia.
Su presencia marcaba las horas
del brío y el tiempo del responso.
El Angelus de la tropa la
encontraba engalanada, y
algunas cuerdas de guitarra le
dedicaban sus sones como trofeos.
Bajo la protección de Ntra. Sra.
del Carmen, recemos los misterios
gozosos de la Patria. Para que
nos resulte posible entender e
imitar, a aquella argentina épica y
batalladora, que resguardaba su
soberanía como se cuida la risa
intacta en el rostro de la madre.
(Cabildo, Nº 82)

Poesías

ANTE LOS RESTOS DEL GRAL. SAN MARTÍN
Carlos Guido y Spano

Faltaba esa reliquia a nuestra tierra,
este homenaje a nuestro honor faltaba;
la memoria del héroe reclamaba
en la patria el sepulcro que hoy cierra.

Ante él se inclina el genio de la guerra,
cuya luz su alta mente iluminaba
cuando el libre pendón triunfante alzaba,
del mundo asombro, en la gigante sierra.

Fue su gloria sin mancha y sin ocaso;
de Mayo el verde lauro la eternice,
y antes de hollarle América sucumba.

Rompió el alma inmortal su frágil vaso:
“Yace aquí San Martín” el mármol dice;
pero a tal nombre es pórtico la tumba.

SAN MARTÍN
Canto lírico (fragmento)
Olegario V. Andrade

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¡Milagros de la gloria!
Tu espada, San Martín hizo el prodigio:
Ella es el lazo que une
Los extremos de un siglo ante la historia.
Y entre ellos se levanta,
Como el sol en el mar dorando espumas,
El astro brillador de tu memoria.

No morirá tu nombre,
Ni dejará de resonar un día
Tu grito de batalla,
Mientras haya en los Andes una roca
Y un cóndor en su cúspide bravía.
¡Está escrito en la cima y en la playa,
En el monte, en el valle, por doquiera,
Y alcanza de Misiones al Estrecho
La sombra colosal de tu bandera!