LAS IDEAS POLÍTICAS

 

del General San Martín en Cuyo (1814-1816)

 

Prof. Lic. Alejandro Darío Sanfilippo

 

A juzgar por lo que nos dice la historiografía liberal argentina y nuestras maestras, la vida, obra y pensamiento del Capitán General José Francisco de San Martín son tan simples como absurdas. Recorrió medio mundo a los sablazos, expuso su tranquilidad material y espiritual por su tierra natal, cuando en realidad vivía en ella. Es más, cuando anduvo por América no visitó nunca su entrañable Yapeyú, actitud propia de esas tiernas almas románticas que pueblan el mundo, a excepción de los ejércitos y sus cuerpos de oficiales, lugares por donde transitó su existencia.

 

San Martín no es un tema fácil históricamente hablando, y esta es nuestra primera afirmación. En él concurren los más altos intereses políticos de nuestra nacionalidad y por ello, históricos culturales, sometiéndolo a un forcejeo que no hubiese tolerado en vida. El material existente sobre su persona es casi infinito, hay de todos los tamaños y pelajes, radicando allí una importante dificultad. Se comienza a leer, consultar e investigar y en vez de ingresar en un recto y caudaloso río, lo hacemos a un delta de innumerables cursos, para desembocar finalmente en un inmenso océano, donde desaparece a primera vista cualquier posibilidad de síntesis. Fundamentalmente se transforma en costosa empresa dar una conclusión categórica para un trabajo como el presente, donde la extensión debe compatibilizarse con el interés de una lectura numerosa.

 

Como inicio, establezcamos los límites del trabajo: este se focaliza en los años en que San Martín fue Gobernador Intendente de Cuyo (1814-1816); basándose en los escritos autógrafos y éditos que se hallan en la colección DOCUMENTOS DEL ARCHIVO DE SAN MARTIN, Tomo V, Comisión Nacional del Centenario, 1910, Buenos Aires, existente en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, en los cuales hace mención de su pensamiento político en dicha oportunidad y circunstancia.

 

Desde el primer momento debemos sostener que lo aquí expresado se halla sujeto a revisión. Pues, habiendo sido realizado el presente con la mayor de las seriedades, conciencia y aplicación, es honesto, intelectualmente, confesar que el campo abierto supera el punto de vista actual del autor. Creemos profundamente, que se trata de un vacío historiográfico nacional la cuestión San Martín, no solo de quien suscribe, aunque parezca un contrasentido frente a la cantidad.

 

Cuando un grande en todos los campos (menos en lo militar), como lo fue el General Bartolomé Mitre, hace y escribe historia transfiere, haciendo extensiva su grandeza a ella, así falte a la verdad intencionalmente o solo se equivoque de modo involuntario. Bartolomé Mitre dejó un San Martín que se ha transmitido escolar y masivamente a todos los argentinos. Desde su manejo directo y exclusivo en primer momento de los archivos del personaje, contra la voluntad del propio prócer, ordenados por este con esmero e intencionalidad, como la desaparición de las memorias que afirmaba haber escrito, prometiéndoselas a su escudero amigo Tomás Guido, el Divus Bartolus construyó un San Martín de muy fácil comercialización y muy difícil desguace.

 

Sesudos autores de nuestra historiografía han trabajado sobre él, pero no se han visto coronado por el éxito como el General que escribía historia y no ganaba ninguna batalla. Una cantidad de puntos oscuros rodea al Gran Capitán de Los Andes, aún frente a los ríos de tinta que su figura ha producido y produce. La primer pregunta sobre San Martín desata el problema prematuramente: ¿Por qué vino a América?. Raúl Roque Aragón, al igual que el Dr. Enrique Díaz Araujo dicen que lo hizo para salvar la tradición hispana, la religión católica y su cosmovisión y con esa precisa afirmación, Bartolomé Mitre, casi saliendo de su tumba, no pararía de gritar ¡Blasfemia! San Martín vino a realizar una revolución republicana, liberal y democrática. A.J. Pérez Amuchástegui sostiene que llegó para alcanzar la independencia y unidad de un país poderoso, rico y prometedor, como era la América española, cuyas relaciones comerciales interesaban positivamente a la Gran Bretaña, tarea común de los cofrades de la Gran Reunión Americana. El Dr. Rodolfo Terragno, por su parte, sumará a este último el plan continental (fraude heurístico de Fidel López) diseñado por Maitland en 1800. Así como estos, podríamos citar tantos otros autores y sus respuestas, únicamente para la primer pregunta, que el mismo protagonista cuando tuvo que satisfacerla dijo: “Con destino a Lima, a arreglar mis intereses”. Es decir, si en la más elemental de las preguntas el bulto le gana a la claridad, imaginemos el resto, como el tema de la masonería, sus medios y modos de vida en Europa, etc.

 

En definitiva, el General San Martín era un hombre austero, sencillo y honesto, pero es difícil para la historia porque en ella aparece enigmático, reservado y como remate cúlmine de una construcción por él forjada y conducida. Reiteremos que la documentación original, tal cual la había ordenado y prometido, nos llegó tras la intervención o filtrado indebida de Mitre, de cuyos intereses políticos muchos desconfían pero nadie duda.

 

Para el presente trabajo, como se tiene dicho, trabajaremos a partir de las expresiones documentadas, manifestadas durante la Gobernación Intendencia de Cuyo. Recurriremos a otras, para auxiliar las referidas a los años 1814-1816, realizadas anterior o posteriormente que son las más al respecto, solo cuando sea estrictamente necesario.

 

Empecemos por la llegada a Cuyo, más precisamente a la ciudad de Mendoza. Gracias al gran embuste de Fidel López, acerca de la apócrifa carta de San Martín a Rodríguez Peña en la cual le transmite confidencialmente “su secreto”, se ha generalizado la creencia que vino a ejecutar su premeditado (o plagiado a Mr. Maitland, según Terragno) Plan Continental. Luego de los debates entre Mitre y López e incorporado a la obra liminar de la historiografía argentina, sino fuese por el trabajo esclarecedor de Pérez Amuchástegui, continuaríamos creyendo en dicha carta.

 

A juzgar por los hechos, la documentación y la bibliografía más reciente, San Martín luego de organizar defensivamente el territorio norteño, Salta, Jujuy y Tucumán, con el Ejército del Norte y los gauchos de Güemes, se retiró a Córdoba a restablecer su quebrantada salud, porque los generales a veces también se enferman. Según algunos autores sus dolencias, hemorragias incluidas, derivaban de la herida recibida en Cádiz cuando el atentado al general Solano. Como fuere que haya sido, se trasladó a Córdoba en busqueda de descanso y recuperación, que le brindaría el clima serrano. Su estadía en el territorio cordobés fue escasa y partió para Cuyo, gracias al nombramiento de Gobernador Intendente fechado el 10 de agosto de 1814. Recapitulemos entonces, a fines de enero de 1814 fue nombrado Jefe del Ejército del Norte, el 25 de abril del mismo año sufre sus primeras indisposiciones graves y el 29 de mayo iba llegando a los límites de Córdoba, buscando altura y menor humedad ambiente. El 10 de agosto del mismo 1814 se lo nombró Gobernador Intendente de Cuyo “... a solicitud suya con el doble objeto de continuar los distinguidos servicios que tiene hechos al país y el de lograr la reparación de su quebrantada salud en aquella deliciosa temperatura.” Es decir, si el plan continental de F. López no existe documentalmente, si se retiró por enfermedad y buscaba altura y sequedad, podemos decir, que a Mendoza llego buscando salud. No existía todavía el afamado Plan Continental. Se lo nombró Gobernador Intendente para que siguiese aportando a la revolución, para no marginarlo, pues, el ascenso alvearista se consignaba a pasos agigantados y podía mal interpretarse, provocando reacciones o desequilibrios en el seno de la Logia y por ende, en el gobierno, mientras que el lugar asignado le permitía un protagonismo público distendido (Cuyo contaba con 40.000 almas apenas, según Mitre) junto a las menores preocupaciones, mayor altura y sequedad. San Martín se reponía, sin perderse, en la “ínsula Cuyana”.

 

Con la caída de la revolución en Chile y la llegada masiva de emigrados transandinos, los rumores y temores de invasión ultramontana, San Martín se vio obligado, como Gobernador Intendente y soldado a prever y organizar la defensa de Cuyo, primero, y la de la sobreviviente revolución platense, frente a la caída del resto y el amago fernandino. En ese momento comenzó la organización militar, pero más defensiva que ofensiva. Debió llegar el año 1816 para encontrar una carta que tenga origen en “Campo de instrucción en Mendoza. 19 de enero de 1816”, frente al resto de las enviadas que encabeza con “Mendoza” y diga que retornó la actividad en El Plumerillo. A la vez que solicita esfuerzos a Pueyrredón y su autorización para la invasión a Chile y luego, unidos los americanos de ambos lados de la cordillera, al Perú.

 

Fue durante su estancia en Cuyo, producto de la caída del Director Supremo Carlos María de Alvear y su círculo, junto a la influyente presión sanmartiniana, cuando se convocó a Congreso en Tucumán, tan nombrado como inexactamente conocido e intencionalmente deformado. Reunido el Congreso, este elige como Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón, diputado a la sazón por la ciudad de San Luis, por lo tanto representante de Cuyo y a Narciso Laprida como presidente del propio Congreso, casualmente diputado por la ciudad de San Juan, también componente de la misma gobernación de intendencia. O sea, la casualidad obraba a favor de San Martín o este trabajaba con eficacia a partir de la nueva situación política en el único reducto revolucionario que todavía sobrevivía. Para militar sin aspiraciones políticas, como lo tipifica Mitre, le salía todo al revés. El Gobernador Intendente de Cuyo también se daba tiempo por esta época para mantener una profusa y clarificadora correspondencia con estos afortunados de la política, donde poco es azar, para expresarles sus ideas políticas del momento. Quizá, como muchas otras personas en todo tiempo y lugar, las haya mudado luego o tal vez poseía otras anteriormente, pero lo cierto es que las cartas remitidas desde Cuyo en general, ocasionalmente desde Córdoba, entre los años 1814 a 1816, y especialmente durante 1816, año en que ya sesiona el congreso, manifestaban la sistemática pretensión de declaración de la independencia sudamericana y la preferencia por el sistema monárquico de gobierno.

 

Sobre la necesidada de declarar la independencia se lo hacía conocer así al Dr. Tomás Godoy Cruz, su vocero en el congreso:

“¡Hasta cuando esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cocarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta para decirlo? ... Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos... Veamos claro, mi amigo, si no hace el congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo este la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito.”

(Carta de San Martín a Godoy Cruz. Mendoza, 12 de abril de 1816.)..

 

“Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la Independencia...”

(Carta de San Martín a Godoy Cruz. Córdoba, 16 de julio de 1816.).

 

Con respecto al sistema de gobierno más apropiado para las circunstancias bélicas, culturales y fundamentalmente políticas de la América española, no dudará un momento en sostener el gobierno monárquico, o de uno como regente hasta se materializan los proyectos en danza para coronar algún príncipe americano o europeo:

“Ya digo a Laprida lo admirable que me parece el plan de un inca a la cabeza, las ventajas son geométricas, pero por la patria les suplico no nos metan en una regencia de personas; en el momento que pase de una todo se paraliza y nos lleva el diablo; al efecto, no hay más que variar de nombre a nuestro director y queda un regente: esto es lo seguro para que salgamos a puerto de salvación”

(Carta de San Martín a Godoy Cruz. Córdoba, 22 de julio de 1816.)

 

A título de excepción, solo cabría destacar la epístola del 24 de mayo de 1816, que dice:

“... un americano republicano por principios e inclinación, pero que sacrifica estas mismas por el bien de su suelo...” “1º Los americanos de las Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su revolución que la emancipación del mando del fierro español y pertenecer a una nación.” “2º ¿Podremos constituirnos República sin una oposición formal del Brasil (pues a la verdad no es muy buena vecina para un país monárquico) sin artes, ciencias, agricultura, población y con una extensión de tierra que con más propiedad puede llamarse desierto?” “3º ... gobierno puramente popular,... tiene este una tendencia a destruir nuestra religión...”

(Carta de San Martín a Godoy Cruz. Mendoza, 24 de mayo de 1816.)

 

Si los principios e inclinación republicanas eran reales, como afirma en esta, los sacrifica por la independencia, que suplica se declare y por el orden, que añora para las Provincias Unidas y mantiene en Cuyo. Por el contexto de la carta, por lo inmediatamente anterior y posterior, aparentemente fue una concesión discursiva efectista, destinada a realzar su opinión con un renunciamiento íntimo y principista. Pero aún cuando fuese verídico, hizo renuncia al republicanismo “por el bien de su suelo”.

 

En síntesis y a modo de conclusión, digamos que el padre de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, tal como se declaró solemnemente aquel 9 de julio de 1816, por lo menos mientras fue Gobernador Intendente de Cuyo se confesó independentista y monárquico. En cuanto al gobierno de la jurisdicción a su cargo, siguiendo lo dicho por el General Bartolomé Mitre, no alteró el sistema de Gobernación de Intendencia, con injerencia en las cuatro causas, heredada de la tradición virreinal y monarquista por concepción filosófica. A excepción del duro esfuerzo al que sometió al pueblo cuyano y a la fisonomía cuartelera que adquirió Mendoza cuando la expedición libertadora de Chile se confirmó, el resto parece encuadrarse dentro de la tradición hispana de las Gobernaciones de Intendencias. Posiblemente con mayor dinámica que otras gobernaciones cuyanas anteriores, pero sin alteración de la estructura vertical jerárquica del gobierno. San Martín era un político y un militar de profesión, no un ideólogo. Vino a Cuyo a reponerse sin ausentarse de escena y aquí, al compás de las necesidades, de su objetivo que era la independencia y de los hechos, gobernaba, dando nacimiento a un plan político militar, que pasó de lo defensivo a lo ofensivo.

 

Si con anterioridad, el Libertador apreció cualidades más propicias en otra forma de gobierno o si más tarde desistió de la monarquía excede a los límites de este trabajo, aunque no al interés de quien suscribe.

 

(Fuente: Crítica revisionista)

BIBLIOGRAFIA DOCUMENTOS DEL ARCHIVO DE SAN MARTIN, Tomo V: Comisión Nacional del Centenario. 1910. B.Aires.

RAMOS PEREZ, DEMETRIO: “España en la independencia de América”. Ed. MAPFRE. Madrid. 1996. ARAGON, RAUL ROQUE: “La política de San Martín”. Universidad Nacional de Entre Ríos. 1982.

PEREZ AMUCHATEGUI, A.J.: “Ideología y acción de San Martín”. Abaco. 3º edición. B.Aires. 1979. STEFFENS SOLER, Carlos: “San Martín en su conflicto con los liberales”. Huemul. B.Aires. 1983. CONTE, Margarita Beatriz: “Ideario político de San Martín”. Archivo Histórico de Mendoza. Mendoza. 1997.

TERRAGNO, Rodolfo H.: “Maitland & San Martín”. Universidad Nacional de Quilmes. 2º edición. Bernal. 1999.

MITRE, Bartolomé: “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”. Peuser. B.Aires. 1952.

HACE DOSCIENTOS AÑOS

 


entraba en Lima Don José de San Martín

Roberto Elissalde  

La Prensa, 15.07.2021

 

­Viene a cuento recordar aquella carta del Director Pueyrredon a San Martín, enterado que viajaba en coche desde Mendoza a Buenos Aires después de Maipú en la que le decía: ``Sin embargo que usted me dice que no quiere bullas ni fandangos, es preciso que se conforme a recibir de este pueblo agradecido las demostraciones de amistad y ternura con que está preparando''.

 

Después de exponerle las tareas en que se había puesto el Cabildo de preparar ``la carrera de su entrada con arcos y adornos al héroe de los Andes'', finalizaba que ``es pues de absoluta, de indispensable necesidad, que Ud. mida sus jornadas para entrar de día; y que desde la última parada me anticipe Ud. un aviso de la hora a que gradúe debe llegar para que el Estado Mayor General, etc., etc., salgan a recibirlo a San José de Flores'', donde ya estaba ubicada una división de artillería y adonde debía concurrir una comisión. Le daba también la posibilidad que de desechar el carruaje y desear hacerlo de a caballo, Pueyrredon le iba a enviar uno suyo. Pero San Martín tan ajeno a cualquier demostración, entró a la ciudad a las cuatro de la mañana.

 

 Lo mismo había sucedido a la vuelta de Chacabuco el año anterior y así habría de entrar el 10 de julio de 1821 a la ciudad de Lima. Lo hizo en compañía de su ayudante, en las primeras horas de la noche, concretaba de ese modo lo que venía hablando y escribiendo desde 1814: el famoso plan continental. Es de imaginar en el austero soldado la serie de imágenes de lugares, episodios y personas leales que debieron cruzar por su mente.

 

EL MARINO INGLES

 

 El marino inglés Basilio Hall lo había conocido el 25 de junio, cuando San Martín se encontraba en la rada del Callao en una goleta esperando el momento indicado para ingresar a la ciudad. Poco le llamó la atención a simple vista, ``pero cuando se puso de pie y se puso a hablar, su superioridad fue evidente''. Trazó Hall un magnífico retrato del Libertador tema sobre el que volveremos en otra nota, la franqueza fue mucha y dejó el viajero algunos datos de especial interés, que revelan el pensamiento de San Martín.

 

 Así le confesó: ``En los últimos diez años, he estado ocupado constantemente contra los españoles, o mejor dicho, en favor de este país, porque yo no estoy contra nadie que sea hostil a la causa de la independencia''.

 

 Además ratificó su prescindencia en los asuntos internos:``Mi deseo es que este país se maneje por si mismo, y solamente por si mismo. En cuanto a la manera en que ha de gobernarse, no me concierne en absoluto. Me propongo únicamente dar al pueblo los medios de declararse independiente, estableciendo una forma de gobierno adecuada, y verificado esto, considerare haber hecho bastante y me alejaré''.

 

 Interesantes reflexiones porque de algún modo la idea del renunciamiento nunca fue ajena al pensamiento de San Martín, máxime que estas de Hall memorias se publicaron en Londres en 1824 y recién fueron traducidas en nuestro país por Carlos Aldao en 1920 en la famosa colección de La Cultura Argentina.

 

 Volviendo a la llegada a Lima que San Martín fue demorando, y que a veces pudo ser motivo de crítica, el mismo le explicó al marino inglés: ``No busco gloria militar, no ambiciono el título de conquistador del Perú; quiero solamente librarlo de la opresión. ¿De que me serviría Lima, si sus habitantes fueran hostiles en opinión política?''. De alguna manera el militar acá da lugar más que al político al hombre de Estado; que busca acuerdos, por medio del convencimiento y del diálogo, lo que le otorga la dimensión de un estadista.

 

 Hall testigo presencial de esos días escribió además un magnifico perfil psicológico: ``En lugar de ir directamente a palacio, San Martín fue a casa del marqués de Montemira, que se hallaba en su camino, y conociéndose al momento su venida, se llenaron pronto patio, casa y calle. Sucedió que me hallaba en una casa de la vecindad, y llegue al salón antes que la multitud fuese impenetrable. Ansiaba ver la manera de comportarse del general en momento de no ordinaria dificultad, y, en verdad, se desempeñó muy bien. Había como puede suponerse, grande entusiasmo y lenguaje muy agitado en aquella ocasión; y para un hombre innatamente modesto y con natural aversión a exhibición u ostentación de cualquier clase, no era muy fácil recibir estas laudatorias sin impaciencia''.

 

 Esta escena nos recuerda a aquella de la llegada después de Cancha Rayada a Santiago, donde el pueblo confiaba en el líder después de la derrota o luego del triunfo en Maipo. No faltaron episodios curiosos como cuando fue asaltado por una dama ``que cayó a sus pies y abrazó sus rodillas'', u otras cinco que deseaban imitarla y al no poder verificarlo ``dos de ellas le trabaron el cuello y colmaban tanto por atraer su atención y pesaban tanto sobre el que tuvo alguna dificultad para mantenerse en pie''. Pronto se las sacó de encima con unas frases amables y ``viendo una niña de diez o doce años perteneciente al grupo, pero que había estado temerosa de acercarse, levantó a la asombrada criatura y, besándole las mejillas, la volvió a bajar en tal éxtasis, que la pobrecita apenas sabía donde se encontraba''.

 

 Poco después lo saludó un ``fraile joven, alto, huesudo, de faz pálida, con ojos hundidos, azules oscuros y una nube de cuidado y disgusto vagando por sus facciones''. El monje lo felicitó por su ``modo pacífico de entrar en una gran ciudad, conducta, que confiaba, sería solamente anticipo del suave carácter de su gobierno''. San Martín contestó con palabras justas, pero fue tal la impresión que causaron en el buen fraile ``que olvidando su carácter tranquilo'' con palmas comenzó a gritar: ``¡Viva, nuestro general!''. A lo que este dijo: ``No, no, no diga así, diga conmigo: ¡Viva la independencia del Perú!''.

 

 La memoria de Hall, resulta de especial interés por ser testigo presencial del trato que recibieron ``los miembros del Cabildo, viejos, viejas y mujeres jóvenes'', para todos ellos tuvo una ``palabra bondadosa y apropiada'' y siempre mucho más allá de lo que esperaban.

 

 Cuando le tocó el turno a don Basilio, caballerescamente le dio el lugar a una joven que había cruzado el salón, atravesando la multitud: ``Se arrojó en los brazos del general y allí se mantuvo durante un buen medio minuto, sin poder proferir otra cosa que ¡Oh, mi general, mi general! San Martín, que había sido sorprendido por su entusiasmo, la apartó atrás, gentil y respetuosamente, e inclinando su cabeza, dijo sonriendo, que debía permitírsele demostrar su grato sentimiento de tan buena voluntad con un beso cariñoso. Esto desconcertó completamente, a la sonrojada beldad, que, dando vuelta, buscó apoyo en el brazo de un oficial''.

 

 Al día siguiente ya estaba San Martín trabajando en el cuartel, cuando un anciano llegó con una niña en brazos, ``con el único fin de que el general la besase''. Sin duda esa niña representaba a las generaciones futuras, a esas que siempre han honrado la memoria de San Martín, El Protector del Perú.

 

Roberto L. Elissalde

Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

SAN MARTÍN Y LA MASONERÍA

 


Periódico El Restaurador, 23-6-2021

El Dr. y profesor Jorge O. Sulé en el capítulo IV de su magnífico libro "La coherencia política de San Martín", trata el tema San Martín y la Masonería. Lo transcribimos en su totalidad por lo interesante de los datos aportados sobre esta cuestión, que siguen debatiendo distintos historiadores.

 

SAN MARTÍN Y LA MASONERÍA

Se ha incursionado bastante sobre este tema. Es hora de hacer un balance.

En el N* 16 de la revista "Todo es Historia” de agosto de 1968, una nota del Dr. Enrique de Gandía, haciendo uso de su acostumbrada actitud apodíctica, afirmó rotundamente el carácter masónico de San Martín: ardua e infructuosa tarea, porque tenía que corregir a conspicuos masones como Sarmiento, que explicaron que la Logia Lautaro “No era una masonería como generalmente se ha creído, ni menos las sociedades masónicas comprometidas en la política colonial…” (1).

También tuvo que enfrentar a su propio maestro, Bartolomé Mitre, Gran Maestre de la Masonería Argentina, que admitió que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era solo político...” (2). O tenía que rebatir a masones contemporáneos como Martín Lascano, que negó el carácter masónico de la Lautaro y, por consiguiente, de San Martín, en varias oportunidades.

También el historiador de la Academia Nacional de la Historia tuvo que enfrentar a sus pares de la Corporación, como Juan Canter (3) o Guillermo Furlong Cardiff que, en un valioso estudio aseveró que “San Martín jamás fue masón en el sentido que se le da hoy en día a este vocablo...San Martín perteneció a la Logia Lautaro. Es un hecho indubitable, pero igualmente lo es que esa logía nada tenía de masónica en el sentido heterodoxo de este vocablo fuera de sus formas externas...” (4).

El artículo del Dr. De Gandía no convenció porque no aportó documento probatorio alguno y, en cambio, originó varias réplicas, una de ellas publicada en el Suplemento N° 14 de la revista “Todo es Historia”, en la que el historiador de la Academia Sanmartiniana, Coronel Leopoldo Ornstein con aquilatada y profusa documentación, desnudó las pretensiones iconoclastas del primero y entibió el entusiasmo de los masones que viven en la Argentina, que nunca pudieron probar el masonismo de San Martin y, por el Contrario, muchos de estos en el siglo pasado y en este, lo siguieron negando.

Pero a nadie, hasta hace muy poco, en el mundo de los historiadores, se le había ocurrido consultar directamente a las logias centrales europeas de las que dependían las americanas, en cuyos archivos, tendrían que estar registradas tanto las logias como sus integrantes o, por lo menos, sus fundadores, como lo establecen  los registros de la masonería mundial.

Este camino de metodología directa y contundente lo etectivizó el historiador Patricio Maguire. Fallecido este gran investigador, todo su archivo de documentos históricos inéditos, pasó en custodia al historiador Norberto Chidemi quien ha dado a luz parte de dicho archivo. Entre estos documentos publicados, se encuentra la correspondencia entre el historiador Patricio Maguire y las Centrales de la Masonería de Inglaterra, Escocia, Irlanda y otras (5).

Transcribimos textualmente parte de esa correspondencia, que es definitivamente esclarecedora:

Carta de Patricio Maguire a  la Gran Logia de Inglaterra:

 

Madrid, Agosto 7. 1979,

Al Señor Gran Maestre de la

GRAN LOGIA UNIDA DF INGLATERRA

Freemasons May

Great Queen Street WC 2

LONDRES

Estimado señor:

Soy un historiador argentino que investiga los antecedentes de la revolución e independencia de las posesiones españolas en América, con especial referencia a la argentina.

Gran importancia se atribuye a la acción de la denominada Logia Lautaro, existiendo una controversia ya centenaria respecto si constituyó una logia masónica o una logia puramente política (…)

Ningún historiador ha dado a conocer una respuesta basada en documentos,

Todo ha sido deducción pura.

Por esta razón el suscripto recurre a vuestra amable ayuda (…)

(…) podría resultar posible que esa Gran Logia poseyera los archivos de aquella época donde se registraría la existencia, si fueran masónicas, de las logias y sus afiliados.

Las logias cuyos antecedentes procuro hallar son las siguientes:

1) Logia Lautaro (de Buenos Aires y de Chile)

2) Logia de Caballeros Racionales N° 7 de Londres

3) Logia Gran Reunión Americana de Londres.

Las dos primeras pueden haber sido fundadas en 1808 y 1811. La tercera, algunos autores señalan su creación hacia 1795.

Las principales personas que presidieron o pertenecieron a esas logias fueron:

1) Francisco Miranda, de Venezuela.

2) Carlos María de Alvear, de Buenos Aires.

3) Simón Bolívar, de Venezuela.

4) José de San Martín, Matías Zapiola y Martiniano Chilavert, de Buenos Aires.

5) Bernardo O'Higgins, de Chile.

6) Luis López Méndez y Andrés Bello, de Venezuela.

Preguntamos:

¿Algunas de las mencionadas logias fueron inscriptas por la Gran Logia Unida de Inglaterra?

¿Podían los masones extranjeros ajenos a la jurisdicción inglesa instalar logias masónicas en Inglaterra durante aquellos años?

¿Existe algún documento de carácter masónico en los Archivos de esa Gran Logia, referentes a las logias o personas antes mencionadas, y de existir, podría obtenerse fotocopia de los mismos, teniendo en cuenta su valor histórico?

Quedaría muy agradecido a las autoridades de esa Gran Logia por cualquier información que pudieran suministrarme.

                                                        Patricio Maguire

Mi domicilio hasta  el 15 de octubre de 1979:

Patricio Maguire

Lagasca 67 Ap. 309 B

MADRID- ESPAÑA

 

La respuesta no se hizo esperar, y la contestación llegó de esta manera:

 

Gran Logia Unida de Inglaterra

Freemasons Hall — Great Queen Street- London

Departamento del Gran Secretario.

Señalar la correspondencia como personal.

21 de agosto de 1979

Estimado Señor:

Su carta del 7 de agosto de 1979, dirigida al Gran Maestro, me ha sido derivada para su contestación.

1) La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en Buenos Aires en 1812 y no tenía relación alguna con la Francmasonería regular.

2) Las tres logias que Ud. menciona en su carta, jamás aparecieron anotadas en el Registro o en los Archivos ni de los Antiguos modernos y de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país entonces ni posteriormente.

3) Las seis personas mencionadas en su carta, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fueron miembros de logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

4) La gran Logia de Inglaterra no era el único organismo masónico existente durante el período del cual está usted interesado. Existían grandes logias independientes en Irlanda, Escocia, Francia, Holanda y  Estados Unidos de América, todas las cuales autorizaban la instalación de logias propias.

5) Nunca han existido medios legales para prohibir que extranjeros en Inglaterra crearan sus propias logias, pero tal acción siempre es considerada por la Gran Logia de Inglaterra como una invasión a su soberanía territorial, y las logias así creadas no serían reconocidas como regulares, ni se permitiría a sus miembros concurrir a logias inglesas o que los masones ingleses concurrieran a aquellas

Sinceramente suyo.

JW Brubbs. Gran Secretario

 

P. Maguire, Esq.,

Lagasca 67- Ap. 309 B

Madrid Spain

 

En la misma fecha el historiador Maguire dirigió una carta a la logia Quator Coronati N° 2076, que está en la misma sede de la Gran Logia Unida de Inglaterra y que agrupa en su seno a historiadores masones dedicados a la investigación.

El tono y el requerimiento del historiador argentino son similares  a los utilizados en la carta anterior.

Espigaremos algunos fragmentos por la similitud de la respuesta.

”…Es una cuestión a la cual recibimos requerimientos de tiempo en tiempo, pero sobre la cual estamos imposibilitados de proveer cualquier evidencia sobre las fuentes primarias debido a que no existió contacto alguno entre la francmasonería regular y esos movimientos dedicados a la independencia de Sudamérica. Las logias a las cuales Ud. se refiere en su carta no eran en ningún aspecto logias masónicas regulares, sino sociedades secretas políticas...”

Luego, el autor de la respuesta sugiere la lectura de Mitre y transcribe párrafos de su obra en la que cl autor argentino se explaya en los mismos términos.

Ya finalizando la carta, expresa:

“Que varios miembros de la Lautaro fueron masones no cabe la menor duda. Uno de mis predecesores John Heron Lepper, quien fue un lingüista español y una autoridad en asuntos de Sudamérica, dijo que él había investigado todo registro probable en Freemasons Hall con el objeto de relacionar aquellos con la logia inglesa, pero sin éxito.

(…) Lamento que mis informes (...) Los archivos por lo tanto, están desprovistos de documentación referente a las entidades y personas que Ud. menciona. Espero que lo manifestado sin embargo pueda servirle de ayuda.

Suyo sincera y fraternalmente

TO Hauch

Bibliotecario y Curador Sr.

Patricio Maguire

Lagasca 67 Ap. B 309

Madrid, España.

 

Cartas similares, el historiador argentino, dirigió a la Gran Logia de Escocia y a la Gran Logia de Irlanda con resultado negativo.

 

No existe, por lo tanto, rastros en las grandes logias inglesas, escocesas e irlandesas, que pudieran probar el masonismo de la Logia Lautaro y de San Martin. El historiador Maguire no hizo la pesquisa en las logias francesas y holandesas. O bien consideró la indagatoria como improcedente por estar Holanda o Francia fuera de la cuestión o por sospechar que los resultados negativos de las respuestas hubieran sido similares a las obtenidas por Inglaterra.

 

Por lo tanto, reiteramos que la Logia Lautaro fue una reunión de americanos con exclusivos fines políticos y militares como lo fue en este siglo el G.O.U (Grupo de Obra y Unificación) que programó y llevó a cabo la Revolución de 1943. En otras palabras, existían grupos políticos y militares al margen de la masonería e independientes de su ideología y sus mandatos, con frecuencia opuestos ideológicamente a ella y que se reunían en la prosecución de objetivos políticos y/o militares.

 

(1) “El Gran San Martin”, en Galería de Celebridades Argentinas, Buenos Aires, 1954

 

(2) Mitre, Bartolomé: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, Editorial Estrada, 1947.

 

(3) Canter, Juan: “Historia de las sociedades secretas y literarias”. T.V, 1ra; Sección, Academia Nacional de la Historia.

 

(4) Furlong Cardiff, Guillermo: “El Gral. San Martín ¿masón, católico, deísta? Editorial Theoría, 1960.

 

(5) Chindemi, Norberto: "Historia y Política”, Edit. Los Nacionales, Buenos Aires, 1996.