DIPLOMATURA VIRTUAL SANMARTINIANA

 

Ministerio de Cultura de la Nación

Instituto Nacional Sanmartiniano


Presentamos una diplomatura sanmartiniana no arancelada y abierta a todo público, con seis ejes temáticos relacionados con la vida del Libertador General San Martín, que será dictada a partir de abril del año próximo. La diplomatura estará dirigida por el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, TC (R) Dr. Claudio Morales Gorleri, y contará con la participación de destacados expertos en la materia.

 

PRESENTACIÓN:

Este curso ofrece la posibilidad de conocer al General José Francisco de San Martín en varias etapas de su vida, apreciar su legado y sus valores tanto como hombre civil o militar, en España como en su destierro en Bélgica y Francia. Su gran enseñanza a través de sus campañas consistió en el desarrollo de la cultura del proyecto por sobre la cultura de la improvisación que es el mal que aqueja a los argentinos. La organización, la constancia y el coraje fueron sus motores y el desprendimiento y la humildad sus atributos más notables. No fue un conquistador. Fue un Libertador.

 

OBJETIVOS:

Los participantes de la Diplomatura podrán:

Adquirir capacidades para detectar y analizar problemas historiográficos.

Identificar las acciones más significativas del General San Martín en el proceso independentista americano.

Demostrar aptitud para formular juicios críticos sobre distintas facetas de la personalidad del Libertador.

interpretar el significado de la cultura del proyecto.

DURACIÓN:

Son 15 semanas de cursada y habrá dos semanas adicionales para la realización de un trabajo final.

 

Clase presentación: 20 de noviembre de 2024 a las 18:30 horas por nuestro canal de YouTube:  https://www.youtube.com/watch?v=Nm9MVcu4M6w

Comienzo: Abril de 2025.

 

CONTENIDO:

 

Módulo 1: “De Azores castellanos nació el Cóndor que sobrevoló los Andes”:

En las Misiones guaraníes

En el ejército español: África, Francia, Portugal y España.

Retiro del ejército peninsular.

 

Módulo 2: San Martín en Buenos Aires:

San Lorenzo.

Ejército del Norte.

Mendoza.

 

Módulo 3: Plan Continental:

Cruce de los Andes.

Chacabuco.

Maipú.

 

Módulo 4: Hacia la “Ciudad de los Reyes”:

Campaña de las Sierras.

Puertos intermedios.

Lima.

 

Módulo 5: Protector del Perú:

Gobierno Ilustrado.

Guayaquil.

 

Módulo 6: En el ostracismo:

Retiro en Bruselas.

En Grand Bourg.

En Boulogne Sur-Mer.

 

APORTES INTERDISCIPLINARIOS:

 

Los módulos de la diplomatura estarán enriquecidos con contribuciones de diversas ciencias, como la arqueología, la antropología y la sociología, proporcionando una visión más amplia del contexto territorial y cultural de la época sanmartiniana. Las letras y las artes también atención tendrán un papel destacado, con especial a los escritos de la época ya la iconografía de San Martín y la gesta independentista.

 

Este enfoque permitirá explorar la historia valorando también sus aspectos simbólicos y culturales.

 

DIRECCIÓN Y CUERPO ACADÉMICO

Director: TC (R) DR. CLAUDIO MORALES GORLERI

 

Es Doctor en Historia, egresado de la Universidad del Salvador, y Magíster en Historia de la Guerra. Actualmente preside el Instituto Nacional Sanmartiniano, y se desempeña como Profesor de la Escuela Superior de Guerra (ESG) en los cursos regulares y en la Maestría en Historia de la Guerra. Asimismo es investigador universitario acreditado ante el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Además de su actividad docente e investigadora, el Tcnl (R) Dr. Morales Gorleri ha publicado ensayos, artículos, cuentos y poesía. Entre sus obras más destacadas se encuentran los libros: "El Rey de la Patagonia" (Plante 1990), "El General Petit" (Edición 2004), "La Batalla de San Ignacio" (Círculo Militar 2005), y "Benigno Villanueva" (Argentinidad 2017).

 

Cuerpo académico:

 

Dr. Miguel Ángel De Marco, Gral Brig (R) VGM Diego Alejandro Soria, Dr. Julio Mario Luqui-Lagleyze, Prof. Florencia Grosso de Andersen, Cap Nav (R) Dr. Guillermo Andrés Oyarzabal, Lic. Marcos de Estrada, Dr. Jorge Gabriel Olarte, Tcnl (R) Dr. Claudio Morales Gorleri, Dr. Miguel Ángel Licciardi, Gral Brig (R) Enrique Rodolfo Dick, Capitán de Navegación Dr. Jorge Rolando Bergallo, Gral Brig (R) Rafael José Barni, Tte. Cnl. revista Dr. Diego Gonzalo Cejas, Sr. Roberto L. Elissalde, Ing. Agr. Carlos Gabriel Vertanessian, Dr. Ariel Alberto Eiris, CM. Dr. Hernán Federico Cornut, Lic. Susana R. Frías, Dr. Carlos Piñeiro Iñíguez, Fray Alberto G. Saguier Fonrouge, OP, Dr. Héctor César Sauret, Prof. Dra. Adela María Salas, Dr. Carlos Egües, Cnl. Gastón Federico Marmonti y otros.

 

METODOLOGÍA DE CURSADA

La diplomatura es 100% online sincrónico con posibilidad de interacción vía chat en vivo con profesores y responsables del curso o bien asincrónico, a través de una plataforma, con 15 clases en video grabadas, (una por semana), junto con textos y otros materiales relevantes para cada módulo.

 

A QUIÉNES ESTÁ DIRIGIDO

Esta diplomatura está dirigida a toda persona interesada en aprender sobre San Martín, su Gesta Libertadora y su legado.

 

Por tratarse de una diplomatura online, está abierto a toda persona hispanohablante, sin restricciones geográficas.

 

REQUISITOS DE APROBACIÓN

Para aprobar la diplomatura, los estudiantes deberán asistir virtualmente al 75% de las clases y presentar al término de la cursada un trabajo escrito relacionado con algún tema tratado en curso.

 

Se entregarán diplomas a todos aquellos que cumplan con el requisito de asistencia y aprueben con 7 o más puntos el Trabajo final escrito.

 

COSTO E INSCRIPCIÓN

La diplomatura no es arancelada/gratuita, para inscribirse se debe completar el siguiente formulario  https://forms.gle/q1pV374DkuoFLm5F7

 

MÁS INFORMACIÓN

Correo electrónico: diplomatura@samartiniano.gob.ar

EUSTOQUIO FRÍAS


 el último granadero

 

Por Roberto L. Elissalde

La Prensa, 30.11.2024

 

Faltaban apenas unos meses para que cumpliera noventa años Eustoquio Frías, cuando el 16 de marzo de 1891 fallecía en Buenos Aires.

 

Había nacido en Cachi el último día del invierno de 1801. Su niñez fue gobernada por cinco virreyes (Avilés, del Pino, Sobre Monte, Liniers y Cisneros); y sus años adultos por las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Juárez Celman y Pellegrini. Fue beneficiado con la alta ancianidad; era unos días menor su camarada Gerónimo Espejo fallecido en 1889, el decano del ejército y uno los grandes hacedores de la Patria. A pesar de su alto grado de teniente general, nos aventuramos en llamarlo El último granadero.

 

Había recibido una educación acorde con la categoría social de sus padres don Pedro José de Frías y María Loreto Sánchez Peón. Comenzó a trabajar en una casa de comercio; ante la invasión de los realistas en el norte, la familia pasa a Tucumán, donde el muchachito sirve como aguatero de los artilleros de Holmberg en la batalla del Campo de las Carreras el 24 de setiembre de 1812, en la que su padre es herido y queda inválido al perder una pierna. Vuelve la familia a Salta después del triunfo de Belgrano en esa ciudad y empeñado en seguirlo a este general busca ingresar al ejército, aunque no tenía la edad reglamentaria. Volvió a insistir, pero la madre que se oponía a la carrera de las armas, temerosa de perder al muchacho decidió enviarlo a San Juan a la casa de unos tíos.

 

La distancia de poco sirvió porque con casi 15 años se encaminó con dos amigos a marchar como voluntario a Mendoza para unirse a la empresa sanmartiniana, corría el mes de marzo de 1816; fue rechazado por la edad y por su delgadez, pero la circunstancia providencial que se encontrara con el sargento mayor Mariano Necochea a quien había conocido conversando con sus padres en Tucumán le allanó el camino, y le dio el alta provisoriamente en su escuadrón. Eustoquio Frías era lo que deseaba ser: un granadero, lejos estaba de pensar que iba a ser el último de esos bravos.

 

No participó del cruce de los Andes ni de las batallas de Chacabuco o Maipo, su escuadrón el quinto quedó acampado en el Plumerillo en Mendoza y se transformó en 1817 en Granaderos a Caballo de la Escolta. Se desempeñó como cabo junto al Libertador durante su estadía en Mendoza en 1819 y en marzo del año siguiente cruzó la cordillera por el Paso del Portillo, y finalmente embarcó en la fragata Consecuencia rumbo al Perú en agosto de 1820 para desembarcar en Paracas, y comenzar la campaña del Perú.

 

No es el caso narrar en detalle esos años, pero tomó parte en dos campañas de la sierra al mando del general Arenales, sobre este tema el viernes próximo la editorial Villa presentará un libro en el Cabildo de Salta, oportunidad en la que su presidente, el Dr. Horacio Garcete, y el historiador Gregorio Caro Figueroa se referirán a la obra y se podrá apreciar el significado de esta empresa de la que Frías fue uno de los protagonistas.

 

Se distinguió en Nazca y Pasco, fue uno de los sitiadores de la Real Fortaleza de El Callao, participó en la campaña de Quito, se batió en Rio Bamba, Pichincha, Chunganga, Junín y Ayacucho.

 

EN CASA

Regresó con los granaderos que en febrero de 1826 llegaron a Buenos Aires al mando del bravo paraguayo el coronel José Félix Bogado; pero el merecido descanso no llegó y pronto estaba en la guerra contra el imperio del Brasil. Acompañó a Lavalle en la revolución de 1828 y aquella espada de la libertad se vio envuelta en los enfrentamientos de Navarro, Zapallar, Arroyo del Medio y Puente de Márquez.

 

Disgustado con la política de Rosas pidió el retiro y se refugió en Montevideo en 1839, desde hacía varios años ostentaba las insignias de sargento mayor. Participó en la campaña de Lavalle y en la defensa de la Nueva Troya. Se alistó con el ejército de Urquiza y participó en la batalla de Caseros, después de la que fue promovido a coronel de caballería y se le otorgó el mando del Regimiento de Guardias Nacionales, con el que pasó a guarnecer la Guardia de San Miguel del Monte.

 

Combatió a los indios y fue destacado después a la frontera en Rojas, donde en el combate de la Cañada de la Paja, les arrebató más de 5.000 cabezas de ganado vacuno y 1.000 yeguarizos, producto de sus ataques a las estancias.

 

Estuvo en Pavón y cuando pasó a retiro estuvo en la lista de los Guerreros de la Independencia. Hace un siglo y medio fue miembro del Consejo de Guerra que juzgó a los implicados en la revolución de setiembre de 1874. Fue promovido en 1879 a brigadier general y en 1882 a teniente general.

Todos estos méritos, no fueron acompañados con una vida económicamente digna. Los presidentes Mitre y Sarmiento debieron intervenir para que el Estado le abonase los sueldos atrasados, atendiendo a la indigencia en que vivía el anciano, sin reclamo alguno.

 

COMO EN ROMA

El 9 de julio de 1889 el Club de Gimnasia y Esgrima con la participación del pueblo le tributó un gran homenaje y lo paseó por Buenos Aires de modo triunfal como aquellos generales romanos que volvían de las campañas, entregándole una medalla de oro y plata. Sarmiento pidió al intendente Torcuato de Alvear que se le cediese un terreno en la Recoleta para que llegado el día descansaran sus restos con el debido decoro y merecieran el reconocimiento de la posteridad.

 

A su muerte en 1891 fue sepultado con grandes honores, fue despedido por el presidente Carlos Pellegrini quien recordó en su discurso esta conversación:

 

 “Le pregunté un día si conservaba alguna de sus espadas de la guerra de la independencia; me contestó: ‘No, aunque he cuidado mucho mis armas porque la patria era pobre y yo también. El sable que me dio Necochea en Mendoza lo rompí en Junín ¡estaba algo sentido’. Con razón debía estar sentido el sable del granadero de Rio Bamba y Ayacucho, pues las heridas de lanza y bayoneta, que ostentaba su cuerpo, probaban que el enemigo nunca estuvo lejos del alcance de su brazo”.

 

Manuel Rawson mandó construir una urna de bronce para depositar sus restos, los que fueron trasladados al Panteón de las Glorias del Norte en Salta, donde hoy descansan y del que este diario en marzo de 1963 hiciera una detallada crónica.

 

Este año su nombre volvió a ser evocado en el Panteón con una formación, en la que Martín Villagrán San Millán hizo su elogio y en su Cachi natal, donde los granaderos honraron su memoria, a instancias de Viviana Frías que lleva el mandato familiar del amor a la Patria y el culto a los antepasados en sus venas. Don Eustoquio había casado con Juana Sauco y Valdez.

 

LA BIOGRAFIA

El general Miguel Podestá con envidiable pluma le acaba de dedicar una biografía novelada con el título Eustoquio Frías, un granadero de Ayacucho. 1824, basada en abundante documentación y seria bibliografía consultada en archivos y repositorios como el Servicio Histórico del Ejército, el Museo Mitre, el Instituto Nacional Sanmartiniano, la Escuela Superior de Guerra y el Regimiento de Granaderos a Caballo entre otras instituciones, donde fue asesorado por destacados referentes y profesionales, encargados a la custodia, conocedores como pocos de esos anaqueles y estanterías, cuyos nombres consigna por su generosidad.

 

El volumen editado por Maizal Ediciones, se presentará mañana en el Regimiento de Granaderos a Caballo Gral. San Martín.

Podemos afirmar que Frías cruza la historia argentina, y como Podestá señalar que “sirvió a las órdenes de Necochea, Arenales, Lavalle, Sucre, Bolívar, Olavarría, Alvear, Niceto Vega, Pacheco, Paz, Rosas, Urquiza, Emilio y Bartolomé Mitre que además lo consultó como testigo de sus historias y por supuesto su arquetipo militar: San Martín”.

 

En las vísperas de comenzar los actos de Ayacucho, sobresale la figura de don Eustoquio Frías, sus recuerdos que permanecen inéditos merecen ser rescatados, mientras que la estampa señera del viejo general en una fotografía de Witcomb de 1870, lo muestra junto a un asistente de color, mientras sus ojos claros enfocan la cámara a la vez que luce en su pecho las medallas de sus campañas, los cordones y los escudos de paño que son la prueba acabada de sus largos años al servicio de la Patria.

EL ROL DE LOS INDÍGENAS

 


 en la conquista española: el caso de Hernán Cortés y la caída de Tenochtitlán

 

Pablo Yurman

Infobae, 12 Oct, 2024

 

Desde hace un tiempo, cada 12 de octubre, la polémica sobre el significado del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en nombre de la Corona de Castilla se reaviva. Este año no es la excepción a juzgar por el incidente diplomático generado a raíz de las declaraciones del presidente saliente de México, Andrés Manuel López Obrador, y de la actual mandataria, Claudia Sheinbaum, ceremonia a la que no fue invitado el rey de España, Felipe VI.

 

A propósito de esto, hay que tener presente que en ocasiones, la comprensión de los hechos históricos depende mucho del hecho de formularnos preguntas que son a todas luces razonables o de sentido común.

 

Y la pregunta que se impone en este caso es: ¿cómo fue posible que Hernán Cortés lograra tomar la ciudad de Tenochtitlán, en agosto de 1521, con apenas unos centenares de soldados españoles? No debe perderse de vista que la capital del pueblo mexica era por entonces una urbe con más de doscientos años de antigüedad y mucho más poblada que algunas capitales europeas.

 

Lamentablemente para dar respuesta a la pregunta suelen abundar pseudo argumentos, que analizaremos a continuación, que llamativamente eluden ir al fondo de la cuestión y encontrar la respuesta histórica válida. Quizás no sea simple casualidad.

 

Suele afirmarse que los pocos centenares de españoles lograron vencer a los guerreros aztecas, que según los cálculos más conservadores se contaban por decenas de miles, por su supuesta superioridad militar. Esto es, por contar con armas mucho más sofisticadas que los locales. Pero esto no se sostiene. En efecto, las armas con que contaban Cortés y sus hombres consistían básicamente en arcabuces, espadas, armaduras y morriones de acero. Pero hay que considerar algunos matices que sugieren que esto no representaba mucha ventaja contra los nativos. El arcabuz utilizado a comienzos del siglo XVI no era, ni por asomo, una ametralladora moderna, ni siquiera una escopeta a repetición. Los proyectiles consistían en perdigones, la letalidad de éstos era harto dudosa y la tarea de recargar con pólvora para repetir ese único tiro insumía el tiempo necesario como para que un guerrero azteca llegara e hiriera mortalmente a su enemigo.

 

Las pesadas armaduras y cascos de acero podrían ser útiles para la guerra en Europa, pero en América, en sitios expuestos a un calor sofocante, más que una ventaja eran lo contrario.

 

Las espadas españolas suponían su uso en un combate cuerpo a cuerpo, y en esas circunstancias no eran superiores a las armas de los indígenas, que eran un pueblo guerrero experimentado y que pese a no conocer el acero, manejaba hábilmente la flecha, la cerbatana, y sobre todo el temible hacha con puntas de piedra obsidiana, tan cortante como el acero de Toledo.

 

De refilón digamos que sólo algunos de los españoles contaban con caballo, que por su costo y dificultades en los traslados, estaba reservado a unos pocos. Es posible que en un primer momento los nativos americanos se sorprendieran al ver estos animales, ya que eran desconocidos en América. Pero cuando comprobaron que los caballos eran herbívoros, que no lanzaban fuego por su hocico y que con un flechazo se desangraban y morían, el misterio y la subyugación se debe haber desvanecido por completo.

 

Otra justificación pasa por afirmar que habrían circulado leyendas orales entre los pobladores de esa parte del continente según las cuales, algún día llegarían sujetos de contextura similar a la europea (altos, de tez blanca, con barba), a bordo de extrañas naves, acontecimiento que marcaría el fin de la civilización mexica. Se infiere que el choque cultural debe haber sumido a los aztecas en una suerte de desesperación y de una obnubilación tal que los paralizó por completo. “Creían que los españoles eran esas deidades de las que hablaban las leyendas” suelen repetir algunos.

 

Seguramente el impacto psicológico existió en un comienzo de ese encuentro de dos mundos hasta entonces separados entre sí. Pero convengamos que a los españoles también les deben haber espantado algunas cosas propias de la cultura local. Por ejemplo, el repugnante espectáculo de las pirámides utilizadas para el sacrificio humano de los pueblos vencidos, práctica habitual entre los aztecas y que se corrobora con nuevos y periódicos descubrimientos arqueológicos.

 

Pero superado el primer impacto visual, y con las primeras escaramuzas armadas previas a la toma de Tenochtitlán, los mexicas pudieron comprobar que esos “dioses” o seres extraños, se les parecían bastante en su condición humana: se desangraban por la herida de flechas y piedras, y morían. Fin del enigma. Eran tan humanos como ellos.

 

Si nos detenemos en esta explicación, nos damos cuenta de que quienes la utilizan subestiman llamativamente las capacidades cognitivas de los indios americanos, suponiéndolos como niños asustadizos ante la presencia de algo que les era desconocido. Recordemos que los aztecas eran una etnia de entre decenas que poblaban el actual territorio mexicano y que se caracterizaban por ser un pueblo guerrero, que había alcanzado por la fuerza su predominio sobre otros. Cuesta creer que fuesen fáciles de atemorizar.

 

Otro pretendido argumento al que se echa mano es afirmar que con los españoles llegaron enfermedades contra las cuales las poblaciones pre-hispánicas carecían de inmunidad biológica. Esto efectivamente ocurrió en lo que fue la paulatina llegada de contingentes españoles a América. Pero con algunas aclaraciones. Por más que Cortés hubiera deseado utilizar virus de enfermedades como “arma biológica”, ello no hubiera sido posible, al menos en esa época. No se podía aislar el transmisor de las enfermedades y guardarlo en un tubo de ensayo para esparcirlo luego donde se quisiera. Por otra parte, si bien es cierto que los españoles soportaban mejor algunas enfermedades, por ejemplo, la gripe, no es menos cierto que otras (por caso, la viruela) seguían siendo mortales. A ello hay que agregar que así como los mexicas no estaban preparados para enfermedades europeas, los españoles no lo estaban para enfermedades que eran endémicas en América y que solían diezmar muchos de sus contingentes, fundamentalmente en áreas tropicales, predominantes en el continente recién descubierto.

 

No obstante lo señalado, es lógico deducir que la fulminante conquista española de un continente inmenso, produjera posteriormente y hasta tanto no se terminara de organizar la sociedad basada en el mestizaje -promovido desde el inicio por la misma Corona castellana- un cierto impacto psicológico en sectores del pueblo mexica. Al respecto refiere Alejandro Pandra a un aspecto poco estudiado, diciendo que “Mientras el varón indígena, vencido, perseguido o sometido a servidumbre queda aniquilado después del derrumbe de su cultura, la mujer indígena huye de los suyos -que ancestralmente la habían sometido y explotado-, se acerca al invasor, le sirve de intérprete, le consuela. La india sobrevive psíquicamente.” (“Origen y destino de la Patria”).

 

A propósito de lo que señala Pandra, un caso paradigmático es el de la joven nahua Malintzin, conocida como La Malinche, originaria de la actual Veracruz, México, quien fue pareja de Cortés y con quien tuvo un hijo, llamado Martín. Fue ella quien ofició de intérprete y según varios historiadores, hasta de consejera del conquistador español.

 

Por todo lo anterior, la conclusión es que evidentemente la astucia y fortaleza de Cortés y sus escasos hombres procedentes de España debió consistir en otra estrategia para lograr vencer a un imperio de estructura jerárquica militarista que contaba con decenas de miles de guerreros dispuestos a combatir a muerte al invasor. Y es quizás el indagar sobre esta circunstancia la que incomode a personas como López Obrador o Sheinbaum, por no encajar en su mirada prejuiciosa sobre la conquista.

 

Los hechos históricos documentados dan cuenta de que desde su desembarco en Yucatán y hasta llegar a la zona central de México donde se hallaba Tenochtitlán, Cortés fue tejiendo alianzas con los pueblos indígenas sometidos al imperialismo mexica, entre los que destacaron los totonacas y los tlaxcaltecas, entre otros. Esto es lo que explica que los pocos cientos de españoles fuesen acompañados por decenas de miles de indígenas dispuestos a luchar por su liberación del yugo mexica.

 

Con razón afirma Marcelo Gullo en su libro “Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán” que “cuando se analiza la historia sin prejuicios … se llega a la conclusión de que los aztecas llevaron a cabo como política de estado la conquista de otros pueblos indígenas para poder tener seres humanos para sacrificar a sus dioses. Año tras año los aztecas arrebataban los niños y las niñas a los pueblos que habían conquistado para asesinarlos después en sus templos”.

 

Al decir del propio Gullo, para esos pueblos sometidos por los aztecas, Cortés no fue un conquistador, sino un liberador de un yugo al que se hallaban sometidos desde tiempo atrás.

¿LA CULPA ES DE COLÓN?

 


 las verdaderas motivaciones detrás del juicio póstumo al descubridor de América

 

Claudia Peiró

Infobae, 12 Oct, 2024

 

La primera mujer electa presidente de México se negó a invitar al Rey Felipe VI a su asunción, una afrenta ante la cual Pedro Sánchez anunció que el gobierno español no estaría presente en la ceremonia. Si el gesto resulta absurdo más lo son sus fundamentos.

 

La explicación o reclamo de Claudia Sheinbaum fue que, en 2019, el Rey no respondió la carta del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con motivo de los 200 años de la independencia de México, en la que le proponía un trabajo bilateral en una hoja de ruta para hacer en 2021 “una ceremonia de alto nivel para que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado (¿?) de su historia común”, a fin de iniciar una nueva etapa en sus relaciones.

 

Sheinbaum se consideró agraviada porque esa misiva no recibió respuesta alguna de Felipe VI como según ella “hubiera correspondido a la mejor práctica diplomática de las relaciones bilaterales”. Digamos que la carta de AMLO, además del brutal sesgo histórico que expresaba, era de por sí ofensiva como para aspirar a una respuesta diplomática de la otra parte.

 

Es curiosa la obsesión del ex presidente de México con estos temas. Una posible explicación es que sea por influencia de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, cuya tesis de maestría en la Universidad de Puebla en 2002 se tituló: “Memoria artificial en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

 

De todos modos, las motivaciones de los mandatarios progresistas de estas primeras décadas del siglo para abrazar el indigenismo y la leyenda negra antiespañola no son precisamente domésticas. Corresponden a una política que se repite calcada en todos lados y que está muy lejos de acarrear algún beneficio para los países de la región.

 

Hispanoamérica le debe su unidad cultural a España, pero nuestros políticos -y nuestras políticas- se empeñan en desconocerlo. Una excepción en la izquierda es el ex presidente de Uruguay José Mujica que ha dicho: “Los latinoamericanos tenemos dos grandes instituciones comunes: la lengua [y] la Iglesia católica. Esas son las columnas vertebrales comunes que tenemos en nuestra historia y no reconocerlo es un error garrafal en América Latina. Y yo, por más ateo que sea, no voy a cometer ese error”.

 

Claudia Sheinbaum dijo que la relación con España “se beneficiaría con una renovada perspectiva histórica”. Pero si se parte de la caracterización de la conquista y colonización española como un genocidio y se plantea la ridícula exigencia de que pidan perdón los de hoy por supuestos agravios de hace 500 años, sólo cabe imaginar perjuicios para la relación.

 

Es una manía propia de la cultura occidental en crisis esto de los arrepentimientos y pedidos de disculpas extemporáneos.

 

Claudia Sheinbaum también subrayó la importancia que tiene para ella el reconocimiento de los pueblos indígenas. Y acá nos acercamos a un aspecto del tema. No hablemos de culpas. De lo que corresponde hablar es de responsabilidad. ¿Quién tiene en el presente más responsabilidad por la situación de marginalidad en la que se encuentran muchas comunidades aborígenes en nuestros países? Pues precisamente los presidentes -y presidentAs- progresistas, bolivarianos, populistas, demagogos, de las últimas dos décadas y de la actual, porque en sus manos están los resortes políticos, económicos, sociales y culturales para poner remedio a esa situación, para favorecer el desarrollo de esas comunidades y para promover un mayor mestizaje étnico y cultural, porque ese es el camino virtuoso, y no -con la excusa del respeto- un apartheid. Pero es más fácil culpar a Colón.

 

Como dice el historiador español Juan Eslava Galán: “Mientras culpan a España no se ocupan de sus verdaderos problemas. España se fue de allí hace más de doscientos años. Son países potencialmente muy ricos pero tienen gravísimos problemas sociales y estructurales, algo se estará haciendo mal”.

 

Lo llamativo es la coordinación con la cual estos políticos se lanzaron a la cruzada antiespañola. Con iniciativas idénticas unas de otras. Con un mismo guión. Como si alguien los mandara…

 

Por caso, Claudia Sheinbaum y Cristina Kirchner no tienen en común solamente el hecho de reclamar que las llamen “presidentAAAA”; las dos experimentaron el mismo brote iconoclasta anti Colón.

 

La Sheinbaum lo hizo cuando era alcaldesa de la Ciudad de México. Retiró la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma para reemplazarla por la de una mujer indígena… De manual. “Claro que Colón fue un gran personaje universal y también hay que reconocerlo, pero creemos que, en el centro de nuestra ciudad, tiene que haber un reconocimiento a la mujer indígena”, justificó.

 

¿Por qué una cosa contra la otra? Desde el primer momento de la conquista de México por Hernán Cortés, muchas mujeres indígenas se casaron con españoles, dando lugar a lo que hoy es el pueblo mexicano, detalle que no parece importar a los gobernantes. La corona española tan denostada fue la promotora de los casamientos mixtos. La reina Isabel lo ordenó: “Cásense españoles con indias e indias con españoles”.

 

En 2012, el diario ABC publicó la impresionante lista de los atentados post mortem que ha padecido el descubridor (sí, descubridor) de América en estos años. Allí señalaban que Sheinbaum no tuvo en cuenta el valor patrimonial de la obra que removió y que era “el conjunto histórico más antiguo de la avenida”.

 

Un atropello patrimonial parecido al que ya había cometido Cristina Kirchner, cuando removió un hermoso conjunto escultórico donado por Italia, que decoraba elegantemente los fondos de la Casa de Gobierno, para poner en su lugar una pobre estatua de Juana Azurduy que luego hubo que quitar porque no resistía la intemperie...

 

Un atentado al buen gusto pero sobre todo un atentado a nuestra identidad. Somos parte de la cultura occidental por nuestra historia, les guste o no a los (y las) indigenistas.

 

También a Estados Unidos llegó la campaña de vandalización de monumentos a Colón y una estatua de bronce del navegante fue decapitada en un parque de Nueva York, en 2017, por acción de grupos pro derechos civiles de los afroamericanos para denunciar a los supremacistas blancos. ¿Qué culpa tiene Colón?

 

Varios gobernantes demócratas se sumaron a esta campaña, decía el ABC, “con medidas y argumentos ideológicos similares a los que esgrimió el chavismo”. Por ejemplo, suspendieron los tradicionales homenajes en muchos estados. “Es curioso que fuera una de las ciudades con raíces hispanas más profundas la que acabara también con el Día de Cristóbal Colón y lo sustituyera por el Día de los Pueblos Indígenas”, decía el diario, en referencia a Los Ángeles.

 

Lo mismo hicieron Denver (Colorado), Berkeley (California), Phoenix (Arizona), Albuquerque (Nuevo México), Minneapolis (Minnesota) y Seattle (Washington).

 

Es curioso que culpen a Colón por el exterminio aborigen que fue en realidad obra de los colonos blancos en su fiebre del oro. como explica Alfonso Borrego, bisnieto del célebre jefe apache Geronimo.

 

Los demócratas deberían además recordar lo que dijo uno de sus más destacados presidentes, John Fitzgerald Kennedy: “Una de las grandes omisiones de los americanos en este país, en lo que se refiere a su pasado, ha sido el desconocimiento en su totalidad de la influencia, exploración y desarrollo españoles a lo largo del siglo XVI en el sudeste de los EEUU lo que constituye una historia formidable. Desgraciadamente demasiados americanos piensan que América fue descubierta en 1620 y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar durante el siglo XVI y principios del XVII en el sur y en el sureste de los Estados Unidos”.

 

En Venezuela, el estilo chavista metió la cola y el 12 de octubre de 2004, Cristobal Colón, es decir, su estatua, fue juzgada y condenada a muerte por “genocidio”. La pantomima consistió en ponerle una soga al cuello y derribarla. Todo un acto de arrojo. Colón fue arrastrado por el suelo y colgado en medio de cantos y bailes de euforia. Hugo Chávez cambió además el Día de la Raza por el Día de la Resistencia Indígena.

 

Payasadas similares se replicaron en Bolivia, donde en 2018 fue vandalizada la estatua de Colón ubicada en el Paseo del Prado de La Paz. ABC destaca que esto pasó justo después de que el alcalde de Los Angeles retirara la estatua de Colón, y que Evo Morales aplaudió esa iniciativa con un mensaje en Twitter: «Saludamos al hermano concejal de Los Ángeles, Mitch O’Farrell, descendiente de la tribu Wyandotte de Oklahoma, que logró que se retire la estatua de Cristóbal Colón del Grand Park de esa ciudad. Coincidimos con él en que el llamado descubrimiento fue un genocidio y un saqueo de los recursos naturales”.

 

Es curioso ver cómo estos referentes izquierdistas que antes quemaban banderas norteamericanas ahora se las toman con Colón…

 

Unos días antes de viajar a España en visita oficial, en mayo del 2023, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reivindicó la lucha de su pueblo por “liberarse del yugo español; destronar reyes, duques y príncipes; acabar con privilegios y con un régimen productivo de esclavistas que condenaban al hombre negro a ser esclavo por perpetuidad”.

 

“Era una sociedad del yugo”, insistió en referencia a la América precolombina, pero no rechazó el collar de la Orden de Isabel La Católica que le dieron poco después…

 

Sheinbaum, como antes AMLO, Petro, Evo Morales y otros, son repetidores de la leyenda negra antiespañola. La ignorancia histórica no alcanza para explicar esto. Hay una deliberada opción por estos discursos y no tenemos por qué pensar que son ingenuos.

 

En la polémica entre México y España, varios referentes de Podemos se alinearon con el relato de Sheinbaum. Esto llevó al historiador español Gonzalo Rodríguez García, a decir: “La izquierda en España trabaja para que España deje de existir. Conspira para que España se deconstruya. La izquierda es antiespañola”.

 

“México es fruto de la acción de España en América -siguió diciendo-. México existe porque España llegó a América. Hernán Cortés destruyendo la tiranía antropófaga azteca es el creador de México. México existe por la labor civilizatoria de Cortés (que) lo logra gracias a los pueblos mexicas que lo ayudan a derrocar a una casta sacerdotal envilecida”.

 

Aunque se autoperciba azteca, AMLO no tiene una sola gota de sangre indígena. Es ciento por ciento español genéticamente hablando. Sus cuatro abuelos eran españoles. Si fuese coherente con su planteo debería subirse a un barco y marchar a España. Porque si los españoles del siglo XXI tienen alguna culpa por injusticias cometidas durante la Conquista -que las hubo- él es tan responsable como ellos.

 

Rodríguez García decía otra cosa muy cierta: “A quien más daña la confrontación es a los mismos americanos porque pierden una palanca fundamental de arraigo y comprensión de sí mismos”.

 

Por caso, en 2017, Petro decía: “El 12 de octubre se conmemora una invasión, un genocidio, una conquista, un saqueo. Jamás hubo un descubrimiento”. Se equivoca y en grande. Del 12 de octubre en adelante, no solo los españoles -y a través de ellos todos los europeos- descubrieron América; también lo hicieron los indígenas, que no tenían ni idea de que vivían en un territorio que era parte de un todo mayor, ni conciencia de la existencia de otras etnias indígenas a lo largo y ancho del continente. Salvo las vecinas con las que vivían en estado de guerra.

 

Ni hablar del genocidio que no se condice en absoluto con la política de mestizaje que dispuso la Corona desde el primer momento, ni con la creación de instituciones políticas, jurídicas y culturales, etc. Si prefieren un argumento más pragmático, más materialista, en modo alguno podían los conquistadores llevar a cabo un exterminio masivo de indios porque sin las poblaciones locales era imposible cualquier desarrollo o aprovechamiento de las riquezas y recursos del nuevo continente.

 

Eslava Galán sostiene que “con la conquista española no hubo etnocidio, sino mestizaje, se fomentaron los casamientos mixtos y una sociedad mestiza, algo que no se dio en ninguno de los demás colonialismos europeos”.

 

Otro argumento indigenista es la exaltación de la cultura precolombina, una fantasía. Los mismos que viven criticando la religión católica, reivindican los cultos nativos, pasando por alto su crueldad.

 

Claudia Sheinbaum dijo ser una persona de fe, aunque aseguró no profesar ninguna religión. Pero la de su familia, el primer monoteísmo -”nuestros hermanos mayores”, como decía Juan Pablo II-, no promovía los sacrificios humanos como la de los aztecas.

 

La azteca “era una religión despiadada -dice Eslava Galán- Abrían el pecho a la víctima y le sacaban el corazón palpitante”. “La arqueología nos sigue dando pruebas cada día, han aparecido cráneos mexicas de niños y mujeres atravesados por cuchillos. Se empieza a subrayar que era un sistema muy cruel. Los mexicanos lo saben” pero “hay algún demagogo, como López Obrador…”

 

Rodríguez García dijo también que “no hay izquierda nacional en España”. Tampoco la hay en Argentina, ni parece haberla en los demás países del continente.

 

La mala política es producto de la falsa historia, como dice el politólogo Marcelo Gullo. Estos discursos anti hispanistas e indigenistas no son inocuos. Son antinacionales y antipatrióticos. Van creando el clima para la división, la fragmentación territorial y social, además de servir para desviar la atención de los verdaderos problemas y de los “colonizadores” del presente.