EL GENERAL SAN MARTÍN


 Y LAS DOS ARGENTINAS

Por: Fernando Romero Moreno

Los ideales, las aspiraciones y los valores de una época suelen encarnarse en personalidades eminentes, en varones y mujeres paradigmáticos, en síntesis, en arquetipos. También en falsos arquetipos, si esos ideales no lo son cabalmente y representan en realidad una contracultura.

Pues bien: lo mismo sucede con las naciones. Hay hombres ejemplares en los que se cifran las mejores virtudes de la raza. Y hay hombres pequeños – por usar un adjetivo benévolo – que suelen ir a contracorriente de la grandeza de su patria. La Argentina, o mejor dicho, las “Dos Argentinas”, tienen representadas en sus héroes auténticos y en sus “falsas superioridades”, esas dos tendencias. Hay una Argentina tradicional, hispano- criolla y latina, mestiza y americana, de raíces católicas y greco- romanas – con todos los defectos innegables que haya que reconocer – pero que ha existido y tal vez todavía exista. Es la Argentina que valora la dignidad de la persona humana con sus derechos y deberes, acordes a la ley natural; la familia como célula básica de la sociedad, la justicia como la virtud de dar a cada uno lo suyo, según méritos, capacidades y necesidades; la libertad responsable como preferencia reflexiva de lo mejor; el patriotismo y la tradición; la cultura del trabajo y del esfuerzo; el desarrollo económico con equidad social; el culto de los antepasados y de Dios. Y hay otra Argentina anclada en la Ilustración o en lo que hoy llaman la posmodernidad que quiere una autonomía absoluta para el hombre y una sociedad laicista, cosmopolita y europeizante, no en el sentido genuino de reconocernos parte de la cultura occidental, sino en el de copiar, de modo artificial, instituciones y modelos ajenos a nuestra realidad.

San Martín recomendaba, según contaba su amigo Gerard, “el respeto de las tradiciones y de las costumbres” y consideraba “muy culpables las impaciencias de los reformadores que, con el pretexto de corregir abusos, trastornan en un día el estado político y religioso de sus países”. No se oponía al progreso ni a las legítimas libertades, basta verlo en su lucha por la Independencia o en la abolición progresiva de la esclavitud que propició en el Perú. Pero sabía que las verdaderas reformas arraigan cuando se hacen costumbre y son fruto, no de una revolución violenta, sino de la educación y del respeto a las sanas tradiciones heredadas. Rivadavia, en cambio - por poner un ejemplo de esos reformadores iluministas que tanto hemos tenido y tenemos - mereció estos conceptos del Libertador: “Sería de no acabar si se enumeraran las locuras de aquel visionario (…) creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea” 
Como decía Arturo Jauretche: “La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América” Las Dos Argentinas, como escribimos en otra oportunidad, tienen sus gestas, sus próceres, sus pensadores y hasta sus poetas. En ciertos aspectos pueden ser complementarias y no se excluyen. No se trata de contemplar la historia nacional en “blanco” y “negro”, de no advertir los “grises”, de razonar de modo maniqueo y clausurar la posibilidad de acuerdos allí donde podemos unirnos en pos de objetivos comunes. Pero en otros asuntos, las diferencias son de fondo, y eso explica buena parte de nuestra crisis.

La Argentina tradicional ha sobrevivido socialmente, aunque con graves deterioros, en el pobrerío mestizo (aunque cada día más masificado y manipulado), en los sectores “acriollados” de la clase media y en esa noble porción del viejo patriciado que no ha cedido a las tentaciones extranjerizantes. La otra se ha hecho “carne” en el conjunto mayoritario de un pueblo y de una clase dirigente, cuyas aspiraciones máximas parecen encontrarse en el dinero, en una libertad divorciada de la verdad y en una república sin ley natural, sin tradición y sin la religión de nuestros mayores. Este análisis, que puede parecer “duro” y demasiado “categórico”, lo realizó el propio General San Martín luego del poco tiempo que pasara en tierras americanas. Don Vicente López y Planes le escribía el 4 de enero de 1830 que en la Gesta de Mayo se había consagrado “el principio patriotismo sobre todo”; mientras que, a partir de 1821, con la llegada de Rivadavia y su círculo masón y pro- británico– “sin atreverse a excluir ese principio, de hecho (se) lo miró con mal ojo y (se) dijo sólo: habilidad o riqueza (…), engendrando “superioridades falsas”. 


San Martín contestó con una misiva fechada en Bruselas el 12 de mayo de 1830: “Son justísimas las observaciones que Ud. me hace”. Y haciendo una crítica del falso concepto de libertad copiado de la Revolución Francesa, en la célebre carta al General Guido de 1834, afirmó: “El foco de las revoluciones (…) ha salido de esa capital; en ellas se encuentra la crema de la anarquía, de los hombres inquietos y viciosos, de los que no viven más que de los trastornos porque no teniendo nada que perder todo lo esperan ganar en el desorden, porque el lujo excesivo multiplicando las necesidades, se procuran satisfacer sin reparar en los medios; ahí es donde un gran número no quiere vivir sino a costa del estado, y no trabajar (…) Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?... ¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes (…).Tal vez (…) dirá que esta carta está escrita por un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga (…) que a los 53 años no puede uno admitir de buena fe el que le quieran dar gato por liebre. No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país, que no sufra una irritación”. 

Esa misma facción revolucionaria (que San Martín rechazaba, como se ve, por materialista, europeizante y libertina) era, a la par, la que despreciaba al pueblo sencillo, al gaucho, al indio, al negro, exaltando no la necesidad de las legítimas jerarquías sociales, sino la “aristocracia del dinero” u oligarquía, en justas palabras recriminatorias de Don Manuel Dorrego. San Martín en cambio enseñaba a su hija Merceditas “la caridad con los pobres”, la “dulzura con los criados” y el “desprecio al lujo”, apoyando a los campesinos que seguían a sus Caudillos y dando él, ejemplo personal de una vida sobria y austera. “Experimenta por el obrero una verdadera simpatía – afirmaba Alfredo Gerard -, pero desea verlo laborioso y sobrio, y nadie como él ha hecho menos concesiones a esa despreciable popularidad que se obtiene adulando los vicios del pueblo”. Es difícil que los seguidores de mentalidades aburguesadas como las que enfrentó San Martín entiendan qué cosa es esta Argentina y esta América que él defendió. Como Rivadavia, quieren una patria “gringa”, sin “negros” (como con desprecio y falta de amor cristiano, llaman a las clases bajas), sin indios, sin criollos, sin mestizos, sin bolivianos, sin paraguayos.... No importa si se presentan como liberales o en cambio, como progresistas “elegantes”. El error es el mismo y por reacción, engendran el “populismo” del que se quejan y que el Libertador también aborrecía: el de los demagogos que quieren hacer de la “anarquía social” un sistema, y enancado en él, acelerar la revolución cultural y social contra todos nuestros valores nacionales, tradicionales y cristianos. Es que el clasismo – de los de abajo o de los de arriba, del proletario o del burgués –, tanto como la injusticia social, es la muerte de la concordia que debe reinar en toda comunidad política. Porque el bien común de la Patria se forja día a día, por encima de las diferencias de clase, de partido o de sector, según palabras del recordado Padre Alberto Ezcurra. 
Y como San Martín – que dotó de un hondo sentido católico y mariano a la Gesta emancipadora -, se lo alcanza al buscar su plenitud en el homenaje de los gobernantes a Cristo, Rey de las naciones, y en la custodia de la religión como el más unitivo de los vínculos sociales. De allí que el Gran Capitán hiciera rezar diariamente el Rosario en el Regimiento de Granaderos a Caballo y en el Ejército de los Andes, pidiera más capellanes para sus oficiales y soldados, tuviera él Capellán y Oratorio personal, honrara a la Virgen del Carmen como Patrona y Generala, declarara al catolicismo religión oficial del Perú, fundara una Orden jerárquica (la Orden del Sol) bajo el patrocinio de Santa Rosa de Lima…y proyectara una gran monarquía católica americana e independiente que mantuviera unidos al Perú con Chile y las Provincias Unidas...

Hoy como ayer los problemas no han cambiado: un Nuevo Orden Mundial, diseñado desde conocidos organismos internacionales como la ONU (entre otros), está sometiendo a un neocolonialismo al pueblo argentino: mediante el control demográfico, la ideología de género, el fomento de una nueva religión universal y sincretista, el endeudamiento externo, un falso concepto de desarrollo sustentable y salud reproductiva, la falsificación de la historia reciente, la reinterpretación de los “derechos humanos”, la alianza entre democracia y relativismo y el ataque a las instituciones fundacionales de la Argentina… todo con el apoyo de fundaciones y multinacionales de gran poder económico. Y mientras tanto, siguen ocupadas por fuerzas inglesas las Islas Malvinas (con las proyecciones que esto tiene sobre la Patagonia y la Antártida), que hoy han pasado a ser intereses de ultramar de la Unión Europea… En muchas cuestiones prudenciales y opinables, es justo un sano pluralismo. Pero cuando están en juego, frente a tales desafíos, los bienes más importantes de la Nación, no podemos desconocer o hacer “oídos sordos” a tan lúcidas enseñanzas del Padre de la Patria. 
Quien, sin embargo, no desconfiaba, desesperanzado, de las virtudes de nuestro pueblo, cuando lo veía viril, enérgico y bien gobernado, enfrentando en Guerras victoriosas a Francia e Inglaterra, las Grandes Potencias del momento: “los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca – decía en carta a Guido de 1846- : a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de (…) cumplir con el deber de hombres libres”. Eran tiempos que en los valores principales que se inculcaban en la vida pública, más allá de errores y abusos, eran precisamente, la religión, la ley natural, el orden, una república anclada en las virtudes, el federalismo, la armonía entre las clases sociales y la soberanía nacional. Ni dejaba de reconocer que la Argentina podía ordenarse y salir adelante, cuando se hacían las cosas como corresponde. Y así, pudo enviar una última carta a Rosas en 1850, tres meses antes de morir, en la que afirmó que “como argentino me llena de verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina”. 

Que los argentinos del siglo XXI podamos hacernos acreedores de elogios como éste y que le devolvamos a la Argentina la grandeza por la que el Padre de la Patria batalló con heroísmo hasta el fin de sus días.
--------------------------

Fuente: Crítica Revisionista, 19 de mayo de 2015



BIBLIOGRAFÍA SOBRE SAN MARTÍN




ARAGÓN, Roque Raúl. “La política de San Martín”; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Ríos, 1982.

BRUNO, Cayetano. “La religiosidad del Gral. San Martín”; Buenos Aires, Editorial Don Bosco, 1978.

BUSANICHE, José Luis. “San Martín vivo”; Buenos Aires, Emecé, 1950.

CUCCORESE, Horacio Juan. “San Martín, Catolicismo y Masonería”; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, Fundación Mater Dei, 1993.

DÍAZ ARAUJO, Enrique. “Don José y los chatarreros”; Mendozal, Ediciones Dike-Foro de Cuyo, 2001.

FAVALORO, René. “¿Conoce usted a San Martín?”; Buenos Aires, Torres Aguero Editor. 1992.

FURLONG S.J., Guillermo. “El General San Martín. ¿Masón - Católico -Deísta?”; Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1963.

GONZÁLEZ, Rubén, O.P. “El General José de San Martín y la Orden Dominicana, San Miguel de Tucumán, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, 1998.

IBARGUREN, Carlos. “San Martín íntimo”; Buenos Aires, Peuser, 1950.

LEVENE, Ricardo. “El genio político de San Martín”; Buenos Aires, Guillermo Kraft Ltda., 1950.

MACERA, Cesar Francisco. “San Martín gobernante del Perú. Historia de San Martín en el Perú”; Buenos Aires, Héctor Matera, 1950.

MITRE, Bartolomé. “Historia de San Martín y de la Emancipación Sud-Americana”; Buenos Aires, La Nación, 1888, 3 vols.

MUSEO HISTÓRICO NACIONAL. “San Martín. Su correspondencia 1823-1850”; Buenos Aires, 1911.

OTERO, José Pacífico. “Historia del Libertador Don José de San Martín”; 2da. ed., Buenos Aires, Círculo Militar, 1978.

PASQUALI, Patricia. “San Martín confidencial. Correspondencia personal del Libertador con su amigo Tomás Guido (1816-1849)”; Buenos Aires, Planeta, 2000.

PICCINALI, Héctor Juan. “San Martín y Rosas”; Buenos Aires, Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas”; 1998.

PICCIRILLI, Ricardo. “San Martín y el gobierno de los pueblos”; Buenos Aires, Gure, 1957.

ROJAS, Ricardo. “El Santo de la Espada”; Buenos Aires, Talleres Gráficos L.J. Rosso, 1933.

UZAL, Francisco Hipólito. “Los enemigos de San Martín”; Buenos Aires, Corregidor, 1975.

UZAL, Francisco Hipólito. “San Martín contraataca”; Buenos Aires, Ediciones Theoría, 2002.

ZAPATERO, Juan M. “San Martín en Oran”; Buenos Aires, Círculo Militar, 1982.


Bibliografía sobre la salud de San Martín y el opio

Arroyo de Sáenz, Estela. “El secreto de San Martín”; Mendoza, Gladius & Narnia, 2000, pgs. 25/27.

Bischoff, Efraín U. “San Martín en Córdoba”; Córdoba, Copiar, 1999.

Bonomi, Néstor H. “El Gral. San Martín y la homeopatía”; Buenos Aires, Homeopatía; 50 (3): 160-164, julio/setiembre-1984.

De Medio, Horacio. “Opium: una visión desde la medicina veterinaria”; en revista Homeopatía, vol. 62: 291-298, 1997.

Galatoire, Adolfo. “Cuáles fueron las enfermedades de San Martín”; Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1973.

Guerrino, Antonio Alberto. “La salud de San Martín”; Buenos Aires, Ciudad Argentina, 1999.

Iros, Mariano. “El Gral. José de San Martín. Sus padecimientos físicos y energía espiritual; Córdoba, Revista UNC, Año III, Nº 1-2, mayo/julio-1962, págs. 651-686.

Inaba, Darryl-Cohen, William. “Drogas: estimulantes, depresores, alucinógenos. Efectos físicos y mentales del abuso de drogas”; Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992.

Kalina, Eduardo. “Temas de drogadicción”; Buenos Aires, Nueva Visión, 1987, pag.100-101.

Lathoud. “Materia médica homeopática”; Buenos Aires, Editorial Albatros, 1988.

Longenecker, Gesina L. “Cómo actúan las drogas: abuso de las drogas y el cuerpo humano”; Buenos Aires, Quark, 1999.

Mitre, Bartolomé. “Enfermedades de San Martín”; www.i-n-sanmartiniano.com.ar

Oriol I Angera, A. “Agonía interior del muy egregio señor José de San Martín y Matorras”; Buenos Aires, Librería del Colegio, 1954.

Oromi Zacañino. “El general San Martín y su vínculo con la homeopatía”; Revista Militar, Nº 705, julio-septiembre 1981, pgs. 69/70.




SAN MARTÍN: ¿CATÓLICO O MASÓN?



Documentos recopilados por un historiador confirman la religiosidad cristiana del gran prócer.

Roberto Colimodio *
 Clarín, 09/07/2019
La figura del General Don José de San Martín en el colectivo imaginario tiene numerosos “misterios” para desentrañar o aclarar. Su rica historia está teñida de versiones bien y mal intencionadas que no se condicen con los hechos veraces y documentados. Uno de esos “misterios” corresponde a su fe. ¿Era San Martín un católico practicante? ¿Era masón?
Brevemente, y respecto a su supuesta pertenencia a la masonería diré que no hay documento o testimonio alguno que así lo demuestre. Ni siquiera, dos famosos masones como Mitre y Sarmiento lo reconocen como par, como tampoco reconocen a la Logia Lautaro, de la cual San Martín fue fundador en América, como masónica.
Pero respondamos sobre su fe, sus ideas y prácticas religiosas, apreciadas en su correspondencia privada, sus disposiciones gubernamentales y reglamentaciones internas de sus ejércitos.

Prácticas religiosas y militares
En el motín de Cádiz de 1808, siendo edecán del linchado general Solano, buscó asilo en una ermita de la Virgen. La turba, enfurecida, perdonó su vida, al ampararse en la Madre de Dios.

En el Regimiento de Granaderos a Caballo creado en 1812 por San Martín, dictó los reglamentos internos y estuvo en los detalles de su organización, incluyendo diaria y semanalmente las prácticas del buen cristiano: “Rezo de oraciones por la mañana luego de tocar diana y el Rosario todas las noches. Domingos y días festivos Santo Oficio de la misa por el capellán del Regimiento en la Parroquia del Socorro”.
En Mendoza, en el Ejército de los Andes, se oficiaba la misa en el campamento con un altar portátil que el propio San Martín solicitó a Buenos Aires en 1815. Frente al altar, el General y su Estado Mayor asistían al oficio y a la plática del Capellán Güiraldes.

“Todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña. Cuando no había una iglesia o casa adecuada, se improvisaba un altar en el campo, colocándolo en alto para que todos pudiesen ver al oficiante”. – Memorias del Cnel. Carlos A. Pueyrredón.

En carta que Belgrano le envió a Tucumán le aconsejaba: “La guerra no debe usted hacerla solo con las armas, sino afianzándose siempre, en las virtudes naturales cristianas y religiosas en la fe católica que profesamos, implorando a Nuestra Señora de la Merced nombrándola generala”.
Su devoción por la Virgen
Pocos días antes de iniciar el cruce de los Andes proclamó a la Virgen del Carmen patrona del ejército; ceremonia que describieron Gerónimo Espejo y Damián Hudson. A las 10 junto a la iglesia de San Francisco se formó la procesión. Marchaban “San Martín, de gran uniforme, con su brillante Estado Mayor y lo más granado de la sociedad mendocina. Hubo misa solemne, panegírico y tedeum. Al asomar la bandera junto con la Virgen, el general San Martín le puso su bastón de mando en la mano derecha”.
Ratificó su devoción el 12 de agosto de 1818. “La decidida protección que ha presentado al ejército su patrona y generala, nuestra Madre y Señora del Carmen, son demasiado visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora el adjunto bastón como propiedad suya, y como distintivo del mando supremo que tiene sobre dicho ejército”.
Acciones de Gobierno
En Perú también demostró su catolicismo con disposiciones acordes, por ejemplo el primer artículo del Estatuto del 8 de octubre de 1821 que regulaba los actos de su propio gobierno: “La religión católica, apostólica, romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes el mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque en público o en privado sus dogmas y principios, será castigado con severidad a proporción del escándalo que hubiere dado”.
Después de la entrevista de Guayaquil se despidió de Perú con actos que llevan el sello de sentida religiosidad. El 22 de agosto de 1822, ordenó grandes vísperas en honor de Santa Rosa y el 30 solemne misa y procesión. San Martín publicó un decreto para la instalación del Congreso y las funciones religiosas, sobre la protestación de la fe y juramento que debían prestar sus integrantes.
Decía:  “¿Juráis conservar la santa religión católica, apostólica, romana como propia del Estado y conservar en su integridad el Perú?”

Vida Personal
Las ideas católicas de los padres del Libertador, ambos terciarios dominicos y cofrades de Nuestra Señora de la Blanca, hablan de tradición familiar auténticamente cristiana.

Conoció a su futura esposa durante una misa de Gloria, en el templo San Miguel Arcángel. Contrajo matrimonio con Remedios de Escalada, con misa de esponsales, recibiendo la bendición y comunión como verdadero cristiano. “No era muy común entonces el comulgar en días de bodas”, dice el historiador Guillermo Furlong; pero San Martín, como buen católico, oye misa, confiesa y comulga al construir su cristiano hogar”.

Correspondencia privada
Conservó durante muchos años un rosario de madera del monte de los Olivos, obsequiado por una hermana de caridad que cuidó de él después de Bailén, en 1808. Dicho rosario, hoy en el Museo de Granaderos, fue donado por la familia de Manuel de Olazábal a quien San Martín se lo regaló en 1820 “para que le trajera suerte y se recuperara de sus heridas. Lo usó siempre y se lo vi suspendido del cuello debajo de la casaca a manera de escapulario”.

“¡Gran Dios! Echad una mirada de misericordia sobre las Provincias Unidas. Sí amigo mío, toda la protección del Ser Supremo se necesita para que ellas no se arrepientan de tal elección. Él lo dirá”. A Tomás Guido, Bruselas, 6 de enero de 1827.

A Dominga Buchardo de Balcarce, su futura consuegra: París, 15.de diciembre de1831. “Dios ha escuchado mis votos, no solo encontrando reunidas estas cualidades en su virtuoso hijo, don Mariano, sino también coincidir el serlo de un amigo y compañero de armas”.
A Tomás Guido el 15 de abril de 1843: “Quiera Dios oír mis votos, en su favor, ellos serán siempre porque terminen nuestras disensiones y renazcan los días de Paz y unión de que tanto necesita nuestra patria para su felicidad”.

“En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo”: testamento del 23 de enero de 1844.
Su muerte
San Martín falleció con un crucifijo en el pecho, no recibió los últimos sacramentos por su muerte repentina. Su responso se rezó en la iglesia de San Nicolás y sus restos embalsamados fueron depositados por 11 años en la cripta subterránea de la catedral de Boulogne, no en algún templo o cementerio masónico. Desde 1880 descansa en la catedral de Buenos Aires.

El mausoleo en la catedral
En el largo viaje de 30 años que demoró la repatriación de los restos de San Martín por diversos motivos políticos y personales que afectaron a la familia, recién en 1876 y a propuesta de José Prudencio Guerrico se presentó al arzobispo León Federico Aneiros una solicitud.

 “La Comisión encargada por la municipalidad de la traslación de los restos del General D. José de San Martín, solicita de S.S. Ilustrísima y del Honorable Cabildo Metropolitano, la antigua Capilla Baptisterio de nuestra Catedral, para dar en ella digno lugar de descanso…”. Justificaba su pedido con antecedentes de grandes hombres sepultados en catedrales europeas.

Mucho se ha hablado y escrito sobre las condiciones impuestas por la Iglesia para aceptarlo. Sin embargo, los primitivos documentos consultados junto al colega Martín F. Blanco no dan señales de disconformidad alguna, resolviendo el acuerdo en sólo 15 minutos como consta en el acta.

 “En 17 de Abril de 1876, reunidos en su Sala de Acuerdos, en Cabildo extraordinario, los cuatro señores dignidades y los cuatro señores canónigos, al margen inscriptos, bajo la presidencia del primero, el Secretario hizo lectura de una Nota del Ilustríisimo y Reverendísimo Señor Arzobispo acompañando las de la Comisión de la Municipalidad encargada de la traslación de los restos del General Argentino Don José de San Martín.

Allí se pedía al Honorable Cabildo la Capilla de esta Iglesia que anteriormente sirvió de bautisterio y que estaba vacía, para en el frente oeste de ella levantar un altar a Santa Rosa de Lima y en el frente Sud un sarcófago que contuviera las cenizas de ilustre guerrero de la Independencia; y acabada su lectura, el Cabildo acordó unánimemente cuanto se pedía en la precitada Nota, dando cuenta en otra al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de este en Acuerdo, con lo que se levantó el Acuerdo a las diez y un cuarto de la mañana habiendo empezado a las diez”.

El mismo día el Dean Dr. Ángel Brid, informaba al Arzobispo: “Que reunido el cabildo que presido en acuerdo extraordinario, se ha expresado unánimemente conforme con el proyecto de dicha comisión, mirando como una de las preeminencias y de las glorias de la iglesia metropolitana ser la depositaría de los restos de tan ilustre varón”.

Una vez más, la luz de los documentos recorta las alas de la fantasía. Como se ve, aceptación plena y sin condiciones, como también lo fue con la permuta de la Capilla Baptisterio por la de Nuestra Señora de la Paz solicitada por la municipalidad en 1877.

Por Roberto Colimodio, miembro de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia Sanmartiniana.

SIN EXCUSAS



Ariel Torres

La Nación, 28 de mayo de 2019 

Permítanme confiarles que la Semana de Mayo me duele. Me imagino la pasión de esos hombres y esas mujeres. Los ideales en carne viva. No los ideales de cotillón, los que quedan bien en el discurso y nada más. Me imagino a esa gente dando a luz una nación. Repito: dando a luz una nación. Nada menos.
Donaron su patrimonio. Donaron su trabajo. Donaron sus vidas. Murieron jóvenes en batalla o murieron ancianos y sin otra fortuna que la de ver la celeste y blanca flamear sobre la nación que habían parido.
Qué quiere que le diga. Me duele en el alma. Porque todos los días deshonramos su memoria. Sí, está bien, no todos, y tengo para mí que la mayoría de los argentinos cursa una vida honesta, y con eso solo refunda cada mañana, con su esfuerzo y su integridad, esta Argentina que 209 años atrás respiraba libre por primera vez.
Pero todos los días escucho excusas surrealistas para justificar la corrupción y el saqueo, y todo eso me destroza. Me dicen a menudo que necesitamos de nuevo un Belgrano, un Moreno, un San Martín. No es así. No necesitamos que venga un salvador o un prócer. Ahora los próceres debemos ser nosotros. Sin excusas. O no seremos nada.

FRANCISCO DE SIERRA



dejó su "marca" en Santa Fe la vieja
Emiliano Tagle
La Nación, Campo, 18 de mayo de 2019 
Don Francisco de Sierra llegó en 1556, con la expedición de Martín de Orué, al Paraguay. Formó parte de la excursión de Nufrio Chaves hasta la provincia de Chiquitos; allí, según relata Ruy Díaz de Guzmán, los naturales no los trataban bien ya que procuraban: "por todos modos echarnos de su tierra, han inficionado las aguas sembrado por todas partes púas y estacas emponzoñadas de yerba mortal con que nuestra gente ha sido herida y muerta". Por diferencias con Chaves, Sierra regresó a Asunción en junio de 1559.

En abril de 1573 con la finalidad de fundar un pueblo de unas 80 personas, el gobernador interino Suárez de Toledo le encomendó la tarea a Juan de Garay. La expedición se organizó una parte en embarcaciones por el Paraná y otra por vía terrestre por la margen izquierda del río con caballos y ganado, a cargo de Francisco de Sierra.

Participó como testigo en el Acta de la Fundación de Santa Fe el domingo 15 de noviembre de 1573: "?Testigos que a todo lo susodicho fueron presentes Francisco de Sierra, Maestre de Campo de esta conquista, y Antonio Thomas y Hernán Sánchez". En febrero de 1576, Garay, al partir al Perú, lo nombró Teniente Gobernador de Santa Fe.
En octubre de 1576 el Cabildo manifiesta que: "era cosa conveniente y necesaria señalar caballo para padre por cuanto es tierra nueva y es costumbre muy buena..." para ello se seleccionó como padrillo, el del Capitán Francisco de Sierra, que serviría yeguas hasta el día de todos los santos del año siguiente. El padrillo fue entregado al Regidor Leyva quién cobraría una fanega de trigo (43,25 Kg) por cada yegua servida.

En los registros del Cabildo de Santa Fe, el 14/11/1576, Francisco de Sierra presentó para herrar su ganado el primer hierro de Santa Fe. Según Zapata Gollan la construcción de un hierro para marcar costaba el equivalente a ocho potrillos o terneros.

Un año después el gobernador Ortiz de Zárate Mendieta envió a Sierra y algunos arcabuceros traídos de Asunción, a que castigaran a los indios que merodeaban la población. Los arcabuceros aprovecharon la situación para regresar a Asunción, y Ortiz de Zárate acusó a Sierra de ayudarlos a huir. Sierra era muy respetado y apreciado por la comunidad; Del Barco Centenera en La Argentina manifiesta en su canto XIX: "A que este Sierra era muy honrado / y de los naturales muy querido, / hombre de presunción y muy soldado, / por donde era de todos muy temido". El gobernador al querer castigar a Sierra, entre otros tantos abusos, logró que pobladores se levantaran en armas y embarcaran a Ortiz de Zarate rumbo a España.

Por estos hechos Sierra presentó su renuncia, pero el Procurador teniendo en cuenta que los vecinos le tenían respeto, amor y voluntad pidió que continuara en el cargo, Sierra no quería por su avanzada edad y porque deseaba volver a Asunción donde se encontraban su mujer, María Prieto, y sus hijos. Fue inducido por el Cabildo a permanecer en el cargo. Luego fue arrestado y enviado a Asunción; donde finalmente pudo reunirse con su familia. El 24/1/1590 se designó a Pedro de Alcaraz, guardacaballos, y se resolvió trasladar el cabildo y la cárcel anexa, que estaban contiguos a la iglesia mayor, a un solar de Francisco de Sierra, quien falleció a manos de los indios Nuarás por el año 1600.

PUTÍN REGALA UNA CARTA DE SAN MARTÍN




Cristina Kirchner reveló en su libro que la carta de San Martín fue un regalo de Putín
Infobae, 25 de abril de 2019
En el primer capítulo de su libro, una suerte de prólogo titulado con la misma palabra que el nombre de la publicación –Sinceramente-, Cristina Kirchner hizo referencia a la historia de la carta original que José de San Martín le escribió a Bernardo O'Higgins.

Por ese histórico documento encontrado por la Policía en los allanamientos en los domicilios de Santa Cruz, el juez Claudio Bonadio procesó a la ex presidente en marzo de este año. El magistrado cuestionó que la pieza, hallada en la casa de El Calafate, podía haber sido conseguida de manera ilegal. Por eso, Cristina Kirchner se refirió en la página 14 a contar la historia sobre cómo accedió a la carta. El trasfondo incluyó nada menos que al presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putín.

"Lo de la carta de San Martín es una historia maravillosa: cuando visité Moscú, en marzo de 2015, luego del almuerzo de trabajo que nos ofreció el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, al retirarnos del mismo, hizo detener el paso de nuestra comitiva y pidió a uno de sus colaboradores, que tenía una caja en sus manos, que se acercara. Y allí, ante mi sorpresa y traductor mediante, me dijo: "Esto es para usted, presidenta". Cuando abrí la caja y pude ver la carta original de San Martín a O'Higgins, casi me muero. Lo miré y le pregunté: '¿Y esto? ¿De dónde lo sacaron?'. 
La respuesta no se hizo esperar y me sorprendió aún más: 'La mandamos a comprar para usted en Nueva York'. Confieso que si me quería impresionar, lo había logrado y con creces… ¡Una carta original del libertador San Martín al libertador O'Higgins! ¡En la que, además, San Martín se lamenta por la ingratitud que recibieron ambos por los pueblos que liberaron! ¡Mamita! Putin, chapeau".


.....................................................................

Descontando la veracidad de lo declarado por la ex Presidente, la anécdota revelaría una grave negligencia de la Embajada argentina en Estados Unidos, que no supo -como el presidente de Rusia- que en ese país se encontraba a la venta dicho documento del Padre de la Patria.