El Libertador y la energía atómica




Hugo R. Martin (Gerente de Comunicación Cnea Córdoba)

Hace 200 años, al Padre de la Patria no se le hubiera ocurrido pensar que la ciencia y la tecnología nucleares le brindarían un servicio. Aunque pequeño comparado con los que él brindó a la patria, el estudio metalográfico para verificar la autenticidad del histórico sable corvo que usó en su campaña libertadora permitió la continuidad de su voluntad testamentaria y la preservación de un arma que jamás fue desenvainada en contra de sus compatriotas.

La espada que usó el general José de San Martín durante toda su vida fue adquirida en Londres en 1811. El entonces teniente coronel de Caballería eligió en ese momento un sable usado, corvo, probablemente de origen persa y claramente revelador del espíritu que animaba al futuro Libertador de América en la empresa que pensaba llevar adelante.

El arma es un fiel reflejo de su personalidad, ya que se caracteriza por sus líneas severas y por su sencillez. Tanto la empuñadura como la vaina carecen de laminados de oro, arabescos y piedras preciosas, como era habitual entre las jerarquías militares y de la nobleza. Cuando decidió retirarse a su exilio voluntario en Europa, el sable quedó en Mendoza bajo custodia de una familia amiga, hasta que años más tarde, a su pedido, fue llevado a Boulogne sur Mer, donde permaneció hasta su muerte, el 17 de agosto de 1850.

Voluntad testamentaria. En su testamento, San Martín pidió que el sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas. “Como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla”, decía.

Años después, a la muerte de Rosas y siguiendo también instrucciones testamentarias, el sable pasó por distintos poseedores hasta que fue donado al Museo Histórico Nacional en 1897. Allí permanecería hasta 1963, cuando un grupo de militantes de la Juventud Peronista decidió robarlo, como golpe de efecto contra el régimen militar. Al año siguiente, fue recuperado y devuelto al Museo luego de una investigación en la que intervinieron varios organismos científicos para confirmar su autenticidad.

El papel de la Cnea.
En la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) se realizaron los exámenes radiográficos y metalográficos, observándose que ante el ataque con reactivos aparecían bandas claras y oscuras, lo que puso en evidencia una característica del sable ignorada: la hoja correspondía a un acero de Damasco.

No se ha encontrado hasta el momento información alguna que permita dilucidar las razones por las cuales la hoja fue pulida. Una posible explicación sería que, para limpiar el arma o remover alguna formación de óxido incipiente, una zona de la hoja fue pulida, lo que produjo una zona brillante y generó contrastes en el aspecto del arma. Para eliminar ese detalle estético, probablemente toda la hoja debió ser pulida y no pudo luego ser restituida a su estado original porque la técnica de ataque químico no era conocida en Occidente en esa época. En consecuencia, el descubrimiento del damasquinado fue un elemento decisivo para saber que era el sable corvo.

Cuando se analiza la conveniencia de desarrollar actividades científicas y tecnológicas nucleares, se desconoce su efecto multiplicador sobre otras áreas del quehacer nacional. Los conocimientos, las metodologías y los recursos humanos calificados contribuyen en forma indirecta a resolver cuestiones no necesariamente nucleares, como en este caso, pero que representan una ganancia adicional al desarrollo científico, tecnológico y nuclear.

La Voz del Interior, 17-8-11

"La Revolución": película sobre San Martín

Luego de ver esta película, creemos necesario hacer algunas breves reflexiones:



1. Nunca está de más que el cine argentino dedique algunas de sus producciones a la historia patria; con mayor razón cuando -como en este caso- se trata con respeto a los héroes nacionales.



2. Debemos confesar, sin embargo, que la película en sí, nos pareció carente de la calidad artística que hubiera merecido el Padre de la Patria. El desarrollo del guión es lento, aburrido. Imaginamos que si los jóvenes estudiantes son llevados a ver esta película, pueden llegar a perder el escaso interés que poseen actualmente por la historia argentina, y sus próceres.



3. El actor -a quien hay que reconocerle que hable con acento español, como lo tenía obviamente el General- sobreactúa el personaje, mostrando por momentos a un San Martín histérico que se tira en el pasto, esperando las tropas que se demoran en el cruce de los Andes.



4. Por gentileza del miembro honorario del blog, Arq. Carlos Zavalla, conocimos que es descendiente de Manuel Corvalán, a quien se muestra en la película respondiendo a un reportaje en 1880, contando la historia del cruce, que habría vivido como amanuense de San Martín, a la edad de quince años.



En realidad, según la biografía que adjuntamos, Corvalán fue un destacado militar, que, en 1816 poseía el grado de Teniente Coronel y 42 años de edad. Tampoco participó del cruce de los Andes. En 1880, fecha del reportaje, hacía 33 años que había fallecido.



Si bien es admisible que en una obra cinematográfica, no se ajuste el relato a la historia detallada, no se alcanza a entender una distorsión tan amplia.



5. Creemos que el cine argentino aún debe una muestra de mayor envergadura artística y técnica, a la memoria del General San Martín.


Córdoba, 18-4-2011.-


Mario Meneghini


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Anexo: el lector Juan Carlos Sánchez, en un comentario opina que el personaje de Manuel Corvalan, representa al futuro General Espejo. Ahora bien, acabamos de conocer que el director de la película, Leandro Ipiña, declaró que:

“Corvalán y gran parte del guión están basados en las memorias del coronel Manuel de Pueyrredón, amanuense de San Martín cuando tenía 15 años." (Telam, 5-4-11)


MM, 23-4-11


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General Manuel Corvalán (1774-1847)



El general Manuel Corvalán nació en la ciudad de Mendoza el 28 de mayo de 1774, siendo sus padres el capitán Domingo Reje Corvalán y Manuela de Sotomayor, quienes lo enviaron de muy niño al Colegio de San Carlos, en Buenos Aires. Posteriormente abandonó el colegio para dedicarse al comercio.



Comenzaba a disfrutar de una posición holgada en 1806, cuando se produjo la primera invasión inglesa, circunstancia que le impulsó a abandonar sus pacíficas ocupaciones para empuñar la espada en defensa de los sagrados intereses de la Patria. Militarizada la capital del Virreinato a consecuencia de la Reconquista, Manuel Corvalán era reconocido el 8 de octubre de 1806, como porta-estandarte y alférez del cuerpo de Voluntarios Arribeños (que se llamó número 3). Su singular patriotismo no sólo le llevó a poner su brazo al servicio de la nación, sino que de su peculio personal equipó totalmente la compañía en que revistaba como oficial. En la segunda invasión británica, el subteniente Corvalán participó el 2 de julio de 1807 en el combate de los Corrales de Miserere, bajo las órdenes del general Liniers, quedando fuera de combate casi toda su compañía. Se retiró salvando ese día la bandera de su Cuerpo. En los sucesivos días remontó su compañía a su costa y la de sus amigos y en las cálidas jornadas del 5 y 6, en la Defensa de la ciudad, reveló condiciones de soldado valeroso. Por sus merecimientos en esta campaña fue promovido a teniente de Arribeños, y el 2 de setiembre de 1807 era graduado a capitán.



El 6 de marzo de 1810, el ahora ayudante mayor Corvalán, era destinado para comandar la frontera de Mendoza y allí en el fuerte “San Rafael” intervino en la propalación de las ideas de independencia que habían surgido a raíz de las invasiones inglesas. Producido el movimiento del 25 de mayo, los patriotas de Buenos Aires le encomendaron hiciese estallar un movimiento análogo en Mendoza, pero al llegar a este punto lo alcanzó el capitán Juan Bautista Morón, quien conducía comunicaciones de la capital fechadas el 27 de mayo, dando cuenta de haberse verificado aquel movimiento. Corvalán llegó a aquella capital el 13 de junio de 1810. Posteriormente contribuyó a la formación de milicias, lo que le valió la confirmación de su puesto de comandante general de la frontera y jefe de los fuertes de San Carlos y San Rafael.



El 24 de mayo de 1811 era promovido a teniente coronel. Por orden de la Junta Gubernativa de Buenos Aires alisto 200 hombres que él mismo condujo a Buenos Aires y que sirvieron de plantel al Regimiento de Granaderos a Caballo. Por decreto del 6 de julio de 1814, el Director Supremo Posadas lo nombró Teniente Gobernador de San Juan. El 27 de julio, San Martín salió de Mendoza para reconocer los campos del Sud y delegó el mando militar en el teniente coronel Corvalán. A su regresó a Mendoza, San Martín lo nombra Mayor de órdenes del Ejército de los Andes; en este puesto fue encargado del equipo, armamento y demás preparativos de aquel ejército. En 1816 es designado comandante del Batallón de Cívicos Pardos.



El 15 de octubre de 1816 San Martín le confió los establecimientos de armería, maestranza, parque y demás anexos de artillería, por considerarlo “como único jefe capaz por su inteligencia, probidad y actividad, para tan importante cargo”. Por esa razón se vio privado de la gloria de tomar parte en la campaña libertadora de Chile. Al respecto le dijo San Martín: “Tanto trabaja usted en su defensa (de la Patria) forjando en Mendoza los instrumentos de ella, como lanzándolos al frente de sus enemigos”.


A mediados de 1823, ya con el grado de coronel, fue enviado a Chile con el fin de reclamar la bandera que perteneció al Ejército de los Andes, para ser conservada en Mendoza, cuna de aquella falange libertadora; comisión que Corvalán cumplió, regresando a su ciudad natal con tan preciosa reliquia. Más tarde retornó a Buenos Aires donde fue elegido diputado por Mendoza al Congreso General Constituyente de 1826. El coronel Corvalán no disimuló en el seno de aquel Congreso sus simpatías por el sistema federal.



Caído Rivadavia y disuelta aquella Cámara Legislativa, el coronel Manuel Dorrego al ocupar el mando supremo de la provincia de Buenos Aires lo designa para ocupar el puesto de edecán del gobierno. Cuando se produce la revolución del 1º de diciembre de 1828 y la prisión y fusilamiento de Dorrego, Corvalán fue dado de baja del ejército de la provincia de Buenos Aires.



Acompañó luego a Juan Manuel de Rosas en su campaña contra el gobierno de Lavalle, y cuando el Restaurador triunfó, con fecha 1º de octubre de 1829, es reincorporado a la Plana Mayor del Ejército y promovido a coronel efectivo en el arma de infantería. Nombrado edecán de Rosas al asumir el mando el 6 de diciembre de 1829, acompañó a aquel gobernante cuando salió a campaña en 1831 con motivo de las operaciones contra el general Paz, en la provincia de Córdoba. En 1830 la provincia de Mendoza lo nombró diputado a la Liga del Litoral, reunida en San Fe donde se efectuó el famoso pacto del 4 de enero de 1831. En 1833 participó de la campaña al Desierto comandando el 4º Regimiento de Caballería.



En 1835 Rosas lo designó su primer edecán, promoviéndolo a coronel mayor en 1837 en premio a su lealtad y a sus servicios. En el ejercicio de su cargo desempeñó funciones múltiples y de gran importancia. Era el único que tenía acceso inmediato a Juan Manuel de Rosas, de día y de noche; y a cualquier hora se le veía vestido de uniforme de gala, revestido de discreción y afabilidad. Fue figura de gran probidad y que, siendo hombre de fortuna, durante su larga y penosa enfermedad, tuvo que aceptar de Rosas 10.000 pesos moneda de la época para satisfacer sus necesidades.


Falleció en Buenos Aires el 9 de febrero de 1847. Había contraído enlace el 19 de octubre de 1800 con Benita Merlo, matrimonio del cual nacieron varios hijos.



Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).


Discurso

de Clausura del Año Sanmartiniano[1]

……
Un general, si es a la vez un conductor, no solo ha de mandar su ejército. Es menester que personalmente lo forme, que lo dote, lo organice, lo alimente y lo instruya. A menudo con el conductor muere también su ejército. Sobreviven de ellos su gloria, su tradición y su ejemplo.
He dicho que ello solo sucede cuando coincide en un hombre el general con el conductor. Asunto que rara vez ha sucedido en la historia.
El general se hace; el conductor nace.
El general es un técnico; el conductor es un artista.
San Martín, con Napoleón, son los dos únicos hombres que en el siglo XIX llenan tales características del arte guerrero; por eso son ellos también las más altas cumbres del genio de la historia militar de ese siglo.

Generalmente, un conductor es un maestro. Su escuela llena también su siglo. Su ejemplo adoctrina las sucesivas generaciones de un ejército o de un pueblo. La orientación sanmartiniana en nuestro ejército y en nuestro pueblo ha sido la más decisiva influencia de perfección y de grandeza.
La producción extraordinaria de su genio no fue más fecunda y arrolladora que la fuerza invencible de sus virtudes: por eso era un conductor.

Si era un estratega, era primero un hombre. Por eso puso al servicio de su causa la técnica de su profesión. Fue desde entonces el hombre y el conductor de una causa. Por eso era invencible.
Como no se concibe un hombre sin alma, nunca he concebido un conductor sin causa. La grandeza de San Martín fue precisamente la de haber sido el hombre de una causa: la independencia de la Patria. Él confiesa haber vivido sólo para esa causa.

La verdadera grandeza de los conductores estriba precisamente en que no viven para ellos, sino para los demás. Pareciera que la naturaleza, en su infinita sabiduría, al dotar a los hombres, carga extraordinariamente en la dosificación del egoísmo, pero evita cuidadosamente este ingrediente contamina las almas de los grandes hombres. Por eso son grandes.
A menudo la historia no acierta a discernir la infinita variedad de matices que la creación de los grandes hombres ofrece a la contemplación del futuro.

El arte militar, como los demás, presupone creación, que es la suprema condición del arte. San Martín es un artista; por eso no pudo conformarse con andar por entre las cosas ya creadas por los otros. Se puso febrilmente a crear, y con esa creación revolucionó las ideas y los hechos, ante la incredulidad de los mediocres, ante el escepticismo de los incapaces, y bajo la crítica, la intriga y la calumnia de los malintencionados. Sobre todos ellos triunfó, porque la victoria es de Dios.
Nada hay más adverso al genio que el mediocre; sobre todo, el mediocre evolucionado e ilustrado. No podrá concebir jamás que otro realice lo que no es capaz de realizar; porque cada uno concibe dentro de su capacidad de realización, y los mediocres vuelan bajo y en bandada, como los gorriones, en tanto que los cóndores van solos.
(…)

Conducir es arte simple y todo de ejecución; por eso es difícil. Es la aplicación armónicamente combinada de los principios del arte con los factores materiales y morales de las fuerzas, con el terreno y las circunstancias. A menudo, cuando solo se dispone de generales, las fuerzas son todo. Cuando se dispone de un conductor, decía Napoleón, el hombre lo es todo, los hombres no son nada.
El arte de la conducción tiene, como todas las artes, su técnica, representada por los propios principios que rigen la conducción y las reglas para el empleo mecánico de las fuerzas. Pero, por sobre todo ello, está el conductor. Lo primero representa la parte inerte del arte, el conductor es su parte vital.
(…)
Como técnico, San Martín es también la maravilla de la época. Formó un ejército de la nada, con el concepto de “la Nación en armas”, que solo un siglo después fue mencionado por los estrategas más famosos. Con ese ejército, que fue fuerza y escuela, pasó las cordilleras más elevadas que tropa alguna haya cruzado. Con una maniobra estratégica que maravilla por lo ingeniosa en su concepción y perfecta en su realización, llega a la batalla decisiva de Chacabuco, pero que la había ganado antes de ponerse en marcha, en Mendoza.
Esa extraordinaria previsión, esa perfecta preparación y esa acabada realización sólo se presentan cuando los genios conducen.
San Martín, como Napoleón en Europa, es un revolucionario en los métodos de guerra en esta parte del mundo. Es un creador, jamás un imitador. Por eso lo vemos como maestro, como jefe, como artesano, como político, como gobernante, como estadista y como guerrero. Los hombres superiores, a menudo, sirven para dirigir todo eso. Después de ellos, venimos los hombres comunes, que, bien dirigidos, servimos para todo o no servimos para nada.

Como general, como conductor, como hombre y como ciudadano, San Martín es una sola cosa: lo que debe ser, según su propia sentencia.
En la vida y en el destino de las naciones, aparecen muy de tanto en tanto estos hombres extraordinarios que, con una época, fijan una gloria y establecen una tradición. En que los demás sepan emular su gloria y prolongar su tradición es en lo que estriba la grandeza de esos pueblos.
En este acta solemne de clausura del Año Sanmartiniano de 1950, desde este solar glorioso de Cuyo, en nombre de la Patria misma, deseo exhortar a todos los argentinos para que, emulando las virtudes del Gran Capitán, tengamos la mirada fija en los supremos intereses de la Patria, en la felicidad de todos sus habitantes y la realización de su grandeza.

Juan D. Perón

[1] Teatro Independencia de Mendoza, 31-12-1950: Clausura Congreso Nacional de Historia del Libertador Gral. José de San Martín.

SAN MARTÍN, EL CABALLO CRIOLLO Y LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA


Por Fernando Romero Carranza

fuente:
argentinagrandeza.blogspot.com

Antes de 1810 en el Río de la Plata, el único regimiento de caballería era el de “dragones de la patria” conocido como” húsares de Pueyrredón” de organización obsoleta; en 1812 José de San Martín llega de España fogueado en la guerra contra las tropas napoleónicas, y decide crear un cuerpo de caballería de elite, los granaderos a caballo.

Toma la idea de los granaderos que habían sido en Francia originalmente un cuerpo de infantería, en 1667 luis XIV crea un cuerpo de granaderos montados caracterizados por la “granadera” un saco conteniendo doce granadas, Luis Felipe de Orleáns, el rey populista, los disuelve en 1830 por considerar que los granaderos configuraban un arma excesivamente aristocrática.

San Martín basó la composición de su cuerpo de granaderos en una estricta selección de aspirantes, altos fuertes excelentes jinetes y de salud de hierro, su armamento es el sable corvo largo de 36 pulgadas con vaina metálica que al desenvainar producía un sonido que aterrorizaba al enemigo, llevaban también dos pistolas o tercerolas en los arzones de la silla..

Entre los arreos de montar San Martín impuso como silla para la tropa el lomillo o recado de creación y uso gauchesco, privilegiando así la equitación local, solo permitiendo en los oficiales el uso de la silla inglesa, para él la elección de los caballos su adiestramiento y su estado eran de gran importancia.

El 3 de febrero de 1813, en el combate de San Lorenzo se produce el bautismo de fuego de los granaderos y sus caballos criollos, se afirma que San Martín montaba un bayo, pelaje típico de la herencia del caballo español, pudo haber sido también un zaino y aún queda la duda respecto a su pelaje, ese caballo cae heroicamente en la refriega. Parish Robertson indica que era un caballo "bai" que en inglés significa zaino.

Mientras San Martín disciplina al máximo a sus granaderos, con esos mismos caballos criollos Manuel Belgrano vence al ejército realista en Salta y Tucumán, armando a los gauchos con chuzas lazos y boleadoras .

Güemes en Salta mantiene a raya con sus gauchos montados en caballos criollos a los ejércitos realistas, San Martín informa al gobierno de Buenos Aires como estos gauchos están frenando el avance realista en el norte, el texto de la nota es cambiado por La Gazeta, el diario oficial del Gobierno y se publica transformando los claros términos del Libertador que se refiere a "gauchos" en “paisanos patriotas”, el término “gaucho”, no resultaba conveniente para el Gobierno referido a una acción militar heroica, le quitaba méritos a los ejércitos regulares creados para luchar contra la armas realistas.

En 1814 San Martín comienza en Mendoza a preparar el ejército que cruzará los Andes para liberar a Chile y luego al Perú, los granaderos son enviados desde Buenos Aires hacia la cordillera, un joven teniente que sienta plaza en este regimiento , Juan Galo de Lavalle se distinguirá a partir de ese momento y llevará a los granaderos a sus más heroicas acciones, montados en caballos criollos, en ese momento se le propone incorporarse a los húsares y lo rechaza “el nombre de granaderos es grande y yo no cambio mi destino”, el destino de ese regimiento le dará luego la razón.

Con la gran preocupación de San Martín por los mas mínimos detalles , en la preparación de su ejército libertador, le hace manifestar al gobierno de Buenos Aires, que necesita 1500 caballos de pelea para los granaderos “esa caballería maniobrera que nos dará decidida ventaja por desconocerla en mucho por parte del enemigo”

Son esos caballos criollos con aptitudes y morfología apta para la acción rápida y la maniobra envolvente olvidada en España por los ejércitos de los Borbones, los que darán a San Martín la razón luego de los combates en que fueron utilizados.

Requiere 30.000 herraduras para que sus caballos no se destruyan en la travesía de los Andes.
Pide a Buenos Aires, lomillos para los recados de los granaderos, y clarines que no tiene en Mendoza. El Director Pueyrredon le manda 400 recados y los ¨únicos 2 clarines" que encuentra en la ciudad. Completa así los 750 lomillos que necesita para la tropa de granaderos , los oficiales usan montura inglesa.

Hasta ese momento las órdenes de mando en la caballería patriota se daban de viva voz, San Martín considera que "el clarín es imprescindible y resulta para la caballería como el redoble del tambor para la infantería", los clarines que le han fabricado de latón en Mendoza no le satisfacen por su sonido apagado y ronco , pareciera que el bronce se hizo para los héroes y para animar a sus caballos.

San Martín necesitará además 15.000 mulas que le proveen los mendocinos.
También aquí debemos rendir homenaje a las miles de yeguas criollas destinadas a la producción de mulas, sin las cuales no se hubiera podido cruzar los Andes, los granaderos sus jefes y oficiales y el propio San Martín montaron en mulas hasta que enfrentaron a los realistas montando en esa instancia a sus maniobreros caballos de pelea.

El ejército libertador cruza los andes con 750 granaderos, librando éstos sus primeros combates en Las Achupallas y en Las Coimas o Putaendo donde Necochea con Soler y Pacheco, sin esperar refuerzos se lanza con dos escuadrones de granaderos en una astuta maniobra desbaratando a 300 jinetes y 200 infantes realistas


El 12 de febrero de 1817 en Chacabuco la acción de la caballería criolla es decisiva, comportándose a la altura de las tácticas de Anibal en la batalla de Cannas, contra Roma, el propio San Martín tomó en sus manos el estandarte y se puso al mando de los granaderos como lo había hecho en San Lorenzo, y así esa “ caballería maniobrera” tan alabada por su jefe obtiene su primer gran triunfo para la libertad de América

San Martín con pocas palabras definió la acción en el parte oficial de la batalla “Chacabuco puede decirse es la obra de los escuadrones de granaderos a caballo”

Se encontraron en el campo de batalla cabezas cortadas de un solo tajo, un cráneo cercenado por la mitad de un sablazo y un fusil con su caño cortado de un golpe de sable.

Luego de la batalla algunos españoles prisioneros quisieron sobornar a los granaderos con oro para obtener su libertad, un sargento les contestó “los argentinos no nos vendemos porque no tenemos precio”.

A pesar de la posterior derrota de Cancha Rayada , donde la gesta libertadora parece fracasar, Las Heras salva 3500 hombres y los granaderos a caballo solo piensan en la revancha, en 15 días San Martín rehace el ejercito y bate definitivamente a los realistas en Maipú.

En 1820 los granaderos siguen a San Martín en su campaña del Perú, mientras tanto del otro lado de la cordillera en la nueva Patria que han dejado atrás, los caballos criollos serán protagonistas de las desgraciadas luchas civiles entre criollos de bandos antagónicos, las cargas de las indisciplinadas montoneras se convirtieron en la única táctica de pelea ecuestre. entre los caudillos y el gobierno central..

Mientras tanto Bolivar ha triunfado en Boyacá y Carabobo, liberando todo el norte, y manda al general Sucre al Perú, que pide refuerzos a San Martín quien le envía 1600 hombres entre ellos el primer escuadrón de granaderos a caballo al mando de Lavalle que galopan 500 kilómetros y se reúnen al pie del Chimborazo para seguir la campaña al mando de su nuevo jefe,
Allí será donde en dos acciones Lavalle sus granaderos y sus caballos criollos asombran a sus enemigos y nos asombran a nosotros aún hoy.

En Riobamba. el 12 de abril de 1822 , Lavalle con 96 granaderos carga contra 420 húsares y carabineros a caballo realistas. Finge inicialmente una retirada para atraer al enemigo y retrocede para rearmarse. En ese momento Sucre que presencia la maniobra comenta “si Lavalle quiere perderse que se pierda solo “, pero el escuadrón rehace las filas, vuelve la cara y carga a degüello y en 15 minutos de combate desbarata completamente a la caballería enemiga. perdiendo solo un hombre

Luego de sablear en Pichincha consolidando la victoria de Sucre , Bolivar se encuentra en Guayaquil con San Martín quien se retira al Perú y de alli abandonará definitivamente la vida pública

Los granaderos siguen en el ejército al mando de Alvarez de Arenales que es vencido por los realistas en Torata y Moquegua. La protección de la retaguardia de los vencidos es encomendada a 300 granaderos que comanda el coronel Lavalle que debe permitir que esas tropas se embarquen en el puerto de Illo rechazando el hostigamiento de 1.000 jinetes realistas al mando del general Carratalá.

En un corredor de cuarenta kilómetros, los granaderos dan veinte cargas seguidas en tres horas y permiten a todo el ejército embarcarse.
Solo jinetes de excepción con caballos fuera de lo común pudieron hacer esta hazaña, piensen que en un partido de polo en diez o doce minutos de acción los caballos se agotan y deben ser cambiados.


Unos pocos de esos caballos criollos volvieron a su patria, y cargados de heridas de combate , terminaron sus días pastando en las llanuras que los vieron nacer.

Luego de consolidada la independencia, finalizadas las guerras civiles, organizada la nación, creado el ejército nacional moderno y estableciéndose las estancias progresistas, el caballo criollo pasó al olvido y al menosprecio por ser considerado un caballo de gauchos e indios, comparado ahora con los poderosos caballos de tiro y elegantes caballos europeos con los que fueron mestizadas las yeguadas criollas y equipados los regimientos de caballería.

No obstante hoy el regimiento de granaderos a caballo los reivindica y honra con un escuadrón el “Escuadrón RioBamba" montado en caballos criollos, donados por criadores de la raza.

Cuando vean pasar en los desfiles a esos jinetes y recuerden que la Patria se hizo a caballo, piensen que fué sobre ese caballo que los granaderos sablearon en San Lorenzo , en Achupallas y Las Coimas , en Chacabuco y en Maipú , en Nazca , en RíoBamba , en Pichincha , en Torata y en Moquegua y en otros muchos combates, y que con ellos y los gauchos tucumanos y salteños , vencieron a los realistas en Salta y Tucumán comandados por Belgrano y Güemes consolidando así la libertad de medio continente.

Y recordando a esos héroes que dieron su vida en todos esos combates montando sus caballos criollos, citaré a un amigo poeta que en sus encendidos versos profetizaba cantando:

“ cuando ya se hayan ido para siempre los centauros jinetes de mi raza..
los que por diversión hacían la guerra, los que por devoción hicieron mi Patria.
yo solo se donde podré encontrarlos con sus corvos sus pingos y sus lanzas...
los hallaré en el cielo de la gloria , en el mundo infinito de las almas
porque esta tierra les quedó muy chica para la más cortita de sus cargas.”


GRANADEROS A CABALLO

Leopoldo Lugones

Con arrebato de horda va el corcel formidable.
Enredado a sus crines ruge el viento de Dios.
Sobre el bosque de hierro vibra en llamas un sable
Que divide a lo lejos el firmamento en dos.

La montaña congénere donde el cóndor empluja,
Sonreída de aurora despertó a ese tropel
De Patria, y la simétrica marea ungió en la espuma
De un brindis gigantesco los flancos del corcel.

La tierra devorada por los cascos, se abisma
En el tremendo vértigo que arrastra aquel alud.
Y el Himno natal surge del trueno con la misma
Voz que estalló en clarines en los campos del Sud.

¡Tufo de potro; aroma de sangre; olor de gloria!
La hueste bebe el triunfo cual sublime alcohol,
Y la muerte despliega sobre su trayectoria,
Acabada la tierra, la mar de luz del sol.

UN NIÑO Y SAN MARTÍN


César Fernández Moreno

San Martín, fatigado de galopar el cielo,
En el pueblo y mi plaza puso fin a su vuelo:
Ved ahora su brazo que hacia el azul señala,
Tan firme sobre el viento como si fuera un ala.
Desde su pedestal altísimo de piedra
Es el gran capitán del ombú y de la hiedra,
Y también de las flores que adornan los canteros;
De los ligustros graves, de los pastos terreros
Donde empuja su lodoel negro escarabajo...
Porque es el capitán de lo alto y de lo bajo,
De lo fuerte y lo débil, de lo humilde y altivo.
Lo puedo decir yo, que ante su plaza vivo,
Y, con mis compañeros, en ella río y lloro
Mientras él con justicia reparte el sol de oro.

Cuando en su pedestal juego a las escondidas
Y me toca contar en sus piedras sabidas,
Hacia él mi mirada sube entre dedo y dedo
Y en su actitud de bronce aprendo su denuedo.
Si él quisiera tomarlo de un manotazo airado,
El cielo le cabría en un puño cerrado;
Si él quisiera dos cielos, de un tajo formidable
En dos lo partiría con su virgíneo sable.
Pero él no quiere nada. Le basta lo que tiene:
El don de señalar el rumbo que conviene;
Porque donde él indica, allí el Norte se asoma,
La rosa de los vientos por él cambia de aroma.
¡Oh general del cielo! Junto a tu pedestal,
A tus plantas rendido, se desvanece el mal.
Contigo raya el día donde la noche raya,
Recíbeme en tu sombra cuando la luz se vaya.

ANTE LOS RESTOS DEL GENERAL SAN MARTÍN



Carlos Guido y Spano

Faltaba esa reliquia a nuestra tierra,
Este homenaje a nuestro honor faltaba;
La memoria del héroe reclamaba
En la patria el sepulcro que hoy se cierra

Ante él se inclina el genio de la guerra,
Cuya luz su alta mente iluminaba
Cuando el libre pendón triunfante alzaba,
Del mundo asombro, en la gigante sierra.

Fue su gloria sin mancha y sin ocaso:
De Mayo el verde lauro la eternice,
Y antes de hollarle América sucumba.

Rompió el alma inmortal su frágil vaso:
“Yace aquí San Martín”, el mármol dice;
Pero a tal hombre es pórtico la tumba.