EL OTRO RELATO DE LA HISTORIA


 29 de junio, nuevo día de la Independencia (sic)

Rosendo Fraga
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

El Poder Ejecutivo Nacional firmó el 8 de enero el decreto 28, por el cual declaró a 2015 como el “Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres”.
Se trata de la asamblea que, convocada por el caudillo de la Banda Oriental del Río de la Plata -actual Uruguay-, José Gervasio Artigas, reunió en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), a sus representantes junto con los de Corrientes, Santa Fe, Córdoba y Misiones, además de los “orientales”.

En los fundamentos del decreto se sostiene que el 29 de junio de 1815 tuvo lugar la “Primera Declaración de la Independencia del Río de la Plata”. El decreto dispone organizar una serie de actividades para celebrar y difundir la conmemoración.
Un año atrás, en julio de 2014, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó un proyecto de ley declarando “feriado extraordinario” al 29 de junio de 2015 por ser el Bicentenario de dicho Congreso.

En su artículo 1º instituía “el 29 de junio de cada año como Día de la Primera Declaración Independentista de toda dominación extranjera en nuestro territorio”.
El proyecto fue aprobado por la mayoría oficialista, que reunió 156 votos positivos; también hubo un dictamen de minoría de la oposición planteando sus objeciones.
En aquel entonces, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Uribarri, decía al impulsar el proyecto de conmemoración del Congreso reunido por Artigas en Concepción del Uruguay, que este se celebró “un año antes del Congreso de Tucumán, y con el mismo grado de representación territorial, no así política, dado que los contenidos de la declaración de independencia artiguista tenían un fuerte componente emancipatorio, federal y de justicia social que estuvieron ausentes el 9 de julio de 1816”.

El proyecto de ley sostiene que el Congreso de Concepción del Uruguay fue “un paso indispensable para la posterior declaración de la Independencia en Tucumán”, concepto que textualmente reproduce en sus considerandos el decreto de la Presidenta.
El Senado nunca trató el proyecto con lo cual no tuvo sanción definitiva.

Es curiosa esta decisión del Ejecutivo, que apunta a tener dos fechas de declaración de la Independencia y de dar una visión ideológica diferente a las dos, en línea con el concepto de Uribarri: la idea de que en Concepción del Uruguay se declaró el régimen federal y en Tucumán el unitario; en el primer caso la república y en el segundo se impulsaban gestiones monárquicas, como pretendían San Martín y Belgrado con el proyecto de coronar un descendiente de los Incas; el de Tucumán habría sido el Congreso de “los doctores”, mientras que el de Concepción del Uruguay el de “los pueblos libres”, como denominaba Artigas a sus seguidores.
En síntesis, se trata de reescribir la historia creando un mito fundacional populista en torno a esta “primera” declaración de Independencia.

La realidad histórica muestra que esta declaración no tuvo trascendencia política ni institucional. Los diputados que participaron en ella no transmitieron a los gobernadores que representaban que se hubiera declarado como tal la Independencia. Incluso hay un diputado por Córdoba que estuvo sucesivamente en los dos y asume claramente que la Independencia como tal se declaró en Tucumán.
En el Congreso de Concepción del Uruguay no se crea una autoridad nacional ni se organiza un gobierno. El desarrollo institucional del federalismo de Artigas tendrá lugar con la primera constitución provincial que rigió en Argentina, que fue la de Santa Fe sancionada en 1819, a instancias de su caudillo, Estanislao López.

La Academia Nacional de la Historia, al pronunciarse recientemente sobre el tema, ha negado al Congreso reunido por Artigas el carácter de primera declaración de la Independencia, afirmando en la oportunidad que: “La historia necesita de una revisión constante para responder a las nuevas preguntas que se hace cada generación sobre el pasado. Dicha revisión para ser válida, debe basarse en documentos sólidos, sin relatos anacrónicos e ideologizados que buscan traer agua para su molino, sin respetar los consensos establecidos en torno al origen de la nacionalidad”.

Plantear que la primera declaración de Independencia argentina se produjo el 29 de junio de 1815 en Concepción del Uruguay, y no el 9 de julio de 1816 en Tucumán, puede ser materia de una buena tesis de investigación, pero hacer de ello una conmemoración estatal argentina es un nuevo intento de reinterpretar la historia con un sesgo ideológico desde el poder. 

Clarin.comOpinión29/06/15

SAN MARTÍN, TAMBIÉN VÍCTIMA DEL RELATO




Hasta el glorioso sable del Libertador José de San Martín ha caído en las impúdicas aguas del "relato". Lejos de devolverlo al Museo Histórico Nacional en alguna fecha apropiada por su relación con el recuerdo del Gran Capitán, el Gobierno decidió entregarlo en la semana que ex profeso no dedicó a la epopeya de Mayo, sino a la exaltación del período kirchnerista, por cierto mucho menos relevante para la historia argentina que el grito de libertad de 1810 cuyos ecos se oyeron en toda América latina.

La propaganda previa al acto en el parque Lezama expresaba que volvía a su lugar el arma que, como se recordará, había sido robada, pero curiosamente no señalaban las circunstancias en que había desaparecido del museo y por dos veces, hasta que finalmente se decidió llevarla al Regimiento de Granaderos a Caballo y ponerla a resguardo de nuevas profanaciones.

La primera vez fue sustraída por la Juventud Peronista, el 12 de agosto de 1963, con el objeto de entregarla al jefe del movimiento, Juan Domingo Perón, entonces exiliado en Madrid. Recuperado el sable, fue robado por segunda vez, el 19 de agosto de 1965, por otro grupo de esa misma organización. Un año más tarde, se lo recobró nuevamente y se lo puso en un templete blindado, en el hall de acceso del Regimiento de Granaderos a Caballo, la unidad fundada por San Martín.

La pieza se hallaba en el Museo Histórico Nacional desde 1897, donado por Manuela Rosas y su esposo Máximo Terrero, como hija y yerno de Juan Manuel de Rosas, quien lo había recibido por voluntad última de San Martín, en obsequio por la defensa que como gobernador de Buenos Aires había hecho del país ante la agresión anglofrancesa.
Bien está que vuelva a su destino originario, siempre que se adopten con urgencia máximas medidas de seguridad para garantizar que no volverá a ser manoseado e incluso que no será robado para vender a coleccionistas extranjeros, como ocurrió no hace mucho con el reloj del general Manuel Belgrano.


Y sería importante también que se dijera, en honor a la verdad y la justicia, que el mismo Libertador lo concibió como prenda de unión entre todos los argentinos; que no puede ser esgrimido, como tantas cosas, para satisfacer el marketing electoral, y que el mejor modo de honrar al insigne portador de la espada en su campaña libertadora es recordando la frase que convoca a la concordia de los argentinos: "Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas".

La Nación, Editorial, 31-5-15

EL GENERAL SAN MARTÍN Y LAS DOS ARGENTINAS

Fernando Romero Moreno

Crítica Revisionista, 19-5-15

Los ideales, las aspiraciones y los valores de una época suelen encarnarse en personalidades eminentes, en varones y mujeres paradigmáticos, en síntesis, en arquetipos. También en falsos arquetipos, si esos ideales no lo son cabalmente y representan en realidad una contracultura.
Pues bien: lo mismo sucede con las naciones. Hay hombres ejemplares en los que se cifran las mejores virtudes de la raza. Y hay hombres pequeños – por usar un adjetivo benévolo – que suelen ir a contracorriente de la grandeza de su patria. La Argentina, o mejor dicho, las “Dos Argentinas”, tienen representadas en sus héroes auténticos y en sus “falsas superioridades”, esas dos tendencias. 

Hay una Argentina tradicional, hispano- criolla y latina, mestiza y americana, de raíces católicas y greco- romanas – con todos los defectos innegables que haya que reconocer – pero que ha existido y tal vez todavía exista. Es la Argentina que valora la dignidad de la persona humana con sus derechos y deberes, acordes a la ley natural; la familia como célula básica de la sociedad, la justicia como la virtud de dar a cada uno lo suyo, según méritos, capacidades y necesidades; la libertad responsable como preferencia reflexiva de lo mejor; el patriotismo y la tradición; la cultura del trabajo y del esfuerzo; el desarrollo económico con equidad social; el culto de los antepasados y de Dios.

Y hay otra Argentina anclada en la Ilustración o en lo que hoy llaman la posmodernidad que quiere una autonomía absoluta para el hombre y una sociedad laicista, cosmopolita y europeizante, no en el sentido genuino de reconocernos parte de la cultura occidental, sino en el de copiar, de modo artificial, instituciones y modelos ajenos a nuestra realidad. San Martín recomendaba, según contaba su amigo Gerard, “el respeto de las tradiciones y de las costumbres” y consideraba “muy culpables las impaciencias de los reformadores que, con el pretexto de corregir abusos, trastornan en un día el estado político y religioso de sus países”. No se oponía al progreso ni a las legítimas libertades, basta verlo en su lucha por la Independencia o en la abolición progresiva de la esclavitud que propició en el Perú. Pero sabía que las verdaderas reformas arraigan cuando se hacen costumbre y son fruto, no de una revolución violenta, sino de la educación y del respeto a las sanas tradiciones heredadas. 

Rivadavia, en cambio - por poner un ejemplo de esos reformadores iluministas que tanto hemos tenido y tenemos - mereció estos conceptos del Libertador: “Sería de no acabar si se enumeraran las locuras de aquel visionario (…) creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea”. Como decía Arturo Jauretche: “La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América”.

 Las Dos Argentinas, como escribimos en otra oportunidad, tienen sus gestas, sus próceres, sus pensadores y hasta sus poetas. En ciertos aspectos pueden ser complementarias y no se excluyen. No se trata de contemplar la historia nacional en “blanco” y “negro”, de no advertir los “grises”, de razonar de modo maniqueo y clausurar la posibilidad de acuerdos allí donde podemos unirnos en pos de objetivos comunes. Pero en otros asuntos, las diferencias son de fondo, y eso explica buena parte de nuestra crisis.

La Argentina tradicional ha sobrevivido socialmente, aunque con graves deterioros, en el pobrerío mestizo (aunque cada día más masificado y manipulado), en los sectores “acriollados” de la clase media y en esa noble porción del viejo patriciado que no ha cedido a las tentaciones extranjerizantes. La otra se ha hecho “carne” en el conjunto mayoritario de un pueblo y de una clase dirigente, cuyas aspiraciones máximas parecen encontrarse en el dinero, en una libertad divorciada de la verdad y en una república sin ley natural, sin tradición y sin la religión de nuestros mayores. 
Este análisis, que puede parecer “duro” y demasiado “categórico”, lo realizó el propio General San Martín luego del poco tiempo que pasara en tierras americanas. Don Vicente López y Planes le escribía el 4 de enero de 1830 que en la Gesta de Mayo se había consagrado “el principio patriotismo sobre todo”; mientras que, a partir de 1821, con la llegada de Rivadavia y su círculo masón y pro- británico– “sin atreverse a excluir ese principio, de hecho (se) lo miró con mal ojo y (se) dijo sólo: habilidad o riqueza (…), engendrando “superioridades falsas”.

San Martín contestó con una misiva fechada en Bruselas el 12 de mayo de 1830: “Son justísimas las observaciones que Ud. me hace”. Y haciendo una crítica del falso concepto de libertad copiado de la Revolución Francesa, en la célebre carta al General Guido de 1834, afirmó: “El foco de las revoluciones (…) ha salido de esa capital; en ellas se encuentra la crema de la anarquía, de los hombres inquietos y viciosos, de los que no viven más que de los trastornos porque no teniendo nada que perder todo lo esperan ganar en el desorden, porque el lujo excesivo multiplicando las necesidades, se procuran satisfacer sin reparar en los medios; ahí es donde un gran número no quiere vivir sino a costa del estado, y no trabajar (…) Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?... ¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes (…).Tal vez (…) dirá que esta carta está escrita por un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga (…) que a los 53 años no puede uno admitir de buena fe el que le quieran dar gato por liebre. No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país, que no sufra una irritación”.

Esa misma facción revolucionaria (que San Martín rechazaba, como se ve, por materialista, europeizante y libertina) era, a la par, la que despreciaba al pueblo sencillo, al gaucho, al indio, al negro, exaltando no la necesidad de las legítimas jerarquías sociales, sino la “aristocracia del dinero” u oligarquía, en justas palabras recriminatorias de Don Manuel Dorrego. San Martín en cambio enseñaba a su hija Merceditas “la caridad con los pobres”, la “dulzura con los criados” y el “desprecio al lujo”, apoyando a los campesinos que seguían a sus Caudillos y dando él, ejemplo personal de una vida sobria y austera. “Experimenta por el obrero una verdadera simpatía – afirmaba Alfredo Gerard -, pero desea verlo laborioso y sobrio, y nadie como él ha hecho menos concesiones a esa despreciable popularidad que se obtiene adulando los vicios del pueblo”.

Es difícil que los seguidores de mentalidades aburguesadas como las que enfrentó San Martín entiendan qué cosa es esta Argentina y esta América que él defendió. Como Rivadavia, quieren una patria “gringa”, sin “negros” (como con desprecio y falta de amor cristiano, llaman a las clases bajas), sin indios, sin criollos, sin mestizos, sin bolivianos, sin paraguayos.... No importa si se presentan como liberales o en cambio, como progresistas “elegantes”. El error es el mismo y por reacción, engendran el “populismo” del que se quejan y que el Libertador también aborrecía: el de los demagogos que quieren hacer de la “anarquía social” un sistema, y enancado en él, acelerar la revolución cultural y social contra todos nuestros valores nacionales, tradicionales y cristianos. 
Es que el clasismo – de los de abajo o de los de arriba, del proletario o del burgués –, tanto como la injusticia social, es la muerte de la concordia que debe reinar en toda comunidad política. Porque el bien común de la Patria se forja día a día, por encima de las diferencias de clase, de partido o de sector, según palabras del recordado Padre Alberto Ezcurra. Y como San Martín – que dotó de un hondo sentido católico y mariano a la Gesta emancipadora -, se lo alcanza al buscar su plenitud en el homenaje de los gobernantes a Cristo, Rey de las naciones, y en la custodia de la religión como el más unitivo de los vínculos sociales. 

De allí que el Gran Capitán hiciera rezar diariamente el Rosario en el Regimiento de Granaderos a Caballo y en el Ejército de los Andes, pidiera más capellanes para sus oficiales y soldados, tuviera él Capellán y Oratorio personal, honrara a la Virgen del Carmen como Patrona y Generala, declarara al catolicismo religión oficial del Perú, fundara una Orden jerárquica (la Orden del Sol) bajo el patrocinio de Santa Rosa de Lima…y proyectara una gran monarquía católica americana e independiente que mantuviera unidos al Perú con Chile y las Provincias Unidas...

Hoy como ayer los problemas no han cambiado: un Nuevo Orden Mundial, diseñado desde conocidos organismos internacionales como la ONU (entre otros), está sometiendo a un neocolonialismo al pueblo argentino: mediante el control demográfico, la ideología de género, el fomento de una nueva religión universal y sincretista, el endeudamiento externo, un falso concepto de desarrollo sustentable y salud reproductiva, la falsificación de la historia reciente, la reinterpretación de los “derechos humanos”, la alianza entre democracia y relativismo y el ataque a las instituciones fundacionales de la Argentina… todo con el apoyo de fundaciones y multinacionales de gran poder económico. 

Y mientras tanto, siguen ocupadas por fuerzas inglesas las Islas Malvinas (con las proyecciones que esto tiene sobre la Patagonia y la Antártida), que hoy han pasado a ser intereses de ultramar de la Unión Europea…
En muchas cuestiones prudenciales y opinables, es justo un sano pluralismo. Pero cuando están en juego, frente a tales desafíos, los bienes más importantes de la Nación, no podemos desconocer o hacer “oídos sordos” a tan lúcidas enseñanzas del Padre de la Patria. Quien, sin embargo, no desconfiaba, desesperanzado, de las virtudes de nuestro pueblo, cuando lo veía viril, enérgico y bien gobernado, enfrentando en Guerras victoriosas a Francia e Inglaterra, las Grandes Potencias del momento: “los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca – decía en carta a Guido de 1846- : a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de (…) cumplir con el deber de hombres libres”. 

Eran tiempos que en los valores principales que se inculcaban en la vida pública, más allá de errores y abusos, eran precisamente, la religión, la ley natural, el orden, una república anclada en las virtudes, el federalismo, la armonía entre las clases sociales y la soberanía nacional. Ni dejaba de reconocer que la Argentina podía ordenarse y salir adelante, cuando se hacían las cosas como corresponde. Y así, pudo enviar una última carta a Rosas en 1850, tres meses antes de morir, en la que afirmó que “como argentino me llena de verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina”.

Que los argentinos del siglo XXI podamos hacernos acreedores de elogios como éste y que le devolvamos a la Argentina la grandeza por la que el Padre de la Patria batalló con heroísmo hasta el fin de sus días.

PRÓXIMO TRASLADO DEL SABLE DEL LIBERTADOR


           
           
Para el último 25 de mayo con Cristina Kirchner como jefa de Estado, el Gobierno prepara una semana de festejos, con varios actos y recitales, con el objetivo de cambiar el ánimo, tal  como sucedió en 2010, por los festejos del Bicentenario. Pero, además, planea una ceremonia significativa desde el punto de vista histórico: trasladará el sable corvo del general José de San Martín, desde el Regimiento de Granaderos a su nuevo lugar de exhibición, el Museo Histórico Nacional.

Para llevar a cabo el traslado del sable desde Palermo hasta Parque Lezama, el Gobierno planea un desfile patrio, que -esperan- convoque a una multitud. Se realizará, para ello, el domingo 24 al mediodía, en la víspera de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo. La Presidenta recibirá el sable en el museo, en una sala que fue acondicionada para proteger el arma utilizada por el general. Se prevé que el acto sea transmitido en directo por cadena nacional.



(Clarín, 10-5-15)

Lo lamentable de esta noticia, es que un acto que debería ser de homenaje al Padre de la Patria, se transforme en un acto partidario.

FALLECIÓ EX PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO


A los 95 años, murió ayer José María Castiñeira de Dios.  Tuvo una larga trayectoria como funcionario público:  Secretario de Estado de Prensa y Difusión, Secretario de Cultura de la Nación y Director de la Biblioteca Nacional. También fue nombrado Académico Honorario de la Academia Argentina de Letras, fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y Director del Fondo Nacional de las Artes.
También fue presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano.

Castiñeira de Dios había nacido en Ushuaia el 30 de marzo de 1920. A los 18 años publicó su primer libro de poesía y a los 22 ganó el primer Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires, por Del Impetu Dichoso, una de sus primeras obras.

Cuando asumió la presidencia el Dr. Menem en 1989, fue director de la Biblioteca Nacional y en 1991 fue Secretario de Cultura. También fue el titular de la Oficina de Etica Pública, que se creó durante la segunda presidencia de Carlos Menem.

La Universidad Nacional de Lanús editó su obra completa de poesía, en un tomo único titulado Obra, 1938 - 2008.
“La vida, mi larga vida, no había pasado en vano”, dijo alguna vez.



CORONEL JOSÉ LUIS PICCIUOLO: MILITAR, HISTORIADOR Y PATRIOTA






Debemos, con profundo dolor, anunciar el fallecimiento de este entrañable amigo, miembro honorario del blog, de quien recibimos tantos buenos consejos y ejemplos de vida.

José Luis Picciuolo fue militar, oficial de Estado Mayor; paralelamente, completó su formación intelectual, graduándose como Licenciado en Relaciones Internacionales y Doctor en Ciencia Política. Fue autor de varios libros, trabajos de investigación y numerosas publicaciones vinculadas a la Historia Militar y del Ejército.

Por su obra fue designado Miembro de Número de la Academia Sanmartiniana, de la Academia Argentina de la Historia, del Instituto Nacional Browniano y de la Junta de Historia  Eclesiástica Argentina. Fue distinguido con la Orden del Libertador Simón Bolívar, por Venezuela, con el Collar y Gran Cruz del Instituto de Geografía e Historia Militar de Brasil, recibiendo también las Palmas Sanmartinianas, máxima distinción que otorga el Instituto Nacional Sanmartiniano.
El reconocimiento que apreciaba en mayor medida, fue la distinción recibida de Juan Pablo II: la Orden de San Silvestre Papa, con el grado de Caballero Comendador.

En uno de sus libros afirmaba: “Los historiadores suelen exponer, a veces con detalles, la metodología que han aplicado al investigar y escribir sus obras, de manera que para el lector constituya la necesaria advertencia del camino que han elegido al tratar determinados temas” (1).

Puede aplicarse,  a Picciuolo, entonces, lo que él destacaba en el P. Bruno (2):
*Su labor ha sido guiada solamente por el criterio de la verdad objetiva, sin hacer el panegírico de nadie. No se atrevió a juzgar con precipitación los hechos y las personas, cuando escasean elementos seguros de juicio. Trató de exponer serenamente la actuación de la Iglesia y la Madre Partria, que ambas realizaron, contribuyendo a plasmar el ser argentino.

*Fue siempre partidario, entre las valiosas fuentes a que recurrió, de los repositorios documentales. No rechazó los esfuerzos de colegas anteriores, dándoles la jerarquía que justamente merecen, pero reconoció que la fuente primordial para la reconstrucción del pasado es el documento de segura procedencia.

*Es necesario olvidar el patriotismo hueco y estéril, trabajar en una historia franca y verdadera, sin exclusiones, detractores y panegiristas, que todos, buenos y malos, demócratas y tiranos, han construido nuestra historia.


(1)  ”Reverendo Padre Cayetano Bruno sdb, sacerdote e historiador eclesiástico”; Buenos Aires, Buenos Aires, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, 2008, p. 21.


(2)  Ibidem, p. 22.

OTRO LIBRO DEL ACADÉMICO TERRAGNO, EN QUE DENIGRA A SAN MARTÍN



Comentario sobre el libro “Josefa”, de Rodolfo Terragno (1)

Mario Meneghini

Acaba de publicarse este libro, que es el tercero dedicado por el autor a San Martín, en este caso, elaborado en torno a una carta del prócer, que compró a un anticuario “con la esperanza de encontrar en ella algo oculto” (2).

Al igual que los dos anteriores, no se trata de una investigación histórica realizada con la metodología apropiada para dicha ciencia.  Por el estilo literario, la tipografía utilizada, la ausencia de referencias al pié de página, la repetición de hechos consignados en cualquier manual escolar, y el  abuso de inferencias y deducciones discutibles, consideramos que se trata de una obra de divulgación.

Ya respecto a otra obra del autor, la académica Sanmartiniana, Patricia Pasquali, reflexionaba:
“…la inefable gratificación intelectual que provoca el hallazgo de un documento desconocido considerado pasible de suministrar el dato faltante capaz de iluminar una determinada situación histórica puede inducir a sobredimensionar su importancia, sobre todo si por desconocimiento u omisión no se ponderan otros factores que hacen a la complejidad de la trama que se pretende elucidar” (3).

Todo el libro parece direccionado a sugerir que Josefa fue amante de San Martín (4), pero ni la carta del Libertador, ni las cuatro cartas enviadas al general por dicha señora, contienen nada que haga sostenible esa hipótesis.

En la carta de San Martín, del 8-8-1820, le pide al destinatario (Don Pedro Advínculo Moyano): “me cuide mucho a mi Señora Doña María Josefa Morales de los Ríos”; pero el mismo Terragno cita una carta de Liniers (p. 61), elogiando a “mi Señora María Josefa Morales de los Ríos”, lo que muestra que era una expresión habitual en la época.

En el capítulo 9 se describe la venta, en nombre de San Martín, de una esclava de su propiedad, de nombre Jesusa, acotando que: “San Martín, según las murmuraciones, había tenido un hijo natural con Jesusa”. No se indica la fuente de este rumor, que no hemos conocido sea mencionado por ningún biógrafo del general; tratándose de una cuestión delicada, no se entiende el motivo de mencionarla, como no sea el afán morboso de señalar algo original.

En el capítulo 14 se revela que desde 1823, en que parte el general de Mendoza, hasta 1839 cuando fallece Josefa, no hubo ningún contacto epistolar entre ellos. Conociendo lo prolífico que fue San Martín, el autor ensaya una explicación poco creíble:
“La historia mojigata la forzó al anonimato póstumo. No quiso dar lugar a la sospecha de que la relación de la gaditana y el Libertador haya traspasado los extramuros de la amistad”.

Otra cuestión escabrosa se desliza en el citado reportaje de Noticias, cuando se le pregunta al autor: ¿tiene alguna base real la sospecha de que Remedios de Escalada tuvo un romance con Monteagudo?
Terragno contesta: “No hay pruebas. Pero siempre llamó la atención que San Martín no viajara a Buenos Aires cuando Remedios agonizaba. Viajó después de su muerte a buscar a Merceditas”.

Sorprende esta respuesta, pues el mismo autor menciona una carta a su amigo Tomás Guido (p. 168), fechada el 6-4-1829, desde Europa, en que consigna lo ocurrido:
“Más ignora Ud. por ventura que en el año 23 cuando por ceder a las instancias de mi mujer de venir a darle el último adiós, resolví en mayo venir a Buenos Aires, se apostaron partidas en el camino para prenderme como un facineroso, lo que no realizaron por el piadoso aviso que se me dio por un individuo de la misma administración…” (5).

Para concluir, consideramos que esta obra carece de interés histórico, y la decisión del autor de publicarla, desmerece su condición de académico Sanmartiniano.



Córdoba, 20-3-15

1.  Terragno, Rodolfo. “Josefa. Biografía de María Josefa Morales de los Ríos. La amiga secreta de San Martín”; Buenos Aires, Sudamericana, 2015.

2.  Ibidem, p. 13.

3. Pasquali, Patricia. “Acerca del Plan Maitland y su influencia en la estrategia sanmartiniana”; en Revista Desmemoria, julio-diciembre 1999, pg. 41.

4. “La amante de San Martín”, se titula el reportaje a Terragno, que le realizó la revista Noticias, en su edición del 14-3-2015, pgs. 86-89.

5. Piccinali, Héctor Juan. “San Martín y Rosas”; Buenos Aires, Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”; 1998, p. 214.