Serás lo que hay que ser, si no, eres nada


por Carlos Astrada
(Extractado de: Tierra y figura, 1951/58)


En carta al general Tomás Guido, fechada en Bruselas el 18 de diciembre de 1827, ante el reproche de éste, que le dice "jamás perdonaré a Ud. su retirada del Perú, y la historia se verá en trabajos para cohonestar este paso", San Martín, al defenderse del mismo, alude a documentos que pondrán de manifiesto, después de su muerte, "las razones" que lo "asistieron", para retirarse del escenario de sus triunfos y, remitiéndose ya al juicio de la posteridad, enuncia como síntesis de la razón de ser de su vida y de todos sus actos, la máxima: "serás lo que hay que ser, si no, eres nada".

Pensamiento que él deriva, quizá, en lo que hace a su literalidad, de uno de los motes del blasón familiar, pero dándole, por reminiscencia de ideas griegas, otro sentido, y dimensión en profundidad.

"Serás lo que hay que ser, si no, eres nada". Sentencia que, por venir de quien viene, trasunta toda una ejemplaridad realizada en plenitud, e incide en el espíritu de los argentinos como un imperativo, una incitación a ser fieles a un destino, a ser lo que hay que ser conforme a una vocación humana e histórica. Ser lo que hay que ser es, para nosotros, tarea esencial, a la que nunca podemos pensar terminada.

(...) San Martín, en la lucha por la emancipación sudamericana, como adalid y como hombre, fue lo que había que ser, lo que él tenía que ser, vale decir el fundador de la libertad de Latinoamérica.

Porque se atuvo, a través de todos sus actos decisivos, al "serás lo que hay que ser...", logró el objeto de la más difícil ambición, aquella que, por la plenitud ejemplar de una vida en que se hace carne un principio, se vincula al libre destino de una comunidad de pueblos; ambición que, porque está en función de historia y de posteridad, sabe sacrificar los éxitos materiales del presente y ser insensible a la seducción del brillo efímero del poder político que hace y deshace personajes, y que frecuentemente desgarra pueblos.

En discrepancia, pues, con sólitas opiniones, estereotipadas ya en lugar común, afirmamos que no hay en toda la actuación de nuestro héroe máximo el más mínimo renunciamiento; tampoco ningún hecho que contradiga la ley básica de su ser y de su conducta. El desinterés, el desprendimiento personal y político no están, como puede infundadamente creerse, reñidos con la más legítima y pura ambición, la que por su misma esencia se eleva por encima de intereses transitorios de carácter individual y de las vicisitudes suscitadas por el egoísmo e incomprensión de los contemporáneos.

El hombre que, como San Martín, procede con más generosidad de alma es, en realidad, el más celoso y avaro de la autenticidad de la norma emergente de su conducta personal y, a la vez, y por esto mismo, el más fiel al destino que lo impera. El que sabe de la grande y auténtica ambición y va al encuentro, de la gloria por el camino de la soledad, el más difícil y penoso, ése, como San Martín, gana su vida porque la inscribe en el historial de la estirpe, a cuyo destino sirve, e ingresa como creador de historia y numen de pueblos en el reino de los arquetipos vaciados en molde personal.

(...) Fue y es lo que tenía que ser en la constelación naciente de un nuevo linaje de hombres libres: modelo, arquetipo apenas entrevisto, en su efectiva irradiación, por sus contemporáneos y compañeros de jornadas épicas, pero cada vez más nítido e influyente en la posteridad.

Él mismo así lo entiende, y en su proclama a los argentinos y chilenos, cuando va a iniciar su marcha hacia el Perú, afirma: "voy a seguir el destino que me llama". Dijérase que el destino — aquí la libertad de un continente — elige a aquellos que van a oír y obedecer su llamado.

(...) Su espada, de temple heroico, fue sólo el instrumento eficiente del ideal que él encarnó, y su genio de militar y estratego los medios, la capacitación para realizarlo. El genio militar del Gran Capitán, representa el aspecto técnico-ejecutivo de su personalidad, que él supeditó enteramente a su concepción política y civil de hombre visionario. Más allá de la victoria en las batallas que luchó y venció, en su espíritu se iluminaba y cobraba relieve la victoria de la libertad, la conquista de la independencia integral de América.

Nunca se identificó con el éxito del "militar afortunado", faceta meramente profesional a la que él asignó su justo valor, previniendo, incluso, del peligro que significaba su "presencia" para "los Estados que de nuevo se constituyen", según sus propias palabras. Es que San Martín, por encima de los aspectos parciales de su personalidad, que él coordinó admirablemente en vista a una única finalidad, fue el héroe civil de la libertad sudamericana. Esto es su mayor gloria y lo que da relieve definitivo a su ejemplaridad.

(...) Desde que llega a Buenos Aires, en 1812, e inicia su actuación hasta que la da por terminada con su retiro del Perú, y desde esta etapa decisiva hasta su muerte, toda la trayectoria de su vida está uniformada por el espíritu de su máxima, que en su ecuación personal es lúcido y constante servicio a la libertad, al destino histórico de una comunidad de pueblos.

Educado y formado en España desde los ocho años, después de haberla servido con valor y lealtad durante una permanencia de 22 años en su ejército, va a entregar por fidelidad a sí mismo y a su origen todo su esfuerzo a la libertad de América.

Por su temperamento y disposición espiritual es explicable, además, que tuvieran buena parte —la principal— en la formación de su personalidad los principios que informaron el ideal del hombre clásico y de su moral. Algunos de sus enunciados, de concisión aforística, son de neto giro socrático. Así éste: «la calumnia, como todos los crímenes, no es sino obra de un discernimiento pervertido». Aquí para él, la virtud está muy próxima a ser un saber, resultado de una inteligencia sana y lúcida.

San Martín no fue un filósofo práctico, si se malentiende por tal el que aplica un saber, ciertos conocimientos, con un fin práctico, para satisfacer las necesidades utilitarias de la vida; sino un hombre de acción, de principios claros e ideas bien asimiladas que armonizan con su temperamento y se reflejan en su conducta.

(...) Los contemporáneos de San Martín no vieron, por falta de la necesaria perspectiva histórica, que éste, signado por el destino, tenía que serlo todo en la unidad arquetípica de su personalidad. Y esto exigía declinar posiciones conquistadas, dar la espalda a los halagos del éxito y del prestigio. De ahí que ellos hablasen de abdicación y renunciamiento, y así lo siga pensando aún hoy la mayoría, supeditada, en su juicio, y sin sospecharlo, a una falsa y parcial clave retrospectiva.

Con esto sólo se ve su actuación protagónica, materializada en hechos, situaciones y acontecimientos, pero no lo que ella promueve, lo grande y definitivo que, más allá de la caducidad de todas las pasiones e intereses, estaba en trance de advenir y que nada debía frustrar: la libertad de pueblos y su accesión a la soberanía espiritual y política. Lo grande y definitivo alentaba en el ensueño visionario de San Martín. Transmutarlo en realidad fue la misión que abrazó, encarnando un ideal. Por eso su pensamiento, su intuición genial y todos sus actos, ritman al unísono con esta misión, con este ideal.

En la misma medida en que es consecuente consigo mismo es también fiel al imperativo que lo hace inclinarse ante el supremo interés. En carta al general Bolívar, fechada en Lima el 29 de agosto de 1822 —la carta publicada por Lafond en su libro Voyages autour du Monde— le dice a aquél: (al escribirle) "no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América... En fin general, mi partido está irrevocablemente tomado".

En su proclama a los peruanos expresa: "Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos".

Y en carta al presidente del Perú, general Ramón Castilla, fecha en Boulogne-Sur-Mer, el 11 de setiembre de 1848, próxima ya su puesta de sol en el ostracismo, escribe: "En el período de diez años de mi carrera pública, en diferentes mandos y estados, la política que me propuse seguir fue invariable..., la de no mezclarme en los partidos que alternativamente dominaron en aquella época en Buenos Aires,... y mirar a todos los Estados americanos, en que las fuerzas de mi mando penetraron, como Estados hermanos interesados todos en un santo y mismo fin".

E iluminando definitivamente la razón de ser de su actitud, una con su misión y con su existencia, agrega: "Si algún servicio tiene que agradecerme América es el de mi retirada de Lima".

La libertad de América y la autodeterminación de sus pueblos son el leit-motiv de su conducta política, y la fidelidad a estos dos ideales deciden y realzan su actitud.

En carta al general Bolívar, fechada en Lima el 10 de setiembre de 1822 le dice: "V. E. no ignora que Guayaquil, provincia libre, se encuentra bajo el Protectorado del Perú; tampoco ignora que batallo ejerciendo sin reservas el apostolado de la libertad, por lo que estoy impedido de reconocer a Colombia soberanía en ese territorio. Rehúso el conflicto porque la retroacción sería guerra fratricida. No sacrificaré la causa de la libertad a los pies de España. Mi obra ha llegado al cenit; no la expondré jamás a las ambiciones personales; de aquí que no acepte ser el cooperador de vuestra obra" (es decir lograr que "el Perú reconozca a Colombia soberanía en Guayaquil").

Es que la delgada línea que separa al libertador de pueblos del caudillo, dispuesto a usufructuar una situación política, fue para San Martín una barrera infranqueable por propia decisión.
Por último, cuando se informa de los anacrónicos ensueños virreinales del general Bolívar, quien quiere incluir dentro de un solo molde estatal a Bolivia, Perú y Colombia bajo su jefatura vitalicia, con el aditamento de imponer una sucesión dinástica, y ve los males que esto puede acarrear para los pueblos sudamericanos, se dirige al mismo Bolívar desde Bruselas, con fecha 28 de mayo de 1929 y le dice: "Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere al proyecto de federar a Bolivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución Vitalicia cuyo Jefe Supremo Vitalicio sería V. E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la libertad americana. Vuestra obra está terminada como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más convenga a su estructura política..." Y como colofón estampa esta verdad, abonada e iluminada por su ejemplo: "Los pueblos no podrán aceptar el someterse a la voluntad de un hombre a quien ellos consideran el abanderado de las libertades ciudadanas".

Este es el hombre que categorizó la línea de una conducta para devenir lo que tenía que ser, en consonancia con una misión y como depositario de un mandato del destino. Si partimos del hombre mismo, de la plenitud señera de su personalidad, nos explicamos perfectamente el porqué de sus actitudes y decisiones, y percibimos la secuencia de sentido de todos sus actos.

Reúnen los versos que alentaron la lucha en las Invasiones Inglesas



Por: María Paula Bandera

Durante las Invasiones Inglesas, a principios del Siglo XIX, el pueblo de Buenos Aires no sólo se expresaba lanzando el famoso aceite hirviendo desde las terrazas; también utilizaba otros medios, tal vez no menos hirientes, como la poesía.

Estos textos formarán parte del Cancionero de las Invasiones Inglesas, un libro que la Academia Argentina de Letras está preparando para conmemorar el Bicentenario.

Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia y encargado del proyecto -junto a Josefina Raffo- es un entusiasta y como tal presenta su nuevo trabajo a Clarín: "Las Invasiones Inglesas generaron, entre nosotros, una producción caudalosa en prosa y verso. La prosa fue abundante y de los géneros más diversos: cartas, sermones, memorias, crónicas, informes. Estos textos han sido exhaustivamente aprovechados por los historiadores para sus estudios e investigaciones. En cambio, la poesía ha sido desatendida y no ha merecido hasta hoy una colecta más o menos completa, que exhiba en su conjunto la variada producción motivada por los hechos de conquista y recuperación en 1807 y 1808".

El libro, cuya publicación está prevista para los primeros meses del próximo año, contiene tanto material inédito, como otro, previamente publicado.

En la selección, se privilegiaron las versiones originales, ya que, como señala Barcia, varios textos "han padecido deformaciones en ediciones modernas parciales".

Además de dar lugar a textos de reconocidos autores, El Cancionero incluirá poemas anónimos, las cuales se destacan, dice Barcia, por "su dominante ánimo burlesco, con intencionalidades de escarnio a sus destinatarios".

Uno de esos poemas castigaba la deserción de la autoridad española: "¿Ves aquel bulto lejano que se pierde atrás del monte?/ Es la carroza del miedo/ con el Virrey Sobremonte". Otros versos eran recitados por grupos específicos, como las mujeres: "Por cada Inglés que venzas /he de rendirte/ un corazón discreto / mil almas firmes".

Las Invasiones Inglesas fueron la base de la Revolución de Mayo de 1810, ya que "la reconquista y triunfo de las improvisadas fuerzas criollas sobre las aguerridas, disciplinadas y veteranas, tropas de Albión (inglesas), dio a los hombres del Plata un sentido de su valía, de su capacidad de resolver problemas por sí". Así, con el farol de la historia alumbrando el presente, la Academia publica las expresiones poéticas de esa época de lucha justo ahora, de cara al Bicentenario.

Clarín, 21-12-09

El pueblo español donde el prócer es el general San Martín

Por Fabricio O’Dwyer
Periodista - Desde Palencia, España

La plaza del pueblo se llama República Argentina, hay un museo dedicado a San Martín y en la iglesia una imagen de la Virgen de Luján. Con estos datos bien podríamos referirnos a alguna de las tantas localidades del interior argentino, cuyas características resultan particularmente familiares. Sin embargo, se trata del pueblo castellano de Cervatos de la Cueza, en plena de tierra de campos palentina, en el corazón de la España profunda.
Plaza República Argentina, en Cervatos

Pero, ¿qué tiene de particular este pequeño poblado con alrededor de 300 personas censadas y habitado por apenas un centenar de almas en el crudo invierno castellano? ¿Qué extraña relación lo liga con la República Argentina y con el general San Martín? Sucede que en esta tierra nació y vivió hasta que su carrera militar lo llevó al entonces Virreinato del Río de La Plata, el capitán don Juan de San Martín (n.1728), padre del Libertador de América. Aquí, su casa natal, habitada en el siglo XVIII por la familia hidalga de clase media conformada por don Andrés de San Martín e Isidora Gómez, abuelos del prócer argentino, fue rescatada del olvido por el empresario palentino Eugenio Fontaneda (1929-1991) y transformada en un museo que lleva el nombre de “General San Martín”; en 1978, año del bicentenario del nacimiento de quien es considerado el “Padre de la Patria”.

El museo de San Martín

El Museo de San Martín en Cervatos

De azores castellanos nació el cóndor que se eleva sobre América”, reza la leyenda en el pórtico de entrada a la casa que perteneció a la familia San Martín y que hoy cumple la doble condición de museo etnográfico de la vida en esta región, a la vez que rememora las raíces castellanas del general José de San Martín.
Esta vivienda, situada en el número 27 de la calle La Solana, fue construida como edificio aislado, adosado al fondo con otro inmueble y cerrado por una tapia de dos metros de altura aproximadamente. Hoy es uno de los mayores atractivos de la localidad, al punto que recibe numerosas visitas, motivo que llevó a la comunidad autónoma de Castilla y León a declararla monumento y bien de interés cultural.

Su construcción, de adobe, se realizó siguiendo técnicas muy antiguas. La estructura de cubierta es de madera, con tejas de cerámica árabe. Una gran puerta de madera, protegida por tejaroz, sirve de acceso a la parcela, situándose al fondo el edificio en forma de «U» invertida. La carpintería también es de madera, con rejería de forja en ventanas de pequeñas dimensiones.
El inmueble se articula siguiendo la tipología tradicional de la casa de labranza en Tierra de Campos, en dos espacios centrales: la zona de vivienda y la de los animales. A la izquierda del patio que precede a la casa se localiza la cuadra donde se guardaban las caballerías y los aperos de labranza. El resto de las dependencias se ubican en planta baja: la cocina de horno, donde –entre otros- están todos los útiles de amasar el pan y donde se cocinaba en verano, para alejar la lumbre de la cocina, que al ser más fresca se usaba como comedor; los dormitorios, amueblados y dotados de trébedes (parte de la habitación que, a modo de horno, se encendía con paja) para calentarse en invierno, en donde también pueden apreciarse varios retratos del general San Martín y de su familia; y la habitación mayor, habilitada como sala de honor. En ésta última se guardan recuerdos y testimonios de la amistad con la República Argentina: libros, monedas, billetes, retratos del Libertador, banderas, réplicas de sables, copias de documentos sanmartinianos y un libro donde los visitantes pueden dejar un comentario y su firma (entre las más recientes puede apreciarse la del senador salteño y ex gobernador Juan Carlos Romero).

Otros rastros de argentinidad

Además del museo, existen otros lugares de interés y monumentos que refieren a la Argentina: la plaza mayor, que recibe el nombre de Republica Argentina, y luce con orgullo el busto del capitán Juan de San Martín; la actual iglesia parroquial de estilo colonial, que fue construida a instancias del Gobierno argentino como lugar de culto para los fieles cervateños, después de que la iglesia de Santa Columba quedara en ruinas y la de San Miguel fuera víctima de un incendio en 1934 (en ésta última contrajeron matrimonio los abuelos de José de San Martín y fue bautizado su padre el 12 de noviembre de 1728); y el centro cultural, que también recibe el nombre “San Martín”, donde tanto jóvenes como mayores pueden disfrutar de un espacio de ocio y recreación, destacándose la biblioteca y un ciber centro donde se dictan cursos de informática.


Casamiento entre paisanos

Muy cerca de allí se encuentra la localidad de Paredes de Nava, lugar de nacimiento de doña Gregoria Matorras, la madre del general San Martín. Si bien eran de pueblos vecinos, ambos progenitores se conocieron en Buenos Aires. Don Juan finalmente terminó administrando en nombre del Rey de España antiguas propiedades de los jesuitas, que habían sido recientemente expulsados de las colonias americanas.
La carrera militar del padre de Libertador de la Argentina, Chile y Perú continuó como teniente gobernador de Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes; hasta que pidió el traslado a España con el objetivo de brindar una mejor educación a sus cinco hijos. Falleció en Málaga en 1796, sus restos fueron trasladados en 1947 a Buenos Aires y –junto con los de su esposa- descansan en el templete que honra la memoria de su hijo en Yapeyú.


Resistir, una consigna sanmartiniana

“En el invierno la mayor parte de la gente se va a Madrid, Bilbao u otras ciudades, apenas quedamos unos cien”, explica Delfín, el alguacil de Cervatos de la Cueza, al tiempo que generosamente abre las puertas del museo y nos introduce en un paseo imaginario por las costumbres, tradiciones y modo de vida de los habitantes de la tierra de campos. “Antes había varios bares, panaderías, carnicerías, pescaderías…”, continúa nuestro guía rememorando épocas en las que el pueblo tenía otro esplendor.
No obstante, allí continúa resistiéndose al paso del tiempo, estoicamente, como la bellísima torre mudéjar de San Miguel que se distingue por sobre el caserío. O como aquél general argentino, con raíces cervateñas, que arengaba a sus compatriotas independentistas con aquello de: “Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas…”.

Semblanza de San Martín

(Un estudio del Dr. Mario Meneghini)
por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado
Óleo de Guillermo Roux (2000)

En los últimos tiempos algunos académicos de cierto nombre (Pagni, Terragno, García Hamilton, etc.) dedicaron su pluma a desacralizar, en sentido cívico, la personalidad y la obra del general José de San Martín. Acaso con la intención de instalar la “verdad objetiva” en la conciencia de los argentinos, por un lado, o, también, para sentar plaza de originales aún a costa de cortarle los pies a los soportes históricos de la nacionalidad. Esto del revisionismo es un viejo vicio de ciertos intelectuales politizados que, sin mayor asidero científico, se esmeran por lograr mercado para sus libros, folletos y folletines.

De ahí que, con plena oportunidad, el doctor Mario Meneghini, titular del Instituto de Formación Política “Tomás Moro”, acaba de dar a luz una meritoria indagación sobre varios de los aspectos que ofrece la trayectoria del Libertador, con el legítimo afán de poner las cosas en su lugar. Con el sello de “Foro Sanmartiniano” (Córdoba, 2009, en 62 páginas) se ocupa de ciertos puntos de innegable significación para la vida y obra de San Martín y que, a la vez, permiten dilucidar la correspondiente problemática nacional. Son siete (7) capítulos, con adecuadas referencias documentales y bibliográficas, elaborados con admirable convicción y sin eludir, para nada, la temperatura polémica que les acompaña. A saber : i) Dudas y leyendas; ii) San Martín y la tradición nacional; iii) El diario de San Martín escrito por Terragno; iv) San Martín no fue masón; v) La amistad de San Martín y Belgrano; vi) San Martín y Rosas; vii) La salud de San Martín y el problema del opio.

En todos dichos tópicos se advierte en el autor la decisión de no eludir la confrontación con las tesis y versiones que, a su juicio, carecen de autenticidad. y en cada uno resalta la preocupación por lograr las necesarias bases documentales y testimoniales, y renglón seguido incorporar las reflexiones que sugieren los personajes y los acontecimientos. Y sin dejar de exhibir en los conceptos, las afirmaciones e incluso los enfoques críticos, la filiación católica que siempre se reconoció en el Dr. Meneghini. Al margen de coincidencias o diferencias, siempre califica positivamente al investigador del pasado el traer a éste al presente para vitalizarlo con su propia perspectiva doctrinaria.

Sólo como muestra –y sin excluir la importancia de los demás-- mencionamos los capítulos cuatro (“San Martín no fue masón”) y siete (La salud de San Martín”). El primero reedita la preocupación del autor por desmentir las reiteradas versiones sobre la supuesta índole “masónica” de la Logia Lautaro, de que el Libertador fue fundador en 1812 juntamente con Zapiola, Alvear, Chilavert y otros integrantes del grupo de argentinos que arribaron a Buenos Aires para empeñarse en la lucha por la independencia. El segundo contiene una muy interesante indagación sobre los problemas de salud que soportó San Martín durante toda su vida activa y más cuando su retiro; es un esfuerzo esclarecedor de mucha prolijidad junto a la opinión de testigos y médicos. En ello se destaca el tema del uso y abuso que aquél pudo haber hecho del opium (un derivado homeopático) para paliar dolores y enfermedades.

Creo, finalmente, que éste será un aporte valioso, a la vez incisivo, en una etapa argentina en que se deja ver la acción de tarascones con que desde ciertos ángulos se hace objeto a la imagen del Libertador. Y que no dejarán impune la participación del Dr. Meneghini en la batalla.-

(Prólogo y Debate, 25-11-09)

Tres amigos de San Martín, en el exilio


[Extractado de: Carlos A. Guzmán (La Plata) sobre los "Tres Amigos del Libertador en la Época de su Ostracismo"]


En su introducción destaca que, al honrar a nuestros próceres, deben también recordarse los colaboradores y amigos que permitieron la realización de "los planes trazados por los grandes capitanes de la Historia".
Esta recordación se refiere a los que en el sentido estricto de la palabra, no fueron "colaboradores" sino más bien "sus buenos amigos, los que aliviaron horas difíciles ante la indiferencia de los contemporáneos y dieron a compartir algo de lo que poseían, a veces simples honores y distinciones... reconocimientos que en nuestra flaqueza humana, alivia el dolor del alma".

En el período del exilio (desde 1824), los amigos fueron elogiados por San Martín, tiempo aquel "cuando no hay nada para repartir y sólo podía prodigar sus consejos, su hombría de bien y en algún caso, su buena palabra". Estos tres hombres: Alejandro María Aguado (español), James Duff (inglés) y Adolph Gérard (francés), tendieron sus manos abiertas al Libertador en sus días aciagos y casi son desconocidos para los argentinos. Resumimos las múltiples referencias que nos presenta este autor con la finalidad de "sacarle del olvido y así pagar una vieja deuda de gratitud".

Compañero de armas

Comenzando por A. Aguado, San Martín le recuerda en una carta como "un antiguo compañero de armas... en la guerra de la península". Nacido en Sevilla, muy joven ingresó al ejército y según los estudiosos se habrían encontrado con San Martín en el bloqueo del Campo de Gibraltar (luego de 1802) y más tarde, en el Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor donde servía San Martín y que se distinguiera en las luchas contra las invasiones napoleónicas. Aguado se radicó mas tarde en París, dedicándose a la actividad comercial y llegando a tener una sólida fortuna. Con ella ayudó varias veces al tesoro español y Fernando VII le dio el título de Marqués de las Marismas del Guadalquivir. Además fue un conocido mecenas de artistas y escritores.

Al llegar San Martín a Francia (1830), se reencontró en forma casual con el ex camarada de armas. En la finca de Grand Bourg, consagrado a sus nietas, recordará en varias correspondencias su relación con Aguado. Así a O'Higgins, a su amigo Zenteno en Chile, a Guillermo Miller, expresando constantemente su agradecimiento al "bienhechor", con su generosidad, diciendo "soy deudor de no haber muerto en un hospital, de resulta de mi larga enfermedad". Antes de morir (en 1842) Aguado le nombró a San Martín "albacea testamentario", legándole parte de sus joyas y dinero. Este gesto no será olvidado por San Martín: "el amigo que acabo de perder, que lo había cubierto de la indigencia".
En Buenos Aires, una calle de Palermo Chico y una estatua, son los testimonios del reconocimiento argentino hacia el noble español, llamado "El Bienhechor".

El pasaporte y el rol de Duff

James Duff, el otro amigo, es poco mencionado. Su estirpe comienza con los primeros reyes de Escocia, heredando el título de Conde de Fife. Incorporado al ejército, en España luchó contra la invasión napoleónica, iniciando en esta guerra la amistad con San Martín. Fue designado Grande de España y ascendido a General.
Cuando en 1811, San Martín obtiene su retiro del ejército español para lograr "la libertad de su tierra nativa", fue a Londres a "la Gran Reunión de Patriotas Americanos" y precisando un pasaporte, la tradición señala a Duff como el gestor de dicho certificado, difícil de lograr en ese momento. Desde que San Martín llegó al Río de la Plata en 1812, la relación entre ambos continúa en forma epistolar, destacándose la carta de Duff en 1817, felicitando a San Martín por la Victoria de Chacabuco y la respuesta de nuestro Héroe con su habitual modestia, agradeciendo las congratulaciones.

Al alejarse de América (1824) el Libertador llegará a Inglaterra con su pequeña hija Mercedes y Duff le acompaña y agasaja: lo lleva al Condado de Bauff en Escocia, siendo designado "ciudadano honorario de esa ciudad", acontecimiento que está bien documentado. Con emocionados términos, Duff le despide al trasladarse San Martín a Bélgica y ésta fue tal vez, la última carta entre ambos.
Muy querido y notable en Escocia, Duff supo vislumbrar el genio político y militar de su ex compañero de armas en la independencia española.

Necrológica de Gerard

El 22 de agosto de 1850 en el periódico "L'Impartial" de Boulogne sur Mer apareció el primer artículo de carácter necrológico sobre San Martín. Elaborado por A. Gérard, el último amigo que tuvo [en esa época], esta extensa crónica era una síntesis biográfica que revelaba un profundo conocimiento del prócer y un trato afectuoso y cotidiano. Escrito en francés, decía entre otros términos: "San Martín era un hermoso anciano... sus modales llenos de afabilidad, su instrucción de las más vastas... hablaba el francés, el inglés y el italiano... su caridad sin límite... él decía a todos y por sobre todo la verdad!".

Gérard compartió varios meses de amistad con San Martín ya que en su casa de Boulogne sur Mer, nuestro Héroe alquiló el segundo piso para vivir con su familia y allí murió en 1850. Hoy esta vivienda es la "Casa Argentina", sede de un museo Sanmartiniano y, en la Avenida Costanera de esa ciudad, se levanta un monumento al "Gran Capitán de Los Andes", obra del francés Aullard (inaugurada en 1909).
Producido el deceso de San Martín, Gérard tomó a su cargo todos los trámites relativos al sepelio, registrando su defunción, firmando como testigo, pidiendo un oficio religioso en la Iglesia de San Nicolás y gestionando la colocación de ataúd en la Catedral de Notre Dame (en Boulogne sur Mer). Allí estuvieron sus restos hasta ser llevados a Brunoy (1860) desde donde llegaron a Buenos Aires, treinta años después después de su muerte. Otros numerosos testimonios han quedado del afecto de Gérard al "Americano Guerrero". Por ejemplo: la carta de pésame a Mariano Balcarce (yerno de San Martín), el bautizar a su pequeña hija con el nombre de Mercedes, entre otros aspectos.

Adolph Gérard se destacó en el periodismo, también como abogado y bibliotecario, brindando siempre su apoyo en obras para la ciudad. Fue llamado "el artesano desconocido en el desarrollo de Boulogne, durante el siglo XIX". Recibió además la condecoración de la "Legión de Honor".
Al perder su hijo mayor se retiró de sus trabajos y los mantuvo solo en forma honoraria. Al morir, fue colocado cerca del doctor Jordán, el médico que cerrara los ojos del más grande de los argentinos.

(Tomado de: Diario El Siglo, 17-8-08)

COMENTARIO SOBRE "SAN MARTÍN NO FUE MASÓN"

Recientemente, hemos tomado conocimiento de un comentario crítico sobre nuestro artículo "San Martín no fue masón", realizado en una página web masónica [1]. El artículo, publicado originalmente en 1998, se encuentra en este blog, en:
En el número 67, de septiembre de 2005, la Revista Hiram Abif incluye la opinión del director de la misma, Ricardo Polo, que sostiene una argumentación novedosa, al menos para nosotros, y que consideramos necesario consignar.

Afirma el Sr. Polo que, efectivamente, la Logia Lautaro no puede haber sido reconocida por las Grandes Logias de Inglaterra, Escocia e Irlanda, que pertenecían a la Masonería Moderna y Especulativa. El motivo sería que las logias “Gran Reunión Americana”, “Caballeros Racionales” y las “Lautarinas”, aún siendo masónicas, no respondían a los Landmarck’s o linderos establecidos en las Constituciones de Anderson, y sí en cambio a los principios de la “Masonería Progresista Universal del Rito Primitivo” y en base a la Constitución de la Asamblea de Masones de París de 1523, operada por la Masonería Operativa y en el caso de Francia por el Rito Francés Antiguo.
Agrega este comentario, que las logias lautarinas apoyaban “la guerra revolucionaria” contra los realistas”, mientras que las logias de la Masonería Especulativa se subordinaban a la monarquía.

El autor no ofrece ninguna prueba de lo que afirma, es decir, que las logias lautarinas pertenecían a la Masonería Progresista Universal del Rito Primitivo. Su tesis no está avalada por ninguno de los historiadores –varios de ellos masones- que han escrito sobre la masonería en nuestro país; al respecto, detallamos en el Anexo las obras que hemos consultado personalmente. Considera el autor que en nuestro modesto trabajo hemos “sido llevados por su evidente y conocido fundamentalismo religioso, que les impide despojarse de prejuicios e inexactitudes históricas”. En realidad, el motivo que nos impulsó a investigar el tema fue la necesidad de esclarecer las dudas que aquejaban, y siguen aquejando, a muchos argentinos e incluso a muchos católicos, sobre este tema. De allí la importancia que asignamos al logro de la documentación fehaciente obtenida por el Profesor Maguire.

En conclusión, sigue siendo válido lo que tuvo que admitir el Dr. Augusto Barcia Trelles, masón del grado 33, quien escribió varios volumenes sobre San Martín, investigando incluso en los archivos de las logias de Francia y de Bélgica, para detectar antecedentes de la actividad masónica del Libertador en Europa. En efecto, este historiador reconoció: “Todas las gestiones por nosotros realizadas hasta hoy han sido estériles e ineficaces, ya que en el momento en que escribimos, ningún documento, objeto, ni siquiera noticias o informes sobre la suerte que hayan corrido puedieron ser obtenidos” [2]
.

2) "San Martín en Europa"; Cap. II, pág. 72, cit. por Bruno Genta, op. cit., pág. 14.


ANEXO

BIBLIOGRAFÍA SOBRE SAN MARTÍN Y LA MASONERÍA

Aragon, Roque Raúl. “La Política de San Martín”; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Ríos, 1982.

Bra, Gerardo. “San Martín ¿fue masón?; en: revista Todo es Historia, Nº 186, Noviembre/1982, págs. 36/47.

Bruno, Cayetano. “La religiosidad del General San Martín”; Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1978.

Corbiere, Emilio. “La Masonería. Política y sociedades secretas en la Argentina”; Buenos Aires, Sudamericana, 1998.

Corbiere, Emilio. “La Masonería II. Tradición y revolución”; Sudamericana, 2001.

Cuccorese, Horacio Juan. “San Martín. Catolicismo y Masonería”; Rosario, Instituto Nacional Sanmartiniano – Fundación Mater Dei; 1993.

Chindemi, Norberto. “Historia y Política. Función política de la Historia. San Martín; pensamiento y acción; las logias”; Buenos Aires, Editorial Los Nacionales – Fundación Doctrina; 1996.

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Filippo, Virgilio. “Imperialismo y masonería”; Buenos Aires, Organización San José, 1967.

Furlong SJ, Guillermo. “El General San Martín. ¿Masón – Católico – Deísta?; Buenos Aires, Theoria, 1963.

Genta, Jordán Bruno. “La Masonería en la Historia Argentina”; Buenos Aires, Ediciones del Restaurador, 1949.

Maguire, Patricio. Revista Masonería y otras sociedades secretas, Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20-25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15-20; Nº 5, febrero de 1982, págs 30-35.

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Uzal, Francisco Hipólito. “San Martín contrataataca”; Buenos Aires, Ediciones Theoria; 2002.


















Otra novela histórica


EL DIARIO DE SAN MARTÍN, ESCRITO POR TERRAGNO[1]

Mario Meneghini

Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos, y que ha tenido, además, una vasta actuación pública: diputado y senador nacional, ministro y jefe de gabinete.

1. Se advierte en el libro que: “No se trata de una novela: cada dato, circunstancia o anécdota surge de una escrupulosa investigación histórica con base en fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”. Sin embargo, ha adoptado la forma literaria de un diario personal, redactado en tiempo presente, por el autor, es decir, el doctor Terragno.

2. Ahora bien, un diario, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “relación histórica de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día”. Por ello, el diario es un subgénero de la biografía, más precisamente de la autobiografía. Por lo tanto, si el autor escribe como si fuese otro quien lo hace, efectuando un relato imaginario, se trata en realidad de una novela.

3. De nada sirve que se detalle una extensa bibliografía, pues al omitirse citas al pie de página, y agrupar las fuentes al fin de cada capítulo, no puede determinarse que fundamento posee cada frase. A esto se agrega, como ya mencionamos, que el autor alega haber consultado “fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”, la mayoría de los cuales, obran en archivos europeos. De modo que quien quisiera corroborar dichos antecedentes, debería viajar al viejo continente para hacerlo.
Nos parece, entonces, que el libro comentado no es una obra histórica, pues carece de la precisión que “debe extenderse a los más mínimos pormenores”, como enseñaba don Marcelino Menéndez y Pelayo
[2].

4. Terragno ya demostró, en una obra anterior sobre San Martín
[3], lo que considera antecedente válido para una reconstrucción histórica. En efecto, escribió un libro de 261 páginas, en torno a 47 hojas manuscritas (“Plan Maitland”), que descubrió casualmente en el Archivo General de Escocia. Ese escrito no constituye un documento, pues no tiene destinatario, ni fecha, ni firma.

5. En el mismo libro, el autor mantiene la duda sobre el carácter de masón de San Martín, pese a revelar –casi 20 años después- que el Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra le aseguró en 1980 en una comunicación escrita personal que: “La Logia Lautaro no fue una logia masónica sino una sociedad política secreta. Es posible que haya adoptado algún rito o formas pseudomasónicas, pero la masonería regular no tuvo conexión con la Logia Lautaro y no habría respaldado a esa organización ni sus actividades”.

6. En una muestra sorprendente de imprecisión, menciona tres supuestos:

“1. Que San Martín haya sido masón.
2. Que la masonería inglesa o escocesa haya tratado a las logias pseudo-masónicas de americanos independentistas como organizaciones fraternas que, por compartir ciertos objetivos, debían conocer algunos secretos.
3. Que, conociendo los planes y el carácter excepcionalmente reservado de San Martín, algunos de sus numerosos amigos masones haya compartido con él (si no otros secretos de la masonería) información sobre proyectos en los cuales la masonería servía informalmente el interés del Reino Unido.

Todo mi esfuerzo, en este capítulo, consiste en demostrar que alguno de estos supuestos es cierto”
[4].

7. En la extensa bibliografía del Diario, no se incluye ninguno de los libros que demuestran, con datos y argumentos, que San Martín no fue masón. Destacamos, al respecto, el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Reproducimos los documentos en:
http://forosanmartiniano.blogia.com/temas/san-martin-y-la-masoneria.php

8. En conclusión, el libro comentado puede resultar de interés para los aficionados a las novelas históricas, pero carece de significación para la historia sanmartiniana.

[1] Terragno, Rodolfo. “Diario íntimo de San Martín. Londres 1824, una misión secreta”; Buenos Aires, Sudamericana, 2009.
[2] Cit. Por: Picciuolo, José Luis. “Reverendo Padre Cayetano Bruno sdb, sacerdote e historiador eclesiástico”; Buenos Aires, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, 2008, pág. 24.
[3] Terragno, Rodolfo. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999.
[4] Ibidem, pág. 178.