ROSAS Y LAS MALVINAS

 


El primer empréstito, Rosas y las Malvinas

                      Por Norberto Jorge Chiviló (*)

 

Hace seis años atrás, el 7 de mayo de 2006, salió publicado en el matutino "La Prensa" un artículo del Dr. Omar López Mato, titulado "Tras un manto de neblinas", en el cual decía “…Rosas intentó cambiar las islas por los bonos del empréstito Baring, pero Manuel Moreno, el hermano de Mariano y representante argentino ante la corona británica, se hizo el desentendido y dio largas al asunto que nuestros nacionalistas han olvidado reiteradamente”.

 

Como desconocía en ese momento la dirección particular del Dr. López Mato y su correo electrónico, le remití una carta en contestación al domicilio del matutino, con el pedido que le fuera entregada. Nunca recibí respuesta, pero conociendo ahora al Dr. López Mato, estimo que dicha carta no le fue dada, pues de lo contrario me hubiera contestado.

 

En la respuesta que él me remitió últimamente y publiqué en la edición N° 21 de este periódico (pág. 6), con el título "Otra Vuelta de Obligado", refiriéndose a Rosas, dice: "¿Nada hizo, ni un amague, para reafirmar nuestra soberanía sobre las Malvinas o en los canales fueguinos? Y ya que hablamos de las Malvinas, ¿por qué no tocamos el tema de la oferta de Rosas de cambiar las islas por la deuda del Baring Brother, o la propuesta realizada en 1848, de ceder a la misma Casa Baring la explotación exclusiva de todo el litoral atlántico? ¡¡¡Ofreció territorio nacional por plata que la nación no había recibido!!!"

 

Recojo el guante y voy a tocar el tema propuesto por López Mato, de Rosas y las Malvinas. En otra edición se analizará el tema de los canales fueguinos y la forma en que nuestro vecino, Chile, se adueñó de los mismos y a instancias de quién lo hizo.

 

Como el lector apreciará, no soslayamos el análisis ni la discusión sobre ningún tema, ni ocultamos nada, porque no hay nada que ocultar, sino todo lo contrario, solo nos guía e interesa la verdad histórica.

 

Pero para abordar el tema de Rosas y las Malvinas, como en todos los temas, es necesario conocer sus antecedentes -como siempre tratamos de hacerlo en este periódico-, y ubicarnos en el tiempo y lugar histórico, porque así es, como, a mi entender, debe analizarse la historia, ya que hacer afirmaciones al voleo no ayudan a esclarecer los temas, sino ocurre lo contrario, se confunde a la gente que carece de la información suficiente.

     

El empréstito de la Baring Brothers & Co.

Durante el gobierno de Martín Rodríguez al frente de la provincia de Buenos Aires y a instancias de su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia se autorizó por ley del 28 de noviembre de 1822 la contratación de un empréstito con la finalidad de construir un puerto en Buenos Aires, dotar de agua corriente a la ciudad y fundar tres pueblos en la frontera.

 

Su contratación se efectivizó el 1° de julio de 1824 con la banca inglesa Baring Brothers & Co., por 1.000.000 de Libras esterlinas ( £ ), a un interés del 6% anual.

 

De las £ 1.000.000, por las cuales Buenos Aires quedó endeudada, solo se "recibió" la cantidad de £ 560.000, ya que al monto originario se le descontaron “comisiones” (hoy diríamos: coimas y mordidas) e intereses cobrados por adelantado, etc. Ese empréstito fue un verdadero fraude, como bien lo saben hacer los ingleses, contando siempre con miserables auxiliares nativos, en nuestro caso el Señor Rivadavia y quienes lo secundaban.

 

El pago de la deuda estaba garantizada con la totalidad de las tierras públicas de la provincia.

 

Estos préstamos que se hicieron por Inglaterra, por intermedio de distintas bancas, a las jóvenes repúblicas americanas recientemente independizadas de España, ya que Buenos Aires no fue la única (las otras fueron: Méjico, Perú, Chile, Colombia, Centro América), tuvieron por finalidad convertir a Inglaterra en acreedora y así lograr la dominación económica de estos nuevos países y su sometimiento al imperio inglés.

 

En realidad el préstamo no hubiera sido necesario, pues las cuentas fiscales de la Provincia daban superávit y con haber subido un poco los derechos de importación y prohibida la salida de metálico, los fondos se hubieran conseguido.

 

En el libro  "Congrés de Verone", publicado en 1838, su autor el vizconde Chateaubriand -Ministro del monarca francés Luis XVIII- dirá: "De 1822 a 1826, diez empréstitos han sido hechos en Inglaterra en nombre de las colonias españolas. Montaban estos empréstitos a la suma de 20.978.000 libras. Estos empréstitos habían sido contratados al 75%. Después se descontó dos años de intereses al 6%. En seguida se retuvo 7.000.000 de libras de gastos varios inespecificados. Al fin de cuentas Inglaterra ha desembolsado una suma real de 7.000.000 de libras, pero las repúblicas españolas han quedado hipotecadas en una deuda de 20.978.000 libras."

 

Pero eso no es todo, ese importe no vino en metálico, sino en una ínfima cantidad, con lo cual se podría haber empleado en su inversión en lo que el gobierno quisiera, sino que lo fue a través de documentos a descontarse por los comerciantes ingleses de Buenos Aires. Roberto de Lafèrrere, dice acerca de la suma recibida: “…fue una suma irrisoria, como que la operación real consistió principalmente en emitir documentos de crédito sobre los comerciantes ingleses de la plaza: ingleses de nacionalidad, pero con capitales formados o acrecidos en el país. Los ingleses, pues, nos prestaron lo nuestro y después nos lo cobraron con intereses como si fuera de ellos”. Vemos así, que en realidad los argentinos nos prestamos a sí mismos y como el lector apreciará, hicimos un “gran negocio”.

 

Como ya manifesté, en garantía de dicho “préstamo”, se hipotecó todo el territorio de la Provincia, pero incomprensiblemente, después y durante la "presidencia" de Rivadavia, la garantía se extendió a todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Así el Dr. Salvador María del Carril que era su ministro de Hacienda por nota del 27 de abril de 1826, dice: “Comunico a los señores Baring Brothers y Cía. que tomaba medidas para asegurar el servicio, haciéndoles notar que el empréstito estaba ahora garantido por todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata.”

 

Al margen, diremos que con el dinero obtenido no se construyó el puerto, ni se instaló sistema alguno de aguas corrientes, ni se fundó ningún pueblo, y prácticamente nada se hizo, ni siquiera fue destinado a proveer de armamento ni al sostenimiento de las tropas argentinas en guerra contra el Imperio del Brasil.

 

Anualmente, debían abonarse los servicios de esa deuda. Cuando Dorrego fue Gobernador, para hacer frente a esos pagos, debieron venderse las fragatas “Asia” y “Congreso”, que se estaban alistando en Inglaterra, para intervenir en la guerra que en esos momentos nuestro país sostenía contra el Brasil.

 

Raúl Scalabrini Ortiz, afirma: "Los servicios de este empréstito se cumplieron hasta el 1° de julio de 1827 y permanecieron suspendidos hasta 1857, con excepción de varias mensualidades pagadas por Rosas en los años 1846, 1850 y 1851 y que en total sumaron según las cuentas de Woodbine Parish £ 43.965."

 

La agresión norteamericana en la isla Soledad

Durante el primer gobierno de Rosas, el 31 de diciembre de 1831 se produjo un atentado a la soberanía que nuestro país ejercía en las islas Malvinas, por la fragata de guerra estadounidense "Lexington" al mando del Cap. Silas Duncan. La agresión, que consistió en un ataque armado y el saqueo contra el asentamiento argentino de la isla Soledad, fue en represalia por el apresamiento de tres goletas estadounidenses que se encontraban cazando focas sin haber abonado los derechos de pesca a las autoridades argentinas. Ese artero ataque originó la protesta de nuestro gobierno a la potencia del norte. El reclamo argentino fue rechazado y el cónsul estadounidense fue expulsado de Buenos Aires, interrumpiéndose así las relaciones diplomáticas entre estos países.

El representante del país del norte aconsejó a sus autoridades declararan la guerra al nuestro, cosa que no ocurrió.

 

La usurpación de las Malvinas

 

Finalizado el mandato de Rosas como Gobernador de la Provincia, el 17 de diciembre de 1832, fue sucedido en el cargo por el Brigadier General Juan Ramón González Balcarce.

 

A los pocos días, esto es el 3 de enero de 1833, se produjo el atropello inglés en nuestras islas Malvinas, cuando fuerzas inglesa que arribaron con la corbeta "HMS Clio" -al mando del capitán John James Onslow-, poderosamente armada con 18 cañones, desalojaron a la pequeña guarnición argentina que allí se encontraba y se establecieron en el lugar, usurpando así el territorio nacional. Se imponía el "derecho" del fuerte y poderoso.

 

Ninguna responsabilidad podemos atribuir al Gobierno de Balcarce por este hecho, sino a la política imperialista inglesa, quien utilizará a partir de allí esas islas como punto de recalada y abastecimiento de sus naves que surcaban todos los mares del mundo y sobre todo teniendo en cuenta que las islas se encontraban en un lugar estratégico del Atlántico Sur, cercanas al Estrecho de Magallanes y al Cabo de Hornos, lugar de paso hacia el Océano Pacífico.

El gobierno de Balcarce protestó inmediatamente por tal usurpación al encargado de negocios británico en Buenos Aires, efectuando también los reclamos pertinentes por intermedio del Ministro argentino acreditado ante la Corona británica, Dr. Manuel Moreno.

 

Es necesario aclarar que ocho años antes, esto es en 1825, se había firmado un tratado de amistad y comercio entre nuestro país y la nación inglesa y sin que nada lo justificara, se produjo después el atropello británico que estamos comentando, a la joven república americana, ocupando sin derecho parte de su territorio insular.

 

A fines de 1836 exige al gobierno inglés una respuesta al reclamo que había hecho Moreno dos años y medio antes y a fines de diciembre de 1841 el gobierno argentino vuelve a reclamar al inglés.

 

Durante todo su gobierno, Rosas en sus mensajes anuales a la Legislatura hacía referencia a la cuestión Malvinas, manifestando la confianza en recuperar aquél territorio y ratificando también los derechos que nuestro país tenía sobre las islas, derechos que decía, nunca serían abandonados.

 

También en alguno de dichos mensajes como por ejemplo el que corresponde al 27 de diciembre de 1837, hizo referencia al empréstito: "... pesa sobre el gobierno la dificultad de sus compromisos con el empréstito de Inglaterra. Las reclamaciones de aquellos acreedores no pueden dejar de ser atendidas, si presentadas con dignidad vienen niveladas por los principios de una justicia distribu­tiva. El gobierno desea con vehemencia arribar a una transacción, que en sí misma presente la posibilidad de su exacto cumplimiento. Para conseguirlo no omitirá ninguno de los medios que sugieran su razón y la prudencia".

La situación internacional

 

En el mundo de aquél entonces, Inglaterra era la primera potencia, ya que con su marina dominaba todos los mares -y por ende las rutas marítimas- y quien dominaba los mares dominaba el comercio y así también se lo impedía a las potencias contrarias. Fue también la primera potencia industrial y allí la necesidad de obtener materia prima para sus industrias y también la necesidad de colocar sus productos manufacturados. Construyó un gran imperio -especialmente durante el siglo XIX-, con dominios y colonias esparcidas por los cinco continentes. Sus buques necesitaban lugar de amarre y abastecimiento en las largas rutas marítimas que debían surcar.

 

Cualquier pretexto era válido para intervenir en otros países, ya para lograr ganancias territoriales, establecer colonias, o bien obtener beneficios para su comercio. Muchas veces y como ocurrió en nuestro país se valieron de partidos políticos, en nuestro caso los unitarios, quienes los alentaron en sus empresas colonialistas o actuaron como sus auxiliares.

Francia que le iba a la saga, era la segunda potencia de la época. Los franceses, habían visto herido su orgullo nacional con la derrota de Napoleón y la caída del Primer Imperio que el sardo había creado, pero sus gobernantes después de la restauración monárquica, quisieron reverdecer viejos laureles y para ello era necesario promover nuevas conquistas y al igual que los ingleses no escatimaron esfuerzos para lograrlo, para ello intervinieron principalmente en el sudeste asiático -Indochina- , en Argel, Méjico, Sudamérica, etc.

 

Cualquier pretexto era suficiente para que esas potencias justificaran una intervención. Así en el caso de Méjico, el simple robo de unos pasteles a un panadero francés originó la intervención francesa, produciéndose la "guerra de los pasteles". Francia reclamó exorbitantes indemnizaciones a los mejicanos, llegando al bloqueo naval de Veracruz y al bombardeo y ocupación de la fortaleza de San Juan de Ulúa.

 

La situación en Sud América

Ambas potencias -Inglaterra y Francia- también intervinieron en Sud América.

Así los franceses alentaron las ambiciones expansionistas del Mariscal Andrés de Santa Cruz, presidente de la Confederación Perú- Boliviana, quien pretendía la anexión de las provincias norteñas argentinas y también ayudaba a los unitarios en su lucha contra Rosas.

 

En la región del Plata, los franceses también crearon problemas a los dos países ribereños, la Argentina y el Uruguay.

Con diversas excusas que ya hemos mencionado en otras ediciones de este periódico, dispusieron en marzo de 1838, el bloqueo del río de la Plata contra nuestro país y también intervinieron en las cuestiones domésticas uruguayas, promoviendo la caída del presidente constitucional uruguayo Manuel Oribe en octubre del mismo año y su reemplazo por Fructuoso Rivera, subvirtiéndose así el orden constitucional del hermano país, estableciéndose en Montevideo y convirtiendo a dicha ciudad prácticamente en una colonia francesa. Para todo ello contaron con el concurso de los exiliados unitarios en Montevideo.

 

En marzo de 1839, Rivera incentivado por los argentinos exiliados en Montevideo, declaró la guerra a la Confederación Argentina.

 

El conflicto que nuestro país mantuvo con Francia por el bloqueo, duró prácticamente dos años y medio, hasta que se firmó el tratado Arana-Mackau el 21 de octubre de 1840. (ER N° 17, pág. 1y sgtes.)

 

Pero el gobierno de Rosas no solo debió vérselas con los franceses, sino también existía un conflicto interno con el partido unitario, y con Rivera, ayudados ambos por los galos, que le impedían al gobernante porteño poder abocarse en forma tranquila a gobernar el país.

 

Así los franceses alentaron levantamientos internos, como el de los ganaderos del sur de la provincia, mal llamados de "Los libres del Sud", en el año 1839 (ER N° 13, pág. 12), promovieron la invasión del "Ejército Libertador", al mando del Gral. Juan G. Lavalle, entre otros hechos.

 

En Febrero de 1843, Oribe al mando de tropas uruguayas y argentinas, puso sitio a la ciudad de Montevideo, convertida en una verdadera fortaleza, pero los sitiados recibían refuerzos y abastecimientos por el río, por lo que el 1°de abril, Brown al frente de la escuadra de la Confederación, la bloquea también por agua.

 

Decimos que Montevideo se convierte en una fortaleza, ya que desembarcan tropas francesas e inglesas con artillería con el pretexto de defender a sus connacionales, pero que en la realidad todo ello se traduce en una toma de posición a favor de uno de los bandos en pugna, interviniendo así de lleno en las luchas civiles.

 

El comodoro inglés John Brett Purvis, jefe de la escuadra inglesa con asiento en Sudamérica,  tampoco guarda la neutralidad debida y toma partido por Rivera y los unitarios argentinos. Considera a Brown como súbdito británico y con la fuerza se opone a las acciones que Brown había emprendido contra los riberistas y al bloqueo, desconociendo el derecho de nuestro país al mismo, como lo establecía el derecho de gentes de la época. La oposición de Purvis era por "no reconocer el gobierno de S. M. B. (Su Majestad Británica) a los nuevos pueblos de Sudamérica como potencias marítimas autorizadas para el ejercicio de tan alto e importante derecho como el bloqueo".

 

A fin de evitar confrontaciones que pudiera derivar en una guerra con las potencias extranjeras, Rosas ordenó el retiro de la escuadra naval.

 

Esa era en apretada síntesis, la situación histórica delicada en que se encontraba la Confederación Argentina, en aquellos momentos.

 

El reclamo de los bonistas ingleses

 

Durante su gobierno al frente de la Confederación, Rosas se vio impedido de abonar los servicios de la deuda del empréstito Baring, porque debió ocuparse, entre otras cuestiones, de mantener numerosos ejércitos para enfrentar todas las agresiones externas e internas hacia la Confederación, como así también a los bloqueos a los que fue sometida.

 

Los bonistas -bonholders- presionaban al gobierno inglés para que reclamaran al argentino y obtuviera el cobro compulsivo de la deuda, la que se encontraba garantizada con todo el territorio de la ese entonces Confederación Argentina, como dijimos más arriba por la irresponsabilidad de Rivadavia.

 

En el año 1838, se produce el bloqueo francés. En ese año, el Ministro Arana en nota confidencial que había mandado a Manuel Moreno, le pidió que cuando hiciere el reclamo ante la Corona británica "respecto a la ocupación de las islas Malvinas y entonces explorará con sagacidad sin que se le pueda trascender ser idea de este gobierno si habría disposición en el de S.M.B. a hacer lugar a una transacción pecuniaria, que sería para cancelar la deuda pendiente del Empréstito Argentino.”

 

"Entraba bien -dice Domingo Sierra- en la forma de ser de Rosas un ofrecimiento que no lo comprometiera, pero que podría comprometer al gobierno británico, si forzado por los tenedores de títulos del empréstito, aceptaba la propuesta, para lo cual tenía que admitir la soberanía argentina sobre las Malvinas".

 

El gobierno, trata de ganarse el apoyo de los "bonoleros" como Rosas llama a los bonholders, esto es los tenedores de bonos del empréstito, manifestando la imposibilidad de cumplir con el pago de las rentas del empréstito debido a los menores ingresos de aduana, como consecuencia del bloqueo.

 

En Inglaterra se formó un Comité de tenedores de títulos de Buenos Aires, denominado Committee of Buenos Ayres bonholders, quienes presionaron al gobierno a fin de que exigiera al gobierno francés del cese del bloqueo, que indirectamente los perjudicaba. Lord Palmerston, Ministro inglés, exigió así en 1840 el cese del bloqueo francés, lo que finalmente ocurrió.

 

Pero terminado el bloqueo y como los pagos aún no se reiniciaban, el comité de bonistas y la Casa Baring nombraron de común acuerdo a Frank Palicieu Falconet (o Falconnet), para que se traslade a Buenos Aires y reclame al gobierno argentino  y ejecute las garantías, para lograr el cobro de lo que se les adeudaba. Es la época en que los acreedores de los países imperialistas pretenden cobrar las deuda al amparo de los cañones de sus barcos y en el Río de la Plata, justamente había una presión naval inglesa muy fuerte.

 

Así en el año 1842 llega a Buenos Aires, para cumplir su misión el representante designado, Sr. Falconet.

 

El "ofrecimiento" de Rosas

 

En el año 1880, el gobierno norteamericano, por intermedio de su representante diplomático acreditado en Buenos Aires, solicitó al gobierno argentino le hiciera conocer una amplia información sobre la historia financiera, económica y monetaria de nuestro país.

 

Ese trabajo fue encomendado al Dr. Pedro Agote, quien presentó un año más tarde el documento oficial "Informe sobre la deuda pública", en el que por primera vez se hizo público el hecho de que Rosas intentara cancelar el empréstito, con sus servicios adeudados que en esos momentos ascendía a la astronómica suma de 1.900.000 libras, dando en pago las islas Malvinas.

 

Alfredo Ortiz de Rozas, dice: "Los pagos se habían suspendido por quince años. La deuda ascendía a 1.900.000 libras o sea 9.500.000 pesos fuertes, que, al cambio de la época equivalía a una suma mayor de 200.000.000 de pesos moneda corriente;  es decir, que la deuda sobrepasaba el monto total del presupuesto de gobierno en casi cinco veces, pues, en 1842 era de 43.000.000 de pesos moneda corriente".

 

En su informe, dice Agote: “Quiero hacer constar en este documento destinado a un gobierno extranjero, que los gobiernos de Buenos Aires y de la Nación no han perdido nunca de vista esta obligación, y que en medio de las guerras civiles y nacionales, que los han afligido en largos períodos de su existencia agitada, jamás han olvidado este compromiso de honor que, reconocido alternativamente por uno u otro, han cumplido como les ha sido posible, ofreciendo testimonios de honradez y desprendimiento de que no hay ejemplo en la historia de pueblo alguno que les aventaje” y continúa: “La relación histórica del empréstito inglés de 1824 es una prueba espléndida de esta verdad; y al consignarla en las páginas que siguen, cumplo un deber patriótico, al mismo tiempo que ofrezco un ejemplo de honradez republicana, que debe servir de regla para medir en todo tiempo y circunstancia, los compromisos nacionales.”

 

Dice el Dr. Agote que el gobierno de Rosas había encomendado a su ministro Manuel Insiarte hacer el ofrecimiento a Falconet. y dice: “En desempeño de su encargo el ministro Insiarte manifestó a aquel señor (Falconet) en nota de 17 de febrero de 1843, las dificultades con que había tropezado el gobierno para hacer este servicio, y le anunció, en testimonio del deseo que le asistía de hacer un arreglo con los acreedores, haber autorizado al Ministro Argentino en Londres para hacer al gobierno de su Majestad Británica la proposición de ceder las islas Malvinas en pago de la deuda” y agrega Agote y resaltamos nosotros: “Esta nota abunda en consideraciones acerca de los derechos de la República a aquellas islas, y la confianza que tiene de que ellos sean reconocidos por el gobierno británico.”

 

Note el lector que la nota mencionada hace referencia "acerca de los derechos de la República a aquellas islas" o para decirlo en otras palabras, a los derechos de soberanía que nuestro país tenía sobre las islas y agrega "y la confianza que tiene de que ellos sean reconocidos por el gobierno británico.”

 

Por un lado el gobierno argentino ofrecía una posibilidad al pago de la deuda con la cesión de las islas Malvinas, ...pero por el otro el gobierno británico debía reconocer los derechos argentinos sobre ellas. Nadie da en pago algo que no es propio.

 

Por el lado contrario -el inglés- si aceptaba el ofrecimiento argentino, estaba reconociendo que las islas eran argentinas, lo que era imposible para los ingleses, pues nadie recibe en pago algo que le es propio.

 

Entonces, ¿fue una jugada magistral de Rosas?

En ningún momento existió acto alguno de Rosas que significara renuncia alguna a la soberanía argentina sobre las islas, sino todo lo contrario y prueba de ello es que el gobierno británico en el litigio que tiene con el nuestro sobre la soberanía de las islas nunca invocó este hecho como demostrativo de una renuncia a la soberanía de nuestro país.

 

Cabe señalar que las notas cursadas por el gobierno argentino a su representante ante la Corte inglesa, Dr. Manuel Moreno, se le solicita: "Que en conformidad a sus instrucciones demande del Gobierno de S.M.B. una indemnización por el derecho de las Islas Malvinas, y que entre en ésta el empréstito y sus rentas vencidas y por vencer…" O sea reclame por las indemnizaciones que les eran debidas a nuestro país por la usurpación de las mismas y con ello se abone la deuda.

 

Moreno contesta que ha hallado tantas dificultades “que en verdad nos hace pensar que aunque la idea de esta transacción es absolutamente justa y razonable en su fondo, no hay al presente ninguna probabilidad de hacerla practicable. Mientras este Gobierno (el inglés) niegue la Soberanía de las islas a la República, como lo ha hecho hasta ahora, no hay medio de inducirlo a indemnizaciones por la cesión de aquel Dominio.”

 

Según Agote, Falconet no acepta el ofrecimiento argentino “por no ofrecer la cuestión pendiente de las islas Malvinas un resultado pronto y favorable, habiendo el Ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Lord Aberdeen, rechazado todo reclamo a este respecto.”

 

Insiarte insiste en el ofrecimiento reiterando la legitimidad de los derechos de nuestro país a las islas "cuya cesión a los prestamistas ingleses era el medio más pronto y eficaz para cubrir esta deuda”.

 

Debemos destacar que ofrecimiento oficial al gobierno británico nunca existió y parece que tampoco hubo una exploración o insinuación "sagaz".

 

En 1844, Rosas sabía que se acercaba una intervención franco inglesa y se ofreció a Falconet el pago de $ 5.000 mensuales, a fin de que los bonoleros cobraran parte de la deuda. La cifra era exigua, pero mejor cobrar algo, antes que nada. Los tenedores de bonos cobraron la remesa, los bonoleros y la casa Baring Brothers mandaron al Gobierno de Buenos Aires una nota de reconocimiento.

 

A raíz del nuevo bloqueo anglofrancés de 1845, el 2 de octubre, Rosas remitió un oficio a la legislatura. dando cuenta de la determinación adoptada. "... que el injustificable bloqueo... con infracción al derecho de gentes... ha venido a reducir en su mayor parte los ingresos del Tesoro Público, privando así al gobierno de los recursos que tenía destinados para la mensualidad asignada en cuenta del empréstito... El gobierno ha considerado indispensablemente necesario suspender desde el 1° del corriente la entrega mensual..." La Legislatura aprobó la suspensión "hasta que concluída dignamente la defensa de la independencia de la Confederación Argentina y desembarazado el estado de los compromisos que va a crear el injusto bloqueo... pueda continuar aquel pago en la forma acordada..." Como es fácil de imaginar, ello causó un revuelo en Londres e hizo que parte de la población y de los medios periodísticos se opusieran a la intervención armada y presionaran a un pronto arreglo con el gobierno argentino, lo que finalmente sucedió.

 

Algunos autores (Pacho O'Donnell, Sierra, Rosa, etc.) que tratan el tema, afirman que Rosas, con astucia utilizó la cuestión en beneficio de nuestros intereses. Por un lado, alegando la real y verdadera disminución de las rentas de la Aduana, como consecuencia de los bloqueos a los que fue sometida la Confederación Argentina y a las guerras que debió sostener, manifestando la imposibilidad de abonar la deuda, presionando así a los bonistas ingleses para que a su vez estos lo hicieran sobre el gobierno británico para solucionar cuanto antes otras cuestiones con el gobierno argentino –como así sucedió años después–, cuando después de Obligado presionaron a su gobierno, para firmar la paz con la Argentina.  Rosas así trató de alargar el asunto y sacó partido de la situación.

 

La herida en el sentimiento argentino

 

En el año 1939, Roberto de Lafèrrere, escribió: "Los que, en nombre del espíritu nacional –la inmensa mayoría de los argentinos– reclamamos la reivindicación de nuestros derechos a las Malvinas, no nos hemos detenido nunca a considerar las ventajas positivas que nos aportaría su reintegración al país. Esas tierras tienen para nosotros un valor ante todo sentimental, es decir principalmente vinculado al sentimiento de la dignidad argentina, ofendida por los piratas ingleses con un acto inicuo de despojo por la fuerza. Es en el despojo donde reside el agravio, y es el agravio lo que subleva el sentimiento nacional y lo ha movido, tantas veces, a exigir una reparación, desgraciadamente imposible, por ahora".

 

"Así pues, los argentinos hemos hecho de las Malvinas una cuestión, no de conveniencia, sino de honor. No hicimos la misma cuestión, aunque también se lastimasen nuestros sentimientos, cuando al adoptar la política del arbitraje admitieron nuestros gobiernos ceder otros territorios, en virtud de laudos adversos, a los vecinos que los habían puesto en litigio. Hemos sido dañados, sin duda, por esa política de debilidad y de transacción, pero no ofendidos. Es una política desventurada, no deshonrosa, que acatamos por voluntad propia, no por imposición extraña".

 

"Si la Gran Bretaña desagraviase a la dignidad nacional, y, reconociendo los derechos argentinos a las Malvinas y la sinrazón de su atropello, buscara deshacer el entuerto, podríamos honorablemente aceptar negociaciones para llegar a un acuerdo de voluntades. Tal vez hoy, convertidas las Malvinas, por una tradición de 100 años, en el símbolo de la nacionalidad humillada por el extranjero, ningún acuerdo posible sería aceptable. Pero si la cesión de las Malvinas a Inglaterra significase mañana la liberación del país de la tenaza inglesa, que ha subordinado nuestros gobiernos a sus capitales por medio de la política conquistadora de los empréstitos en Londres, no creo que ningún argentino, ya lavada la ofensa, mantuviese una postura sentimental que nadie, por otra parte, adoptó hace un año cuando fue entregada Yacuiba a los yanquis de Bolivia".

 

 Otro ofrecimiento

 

Efectivamente, en los años 1848 y 1849 en sus anuales mensajes a la Legislatura, Rosas hace mención al ofrecimiento que se hizo a los accionistas de la Baring Brothers "a comprar de este Gobierno, por quince años, con privilegio exclusivo, el derecho de disponer del huano y exportarlo de todas las islas y costas patagónicas; también el salitre, otras sales, barrilla, yeso, metales y la pesca de anfibios; debiendo entregarse la cantidad que abonen al Gobierno, en cuenta de pago del empréstito de Inglaterra y siendo obligación de los empresarios hacer respetar a nombre del Gobierno de la Confederación, el usufructo que por el término que se estipule, les conceda".

 

En el mensaje del año 1848, daba cuenta de "los ataques contra la soberanía de la Confederación que prosiguen cometiendo en las costas patagónicas, en las Islas del Huano y en las otras de ese litoral, buques mercantes con bandera de naciones amigas, especialmente con la de la Gran Bretaña, como el de haberse establecido una población inglesa en el Estrecho de Magallanes".

 

Evidentemente el ofrecimiento que se hace a los accionistas, además de tratar de solucionar el pago del empréstito, tiene por finalidad el ejercicio y reconocimiento de la soberanía argentina sobre el litoral atlántico.

 

En el mensaje del año siguiente hace extensivo la propuesta a la extracción del "carbón mineral y otras clases de combustibles", delimitando también la zona de la costa atlántica que sería desde Bahía Blanca hasta el Estrecho de Magallanes.

 

No vemos que ello hubiere sido lesivo a la soberanía nacional, sino todo lo contrario.   

 

La reafirmación de los derechos argentinos durante el gobierno de Rosas.

 

No solo López Mato, achaca a Rosas que nada hizo para reafirmar los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, ya que también lo hacen otros escritores antirrosistas, lo cual, no es cierto y ello es demostrativo que por el afán de atacar a Rosas, se desconocen y ocultan hechos históricos incontrastables.

 

Está demás afirmar que en aquellos momentos nuestro país no estaba en condiciones de recuperar aquellos territorios por la fuerza, sobre todo por ser Gran Bretaña la principal potencia marítima, sino también porque nuestro país estuvo constantemente acosado por bloqueos, invasiones, intentos de disgregaciones territoriales y presiones de todo tipo, no solo de potencias extracontinentales -Francia e Inglaterra- sino también por los gobiernos de países limítrofes, apoyadas por aquellas y que contaban con el concurso entusiasta del otro partido político que dividía a los argentinos, el partido unitario.

 

Es interesante saber que se les enseñaba a los estudiantes sobre este tema. El diplomático francés Alfred de Brossard, que fue secretario del Conde Waleska, enviado en misión diplomática por Francia ante la Confederación Argentina en 1847, que residió en Buenos Aires, escribió un libro titulado “Considérations historique et politiques sur les Republiques de la Plata dans leurs rapports avec la France et l’Anglaterre” (Consideraciones históricas y políticas sobre las Repúblicas del Plata en sus relaciones con Francia e Inglaterra), que fue publicado en París en 1850 y aquí en Argentina, se editó noventa y dos años mas tarde (1942) con el título “Rosas visto por un diplomático francés”, en el cual, Brossard, refiriéndose a la instrucción y a los exámenes que debían rendir los alumnos durante la época de la Confederación, dice: “Estos exámenes son públicos, tiene lugar anualmente, durante ocho días consecutivos, mañana y tarde, y versan sobre todas las materias de la enseñanza. Son precedidos o seguidos de discursos o, para hablar mas exactamente, de ampliaciones pronunciadas por los profesores sobre diversos temas, pero por lo general en el sentido de la mayor gloria de la joven América y de la política del general Rosas. Así una de las cuestiones mas largamente tratadas en el programa de geografía, es ésta: «Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Argentina sobre el Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas»”. O sea que a los alumnos se les enseñaba sobre los derechos que a la Confederación Argentina les correspondía sobre las Islas Malvinas y la costa patagónica, entre otros territorios. Vemos así la importancia que el gobierno de la Confederación asignaba a estos temas territoriales.

 

Cabe señalar también que durante su gobierno, Rosas mantuvo latente la cuestión Malvinas, a la que periódicamente se refería en sus mensajes anuales a la Legislatura, manteniendo así el reclamo de soberanía ante el atropello inglés por la ocupación de aquellas islas.

 

No solo eso, sino también los reclamos que fueron efectuados. Así, en la protesta del 10 de marzo de 1842, presentada por el gobierno de la Confederación al de Gran Bretaña se expresa en forma terminante: “las Provincias Unidas, no pueden ni podrán jamás, conformarse con la resolución de S.M.B. que califica de injusta y contraria a sus derechos, y en consecuencia el Gobierno de las Provincias Unidas formula esta protesta y le da todo el valor que en el presente y en cualquier otra ocasión puedan tener”. Como se ve, esta nota es de un valor extraordinario y evidencia la preocupación de aquél gobierno argentino por todo lo que significaba afirmar los derechos de soberanía sobre las islas Malvinas.

 

También el gobierno rosista por intermedio de Felipe Arana, dispuso que se realizaran investigaciones en archivos españoles, especialmente el de Simancas, a fin de obtener datos y documentación a los fines de apoyar la tesis argentina sobre la soberanía de Malvinas.

 

La cuestión después de Caseros

 

Dice el historiador Vicente Sierra "Fue Juan Manuel de Rosas el gobernante que con más tesón y durante más tiempo mantuvo la afirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas. Pasaron luego por la primera magistratura del país Urquiza, Derqui, Sarmiento, Mitre, Avellaneda; ninguno de ellos se ocupó del asunto. Solo en 1884, siendo presidente de la República el general Julio A. Roca, al recibir una reclamación del ministro británico en Buenos Aires, Mr. Edmundo Monson, porque en algunos mapas del país figuraban las islas Malvinas como formando parte de la Nación Argentina, pidió antecedentes sobre el asunto, oficialmente olvidado. Para el estudio de la cuestión se recurrió a un legajo "Importante sobre Malvinas", de puño y letra de Rosas, en el que se encontró toda la documentación oficial sobre el debatido problema. Dicho legajo estaba en poder del Dr. Adolfo Saldías, quien lo entregó al general Roca, el cual, dada la gravedad de los hechos volvió a reclamar en defensa de los derechos argentinos ante la corte de Londres, posición que el país ha mantenido desde entonces, con el mismo tesón que se ha procurado que no se enseñe en ninguna escuela ni colegio la actuación de Rosas en el problema..."

 

Aquí se ve la "importancia" que le dieron al tema los primeros gobiernos “constitucionales”, pero nadie cuestiona a aquellos “Presidentes”, por tan desinteresada actitud sobre el tema. O en realidad tales gobernantes eran coherentes con lo que pensaban y hacían, como Sarmiento, para quien el problema de la Argentina era su "extensión" y propugnaban una Argentina "achicada".

 

Nótese la importancia que el gobierno de Rosas había dado al asunto de Malvinas, con la formación de ese legajo con todos los antecedentes que se disponían y que avalaban los derechos argentinos sobre las islas, además de contar el mismo con notas y comentarios manuscritos de Rosas.

 

Domingo F. Sarmiento, cuando se encontraba expatriado en Chile, escribía el 28 de noviembre de 1842 en el diario “El Progreso” en una actitud antipatriótica -y esto sí que es así-: “… La Inglaterra se estaciona en las Malvinas, para ventilar después el derecho que tenga para ello… y seamos francos, no obstante esta invasión de la Europa sobre nosotros nos sea perjudicial y ruinosa, es útil a la humanidad y al comercio…” (¡siempre el comercio!)

 

Conclusión

 

Todo argumento es bueno para tirarle a Rosas achacándole supuesto antipatriotismo, pero del verdadero antipatriotismo de su enemigos... ¡ni una palabra!

 

        El primer empréstito fue cancelado recién en 1904 y se abonó 8,64 veces más de su valor.

 

Cabe aquí transcribir las palabras que Don José de San Martín, le dirigiera al Restaurador: "jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión humillante presidiendo Usted a sus destinos".

 

*Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 23 - Junio 2012 - Pags. 4 a 11.

 

 Fuentes:

 

Fitte, Ernesto J. "Crónica de Rosas", Ed. Fernández Blanco, 1975.

 

Lafèrrere, Roberto de. “El Nacionalismo de Rosas”, Ed. Haz, Bs. As., 1953.

 

Mabragaña, M. "Los Mensajes - Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes - 1810-1910", Tomo I 1810-1839, Tomo II 1840-1849. Publicación autorizada por la Comisión Nacional del Centenario.

 

O'Donnell Pacho. "Juan Manuel de Rosas. El maldito de la historia oficial". Ed. Planeta, 2002.

 

Ortiz de Rozas, Alfredo. "Rosas, las Malvinas y nuestras desmembraciones territoriales". Revista del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, N° 13, octubre de 1948.

 

Rosa, José María. "Historia Argentina, Tomo V, La Confederación (1841-1851)". Editorial Oriente.

 

Saldías, Adolfo. "Historia de la Confederación Argentina", Editorial Oriente.

 

Scalabrini Ortiz, Raúl. "Política británica en el Río de la Plata". Clarín, La biblioteca argentina, 2001.

 

Sierra, Vicente. "Historia de la Argentina, Tomo VIII, Epoca de Rosas, Primera Parte,1829-1840". Editorial Científica Argentina, 1969.

 

FALLECIMIENTO DE ROSAS

 


 

En el N° 1814 de la revista Caras y Caretas publicada el 8 de julio de 1933, apareció este interesante artículo que corresponde a las traducciones de dos noticias necrológicas aparecidas en el The Hampshire Advertiserd que se editaba en Southampton, referentes a la muerte y al funeral del general Rosas.

Southampton, es una ciudad ubicada al sur de Inglaterra, sobre el Canal de la Mancha, en la que vivió exiliado Juan Manuel de Rosas y en la que falleció el 14 de marzo de 1877.

A continuación el artículo.

 

Muerte y funeral de Rosas

Rosas en el destierro

Por Liborio Justo (Lobodon Garra)

Extraordinarios detalles desconocidos de su vida y de su muerte, revelados por las notas necrológicas de un diario inglés de la época

 

Muerte del general Rosas

 

"Su excelencia general Juan Manuel de Rosas ex gobernador y dictador de la Confederación Argentina, falleció a las 7 del miércoles en su casa-quinta en Swathling, distante alrededor de 3 millas de Southampton. Había nacido el 30 de marzo de 1793 y, por consiguiente, dentro de una quincena hubiera alcanzado los 84 años de edad. El difunto, que había residido en Southampton y sus alrededores durante los últimos 25 años, fué atacado por una inflamación a los pulmones el sábado último después de haberse expuesto imprudentemente a la inclemencia del tiempo y, no obstante la sabia y constante atención del doctor John Wiblin, F. R. C. S. (1), quien había sido su médico y amigo confidencial durante todo el período de su residencia en este país, sucumbió al ataque a la hora mencionada.

Doña Manuelita de Rosas de Terrero, la devota hija y compañera del ex gobernador, llegó a Londres el lunes y estuvo en constante cuidado de su padre durante sus últimas horas. Su esposo, don Máximo Terrero, salió de Southampton para Buenos Aires hace apenas unas semanas, el 24 de febrero, en el vapor "Minho" de la Royal Mail Company, con documentos auténticos y todo lo necesario para recobrar las propiedades de su esposa y las del general, que ellos habían heredado. El fallecido tenía un hijo (coronel Rosas) quien residió en Southampton por algún tiempo, habiendo muerto en Buenos Aires hace ya algunos años. Tenía una hija (doña Manuelita de Rosas de Terrero) y esta señora tiene dos hijos de 18 y 20 años, respectivamente, el mayor de los cuales ha rendido el miércoles sus exámenes en la Escuela de Minas de Londres.

 

El general Rosas fué derrocado de la dictadura el 3 de febrero de 1852 por un Ejército al mando del general Urquiza. Sus tropas fueron completamente derrotadas y e! general y su hija Manuelita tuvieron que refugiarse en la ciudad de Palermo, de donde escaparon durante la noche, llegando en seguridad a bordo del H. M. S. "Locust", y al día siguiente fueron transbordados al H. M. S. "Centaur", Almirante Henderson. Se dijo entonces que se trasladaría a los Estados Unidos, pero el general Rosas llegó a este país en el mes de abril siguiente, habiendo sido traído en un barco de guerra inglés comandado por el capitán Day, miembro de una familia de Southampton. Cuando llegó a esta ciudad el general tomó departamentos en el Wíndsor Hotel hasta que pudo obtener una residencia conveniente. Esta fué encontrada en Rockstone-place, Carlton-terrace, donde residió por muchos años. Mientras estuvo en la ciudad el general acostumbraba a cabalgar por las calles casi diariamente en un hermoso caballo negro y su majestuosa forma y porte militar, junto con los arneses de su cabalgadura, siempre atraía mucha atención y admiración. Más tarde se trasladó a la quinta donde permaneció hasta su muerte. Este lugar, llamado Burgess - street - farm, de una extensión de 300 a 400 acres, fué tomado en alquiler al difunto míster John Flemming, de Stoneham Park, y en el invirtió mucho dinero, encontrando su mayor diversión y placer en cuidarlo personalmente.

El general había estado muy enfermo de gota por algunos años, pero se le podía ver constantemente cabalgando por los campos y su mayor entretenimiento parecía ser montar a caballo y dar órdenes a los hombres que ocupaba. Su pasión de mando era tan grande, que a nadie le estaba permitido hablar una palabra, excepto para dar a comprender que había entendido una orden dada o para hacer preguntas. El general Rosas pagó siempre a los empleados y peones de su quinta alrededor de un tercio más de los salarios corrientes en el distrito, pero tenía la peculiaridad de tomarlos únicamente día por día. Cada hombre era pagado diariamente e informado si se le necesitaba o no al día siguiente. Este aspecto algo extraño de su carácter era originado por su determinación de no encontrarse atado nunca por compromisos permanentes, pero en la práctica los hombres estaban en empleo regular, y pocos cambios eran hechos. Tan estrictamente disciplinarios fueron sus hábitos, que el tiempo de trabajo de cada hombre era calculado hora por hora. Tenía siempre un sereno, invierno y verano para que tocase cada media hora, durante la noche, una gran campana colocada bajo la ventana de su dormitorio. Fue siempre una característica del fallecido pagar bien por el trabajo que contrataba, pero era rígido en comprobar que el trabajo se cumpliera.

 

El general Rosas huyó de su país sin nada en forma de propiedad, pero poco tiempo después de su huida el general Urquiza, uno de los generales de Rosas que se había vuelto contra él, sitió con éxito la ciudad de Buenos Aires y levantó entonces la confiscación sobre las propiedades de Rosas, lo cual permitió al exilado obtener por la venta de una de sus fincas 16.000 a 20.000 libras. Urquiza fué posteriormente expulsado de Buenos Aires y las propiedades del general Rosas fueron nuevamente confiscadas. Su mano fué, en general, extendida a todos los que estuvieron en contacto con él, y sus actos de generosidad fueron ilimitados mientras duró su dinero. En los últimos años de su vida, el ex gobernador, dependía enteramente de los amigos de su familia y del esposo de su hija. Por muchos años el general Rosas y el difunto lord Palmerston cambiaron visitas frecuentemente en Rockstone-place, en la quinta de Swathling y en el solar de Broadlands, y la más amistosa correspondencia fué mantenida entre ellos.

 

Por voluntad del difunto general sus estados y propiedades en la Confederación Argentina han sido dejados a su hija y a su yerno, quienes son también los ejecutores de su última voluntad y testamento. El muerto era católico romano. Su funeral, que será estrictamente privado, tendrá lugar en el cementerio de Southampton el próximo martes, habiendo sido confiados los arreglos pertinentes a Mrrss. Mayes and Son, de High-street."

 

("The Hampshire Advertiser", Southampton, Saturday. March 17, 1877).

 

Funeral de general Rosas

 

El funeral de Su Excelencia el general Juan Manuel de Rosas, ex Gobernador y Dictador de la Confederación Argentina, cuyo fallecimiento en su casa quinta de Swathling el miércoles pasado fué anunciado en el Advertiser del sábado, tuvo lugar ayer (martes), habiendo sido enterrados sus restos en una bóveda en el cementerio de Southampton. El difunto era católico romano, y el Lunes a la tarde, entre las 7 y las 8, el féretro fue trasladado de la casa-quinta a la Capilla Católica Romana de la calle Bugle, Southampton, donde se verificaron las ceremonias usuales de la Iglesia Romana y donde permaneció hasta ayer por la mañana. Alrededor de las 11 se celebró un servicio completo, conducido por el Rev. (aquí se repite un renglón que seguramente reemplazó a otro que hacía comprensible el relato) Rev. Padre Mount, el párroco, quien se encuentra actualmente en el continente.

A la conclusión del servicio, el cual fué de carácter más impresionante, el féretro (cubierto con un paño negro con una gran cruz blanca) fué colocado en una carroza tirada por cuatro caballos con mantas de terciopelo. El resto del cortejo consistía en dos coches fúnebres y el carruaje del doctor Wiblin, F. R. C. S., quien había sido el médico y amigo confidencial del general en todo el período de su residencia en este país. En el primer coche iba el Barón de Lagatinerre (Capitán de Estado Mayor, agregado al Estado Mayor General del 2° cuerpo de Ejército y sobrino del fallecido), señor Manuel Terrero (nieto del fallecido) y el Rev. Padre Gabriel. En el segundo iban los sirvientes del difunto general y de la señora Terrero, y en el carruaje del doctor Wiblin, este y míster Flemming, procurador de Londres. El servicio en el cementerio fué muy corto y, como el funeral era de naturaleza estrictamente privada, la concurrencia a la tumba no fué tan numerosa como sin duda hubiera sido de otra manera. El féretro era de roble inglés macizo, lustre francés, con espléndidos ornamentos. En la tapa llevaba una placa de bronce con la siguiente inscripción hermosamente iluminada:

 

Juan Manuel de Rosas

Born 30th March 1793

Died 14th March 1877

Los arreglos fueron confiados a Mrrss.Mayes and Son, de High-street y conducidos bajo vigilancia personal en una forma enteramente satisfactoria".

("The Hampshire Advertiser", Southampton, Wenesday, March 21, 1877).

Copiado y traducido en Southampton, en diciembre de 1930, por LIBORIO JUSTO.

 

(1) F.R.C.S. es la sigla de Fellow of de Royal College of Surgeons, que en castellano significa Miembro del Real Colegio de Cirujanos.

PLAN DE SALUD DE SAN MARTÍN

 


Por Gustavo Capone

 

Hacer lo que corresponde

La humanidad actualmente no enfrenta la primera pandemia. Miles de años de historia así lo reflejarán. Y seguramente, problemas con las vacunas (cuando estas aparecieron a finales del siglo XVIII), y dificultades para congeniar los planes de vacunación debieron existir siempre. Ahora, la forma de gestionar esa crisis demostrará claramente y comparativamente el perfil de los gobiernos.

El ejemplo histórico vuelve a centrar la mirada en José de San Martín. Fue en Mendoza. Hace más de 200 años, cuando la otra batalla por librar (paralelo a una guerra por la independencia contra uno de los imperios más poderosos del mundo) era ponderar la responsabilidad y la ética ciudadana contra los privilegios y los lógicos temores.

¿Cómo movilizar un pueblo en tiempos de guerra? Haciendo lo que corresponde para generar la suficiente autoridad que nutrirá de confianza y legitimidad la conducción. Eran tiempos "bravos" y había que dar el ejemplo para infundir patriotismo.

Consideremos además que por ese entonces los pocos médicos que ejercían en Mendoza y San Juan no comulgaban con la causa americana por su filiación imperial española, y que solo existían por ese entonces (1815) "dos hospitales en Cuyo: el Hospital Betlemítico (de San Antonio) en Mendoza y el Hospital de San Juan de Dios, en San Juan. San Luis no tenía hospitales. Peor aún: no tenía médicos". (Dr. Abel Luis Agüero)

Azotaba aquella pandemia de viruela

La viruela era un flagelo mundial. Mataba a la quinta parte de los contagiados. Un inglés, Edward Jenner, observó que los tamberos que ordeñaban sus vacas, adquirían una enfermedad inocua. Percibió simultáneamente que esos ordeñadores tenían granos en las manos (una especie de "callos" producidos por los años del rutinario trabajo) y que no se contagiaban de la viruela. Esa experiencia le sirvió para comprobar empíricamente que frotando las manos de los ordeñadores de vacas con las manos de otras personas hacía que la emanación de pus de los granitos de las manos de los tamberos generara inmunidad contra la viruela. Y así, de la vaca nació la vacuna gracias al genio de Jenner en 1796.

El plan sanitario mendocino contra la epidemia

La lucha por la independencia tenía varios adversarios. No solo en el frente de guerra. Las contantes enfermedades, pestes, epidemias y plagas eran un adversario que atentaba continuamente a la población en general y al ejército particularmente. "Las epidemias abrían sepulcros que no había abierto la guerra" (José Pacífico Otero).

En tiempos del Segundo Triunvirato (1812 / 1814) se encaró una incipiente campaña de vacunación contra la viruela. La repercusión y aceptación de la campaña fue prácticamente nula en Buenos Aires. El temor a lo desconocido, los prejuicios de la época sobre los nuevos tratamientos médicos y las distintas interpretaciones religiosas, hacían que la sociedad no quisiera vacunarse.

Mientras tanto en Mendoza, San Martín abordará un plan sanitario extenso. Ya Manuel Belgrano se había preocupado de la problemática de las epidemias y había producido documentos priorizando la salud de la población.

El plan de salud de San Martín será contundente, y cubrirá a todos. Impondrá a través de una norma del Cabildo de Mendoza la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela para todo Cuyo.

Don José pagará de su sueldo a los médicos y enfermeros venidos desde Buenos Aires para vacunar a los mendocinos y a todos los integrantes del ejército. Desde los soldados de la infantería hasta los prisioneros de guerra. A los niños, ancianos y mujeres. Pero también, además de devolver la libertad a los "esclavos", estos fueron vacunados sin distinción étnica ni condición social.

Pondrá a disposición de los sanitaristas contratados en Buenos Aires a 8 monjes betlemitas, quienes fueron "entrenados" para llevar adelante toda la tarea. Ellos serán exclusivamente los encargados de controlar todo el plan de vacunación, creando la "Comisión de la Vacuna". Estarán supervisados por los doctores Juan Zapata (el único médico "fiel", aunque empírico, que residía en Mendoza) y Anacleto García. Posteriormente se incorporarán al comando general: Paroissien y Candía.

Para organizar la vacunación masiva se crearon centros de salud y "juntas sanitarias y hospitalarias". Se abrieron simultáneamente hospitales militares y farmacias en Mendoza y San Juan. Nosocomios pensados para la vacunación, que sirvieron paralelamente para controlar las enfermedades venéreas (muy frecuentes en dicho tiempo).

Las Juntas Hospitalarias ejercían función de Dirección Sanitaria. Dirigían e inspeccionaban los hospitales y controlaban la inversión de los fondos para estos. (la totalidad de los impuestos y contribuciones eran destinados al ejército, salud, educación y saneamiento). En simultáneo preparó un "cuerpo especial de montaña" para pasar la cordillera con un hospital de campaña móvil montado sobre 75 mulas y atendido por 47 hombres.

Pero volviendo al plan de vacunación, realizó una lista en la que se detallaba el estado de salud de los vacunados y sus datos personales. La administración de la vacuna se realizaba los días miércoles de 17 a 19 horas. La encuesta de salud personal contemplaba 3 aspectos: a) valoración general del estado de salud, b) protección nutricional y c) protección frente a los factores climáticos. Una verdadera revolución de lo sencillo.

Según el Censo de 1812, Mendoza contaba con 13.318 habitantes (J. Comadrán Ruíz). La vacunación empezó a fines de 1815. Cuando el ejército libertador partió (enero de 1817), prácticamente la totalidad de la población estaba vacunada contra la viruela.

El compromiso ciudadano

Eran tiempos de guerra. A los objetivos prioritarios de luchar por la independencia se sumaban los problemas de salud pública. Imposible pensar en la libertad si no se cuida a la sociedad integralmente.

Otras acciones paralelas del plan de salud sanmartiniano fue crear comisiones vecinales para extraer de los estanques cercanos a los ríos y lagunas provinciales, la mayor cantidad de piedra pómez para la limpieza y pulido de metales y el aseo personal. La comisión tenía a su vez la tarea de recolectar la mayor cantidad de derivados de productos de las aves del lugar con asiento en torno a los ríos, por ejemplo: huevos para la alimentación y plumas para la confección de los abrigos.

Pero a su vez estas comisiones barriales (diríamos hoy) debían de cuidar los causes de las acequias y hacer cumplir una ordenanza del Cabildo que consistía en advertir a los vecinos de la importancia de encerrar o atar los canes para evitar otro flagelo, como era la hidrofobia (otro causante de muerte grave de la época).

También San Martín fue el pionero en iniciar una cruzada contra "el mal de Chagas", aconsejando el blanqueo de los frentes y paredes de las casas y bodegones para distinguir el color negruzco de la vinchuca y así generar un contraste con el blanco pintado en la pared. Como también elaboró una cartilla donde "aconsejaba" dormir en las noches con una vela prendida, pues la luz alejaba a las vinchucas, como prevención ante la posible picadura de las "chinches negras". Mientras que los vecinos recibían periódicamente una caja con piedras pómez, velas, jabones, alcohol y distintos tipos de hierbas para cuidar la salud familiar. La viruela, "la rabia", las vinchucas, las ratas, las víboras, las langostas, las arañas, "la cuncuna", el bicho del cesto, también eran los enemigos que debían vencer.

Salud: profesionalismo, ética y voluntad política

Reitero; otro buen ejemplo sanmartiniano y mendocino. Para él, la salud de sus soldados y sus familias era "la poderosa máquina que, bien dirigida, nos dará el triunfo". No se equivocó.

Estaba convencido. Honró su palabra. Vitalizó la confianza. Tuvo gestión. Atributos ineludibles en cualquier plan.

He aquí, una pequeñísima síntesis del plan de salud de San Martín. El programa que fue sustancial para lograr la libertad. Un buen espejo donde mirarnos hoy.

(Fuente: El Restaurador, 7 de marzo de 2021)

 

FACUNDO QUIROGA

 


 ni sombra terrible ni símbolo de la barbarie sino un hombre de carne y hueso

Infobae, 3 de Marzo de 2021

 

A pocos días de cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Facundo Quiroga, el reconocido historiador Miguel Ángel de Marco habló con Ticmas de la importancia y la vigencia que el caudillo riojano mantiene en la historia y la actualidad de la Argentina.

 

De Marco es autor de la biografía Quiroga. Caudillo federal, guerrero indómito (Emecé) en la que aborda una visión novedosa en tanto se aleja de la disputa que provocó Sarmiento y analiza la vida del personaje histórico a partir del archivo y los documentos del propio Quiroga, que está disponible en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA: materiales de primera mano que dan cuenta de una parte de su vida, aunque, señala, por más empeño que se quiera poner, esta clase de elementos no es sino una “parcela muy pequeña de la verdad”.

 

—¿Por qué?

 

—Porque es una pequeña parte de un todo que nos es absolutamente desconocido porque nosotros tenemos papeles, ¿pero tenemos las conversaciones de Quiroga con Bustos o con Rosas en el período que vivió en Buenos Aires? ¿Qué hubo detrás de la correspondencia que se intercambiaron?

 

—¿Qué significa para la identidad nacional ese gaucho, Facundo? Menem en 1989, de alguna forma, era un Facundo.

 

—Las patillas de Menem son una cuestión anecdótica. Yo creo que él se cambió varias veces de fisonomía y salió de La Rioja con las patillas de un Quiroga que ya se había urbanizado, porque en la portada de mi libro hay una imagen de Quiroga con el cabello ordenado sin esa barba espesa y los bigotazos de los tiempos de La Rioja. Y lo mismo pasó con Menem. En esa época fue un Quiroga un poco más “aclarado” y después fue mismo mimetizando su persona y su aspecto con el correr del tiempo y a medida que iba modificando su actuación política.

 

—A comienzos de los 70, Borges se lamenta de que la Argentina haya tomado el Martín Fierro como libro nacional, en lugar del Facundo.

 

—Borges fue una figura extraordinaria, pero muchas de sus afirmaciones tan tajantes y categóricas no tienen demasiado asidero. El país es como se hizo con los aportes de todos. Es como esa otra tontería que circula desde que yo tengo uso de razón, de que si los ingleses hubiesen vencido en la larga invasión de 1806 y 1807 seríamos como Australia. La Argentina es como es.

 

—Cuando uno habla de Facundo es indudable que además debe hablar de Sarmiento, sin embargo, en su libro lo evita: ¿por qué?

 

—He adoptado la actitud de mencionarlo solo en el prólogo. Usted me dirá: Cómo puede ser si en realidad casi todos los autores que se han referido a la figura de Quiroga lo han hecho contraponiéndose al Facundo. Los que continuaron escribiendo trabajos sobre Quiroga, desde David Peña en adelante, se embarcaron en una especie de lucha con el Facundo. Pero Sarmiento escribe una obra de carácter político; la usa para combatir a Rosas. Yo procuré escribir un Quiroga distinto, narrado o evocado por un historiador que trata de ser imparcial dentro de la imparcialidad a la que podemos llegar los seres humanos. Por eso me basé básicamente en los documentos de Quiroga: las cartas que se intercambió con otros, algunos partes de batalla. Son elementos que me permitieron salir de esa especie de lucha denodada que yo mismo viví en mis tiempos de la escuela secundaria, cuando los profesores nos hacían tomar partido por Rosas o Sarmiento. Eso demuestra que ellos dos son de los pocos personajes, quizá los dos únicos, que siguen vivos en la historia, provocando discusiones y disputas sobre los argentinos.

 

—El peronismo, en ese sentido, tomó partido por Rosas.

 

—Fui a la escuela en la época de transición entre el peronismo y el gobierno posterior, y tuve un profesor al que realmente le debo mi vocación de historiador, porque en un momento en que había que tener mucho cuidado con lo que decía, él suscitaba estos debates. Los adolescentes interveníamos, leíamos y planteábamos las dicotomías que a su vez puso en sus páginas Sarmiento.

 

—¿Cómo hay que leer la vida de Quiroga hoy?

 

—Desde el punto de vista de la posible imparcialidad. El historiador —no el político, que usa la historia con una finalidad determinada— procura colocarse en una posición de equilibrio, de ecuanimidad frente a los personajes y la historia. Respecto de Quiroga no me cabe ninguna duda de que los extremos en que se lo coloca son realmente inexactos. Ni fue el caudillo impoluto que no tuvo manchas ni crímenes, ni tampoco el salvaje total como lo presenta Sarmiento. Fue un hombre de su tiempo, un hombre que se manejó en circunstancias sumamente difíciles del país, donde cada provincia era una especie de Estado separado de las demás y las unía un leve hilito que no llegaba a materializarse del todo.

 

—¿Cómo se puede ver a Quiroga para entender el presente?

 

—Es muy importante recurrir a las figuras del pasado. Obviamente son personas de una época diferente, pero sustentadas por valores e ideas perfectamente accesibles para nosotros. Creo que hay que partir de la base de que son personas que no están, como a veces las podemos al homenajearlas, en el bronce. Se les levantaron bustos y monumentos por lo que hicieron por el país, no porque fueran de bronce. Y con esto quiero decir que no son figuras distintas a nosotros. Han sido hombres y mujeres de carne y hueso. Con sus virtudes, sus fracasos, sus angustias, sus ambiciones. Tenemos para valorar lo que han hecho de positivo y entender aquellas cosas que hoy nos pueden resultar chocantes. En última instancia, son comunes a los seres humanos.

HOMENAJE INGLÉS A LA BANDERA ARGENTINA

 


27 de febrero de 1850

 

Francia y Reino Unido impusieron en 1845 un bloqueo naval de cinco años de duración a la Confederación Argentina gobernada por Juan Manuel de Rosas, cerrando el puerto de Buenos Aires al comercio naval. La armada anglofrancesa ingresó a las aguas interiores de la Argentina, con el fin de vender sus productos, cuando Rosas mantuvo una política proteccionista.

Un compromiso clave en el bloqueo fue la batalla de la Vuelta de Obligado, donde una flota británica y francesa combinada forzó su camino en el río Paraná a pesar de la feroz resistencia de las fuerzas argentinas. Aunque las fuerzas británicas y francesas aplastaron las fuerzas argentinas, causando muertes espantosas, el daño a la flota anglo-francesa fue tan extensa que permaneció 40 días en Obligado haciendo reparaciones. La expedición también resultó ser un fracaso comercial, ya que Paraguay demostró ser menos rico de lo esperado y los buques mercantes se vieron obligados a regresar con muchos de sus bienes sin vender. A su regreso la flota nuevamente enfrentó una feroz resistencia con varios buques mercantes hundidos por fuego de cañón.

Mientras que el comandante británico William Gore Ouseley pidió fuerzas adicionales para apoyar una campaña continua, una serie de factores obligó a los británicos a romper con sus aliados franceses. El resultado de la expedición, así como el costo de la victoria y las oportunidades comerciales limitadas cambiaron las actitudes británicas. Argentina tenía una deuda sustancial con Baring Brothers y suspensión de pagos debido a las preocupaciones financieras que había causado el bloqueo. A su vez, el periódico The Times había publicado una alegación de que Ouseley tenía intereses financieros personales en el bloqueo, provocando un escándalo político.

Las noticias de los combates entre argentinos y los anglo-franceses en el río Paraná llegaron a Europa en 1846. Causaron una gran desilusión, y obligaron a los gobiernos de las potencias atacantes a cambiar de estrategia. En una discusión en la Cámara de los Lores, declaró lord Palmerston:

Todos sabemos que el comercio inglés ha sufrido considerablemente con motivo de las medidas adoptadas por el gobierno inglés para poner término a la guerra entre Buenos Aires y Montevideo. El lenguaje del gobierno cuando se lo ha interrogado sobre estos negocios ha sido de paz; pero los actos de nuestras autoridades en aquellos puntos han sido ciertamente actos de guerra. En primer lugar un bloqueo; en segundo lugar desembarcaron fuerzas inglesas en territorio argentino y asaltaron baterías; hubo después captura de buques de guerra argentinos y un aviso para la venta de esos buques como tomados en una guerra. Quiero saber, pues, si estamos actualmente en guerra o no con Buenos Aires. Si estamos en guerra con Buenos Aires, este hecho no se ha comunicado. Si estamos en paz con Buenos Aires, ¿Cómo pueden conciliarse estas medidas de guerra? ¿Las ha aprobado Su majestad?

El gobierno británico ordenó a su escuadra abandonar el Paraná, medida que fue imitada por el gabinete francés. El primer ministro Robert Peel envió a Buenos Aires a Thomas Samuel Hood, que años atrás había sido cónsul británico en Montevideo, para reiniciar discusiones pacíficas. También el gobierno francés lo nombró su representante.

Hood se entrevistó con Rosas el 13 de julio de 1846, y le presentó las instrucciones de Lord Aberdeen y François Guizot: suspensión de hostilidades, desarme de los extranjeros en Montevideo, retirada de las tropas argentinas del Uruguay, levantamiento del bloqueo, devolución de Martín García y de los buques apresados, reconocimiento de la soberanía plena de la Argentina en el Paraná, elecciones libres en Uruguay, y amplia amnistía. En caso de que las autoridades de Montevideo rechazaran estas condiciones, Francia y Reino Unido las abandonarían a su suerte.

La revolución que llevó a la Segunda República en Francia separó nítidamente los intereses internacionales de ese país y el Reino Unido. En todas sus empresas coloniales comenzaron a tener conflictos. La pretensión de Londres de que esta revolución haría más prudente y menos ambiciosa a Francia resultó completamente defraudada, ya que las nuevas autoridades intentaron mostrar un intenso interés en las conquistas en Asia y en África.

El gobierno británico decidió que los sucesivos fracasos de su política en el Río de la Plata, con su pésimo efecto sobre sus intereses comerciales en esa región, debían ser solucionados con urgencia. Solo entonces parecieron descubrir que estaban pretendiendo mediar ante un gobierno argentino con el que no tenían relaciones diplomáticas oficiales, desde la retirada del entonces embajador británico John Henry Mandeville, tres años antes.

Para ocupar el cargo de embajador en Buenos Aires fue nombrado sir Henry Southern, que tenía gran experiencia y que conocía perfectamente el idioma español, ya que había sido embajador en Madrid durante varios años.

El nuevo embajadador llegó el 5 de octubre de 1847 a Buenos Aires, y presentó sus credenciales al Ministro Felipe Arana. Pero Rosas ordenó a éste no recibirlas, hasta que el Reino Unido accediera a firmar un acuerdo, sobre las bases Hood. Southern se dio cuenta de que, si se negaba, habría navegado 9.000 millas para fracasar el primer día. Cedió de palabra a todo, suplicó que se le permitiera residir en Buenos Aires, se entrevistó varias veces con Manuelita Rosas, a quien trató como una amiga. Logró por el momento residir en Buenos Aires. En diciembre, tras cursar una nota por demás halagadora para el gobernador, ofreciendo tratar todo el conflicto sobre las bases Hood, logró finalmente ser recibido por Rosas en carácter de agente diplomático. Inmediatamente escribió a Londres, presentando el fruto de sus cesiones como un triunfo.

A principios de 1849, Southern recibió orden de llegar a un acuerdo final, sobre las bases que aceptara Rosas. La negociación fue muy larga, más que nada por la tendencia del gobernador a detenerse en detalles nimios. Pero, finalmente, el 24 de noviembre, se firmó la Convención para restablecer las perfectas relaciones de amistad entre la Confederación Argentina y Su Majestad Británica, también conocido como el Tratado Southern-Arana.

Por el mismo, se reconocía a la Confederación Argentina la plena soberanía sobre sus ríos interiores, incluido el río Uruguay en común con la República Oriental. Además se reconocía el derecho de la Argentina de solucionar sus diferendos con el gobierno uruguayo por vías pacíficas o bélicas sin intervención extranjeras, incluyendo el derecho a bloquear los puertos enemigos. También se le devolvían la flota capturada y la isla Martín García, y habría un desagravio de la bandera argentina por la flota británica.

El Reino Unido se reconocía vencido. El tratado es visto como un triunfo considerable para Rosas, ya que era la primera vez que los países sudamericanos emergentes fueron capaces de imponer su voluntad a dos imperios europeos.

El 27 de febrero de 1850, el Almirante Reynolds por orden de Su Majestad izó al tope de la fragata insignia de la flota británica la bandera argentina, y le rindió homenaje con 21 cañonazos.

 

(Fuente: Wikipedia)

 

LOS GRANADEROS EN CHACABUCO

 


la victoriosa­ batalla que coronó el éxito del Cruce de los Andes­

POR CAROL VITAGLIANO *­

La Prensa, 11.02.2021

 

­El 12 de febrero de 1817, la victoria de Chacabuco coronó una operación única ejecutada por el General José Francisco de San Martín y su Ejército de forma minuciosa y brillante: el cruce de la Cordillera de los Andes.­

 

Es justo recordar que nada de lo alcanzado fue al azar, que cada logro del General San Martín y su tropa fue el resultado de una exhaustiva planificación, de una permanente instrucción, de un gran sacrificio y por sobre todo de una férrea voluntad.­

 

Hacía apenas días que el Libertador había logrado con éxito lo inesperado: sostener un frente de operaciones de 800 km abasteciéndose de las provisiones trasladas desde el Plumerillo, en total ausencia de población que pudiera auxiliarlos, atravesando cadenas montañosas de 350 km de ancho, encontrando en su camino sólo valles áridos, desafiando desfiladeros, nieves eternas y llegando a una altura de 5000 metros con todo lo que eso conlleva para la tropa y el ganado sobre el cual se transportaba la totalidad de lo necesario para la campaña.­

 

Tan importante fue la hazaña del cruce que el propio Libertador no dudó en incluirla en el parte de batalla con estas palabras: "Al Ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo; concluimos con los tiranos, y dimos la libertad a Chile".­

 

­LOS PREPARATIVOS­

 

Pero volviendo a un nuevo aniversario de la Batalla de Chacabuco, los preparativos comenzaron el día 11 de febrero cuando la información remitida por la inteligencia patriota informaba que el Jefe realista Rafael Maroto, tomaría la cima de la Cuesta de Chacabuco.­

 

El Ejército de los Andes comenzó la marcha a las dos de la mañana bajo la luz de la luna. El jefe realista, había ubicado a sus hombres en la Cuesta Vieja con la intención de descender a degüello con las primeras luces del alba. La posición de la columna del general Soler le permitió avanzar sigilosamente sin ser vista; en cambio, la columna del general O'Higgins estaba más expuesta y debía entrar en acción antes de lo previsto, ocupando la cumbre del cerro, pero la lucha se complicó y en poco tiempo las tropas enemigas se recompusieron. Ante esa situación, San Martín decidió lanzarse al combate seguido por su escolta, en el momento en que llegaba la columna de Soler.­

 

­FEROZ ENFRENTAMIENTO­

 

La pelea fue feroz, todos desde el Jefe hasta el último soldado participaron en el combate, que finalizó con la derrota del enemigo y un saldo de cuatrocientos muertos, seiscientos prisioneros -entre ellos treinta oficiales realistas-, más de mil fusiles, dos piezas de artillería y una inmensa cantidad de municiones.­

 

Una parte fundamental de la gloria alcanzada en esa jornada -donde los muertos patriotas no alcanzaron a ser cincuenta- fue atribuida al desempeño de sus Granaderos, de acuerdo a lo que San Martín escribió años más tarde a Guillermo Miller: "La Batalla de Chacabuco puede decirse es la obra de los Granaderos a Caballo...".­

 

El Regimiento de Granaderos no era una Unidad más, era el Cuerpo donde el Libertador en el Cuartel del Retiro se dedicó a instruir uno a uno a sus integrantes en el uso de las armas y a forjar su conducta y coraje, sabiendo de las cualidades del soldado que necesitaría para una empresa tan compleja y ambiciosa como la Campaña Libertadora de medio continente.­

 

Indudablemente, los valores que San Martín le había enseñado a cada uno de sus Granaderos hacía varios años, y redactado en un Código de Honor, y la arenga al Ejército antes de la batalla, habían calado muy hondo en cada uno de esos valientes al escucharlo decir: "¡Soldados! Todos y cada uno de ustedes conocen el esfuerzo y las dificultades por las que hemos pasado. Llegar hasta aquí es bastante, pero nunca es suficiente. El enemigo espera, y espera bien armado, señores. Son la esperanza de la América, cada uno de ustedes lleva consigo lo más importante, ¡la libertad!...". Y lo dijo porque sabía con seguridad que por la Libertad cada uno de los que formaban en sus filas estaban dispuestos a darlo todo.­

 

Era un momento crucial para el cual se habían preparado, donde no había lugar para la duda ni el temor, y por eso no sólo no se rindieron sino que lograron vencer de una forma admirable, ya que según el propio Libertador: "...los Escuadrones mandados por sus intrépidos Comandantes, y Oficiales cargaban del modo más bravo, y distinguido; toda la Infantería enemiga quedó rota, y desecha; la carnicería fue terrible, y la victoria completa y decisiva".­

 

Al respecto Gerónimo Espejo quien participó en la batalla, al redactar sus memorias en la obra "El Paso de los Andes" aseveró: "Los estragos que causaron los sables de los granaderos se conservarán tanto cuanto dure el recuerdo de su nombre", y hoy podemos confirmar que son totalmente ciertas sus palabras porque aún después de más de dos siglos se siguen recordando cada una de las acciones de los Granaderos y su nombre sigue tan vigente como antaño por sus valores, coraje y por la admiración que siguen causando por su gloriosa historia y su intachable presente.­

 

­AL FRENTE DE SUS GRANADEROS­

 

Algo que el propio Libertador omitió de los acontecimientos de esa fecha, fue que él mismo se colocó al frente de sus granaderos y revirtió todo el curso de la batalla, tal como lo explica el testimonio del mismo Rufino Guido al decir: "Vimos llegar a nuestro General con la bandera de los Andes en la mano y a la infantería (Batallones 7 y 8) que formaban en columnas de ataque, los que como el Regimiento (de Granaderos a Caballo), recibimos la orden de cargar al enemigo. Todos la cumplimos inflamados de valor y entusiasmo, tal era la confianza que teníamos en quien la ordenaba, y a pesar de la resistencia del enemigo, por sus fuegos al emprender nuestra carga, fue completamente derrotado, no pudiendo resistir sino muy poco tiempo la carga por su frente y el ataque simultáneo que recibía por su flanco izquierdo dado por el valiente Necochea de la división del general Soler".­

 

Una de las primeras felicitaciones por la victoria de Chacabuco la recibió del General Manuel Belgrano, quien a través de una carta escrita en Tucumán y fechada el día 26 de febrero de 1817 le decía que: "Los Pueblos y Ejército de mi mando, llenos de júbilo y contento, ven en Vuestra Excelencia el Libertador de Chile, y le dan las gracias por el beneficio que deben a sus nobles esfuerzos, felicitándolo conmigo, igualmente que a sus compañeros de armas, que han sabido seguir las huellas que Vuestra Excelencia les trazó para cubrirse de glorias las armas de la Nación, sacar de la opresión a nuestros hermanos, y afianzar para siempre la independencia de la América del Sud".­

 

DISTINCIONES­

 

Es por todo lo ocurrido y particularmente por la decisiva acción del Libertador y la bravura de su Ejército en esta memorable batalla, que sus actos heroicos fueron distinguidos por el Gobierno. El General San Martín recibió un escudo especial de paño azul, bordado de realce en oro y adornado con brillantes-rayos y picos de estrellas-con la leyenda: "La Patria en Chacabuco - Al vencedor de los Andes y Libertador de Chile", que se aprecia claramente en el retrato del Libertador pintado en 1817 por el artista peruano José Gil de Castro que se encuentra expuesto en el Museo del Regimiento.­

 

Sin lugar a dudas, los reconocimientos a los vencedores fueron otorgados considerando las palabras del Padre de la Patria que al respecto mencionó que todos los prósperos sucesos que permitieron esa primera victoria en suelo chileno fueron consecuencia de la disciplina y constancia que habían manifestado los Jefes, Oficiales y tropa, y de acuerdo a su opinión todos ellos eran dignos merecedores del aprecio de sus conciudadanos.­

 

Por eso, en esta fecha tan significativa dentro de historia de la emancipación americana, es menester recordar que los valores y la valentía que San Martín les infundió a sus Granaderos fueron demostrados cabalmente en cada uno de los campos de Batalla donde cumpliendo con su deber y blandiendo sus sables montados en sus nobles corceles dieron trascendentales muestras de su coraje e hidalguía.­

 

* Licenciada. Directora Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín".­