San Martín: ni masón ni liberal

Es común leer dos afirmaciones referidas al General José de San Martín: que integró la masonería, y que fue liberal. Con motivo de celebrarse, el 25 de este mes, el 230º aniversario del nacimiento del prócer máximo de la Argentina, nos parece conveniente enfatizar, categóricamente, que San Martín no tuvo jamás ningún vínculo con la masonería, ni profesó la ideología liberal.

Como las autoridades masónicas efectuaron, en plena Catedral de Buenos Aires (“por primera vez en la historia”), un homenaje a quien denominan “el Más Ilustre Iniciado”, es oportuno recordar que la masonería argentina adoptó una actitud desdeñosa hacia San Martín, hasta 30 años después de su muerte. Cuando llegan a Buenos Aires los restos mortales del Libertador, la masonería no participa en los homenajes, pues no lo consideraba uno de los suyos.
La primera ocasión en que se sostiene que el general era masón y no católico, fue el 22-6-1883, con motivo del debate por la enseñanza primaria, por boca del diputado Emilio Civit. A partir de entonces, comenzará la leyenda urdida por la masonería argentina, sosteniendo, también, que la Logia Lautaro era una sociedad masónica, contradiciendo a dos Grandes Maestres: Mitre y Sarmiento, que afirmaron lo contrario.

Consideramos que no se ha destacado suficientemente el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema
[1]. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato.
Curiosamente, el Dr. Terragno también conoció esa información, en la misma época, por una nota del Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que afirma poseer, agregando, “que si alguien no figura en esos registros es porque nunca fue miembro de la masonería inglesa”. Lamentablemente, dió a conocer ese valioso dato, 19 años después de haberlo obtenido.

Es preciso difundir estas pruebas documentales de que el Libertador no fue masón, pues no se trata de una cuestión baladí, dado que la religiosidad del prócer ha sido demostrada, y que es incompatible la pertenencia a la masonería con el catolicismo; de lo contrario, como alertaba Aragón hubiera sido “infiel al uno o a la otra”, quedando en duda su honorabilidad.


Ideología liberal

Como también se afirma a menudo que San Martín era liberal, es necesario esclarecer este otro infundio. Según parece, el vocablo liberalismo, fue usado por primera vez en lengua castellana hacia l8l0 y fue adoptado en España por los partidarios de la Constitución de Cádiz, adversos al absolutismo de Fernando VII, sin ninguna manifestación de oposición al cristianismo.
Explica el P. Castellani:
“Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de l820 a l860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales y una decadencia de la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del siglo pasado [XIX] se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían queremos salir de esto.”
Esto, eran las miserias de la Corte borbónica, que Napoleón resumía así: la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor.

Incluso el vocablo liberal, según el diccionario de la Real Academia Española, define a quien obra con liberalidad, virtud moral que consiste en distribuir uno generosamente sus bienes sin esperar recompensa. En cambio, el mismo diccionario, define al liberalismo como “sistema político-religioso que proclama la absoluta independencia del Estado, en sus organizaciones y funciones, de todas las religiones positivas”.
Estas acotaciones semánticas, sirven para distinguir entre aquella persona que, por distintos motivos, reivindica el nombre de liberal, simplemente, de quien adhiere explícitamente a la ideología liberal, con conocimiento pleno de su contenido. Nada en la actuación pública de San Martín, ni en su vida privada, permite sostener que profesara la ideología liberal; por el contrario, se expresó negativamente sobre ella, en varias de sus cartas.

La ideología liberal, tal como ha sido definida por sus autores principales - Locke, Montesquieu, Rousseau, Stuart Mill- es incompatible con el cristianismo. Así lo aclara el Papa Pablo VI, en la Octogesima adveniens:
“Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder....” (26).
Esta posición se mantiene invariable en la Iglesia, desde hace dos siglos.

El Papa León XIII (Enc. Libertas, l888) analizó tres grados posibles de liberalismo, y los consideró igualmente condenables. Explica el Prof. Caturelli: “Tanto el liberalismo extremo (ateo), como el liberalismo moderado (deísta), como el liberalismo muy moderado (“cristiano”), admiten una zona (el orden temporal) de autosuficiencia del hombre: el primero porque niega la existencia de un orden trascendente al temporal: el segundo porque lo ignora y el tercero porque lo separa. En el orden práctico, viene a resultar lo mismo.”

Esta aclaración es necesaria, porque algunos autores sostienen que San Martín fue un católico liberal; así lo hace el Dr. Cuccorese, académico sanmartiniano, quien considera que no incurrió en contradicción, pues el liberalismo recién fue condenado por la Enc. Quanta Cura, en l864, l4 años después de la muerte del Libertador.

Debemos discrepar, puesto que los Papas comenzaron a cuestionar las ideas liberales, incluso antes de la Revolución Francesa. Por ejemplo, en la Alocución de Pío VI, el 9 de marzo de l789, y en la Carta del mismo Papa, de l79l, a los obispos de la Asamblea Nacional. Pero con respecto al liberalismo católico, recordemos que esta actitud ya se advierte cuando Talleyrand, Obispo de Autun, celebra misa en el campo de Marte, con trescientos sacerdotes adornados con la escarapela tricolor.
La primera expresión teórica respectiva, aparece cuarenta años después con Lamennais -sacerdote apóstata- y su periódico L Avenir, que defienden precisamente el liberalismo católico, siendo esta posición condenada por Gregorio XVI, en la Enc. Mirari vos, promulgada en l832, mientras San Martín vivía en París, y l8 años antes de su fallecimiento.
No está demás recordar, que el Papa Pío IX, aquel que conoció a San Martín, afirmó que “los llamados católicos liberales...son más peligrosos y funestos que los enemigos declarados...”.

En conclusión, puede afirmarse, con seguridad, que San Martín no fue masón ni liberal.

Febrero 11 de 2008.-

Mario Meneghini

Fuentes:

-Aragón, Raúl Roque. “La Política de San Martín”; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Rios, 1982, pág. 19.
-Bruno, P. Cayetano. “La religiosidad del General San Martín”; Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1978, p32 págs.
-Castellani, Leonardo. “Esencia del liberalismo”; Buenos Aires, Huemul, 1971, pgs. 24/25.
-Caturelli, Alberto. “Examen critico del liberalismo como concepción del mundo”; Gladius, Nº 2, l985, pg. 38
-Cuccorese, Horacio Juan. “San Martín; catolicismo y masonería”; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano-Fundación Mater Dei; l993, pg. l45
-Episcopado Argentino. “Declaración”; 20-2-1959.
-Revista SIMBOLO net, publicación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nº 69, diciembre de 2007, versión digital.
-Revista “Masonería y otras sociedades secretas”; Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20/25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15/20; Nº 5, febrero de 1982, págs. 30/35.
-Terragno, Rodolfo. “San Martín & Maitland”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, pág. 181: Librarian and Curator, United Gran Lodge of England, comunicación personal, 14-11-1980.

[1] La documentación respectiva puede leerse en nuestro artículo “San Martín no fue masón", que se encuentra en este mismo sitio.

Biografía

San Martín nació en Yapeyú, actualmente en la provincia argentina de Corrientes, a la vera del caudaloso río Uruguay, el día 25 de febrero de 1778. Su padre, don Juan de San Martín, era el gobernador del departamento; su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco. En 1786 se traslada a España con su familia, donde estudia primero en el Seminario de Nobles de Madrid y luego, en 1789, inicia su carrera militar en el regimiento de Murcia.

Sirve en las filas de España durante las guerras contra los franceses y en 1808 combate en la batalla de Baylén contra los ejércitos de Napoleón que habían invadido la Península. En Cádiz conoce a otros militares de América del Sur y se enrola en las logias que promovían la independencia.

En 1811 renuncia a su carrera militar en España y se embarca desde Inglaterra hacia el Río de la Plata en la fragata George Canning, donde arriba el 9 de marzo de 1812 acompañado por otros patriotas.

El gobierno independiente de Buenos Aires acepta los servicios de San Martín, reconoce su grado de teniente coronel y le encarga crear un cuerpo de combate que luego sería el glorioso regimiento de Granaderos a Caballo. En ese mismo año se casa con María de los Remedios de Escalada, que pertenecía a una distinguida familia del país y crea la logia Lautaro, cuyo objetivo era liberar América del Sur del yugo español.

En octubre de 1812, los miembros de la logia encabezan un movimiento que tiene por objeto remover algunos miembros del Primer Triunvirato. Entonces, pacíficamente, el Cabildo nombra al Segundo Triunvirato, quienes, al poco tiempo, llaman a una asamblea de delegados de las provincias con el fin de dictar una constitución.

El 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo vencen en un combate, en las barrancas de San Lorenzo, a las fuerzas de desembarco realista que arribaron con varias naves desde el puerto de Montevideo.

En enero de 1814 San Martín toma el mando del ejército del Norte, de manos de Belgrano que regresaba derrotado del Alto Perú —hoy la república de Bolivia—. Se encuentran en la Posta de Yatasto y desde entonces los dos patriotas entablan una larga amistad. Al poco tiempo de encontrarse San Martín en Tucumán, se dio cuenta que era imposible llegar a Lima, que en ese momento era el centro del poder realista, por el camino terrestre del Alto Perú.

Fue entonces que el Coronel concibió la idea, que luego realizaría con éxito, de cruzar la cordillera y atacar la Ciudad de los Virreyes por el mar. Una enfermedad lo obliga a pedir licencia y consigue que lo nombren Gobernador de Cuyo, y parte para Mendoza, al pie de la cordillera de los Andes. Allí se repone y comienza a preparar un ejército para cruzar la cordillera.

En 1816 envía, por la provincia de Cuyo, delegados al congreso que se reunía en Tucumán con órdenes expresas de insistir en la declaración de la independencia. La declaración de la independencia de España se aclamó el 9 de julio de ese año. Desde Mendoza prepara con escasos medios un ejército. Todo el pueblo contribuye con su trabajo y con sus bienes para realizar la peligrosa expedición. Insiste ante el gobierno de Buenos Aires a que autorice a sus tropas el cruce de la cordillera.

En enero de 1817 comienza el cruce del ejército, alrededor de 4000 hombres, la caballería, la artillería de campaña y las provisiones para un mes. Cruzaron divididas en dos columnas por el paso de Los Patos y por el de Uspallata, y se encontraron en Santa Rosa de los Andes.

El 12 de febrero de 1817, pocos días después del paso de la Cordillera, el ejército de los Andes vence a los realistas en la batalla de Chacabuco y a los pocos días el Libertador entra en la ciudad de Santiago. El Cabildo se reunió el día 18 y designó a San Martín como Director Supremo, pero éste renunció al honor y entonces fue electo para el cargo el general Bernardo O´Higgins.

En los primeros días de 1818, un ejército realista desembarcado del Perú, avanzaba sobre la capital de Chile. El 19 de marzo, en un ataque nocturno, los realistas derrotan a los patriotas en la batalla de Cancharrayada y O´Higgins resulto herido. El ejército Unido argentino chileno se rehace y el 5 de abril derrotan completamente a los realistas en la batalla de Maipú, que puso fin a los esfuerzos españoles para dominar el país.

El camino hacia Lima por mar estaba abierto, pero era necesario crear una flota que no existía. Con algunos barcos capturados al enemigo y otros comprados a los Estados Unidos e Inglaterra se crea la marina chilena que estuvo al mando de Blanco Encalada y luego del almirante inglés Lord Cochrane.

El 20 de agosto de 1820, parte el ejército expedicionario argentino chileno del puerto de Valparaíso hacia el Perú. En el mes de julio de 1821, San Martín entra triunfante a Lima, proclama la independencia, es designado Protector del Perú y ejerce el gobierno.

El 26 de julio de 1822 San Martín se entrevista con Simón Bolívar en la ciudad de Guayaquil, hoy Ecuador. Se reúnen los dos libertadores de Sudamérica, del norte y del sur. Conferencian en secreto por más de cuatro horas. San Martín regresa a Lima la noche del 26. El 20 de setiembre de ese año se reúne en Lima el primer Congreso del Perú y el Protector renuncia a su cargo. El mismo día se embarca para Chile y meses más tarde cruza a Mendoza.

El 3 de agosto de 1823 muere su esposa en Buenos Aires. El 10 de febrero de 1824, disgustado por las guerras civiles en que estaban envueltas las Provincias Unidas del Río de la Plata, se embarca para Francia con su hija Mercedes.

En europa se ocupa de la educación de su hija y escribe para ella las Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida. Reside en Europa hasta su muerte el 17 de agosto de 1850 en la ciudad de Boulogne Sur Mer.

Cronologia de San Martín

José Luis Busaniche

1778
25 de febrero: nace en Yapeyú José Francisco de San Martín, hijo de Juan de San Martín y doña Gregoria Matorras.

1783
Se embarca con sus padres para España. En la península inicia la carrera militar.

1797/1798
El teniente José de San Martín lucha como tripulante de barcos españoles contra la escuadra inglesa del Mediterráneo.

1801
Lucha en la guerra contra Portugal.

1804
Es promovido a capitán.

1808
Luego de la abdicación del rey de España, Carlos IV, entra en Madrid José I (Bonaparte) impuesto en el trono español por Napoleón.
El 7 de julio, San Martín es nombrado Mayor general de las tropas de su mando, por la Junta de Sevilla.
El 18 de julio participa de la batalla de Bailén, donde las fuerzas españolas vencen a las francesas.

1810
Los franceses dominan prácticamente todo el territorio español. América queda convertida de hecho en territorio independiente al no poder ejercer la metrópoli su soberanía.
Revoluciones de Caracas y Buenos Aires.

1811
San Martín pide su retiro del ejército español y se embarca para Londres.
Desastre de Huaqui.

1812
9 de marzo: Llega a Buenos Aires para ponerse a las órdenes del nuevo gobierno patriota. Éste lo comisiona para la formación de un escuadrón de caballería de línea.
24 de setiembre: Batalla de Tucumán.
8 de octubre: Caída del Primer Triunvirato. Se instala el Segundo Triunvirato que convoca a la Asamblea llamada del Año XIII.
12 de noviembre: Se casa con Remedios de Escalada.

1813
3 de febrero: Batalla de San Lorenzo.
20 de febrero: Batalla de Salta.
Octubre y noviembre: Derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Se pierde el Alto Perú. San Martín reemplaza a Belgrano en el mando del Ejército del Norte.
Diciembre: Tratado de Valencay; Fernando VII es restaurado en el trono de España.

1814
17 de mayo: Brown destruye a la flota realista frente a Montevideo.
20 de junio: El general español Vigodet capitula en Montevideo, ante Alvear.
San Martín es nombrado Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo.
Napoleón abdica.

1815
Renuncia del Director Posadas. Asume Alvear que es derrocado de inmediato por la oposición que adquiere caracteres de guerra civil. Cae la Asamblea del Año XIII. El ejército patriota al mando de Rondeau sufre una derrota en Sipe-Sipe (Alto Perú).

1816
Marzo: Se reúne en Tucumán el soberano Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata que declara la independencia el 9 de julio de ese año.
24 de agosto: Nace Mercedes Tomasa, hija del general San Martín.

1817
Enero: El Ejército de los Andes inicia el cruce de la cordillera.
12 de febrero: Batalla de Chacabuco.

1818
Se declara la independencia de Chile.
18 de marzo: Cancha Rayada.
5 de abril: Batalla de Maipú.

1819
Constitución unitaria en el Río de la Plata.

1820
Sublevación del ejército del Norte en Arequito.
Batalla de Cepeda. Anarquía.
Se inicia la campaña del Perú.

1821
Entrevista de Punchauca.
San Martín entra en Lima.
Se declara la independencia del Perú.

1822
Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolívar.
San Martín reúne el Congreso en Lima y delega el mando.

1823
San Martín en Mendoza. Muere en Buenos Aires, su esposa Remedios.

1824
San Martín parte rumbo a Europa con su pequeña hija. Luego de una corta estadía en Londres establece su residencia en Bruselas.

1829
Vuelve al Río de la Plata a ofrecer sus servicios ante la guerra con el Brasil. La situación confusa lo lleva a partir nuevamente, esta vez para siempre.

1830
Se instala en París.

1842
Muere Alejandro Aguado, benefactor y amigo de San Martín.

1848
Revolución en Francia. Se traslada con su familia a Boulogne-sur-Mer.

1850
Muere en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto.

1880
Sus restos son repatriados y depositados en la Catedral de Buenos Aires.

Comienzo del destierro

Anibal Jorge Luzuriaga

EL COMIENZO DEL DESTIERRO: LONDRES Y BRUSELAS.

El 10 de febrero de 1824, el general San Martín le escribe a su amigo y compadre, el coronel Brandsen: "Dentro de una hora parto para Europa con el objeto de acompañar a mi hija para ponerla en un colegio y regresaré a nuestra patria en todo el presente año, o antes, si los soberanos de Europa intentan disponer de nuestra suerte."

Con la mente puesta en su país y en el futuro de su pequeña hija, partía espartanamente hacia la vieja Europa el hombre que más laureles y glorias había prodigado a la tierra de su nacimiento. Atrás quedaban los recelos, los odios y las diatribas de los pequeños en méritos pero de grandes bocas frente al coloso de la historia.

Cuando San Martín comprendió, frente a Bolívar, que los dos no cabían en América del Sur, y que el escenario y el fruto de sus triunfos peligraban frente a posibles o seguras disensiones, tuvo la abnegación yç el mérito sublime de posponer sus derechos y sus concepciones estratégicas y políticas para que la única causa, que había abrazado y defendido con eficacia y con gloria, no sufriera tropiezos. Su causa, como lo dijera muchas veces, era "la causa de la libertad de América y la dignidad del género humano."

Había regresado del Perú con la íntima convicción de que su "ínsula cuyana" le depararía la tranquilidad y quietud a que aspiraba; que podía colgar su sable legendario y transformarse en un sereno observador del acontecer humano y en un eficaz agricultor de la tierra que tanto amaba. Su obra ya estaba en marcha y en vísperas de su eclosión definitiva. Sus palabras proféticas, dichas al virrey La Serna en la conferencia de Punchauca, estaban grabadas en su mente: "Sus ejércitos se batirán con la bravura tradicional, pero serán impotentes ante la determinación de millones de hombres a ser independientes." Bolívar y sus compañeros cerrarían inevitablemente este capitulo que él había iniciado y, sin duda alguna, ambicionado terminar. Mitre señaló con verdad y con justicia: "Sin Chacabuco y sin Maipú no hubiesen tenido lugar ni Boyacá, ni Carabobo, ni Ayacucho."

No era, pues, ese balance lo que turbaba la tranquilidad del héroe. Su destino, que el había elegido, estaba echado. Lo que torturaba su alma era la ingratitud, la perfidia y la traición de quienes más le debían, de aquellos a quienes había colmado de honores y abierto las puertas de la posteridad. No volvía derrotado y disminuido en su prestigio, como no venía tampoco huyendo de ningún fantasma ni de ningún remordimiento, como echaron a rodar sus adversarios mediante la cobardía del libelo anónimo o del pasquín irresponsable. No era verdad que la sociedad porteña lo recibiera con frialdad o con disgusto, como no es verdad que su familia política le negara su apoyo o su adhesión, como se comprueba fácilmente a través de numerosos testimonios.

Su llegada a Mendoza, en enero de 1823, fue causa de afectuosos y emotivos encuentros con sus antiguos camaradas y amigos. Su chacra estaba lista para recibirlo y a ella se dirigió, antes de proseguir su viaje a Buenos Aires y reintegrarse a su familia. Allí experimentó los primeros sinsabores y tropiezos al verse vigilado en sus movimientos, violada o sustraída su correspondencia, rodeado, en fin, por los sicarios al servicio delgobierno. En esas condiciones no pudocontinuar su viaje a la capital, pues se exponía a cualquier ultraje o atropello en el camino.

El 3 de agosto de 1823 fallecía en Buenos Aires su esposa y amiga Remedios de Escalada, sin que el Libertador pudiera ofrecerle el aliento de su presencia y su postrera despedida. El 20 de noviembre, San Martín inicia su viaje a la capital, arribando, sin escolta ni aparato alguno, el día 4 de diciembre. La calumnia volverá a ensañarse contra su persona y Carlos María de Alvear lanzará un libelo atacando su honradez y su entereza.

Qué podía esperar el Libertador de un gobierno que cobijaba a los envidiosos de su gloria, y que, a todas luces le rehuía y le temía? Solo cabía expatriarse. Pedidos los pasaportes -y no los sueldos que se le debían desde 1819- se ausentó hacia Europa a bordo del barco francés "Le Bayonais". Zarpó de Buenos Aires el 10 de febrero de 1824, en compañía de su pequeña hija Mercedes, rumbo al puerto de El Havre en Francia. Dos meses más tarde, el 24 de abril, arribó la nave a destino. La presencia de San Martín despertó sospechas y múltiples consultas entre las autoridades francesas y las cancillerías amigas de los Borbones. Sus papeles fueron incautados y prolijamente revisados, pues sus antecedentes revolucionarios y republicanos le hacían persona no grata al régimen imperante. Sus documentos, que según los funcionarios estaban impregnados de un republicanismo exaltado, le fueron devueltos y el 4 de mayo San Martín se embarcó con su hija hacia Southampton, estableciéndose provisionalmente en Inglaterra.

El mencionado puerto ingles era a la sazón refugio de numerosos exiliados políticos. Allí se encontró con su antiguo camarada Mac Duff - Lord Fiffe- quien lo introdujo en la alta sociedad, presentándolo como conquistador de las libertades de América y émulo digno de Washington. Por esos días, se celebró un banquete en conmemoración de la independencia norteamericana, al que concurrió especialmente invitado. Se encontró con antiguos amigos: García del Río, Paroissien y Alvear, entre otros. A los postres, el primero ofreció una demostración y San Martín, alzando la copa, brindó por su amigo Bolívar y por la feliz culminación de la campaña.

Esta actitud del prócer fue motivo para que Alvear reiniciara su tarea difamatoria, informando al gobierno de Buenos Aires que San Martín conspiraba con el general mejicano Agustín de Iturbide, apoyando su lucha para imponer el sistema monárquico en América. Circuló, por entonces unlibelo titulado "La vida del general San Martín", cuya autoría se atribuyó a Alvear, como también una caricatura del Libertador que lo mostraba con la corona del Perú escapándosele de las manos. En cuanto a la entrevista con Iturbide –que este sí le pidió por carta- nunca se supo si efectivamente se realizó, pues el político mejicano regresó a su patria con el objeto de derrocar al régimen del general Guadalupe Victoria, siendo capturado y fusilado en Padilla.

Es muy poco lo que se conoce de las actividades de San Martín en Inglaterra. Se sabe,ciertamente, que permaneció allí desde mayo hasta diciembre de 1824, viajando por distintas partes del país, principalmente por el norte de Escocia donde, por gestión de Lord Fiffe, fue distinguido con la ciudadanía honoraria de Banff, principal localidad vecina a las heredades del ilustre amigo inglés. Este episodio no debe sorprender si tenemos en cuenta que Inglaterra recibió con gran beneplácito a los próceres sudamericanos y que San Martín cultivaba otras amistades con nobles ingleses que había conocido durante las campañas contra la invasión napoleónica en España.

El Libertador seguía aferrado a los problemas americanos. En Londres intervino en las gestiones para adquirir dos fragatas que reforzaran la armada peruana. La maledicencia le atribuyó planes intervencionistas lo cual despertó la indignación de Bolívar al creer, de buena fe, tamaños infundios. Tomás Guido informará a la posteridad los acontecimientos vividos en Lima con ese motivo.

San Martín intentó radicarse en Francia, pero fueron infructuosas las gestiones de su hermano Justo, que vivía en París, para que el conde de Corbiere accediese a ello. Resolvió, entonces, viajar a los Países Bajos. Obtenida su admisión a ese reino, retiró a su hija de la pensión en que la había confiado y, a fines de 1824, se estableció en una casa del arrabal de la ciudad de Bruselas.

Bruselas y La Haya eran las dos ciudades más importantes de los Países Bajos y ambas se destacaban por la cultura y laboriosidad de sus habitantes. La liberalidad de las costumbres, la sensación de seguridad y lo barato de la vida, con respecto al resto de Europa, las señalaban como las más indicadas para residir en ellas. No en vano fueron refugio para numerosos extranjeros que, por una u otra causa, debían exiliarse. San Martín eligió Bruselas.

Desconocemos como consiguió radicarse en ese país y que gestiones previas realizo. José Pacífico Otero efectúo numerosas investigaciones al respecto, con resultado negativo. En cuanto a la casa que habitó, pudo establecerse que estaba ubicada en Rue de la Fiancee Nº 1422. Se sabe que en el centro de la ciudad, en una pensión inglesa, había alojado a su pequeña Mercedes, que entonces tenía ocho años de edad.

En cartas a Guido y a otros amigos, los temas dominantes de este período son la política y la educación de su hija, contento de esto último al notar sus notables progresos. Confiesa que se considera en cierta medida feliz, aunque extraña sobremanera su tierra y sobre todo Mendoza. Por su casa, con tres habitaciones y un gran jardín, paga mil francos anuales, suma que considera increíblemente barata. En ella hospedó, durante un tiempo, a su antiguo subordinado y amigo, el general Miller, y le proporcionó valiosos datos para concretar su biografía. Esa era también la casa que ofreció a Guido para "compartir un puchero".

Las viscisitudes económicas, no obstante, le agobiaban. Del Perú se alejó con un modesto haber y sólo cuando se tuvo la certeza de su viaje al exterior, se le adelantaron dos años de la pensión votada por el Congreso. El gobierno de Rivadavia, permitió que se fuese sin abonarle un peso de sus sueldos atrasados. La caída de los valores en Londres; la quiebra de la casa en la que su amigo Alvarez Condarco había depositado parte de sus ahorros; la depreciación del cambio; la falta de rentas sobre algunas propiedades -excepto la casa de Buenos Aires; todo, en fin, configuraba un panorama nada halagüeño. No debe extrañar esto, por cuanto para San Martín el vil metal no es un fin, sino un medio. El desinterés constituía, para el, una virtud dinámica y primordial.

En 1830 el pueblo belga se levantó contra la opresión holandesa y ofreció a San Martín, según una versión repetida, la conducción del movimiento revolucionario. El Libertador rehusó la propuesta, indicando que se hiciera cargo de esa tarea un hijo del país. Atento a las convulsiones sociales que sobrevinieron, San Martín decidió llevar a su hija a un colegio de París y luego, debido a una epidemia de cólera que asoló Bruselas y solucionados los anteriores problemas de residencia en Francia, resolvió trasladarse a París, previo paso temporario en la ciudad termal de Aix-en- Provence.

El hombre que, lejos de la patria, la extrañaba y la seguía sirviendo con denuedo; el hombre que no había querido ser el verdugo de sus conciudadanos, diciéndole a Lavalle, después de rehusar el mando que le había ofrecido en 1829: "... en la situación en que Ud. se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país, le servirá de consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno mismo"; ese hombre de excepción, que para gloria de los siglos se llamó José de San Martín. continuaba su peregrinación, esta vez en Francia.

[Instituto Nacional Sanmartiniano]

Su destierro

LOS RECURSOS - Horacio Labougle

Don Antonio José de Escalada (padre de Remedios, esposa digna y fiel del Gral. San Martín) falleció en su ciudad natal el 16 de noviembre de 1821. El día 10 de octubre había otorgado su testamento ante el Escribano Público y de Cabildo don Justo José Núñez, dejando por herede rosa sus seis hijos legítimos: Don Bernabé y doña María Eugenia de Escalada y Salcedo, y don Manuel, don Mariano, doña Remedios y doña Nieves de Escalada y Quintana. Nombró albaceas a su esposa doña Tomasa de la Quintana, a sus hijos don Bernabé y don Manuel de Escalada, y a su hermano don Francisco Antonio de Escalada en el lugar y grado citados.

Ausente en Manila don Bernabé de Escalada, que desempeñaba allí el cargo de Ministro Contador General de Ejército y Real Hacienda de las Islas Filipinas, se ocupó de todos los trámites que demandó la testamentaría, don Manuel de Escalada. Éste hizo un prolijo detalle del cuerpo general de bienes, con razón de los créditos y activos y pasivos. En la adjudicación de las fincas, les tocó a doña Remedios y a don Mariano, en condominio, la casa mortuoria, sita en lo que es hoy la esquina de San Martín y Cangallo, que se tasó en $ 60.084, 5 reales y 1 cuartillo. Andando los años y habiendo perdido totalmente su fortuna el Teniente Coronel don Mariano de Escalada, como consecuencia de malos negocios, el general San Martín le compró su parte, con seguridad antes del año 1830, en que aquel ya no poseía ningún bien. La parte de cada uno, doña Remedios y don Mariano, era pues, de $ 30.342, 2 reales y 3/4. Además, le correspondía a cada uno de ellos, la sexta parte de los muebles, cuadros, plata labrada, libros, y otros bienes inventariados, que se puede calcular dada la posición social de la familia, en $ 10.000 más, o sea, en total, unos $ 40.000, para cada uno de los indicados herederos. A ello debía agregarse la parte que proporcionalmente les tocaba de los créditos activos, cuyo total ascendía a $ 411.460, de los que el albacea cobró $ 33.697, considerando el resto incobrable, no obstante lo cual seguiría sus gestiones. Sumada la sexta parte de la suma percibida, que se indica, a los $ 40.000, da un total de $ 46.500, más o menos. De la deuda que tenía la testamentaría al hacerse el reparto y que era de $ 19.637con 4 reales, le correspondió pagar a doña Remedios $ 3.272 con 7 reales y 1/3, de suerte que su haber hereditario se redujo a unos $ 43.000, para hacer cifras redondas. En 10 de diciembre de 1823 firmó de conformidad con las cuentas rendidas por el albacea don Manuel de Escalada, el General San Martín, por sí y por su hija Mercedes como herederos de doña Remedios de Escalada, que había fallecido el 3 de agosto de 1823, en Flores, en la quinta de su hermano mayor don Bernabé de Escalada, donde residía desde su llegada de Mendoza, en abril de 1819, ya atacada de la cruel enfermedad que puso fin a sus días. Hasta su intervención directa, citada anteriormente, el General San Martín estuvo representado por su cuñado don Manuel de Escalada a quien había otorgado poder el 29 de agosto de 1823, en Mendoza. La sucesión de don Antonio José de Escalada tramitó en el Juzgado del Doctor don Roque Sáenz Peña, actuando de Escribano don Marcos Leonardo Agrelo.

La tasación, cuenta de división y partición de los bienes, fue aprobada el 27 de enero de 1824. El mismo día fue notificado el General don José de San Martín. De la lectura del expediente sucesorio se desprende que el interés corriente en esos años era del 9 % anual. Don Antonio José de Escalada poseía trece criados, a cada uno de los cuales, por vía de limosna, dejó seis pesos, e hizo treinta y dos legados, por diferentes cantidades, estando entre los favorecidos los conventos de Santo Domingo, La Merced, San Francisco y Recoleta, y las monjas capuchinas y catalinas.

Fue sepultado en la Catedral de Buenos Aires.

Es curioso que, en su testamento, don Antonio José de Escalada mencionara seis veces a su yerno don José de María y ninguna a su otro yerno, el General San Martín. Recibieron, pues, como herencia, el General San Martín y su hija Mercedes de San Martín y Escalada, niña de siete años en ese entonces, cuarenta y tres mil pesos ($ 43.000).

El 10 de febrero de 1824, se embarcaron para Europa en el navío francés Le Bayonnais.

San Martín había contraído matrimonio con doña Remedios de Escalada, el 12 de septiembre de 1812, en Buenos Aires, escribe Mitre, "en señal de que constituía para siempre su hogar en la tierra de su nacimiento" , y ello desvaneció la desconfianza que despertara al llegar, por no tener en el país, ni antepasados ni parientes, y sí solo muy pocas relaciones, de lo cual se quejó en alguna de sus cartas. No era al llegar, como ha escrito erróneamente un gran historiador argentino "hombre oscuro y desvalido, que no tenía más fortuna que su espada", porque los genios no pueden jamás estar en esa triste situación.

San Martín traía fama bien ganada de militar eximio y valeroso, y su extraordinaria personalidad no pasó nunca desapercibida. Desde el primer momento demostró su calidad impar.

El General don José de San Martín es, sin disputa, nuestro prócer máximo y el más grande hombre de América.

Además de la herencia mencionada precedentemente, San Martín poseyó otros bienes en Mendoza, Chile, Perú, Buenos Aires, y Francia.

El 18 de diciembre de 1816 le habían sido dadas en propiedad por el gobierno de Mendoza, accediendo a su pedido, cincuenta cuadras y otras doscientas cuadras a su hija; formando esas doscientas cuadras la chacra "Los Barriales", donde tuvo casa habitación, en la que residió a su regreso del Perú; tierras que dedicó a la siembra de trigo con sus correspondientes molinos, y a la cría de caballos. Para dicha explotación, celebró contrato con el vecino de Mendoza don Pedro Advíncula Moyano, el 17 de agosto de 1818. Moyano se obligó a cuidar y administrar la chacra por el término de ocho años, debiendo las utilidades que se produjeran, deducidos los gastos, ser partibles entre ambos, como así también las que resultasen de la cría de ovejas, engorde de ganado y de varias pulperías.

El 10 de octubre de 1818, compró San Martín a don Antonio de la Puente, dos sitios contiguos, en la Alameda ( Mendoza ), el uno de 26 varas de frente por 57 de fondo, y el otro, de 19 varas por 57; o sea, un terreno de 45 varas de frente por 57 de fondo, en la suma total de $ 1.170 de a ocho reales, que pagó al contado. En este terreno, emprendió de inmediato la construcción de una casa y fue el citado Moyano a quien encomendó el correr con la obra, acopiando materiales y utensilios, facilitando operarios, peones, y cuanto fuere menester, hasta su conclusión. En el año 1823, por escritura de fecha 14 de julio, San Martín convino con su lindero de " Los Barriales ", don José Ahumada, en que éste le cediese el terreno que era de su propiedad y ocupaba la acequia que surtía de agua al molino propiedad de San Martín, a cambio de poner éste cerco en toda su extensión al referido terreno.

El 22 de agosto de 1819, debiendo ausentarse de Mendoza, encargó del cuidado y administración de sus bienes, así muebles como raíces, que poseía en la ciudad y su jurisdicción, a don Pedro Núñez, natural y vecino de ella, "sujeto de su confianza". Más tarde en el año 1826, su apoderado don Salvador Iglesias le aconsejó se desprendiese del terreno de la Alameda y de la chacra "Los Barriales", de la que le informaba era valiosa y que con el producto de su venta, se podía adquirir una estancia. Agregaba que los molinos daban ganancia y buen resultado la cría de caballos. Seguía a su frente don Pedro Núñez.

El 29 de julio de 1823, hizo donación de 50 cuadras, situadas en la " Villanueva de San Martín ", al general don Tomás Guido, por el mucho afecto que le profesa, y, asimismo la buena armonía con que se ha conducido en todo el tiempo que han sido compañeros de armas, con todas sus entradas y salidas, aguas, usos, costumbres, derechos y servidumbres, cuantas dichas tierras tengan. En la escritura de donación, San Martín deja constancia de que en su poder reserva " cuadruplicados bienes ".

En todos los instrumentos notariales, San Martín es calificado "Excmo. Señor".

El 2 de abril de 1823, en Mendoza, San Martín otorgó nuevamente poder a don Pedro Advíncula Moyano, para que cancelara las cuentas que tenía en Chile pendientes con don Nicolás Peña (Rodríguez Peña), procedentes de la administración que este señor había tenido en la chacra "La Chilena", sita a dos leguas y media de la ciudad de Santiago, autorizándole a venderla o arrendarla. Dicha finca le había sido donada por el gobierno de Chile y de ella había tomado posesión en julio de 1817, asignando a Mendoza la tercera parte de lo que produjera, para el fomento del hospital de mujeres que en esa ciudad existía y dotación de un vacunador con el fin de librar a la provincia epónima de los estragos de la viruela. "La Chilena" le dio muchos sinsabores y fue causa de un pleito con sus arrendatarios.

Corresponde ahora determinar los bienes que eran propiedad de San Martín en el Perú.

El 21 de noviembre de 1821, la Municipalidad de Lima acordó que se repartiesen entre los jefes y oficiales del Ejército Unido Libertador los $ 500.000 que importaban las fincas confiscadas a los españoles realistas y que a los soldados se les diese tierras en las provincias que ellos eligieran para su residencia, en el caso de que expresaran deseo de quedar en el Perú.

San Martín, a pedido de aquélla, remitióle la lista de los que consideraba merecían recibir premio. En la misma, figuran, entre otros, Juan Gregorio de las Heras, Bernardo Monteagudo, Juan Antonio Alvarez de Arenales, Toribio de Luzuriaga, Diego Paroissien, Guillermo Miller y Tomás Guido.

A su vez, San Martín, en su carácter y atribuciones de Protector del Perú, obsequió al Director Supremo de Chile, General don Bernardo O'Higgins, las haciendas de Montalván y Cuiba, en el Valle de Cañete, que habían sido confiscadas a la familia del Regente de la Real Audiencia de Lima, don Manuel de Arredondo. Esos fundos, valían más de $ 500.000. En 1832, doña Ignacia Novoa, mujer del Mariscal de Campo don Manuel de Arredondo, que estaba en España, entabló juicio al prócer chileno pidiendo se declarase nula la donación y, por tanto, reivindicando las mencionadas haciendas, el que no prosperó.

No ha sido posible todavía establecer la fecha en que el gobierno del Perú donó a San Martín la casa conocida por "Jesús María", en la ciudad de Lima, y la hacienda sita en La Magdalena,pueblo cercano a dicha capital, donde pasó en compañía del general don Tomás Guido, su amigo entrañable y tío político, las últimas horas que estuvo en el Perú; pero es evidente que le pertenecían, y que debían ser valiosas, teniendo en cuenta los premios a que he hecho referencia anteriormente.

En efecto, en carta del 28 de julio de 1823, de su apoderado don Salvador Iglesias éste le da noticias del estado de ambas; y con respecto a la casa, "que está bien aderezada", y a cuyo cuidado San Martín dejara un sirviente llamado Pedro Cabrera, individuo del cual el Libertador tenía tan buen concepto que le había donado uno de los molinos de «Los Barriales", le pedía instrucciones. Más tarde, informado San Martín de que Cabrera resultó ser pendenciero y ebrio consuetudinario, revocó la dicha donación, por escritura pública del 14 de junio de 1823. Desocupada la casa, en ella se alojaron transitoriamente O'Higgins y su familia, cuando llegaron a Lima, en 1823, desterrados de su patria. El gobierno del Perú dio al Libertador el grado de Generalísimo de sus ejércitos y le concedió una pensión vitalicia de $ 9.000 anuales. Al llegar a Chile, camino del ostracismo voluntario que se impuso, llevaba consigo 120 onzas de oro y recibióallí, a fines de 1822, del gobierno peruano,una libranza de $ 2.000, a cuenta de sus sueldos. Llegado a Mendoza, se alojó en su chacra de "Los Barriales", por la que tuvo siempre especial predilección y en la que pensó alguna vez alejarse del mundo y terminar su vida.

Allí permaneció hasta noviembre de 1823, mes en que se vino a Buenos Aires. El 4 de diciembre ya estaba en esta capital, en casa de su suegra doña Tomasa de la Quintana de Escalada, o sea, en la finca que tocara a su mujer doña Remedios en la partición de los bienes sucesorios, a que me he referido anteriormente.

El Congreso Nacional, en su sesión del 21 de abril de 1818 tomó en consideración la moción presentada por el Diputado por Charcas doctor don José Mariano Serrano, proponiendo se acordase un premio al General en Jefe del Ejército Unido de los Andes. Designóse para su estudio y redacción del proyecto de Decreto, a una Comisión formada por los diputados Vicente López y Planes, Juan José Passo y Luis José de Chorroarín, quienes lo presentaron en la sesión del 2 de mayo, en la que, luego de detenida y prolija discusión, quedaron aprobados sus dos primeros artículos, siendo igualmente aprobados los otros dos que restaban, en la sesión del 4 de mayo. Es interesante transcribir el texto del artículo 3º, que reza: "La brillante conducta militar del Ejército de los Andes ha excitado en el ánimo del Congreso los sentimientos más vivos de gratitud y complacencia; por tanto, declara a sus jefes, oficiales y tropa, "Heroicos Defensores de la Nación" ordenando que sus nombres se inscriban en un Registro Cívico de Honor que se conservará en el Archivo del Cuerpo Representativo y en el de cada una de las Municipalidades del territorio del Estado. Se comisiona al Diputado de este Gobierno residente en Chile para que a nombre de la Nación les de las gracias más expresivas, siendo del resorte del Superior Gobierno Ejecutivo distribuir a los de este Estado los premios militares a que se hayan hecho acreedores."

El artículo 4 disponía que "se comunicará este Decreto al Supremo Director del Estado, encargándole su publicación y cumplimiento en la forma que más estime conveniente." Por separado, se trató después del premio que se pudiese asignar al General San Martín y se acordó que, con dicho objeto se le hiciese donación de alguna de las fincas importantes del Estado, y que se comunicase lo resuelto al Director Supremo para su cumplimiento.

La casa que le fue donada por el Estado, era la, situada en la Plaza de la Victoria al embocar la calle de La Plata, y lindera por su frente con dicha plaza, al oeste con Ignacio Freire, al sur con casa que fue del Seminario Conciliar, a la sazón Departamento de Policía, y al norte, calle de La Plata de por medio, con N.P. Porras y otra casa de Freire. Tenía 21 varas de frente al Este -o sea, la Plaza de la Victoria- y 66 de fondo hacia el Oeste. Hoy día, es la esquina de Rivadavia y Bolívar, donde se encuentra la Municipalidad de Buenos Aires. El título le fue librado por el Director Supremo General don José Rondeau, el 16 de agosto de 1819.

Esa casa, el 11 de febrero de 1825, el coronel don Manuel de Escalada, como apoderado de su cuñado don José de San Martín, ausente en Europa, la vendió a don Miguel de Riglos y Lasala, en la suma de $ 20.000, pagaderos al contado. A dicha cantidad debe agregarse la de $ 5.000 queel Gobierno entregó como compensación de lo que el vendedor gastara en sus refacciones. El comprador concluyó de refaccionar el edificio, que fue conocido desde entonces por "El Balcón de Riglos", pues era de planta baja y piso alto, y fue famoso porque su propietario hizo de él un centro de alta cultura en su época.

Además de los bienes que se han detallado, San Martín era titular de un crédito hipotecario constituido entre 1824 y 1829, sobre la estancia "El Rincón de López", propiedad de don Braulio Costa, cuyo importe era de $ 30.000. Dicho campo fue vendido por Costa a don Gervasio Ortiz de Rozas, hermano de don Juan Manuel, que redimió la hipoteca, cancelando la deuda, el 12 de junio de 1833, según escritura pública que suscribió como apoderado de San Martín, don Gregorio Gómez Orcajo, que investía esa representación desde el 28 de febrero de 1829, en virtud de escritura pasada ante el Escribano Bartolomé Domingo Vianqui, en la ciudad de Montevideo. Por ese instrumento, había sido nombrado apoderado, en segundo lugar, el doctor don Vicente López y Planes. Todo esto fue descubierto por el Escribano don Oscar E. Carbone y hecho público en la conferencia que pronunciara el 10 de agosto de 1959, en el MuseoHistórico Nacional. Ahora bien, si se suma el valor de la casa donada por el Congreso Nacional y el Directorio, a lo recibido como herencia de doña Remedios de Escalada, su esposa, y al préstamo en hipoteca a don Braulio Costa - luego a don Gervasio Ortiz de Rozas- nos encontramos con que San Martín poseía en bienes raíces y el referido crédito, un total de $ 98.000. Si se atribuye al terreno de la Alameda y a la chacra de "Los Barriales", de Mendoza, $ 12.000 como valor, y solamente $ 10.000, en conjunto, a la casa de "Jesús María", y la hacienda de "La Magdalena", en Lima, resulta un total de $ 120.000, que en francos, al cambio del año 1830, da unos 320.000 francos, más o menos. Calculando la renta de ese capital al 7 %, término medio -hemos visto que el corriente en 1824, era el 9 %- se obtiene la cantidad de 22.400 francos anuales. Aceptando que los libramientos que se le hacían, pagados por Baring Brothers y Cía. -de Londres- sufrían un quebranto del 10 % queda un saldo de 20.000 francos anuales de renta, suma que excede en 6.000 francos a la de 14.000 francos, que era la retribución que percibía anualmente en Francia, por esos años, un Consejero de Estado o un Director General de Ministerio, que eran los sueldos más altos de la Administración en ese país.

Todavía debe agregarse a esa renta que le producían sus bienes raíces y el crédito hipotecario, las cantidades que, con cierta frecuencia, hasta el año de 1832 y después de 1848, le enviaba el gobierno del Perú. Sabido es que éste había nombrado a San Martín, Generalísimo de sus Ejércitos, asignándole además una pensión vitalicia de $ 9.000 anuales, que se redujo a la mitad en 1832, aunque en ese año se le hiciera figurar en el Presupuesto del Ejército, restableciéndose la primitiva de $ 9.000 en 1836, si bien sin hacerse efectiva. Más tarde, en 1849, el Presidente del Perú, Mariscal don Ramón Castilla, gran admirador del Libertador, dispuso laliquidación de su pensión desde el 19 de enero de 1832 hasta diciembre, inclusive, de 1845.

Antes de l832, San Martín recibió del gobierno peruano, las siguientes cantidades:

En 1822, $ 15.000, como liquidación de sus haberes, que le dio el Congreso peruano, en una letra de crédito sobre Londres, y un anticipo sobre sueldos futuros, de $ 2.680.

En 1830, $ 15.000 contra el empréstito del Perú.

En 1831, $ 1.000 que, al cambio de ese año, eran 187 libras con diez chelines. Lepagó, igual que las anteriores libranzas, Baring Brothers y Cía., de Londres.

En 1832, $ 3.000 en billetes de Aduana, en concepto de sueldos atrasados, que cobrópor intermedio de Baring Brothers y Cía., sin quebranto alguno. A fines de 1824 había recibido el importe de sus sueldos vencidos hasta marzo de ese año, según carta de Salvador Iglesias, de 30 de abril de 1825. No he podido establecer su monto.

Es decir, que recibió del Perú, desde 1822 hasta 1832, por lo menos, la suma de $ 24.000, dado que no se puede fijar aquella a que se refiere Iglesias, en 1825. Esta cantidad se debe agregar a la ya mencionada anteriormente. Cabe señalar que, además de la pensión vitalicia, teníaun sueldo de $ 1.000 anuales, como Generalísimo. Cuando residía en Bruselas, alquiló su casa de Cangallo esquina San Martín, en $ 5.000 anuales, que representaban 14.000 francos; en carta a Guido, al darle la noticia, le decía: "Soy el hombre mas poderoso de la tierra porque Ud. sabe que yo no tengo caprichos y vivo con frugalidad."

De todo lo precedentemente expuesto, se desprende que el General San Martín, de manera indubitable, tuvo siempre en Europa, durante su largo ostracismo, lo suficiente para vivir con el decoro correspondiente. No necesitaba, por tanto, las joyas y diamantes que le legara en su testamento don Alejandro Aguado, Marqués de las Marismas del Guadalquivir –banquero español y viejo amigo suyo- para residir en París ni para ponerle "a cubierto de la indigencia en el porvenir". Dicho legado fue hecho, conjuntamente, al Libertador, como primer albacea y tutor y curador de sus hijos, y a los otros designados en seguido y tercer término: el Arquitecto Pelchet, y su apoderado general, señor Héctor Couvert. Además, les dejó a los tres, 30.000 francos, a título de recuerdo afectuoso.

Haciendo un estudio detallado y coordinado de la correspondencia de San Martín que se conoce y ha sido publicada, no surge de ella que, en algún período de su vida, "tan sólo la generosidad del amigo que vengo de perder me libertó tal vez de morir en un hospital".

Siempre estuvo acompañado por su hija en los primeros años de su vida en Europa, y luego por ella y su marido Balcarce, quienes le atendían con singular cariño, con excepción de los que aquélla estuvo en el Colegio, hasta 1829, y de los de 1833, 1834 y principios de 1835 en que viajaron a Buenos Aires. Es precisamente, en esos años citados, cuando el Libertador estuvo en más holgada situación económica. En efecto, el 25 de abril de 1834 compró la finca de Grand Bourg, en Seine-et- Oise, a seis leguas de París, en la suma de 13.100francos, al contado, donde residió habitualmente hasta 1849, año en el que, el 4 de agosto la vendió su yerno don Mariano Balcarce, en virtud del poderotorgado para ello por San Martín el 19 de julio del referido año, en Boulogne-sur- Mer, donde se encontraba transitoriamente, según reza la pertinente escritura. El 25 de abril de 1835, San Martín compró en París una casa sita en la Rue Nueve Saint- Georges Nº 55, por el precio de 140.200 francos, pagaderos en dos cuotas, que satisfizo íntegramente el 25 de septiembre de dicho año. En ella pasaba los inviernos. Don Mariano Balcarce, que había contraído matrimonio el 13 de diciembre de 1832 con doña Mercedes de San Martín y Escalada, se embarcó con su esposa para Buenos Aires, el 21 de dicho mes y año. Es indudable que venía debidamente facultado para gestionar el cobro de los sueldos de su suegro y al mismo tiempo para ocuparse de sus otros intereses, como escribe Carbone y cree Otero. Seguramente, cobró créditos y realizó bienes y quizás, también, don Manuel de Escalada le entregó dinero cobrado en su carácter de albacea de la sucesión de don Antonio José de Escalada, de los créditos activos de la misma, que quedaron pendientes. Desde su llegada a Europa, San Martín viajaba con frecuencia, tanto dentro como fuera de Francia, en busca de aguas o aires propicios para su salud, o con el afán de conocer. Estuvo en las termas de Aix- la- Chapelle y de Enghien, en Amberes, Lille, Marsella, Tolón, Londres, Escocia, Génova, Roma, Nápoles, Florencia, La Haya, y en los Pirineos Orientales; pasando los veranos, generalmente, en las playas de Normandía, especialmente en Dieppe, que estaban de moda en aquellos años anteriores al Imperio de Napoleón III, en que se inician la Costa Azul y Biarritz. Desde el 21 de noviembre 1828, después de tomar los baños de Aix, realizó su famoso viaje al Río de la Plata, quedando los meses de febrero, marzo y abril en Montevideo, sin venir a Buenos Aires, hasta su regreso a Europa, que lo efectuó el 14 de mayo de 1829, dirigiéndose a Londres.

Durante su estada en Bruselas, una de las logias masónicas que allí tenía su sede, mandó acuñar una medalla con su efigie, que el Doctor don Adolfo P. Carranza, Fundador y primer Director del Museo Histórico Nacional, patriota ejemplar, de recuerdo venerable, reprodujo en su obra "San Martín".

Al iniciar su lucha por la independencia, en 1830, los revolucionarios belgas le ofrecieron el mando de sus ejército, que el Libertador declinó.

San Martín, en París, se relacionó estrechamente con los refugiados liberales españoles, entre ellos don Manuel Silvela, ilustre jurisconsulto y pedagogo, de cuya familia salieron dos generaciones de grandes políticos españoles, y que había fundado allí un Colegio para jóvenes españoles y sudamericanos. San Martín, ya en 1829 visitó ese colegio, y luego continuamente, desde que se radicó en París. De la primera vez que en él estuvo nos ha dejado un emocionado relato el escritor chileno don Vicente Pérez Rosales, en sus Recuerdos del Pasado. También otro chileno, don José María León de la Barra, nos revela en sus Recuerdos, la vida del Libertador en Francia, de 1830 a 1835. Era aquel un joven inteligente que estudiaba Economía y otras ciencias en el renombrado Colegio de Francia y en la Sorbona. Hermano de don Miguel León de la Barra, Ministro de Chile, y emparentado con San Martín, tuvo con el gran hombre trato frecuente.

Habiendo ido a Bruselas a principios de 1830 los Barra, tuvieron la fortuna de llegar allí cuando por iniciativa del Cónsul General de su patria en los Países Bajos, se organizaba una visita a caballo al llano de Waterloo, logrando con regocijo que el Libertador aceptara participar de ella. Escribe don José María de la Barra: "Cabalga el general con gallardía y es un consumado jinete.

El cicerone no nos fue necesario, porque San Martín nos explicó la batalla de un modo tan claro y preciso y al mismo tiempo pintoresco, que parecía que había estudiado mucho las campañas de Napoleón en el terreno mismo. Regresamos al galope en una hermosa tarde de verano, con San Martín erguido y silencioso a la cabeza. Parecía que el recuerdo de sus victorias embargaba por completo la mente del gran expatriado."

El Ministro don Miguel León de la Barra acompañaba siempre al Libertador en sus viajes por Francia, quien nunca dejó de asistir a las fiestas que aquél daba en la Legación. Fueron los hermanos Barra, dos de los testigos en el casamiento de doña Mercedes de San Martín y Escalada con don Mariano Balcarce y, a su vez, San Martín fue el padrino de la boda del Ministro con la joven Athenaís Lira. San Martín, en compañía del grupo chileno residente en París, acudía a todas las recepciones y, a la llegada de la Primavera, partían de paseo, en alegres cabalgatas, hacia los bosques vecinos. No hubo argentino ni sudamericano de distinción que dejara de visitar al gran hombre. De Alberdi y Sarmiento hay páginas interesantes sobre sus visitas a Gran Bourg. Gustaba el Libertador de presenciar las fiestas populares, de concurrir al teatro, de pasear por las afueras de la Ciudad Luz. Se encontraba bien en aquel Reino de Gobierno Constitucional, tan acorde con sus principios monárquicos y sus ideales liberales.

Con pluma galana y con talento, el Miembro de Número de la Academia Nacional de la Historia don Armando Braun Menéndez ha estudiado y comentado esos recuerdos de don José María León de la Barra. "San Martín vivió los años de su ostracismo voluntario acompañado de sus recuerdos y del respeto, consideración, y admiración de cuantos le conocieron. A tal punto, -nos dice don Miguel de la Barra-, que, en ocasión de la recepción diplomática del 19 de enero de 1838 en el Palacio de las Tullerías, el Rey Luis Felipe de Orleáns, que estaba en el Salón del Trono, rodeado de toda su familia, ministros y altos personajes de la Corte, recibiendo y retribuyendo con protocolar y amable indiferencia el saludo del Cuerpo Diplomático, al llegar el turno al Libertador, que estaba vestido con su magnífico uniforme blanco de Protector del Perú, se adelantó hacia él con las manos tendidas, y sin hacer caso del Introductor de Embajadores, que declinaba nuestros nombres y títulos, haciendo una reverencia sonriente al Ministro de Chile, cogió con ambas manos las del General, diciéndole calurosamente: Tengo un vivísimo placer en estrechar la diestra de un héroe como vos, general San Martín. Creedme que el Rey Luis Felipe conserva por vos la misma amistad y admiración que el duque de Orléans. Me congratulo que seáis huésped de la Francia y que en este país libre encontréis el reposo después de tantos laureles.

"El Rey departió con San Martín más tiempo del que era de rigor conforme a la etiqueta de Palacio."

Quien así, luego de dar libertad a su Patria, a Chile, y al Perú, tenía el respeto y admiración de reyes, no sintió golpear jamás "la pobreza a las puertas de su casa", ni tuvo necesidad de que nadie le "sacara de la miseria", falsa leyenda que hasta ahora ha corrido como moneda de buena ley.Nunca San Martín recibió ayuda de nadie. Su altivez no lo hubiera consentido. Reclamó, eso sí, lo que legítimamente se le adeudaba por los gobiernos de los países que había libertado. Su grandeza de alma y su delicadeza de sentimientos, creo fue lo que le llevó a exagerar su gratitud para con su amigo, el banquero Aguado, por sus demostraciones de amistad durante alguna grave enfermedad que padeciera. No cabe otra explicación. Su situación económica le permitió vivir siempre decorosamente; regalar tierras a su amigo el general don Tomás Guido; pasar una pensión de 1.000 francos anuales a su hermana viuda doña María Elena de San Martín de González deMenchaca; venir al Río de la Plata en 1828, trayendo un criado para su servicio; educar a su hija en los mejores colegios de Bélgica y de Francia; alternar con la aristocracia orleanista durante su largo ostracismo; viajar frecuentemente dentro y fuera de Francia; acoger a su hermano don Justo Rufino de San Martín en su casa de Bruselas; ser amigo de multimillonarios como el Marqués de las Marismas y don Manuel José de Guerrico, que le respetaban y y admiraban; y adquirir para su residencia, las casas de Grand Bourg y de la Rue Neuve Saint- Georges.

Creo que con estas páginas, he desvanecido la leyenda, alimentada por escritores liberales, de la famosa "ayuda" del banquero Aguado.

Y si con ellas no bastara, lo rubrica enérgicamente y rotundamente el propio San Martín, con su honradez acrisolada, en la cláusula 5a de su testamento ológrafo:

"Declaro no deber ni haber jamás debido nada, a nadie".

[Instituto Nacional Sanmartiniano]

Rivadavia y San Martín

El boicot de Rivadavia

Rivadavia, temeroso de que se designara jefe supremo a San Martín, boicoteó por todo los medios la reunión de un congreso constituyente en Córdoba, Ocupado en dotar de ochavas a la ciudad de Bs. As. negó todo recurso a San Martín, que libraba la guerra de independencia.

Finalmente San Martín no tuvo más remedio que ceder su lugar a Bolívar para que concluyera la gesta libertadora. Bolivar no era partidario de la segregación del Alto Perú, - talvez temeroso de la reacción argentina- pero Sucre, al mando de Bolivar finalmente formó la “República de Bolivar” (Bolivia).

San Martín dejo Perú, cruzó la cordillera y se recluyó en retiro en su chacra de Coria (Mendoza) Un emisario de Bs.As. (el Dean Zavaleta), le hizo saber que la gran dificultad para reunir el congreso era su permanencia en el país (por recelos de que se lo designase Jefe Supremo) San Martín decide su viaje a Europa, pero antes de llegar a Bs.As Estanislao López le advierte sobre el plan para asesinarlo. No obstante la advertencia, San Martín pasa por Bs.As. para irse finalmente el 10 de febrero de 1824. Por fin podía, entonces , reunirse el congreso. (……y pensar que los presidentes argentinos siguen usando el sillón donde puso el trasero Rivadavia.)


El frustrado regreso de San Martín.

En el conflicto de la confederación con brasil, Inglaterra prefería que no haya triunfador y que la banda oriental fuera independiente para debilitamiento de ambos, quedando Inglaterra como árbitro en el Río de La Plata. Las provincias del interior querían terminar una guerra ya ganada, pero Rivadavia estaba mas interesado en sus negocios mineros con los ingleses, que en su patria, y prefiere que regrese el ejercito para imponer “la organización a palos” (Agüero) en el interior, aun a costa de ceder la banda oriental. Prevalecen las palabras del ministro Agüero de “la paz a cualquier precio”. Los federales piden el gobierno y que les dejen a ellos el peso de la guerra pero Rivadavia prefería perder la guerra y la banda oriental, antes que dejarle el gobierno a los federales, e instruye a García para que vaya a Río de Janeiro a terminar la guerra “a cualquier precio".

Fue un arreglo tan vergonzoso que ante la indignación popular Rivadavia intentó usar a García de chivo expiatorio y desconocer el arreglo, pero sumado al escándalo por saberse el negociado de la Mining, (denunciado públicamente, entre otros por Anchorena) se vio obligado renunciar. Luego, (resumiendo) el gobierno de Dorrego, que quiere seguir la guerra a toda costa, pero hasta el Banco de la provincia (manejado por intereses y accionistas ingleses) le niega todo crédito.

Regresado el ejército, Lavalle derroca ilegalmente a Dorrego y lo fusila (incentivado por unitarios como Del Carril y otros) En semejantes circunstancias llega San Martín (embarcado con el apellido materno) a Montevideo y se entera del fusilamiento de Dorrego.

San Martín es mal recibido, y Paz (gobernador interino) le escribe a Lavalle (que está en campaña): ”Calcule Ud. las consecuencias de una aparición tan repentina”.

Desacreditados los revolucionarios “Decembristas”, le ofrecen a San Martín el Gobierno, para “salvar la revolución con su prestigio”, pero San Martín se rehúsa a aceptar.

La propuesta de Lavalle queda en claro en carta que San Martin le envía a O´Higgins el 19 de abril, con copia de su respuesta:

“...su objeto era que yo me encargase del mando del ejercito y provincia de Buenos Aires y transase con las demás provincias a fin de garantir por i parte y el de los demás gobernadores a los autores del 1° de diciembre (asesinato de Dorrego) …por otra parte los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites y a Ud. le consta los inmensos males que estos hombres han hecho no solo a este país sino al resto a América con su infernal conducta. Si mi lama fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien, a un malvado…Digo a Ud. en la mía del 5 que para le próximo paquete (paquebote) de mayo me marcharía a Europa, pero lo certificaré en el que sale a fines de éste. Adiós otra vez, pro siempre su invariable San Martín” (Picianeli, Hector Juan. Op.Cit.)

Así se ponía nuevamente por encima de ese grupo de “iluminados”, y antes de alejarse definitivamente, le dice a Iriarte:

“Sería un loco si me mezclase con estos calaveras. Entre ellos hay alguno, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuanto estaban a mis órdenes en Chile y en Perú…son muchachos sin juicio, hombres desalmados…” (García Mellid, Atilio. “Proceso al liberalismo argentino”. Edit. Theoría. 1988) (JST.p.45)

Poesías

ANTE LOS RESTOS DEL GRAL. SAN MARTÍN
Carlos Guido y Spano

Faltaba esa reliquia a nuestra tierra,
este homenaje a nuestro honor faltaba;
la memoria del héroe reclamaba
en la patria el sepulcro que hoy cierra.

Ante él se inclina el genio de la guerra,
cuya luz su alta mente iluminaba
cuando el libre pendón triunfante alzaba,
del mundo asombro, en la gigante sierra.

Fue su gloria sin mancha y sin ocaso;
de Mayo el verde lauro la eternice,
y antes de hollarle América sucumba.

Rompió el alma inmortal su frágil vaso:
“Yace aquí San Martín” el mármol dice;
pero a tal nombre es pórtico la tumba.

SAN MARTÍN
Canto lírico (fragmento)
Olegario V. Andrade

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¡Milagros de la gloria!
Tu espada, San Martín hizo el prodigio:
Ella es el lazo que une
Los extremos de un siglo ante la historia.
Y entre ellos se levanta,
Como el sol en el mar dorando espumas,
El astro brillador de tu memoria.

No morirá tu nombre,
Ni dejará de resonar un día
Tu grito de batalla,
Mientras haya en los Andes una roca
Y un cóndor en su cúspide bravía.
¡Está escrito en la cima y en la playa,
En el monte, en el valle, por doquiera,
Y alcanza de Misiones al Estrecho
La sombra colosal de tu bandera!