LA NIETA DE SAN MARTÍN



Heroína de guerra en Francia

Adrián Pignatelli

Infobae, 7 de Marzo de 2020

En la noche del 13 de diciembre de 1832, en Chez Grignon, el restorán de moda de la burguesía parisina, todo era alegría. El general José de San Martín había invitado a una cena para celebrar el casamiento de su hija, Mercedes Tomasa, de 17 años con Mariano Severo Balcarce, de 24.

San Martín vivía con su hija en una casa de la calle Provence nº 32, en la ciudad capital. Cuando estalló una epidemia del cólera, estimaron conveniente tomar distancia y se establecieron en Montmorency, un pueblito de 1600 habitantes, a veinte kilómetros al norte de París. A pesar de todo, en marzo de 1832, Mercedes contrajo el cólera y San Martín, tres días después. Al mes, ambos estaban repuestos, pero a su papá lo atacó una enfermedad gástrica intestinal que lo tuvo a maltraer.

Quien los cuidó y se ocupó de los trámites fue Mariano Severo Balcarce, un joven argentino, hijo del general Antonio González Balcarce, que había fallecido en 1819. Mariano se desempeñaba en la legación argentina en París. Sobre su yerno -le contaba por carta a su amigo O’Higgins- que “su juiciosidad no guarda proporción con su edad de 24 años; amable, instruido, aplicado, ha sabido hacerse amar y respetar de cuantos lo han tratado”,
Entre cuidados y atenciones nació el amor entre la pareja, se casaron y se embarcaron hacia Buenos Aires. El propio San Martín estuvo por acompañarlos, pero no se sentía del todo bien.

San Martín había abandonado Buenos Aires en compañía de su pequeña hija, a quien criaba su suegra Tomasa de la Quintanilla desde que había fallecido Remedios, y el 23 de abril de 1824 desembarcó en El Havre con ella. Como le encontraron paquetes de diarios anti monárquicos destinados a distintos amigos y conocidos que vivían en Europa, no lo dejaron ingresar, y debió seguir viaje a Inglaterra. En Londres, su hija permaneció como pupila primero en el Hampstead College y luego en un colegio de monjas, mientras su papá se estableció en Bélgica, donde escribiría en 1825 las famosas máximas para su hija.
Luego de un frustrado retorno a Buenos Aires en 1829, en el que no quiso desembarcar, volvió a Europa. En Francia adquirió una casa en la calle Provence nº32, donde vivió con su hija y con su fiel criado, Eusebio Soto. En 1834 adquirió una casa de campo de tres plantas en un terreno de una hectárea, en Gran Bourg, a treinta kilómetros de París. Allí solía pasar desde Semana Santa hasta el día de los difuntos.

En 1836 volvieron Mercedes y Mariano y el 14 de julio de ese mismo año nacería la protagonista de esta historia: Josefa Dominga. Su primer nombre fue en honor a su abuelo materno; el segundo, por su abuela paterna. En la familia le decían Pepita.

Desde el día mismo de su nacimiento, abuelo y nieta tuvieron un vínculo especial. Fue San Martín el que personalmente la inscribió en el registro civil de Evry-sur-Seine. Y quien la dejaba jugar, a gusto y placer, con las medallas que había ganado, en la época que combatía a Napoleón, en las filas del ejército español.
La revolución que estalló en 1848, que provocó la renuncia del rey Luis Felipe I y que dio paso a la Segunda República, lo convenció a San Martín de buscar ámbitos más tranquilos. Ese lugar fue Boulogne sur Mer, una población costera frente al Canal de la Mancha. Alquiló un segundo piso de una vivienda en el número 5 de la rue Grande en Boulogne-sur-Mer, propiedad de Henry Adolphe Gerard, abogado, periodista y además el bibliotecario del pueblo. Se haría amigo de San Martín.

Cuatro años más tarde, Mariano Balcarce adquirió, en el pueblo de Brunoy, a veinte kilómetros de París, una mansión que había pertenecido, entre otros, al conde de Provenza, hermano de Luis XVI y quien luego sería el rey Luis XVIII. Desde tiempos inmemoriales, era el “Petit Chateau”. A lo largo del tiempo, había sufrido varias modificaciones, especialmente cuando fue parcialmente destruida durante la Revolución Francesa.

En 1861, a los 27 años, murió la otra nieta de San Martín, María Mercedes. La sepultaron en una bóveda en el cementerio de Brunoy y también llevaron los restos de su abuelo. Ese mismo año, Josefa se casó con Eduardo María de los Dolores Gutiérrez de Estrada y Gómez de la Cortina, embajador de México en Francia. No tendrían hijos.
Mercedes, la hija de San Martín, que había nacido en Mendoza en 1816 cuando su papá era gobernador de Cuyo, que fue testigo de la enfermedad y agonía de su mamá Remedios y que fuera cariñosamente malcriada por su abuela, falleció en 1875; su esposo Mariano lo haría diez años después.

La memoria de San Martín
Josefa y su marido estuvieron el 21 de abril de 1880 en El Havre, despidiendo los restos del Libertador, que el vapor Villarino llevaría a Buenos Aires. Lo primero que hizo Josefa fue donar la valiosa correspondencia de su abuelo a Bartolomé Mitre, y cedió el mobiliario que le había pertenecido al Museo Histórico Nacional. Lo hizo junto con un croquis, en el que detallaba la disposición de los muebles de la habitación donde había fallecido. Eso permitió recrear el ambiente, tal como se lo puede contemplar en la actualidad.

Cuando Josefa enviudó en 1904, modificó el Petit Chateau, donde vivía. Había creado, a fines del año anterior, la “Fundación Balcarce y Gutiérrez de Estrada”, que llevaría adelante un hogar de ancianos y un centro asistencial para los más necesitados. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, transformó su casa y asilo en un hospital. La asistieron en esta tarea las hermanas de la Congregación de la Sagresse.

Trabajaba a la par que todos. Hablaba varios idiomas, como el inglés, italiano, alemán, griego y latín. Y por supuesto el español, a pesar de que nunca conocería Argentina, al que se refería como “nuestro amado país”.
La dirección médica de lo que durante la guerra fue el Hospital Auxiliar Nº 89, empezó a funcionar el 14 de octubre de 1914, y estuvo a cargo del cirujano jefe Dr. Jules León Ladroitte.

Constaba de 50 camas, dos modernos quirófanos, y salas de esterilización, laboratorio y radiología. Por la proximidad con el frente de batalla, atendían tanto a heridos franceses como alemanes. Lo único que Josefa preguntaba era “¿Están heridos? Entonces, ¡éntrelos!”

El problema fue cuando Alemania inició la segunda gran ofensiva del Marne, entre julio y agosto de 1918. Los franceses evacuaron toda el área, que comprendía a Brunoy. Aun así, Josefa no quiso irse.

Cuando la guerra terminó, recibió del gobierno francés la condecoración de la Legión de Honor y además fue distinguida por la Cruz Roja. Se había ganado la admiración de los soldados que se habían atendido en ese hospital, que volvió a ser asilo de ancianos. En su testamento, lo cedió a la Sociedad Filantrópica de París. La casa de su bisabuelo, que estaba en la esquina de las actuales Perón y San Martín en el microcentro porteño, la donó al Patronato de la Infancia. Josefa murió en Brunoy el 17 de abril de 1924. Tenía 87 años. Tanto ella como su abuelo son ciudadanos ilustres de la ciudad y una calle lleva el nombre de ella.

Cuando se trasladaron los restos de sus padres y hermana a Mendoza, en 1951, el gobierno francés se negó a la repatriación de los de Josefa. Porque ellos consideran que es un heroína nacional que merece descansar en la tierra en la que nació y vivió. Ese mismo suelo que había sido refugio de su ilustre abuelo que, de chica, la dejaba jugar con sus medallas.

EL DIARIO DE UNA MARCHA HISTÓRICA BAJO UN SOL FURIOSO




Roque A. Sanguinetti 

La Nación, 15 de febrero de 2020
 
El señor alto y con boina descubrió y compró en un remate de escritos antiguos esas ocho carillas escritas a mano. Era el famoso locutor Antonio Carrizo, hombre culto y bibliófilo. En el manuscrito, un jefe militar narra la marcha de 800 soldados en el tórrido verano de 1812.

El militar que escribió día tras día esas ignotas crónicas que descubrió Carrizo, creó y alzó en "el Rosario" el 27 de febrero la bandera argentina. Se llamaba Manuel Belgrano.

"24 de enero. Se cargaron las 16 carretas. Se puso en marcha el Regimiento a las 5 y media (de la tarde) con destino a San José de Flores". 
La narración sigue hasta el 7 de febrero, en que se corta. Resumimos párrafos:

"25 de enero: Escasez de leña y lodo líquido por agua. 26 de enero: A las 5 de la mañana se tocó a Misa. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha. Por la noche hubo retreta con música y se cantó el himno patriótico y todos se retiraron después de un ¡Viva! por la Patria. 27 de enero: A las 4 de la mañana se tocó la diana. Caminamos hasta la estancia de Alvarez donde llegamos a las 9. No había más agua que la del pozo, que se había secado. 28 de enero: Caminos cubiertos de espinares. Entramos a la Villa de Luján a las 9 de la mañana con banderas desplegadas. La Iglesia es un edificio de regular arquitectura. El Cabildo es una casa de alto con arquería. A las tres cayó un fuerte chubasco que anegó mi carpa. Se rezó el Rosario. A las 9 se tocó retreta. He convocado para mejor disciplina, desterrar las inicuas voces de los Oficiales como de los Soldados que ofenden los oídos, y sujetar a los cadetes, que son los jóvenes más pillos y más maleducados que he visto".

"29 de enero: El sol ha sido furioso. Llanuras sin árboles. Se rezó el Rosario. A las 8 y media, retreta. 31 de enero: Salimos del Campamento a las 2 y media para aprovechar el fresco que corre. Felizmente se encontró un manantial de agua regular. Esta gente sufrirá 20 leguas a caballo y no puede andar 4 a pie sin grandes descansos. El descuido es propio de su educación y miran con desprecio hasta lo que les es más necesario para vestirse y cuanta otra incomodidad trae consigo el andar con el pie desnudo".

"2 de febrero: Se fueron algunos bueyes en la noche. El pozo de la Posta de Lirio nos ha surtido de agua muy buena. Con huesos y leña del camino se ha cocinado. Los animales se ataron para estar prontos al salir la luna. Llegamos a la Rivera de Arrecifes a las 2 de la mañana".

"4 de febrero: Posta de Fontezuelas. Terrenos abundantes de pasto. El tiempo era fresco y se llegó a la Posta de Don Laureano Olmos a las doce de la noche. 

5 de febrero: Desde las 2 y media de la mañana hemos caminado hasta cerca de las 8 a inmediaciones del Arroyo del Medio. Multitud de ganados. Campos áridos por falta de agua. Hemos andado hasta las 12 de la noche. 

6 de febrero: Campados a inmediaciones del arroyo Pavón. Grande huracán que echó por tierra algunas tiendas. Agua abundante y fuerte. Continuamos hasta el Arroyo Seco, donde campamos a las 9 de la noche en casa de Doña María Gómez.

 7 de febrero: Hallándonos a distancia del Rosario de cerca de una legua se formó la tropa, sacaron las banderas y seguimos hasta ese pueblo. Llegados a la Plaza Mayor se formó en batalla."


GUEMES


 de joven guerrero a prócer de nuestra independencia

Por Pablo A. Vázquez *


Nacido el 7 de febrero de 1785 en Salta, la figura de Güemes se eleva como muestra del coraje gaucho en favor de nuestra emancipación, de la estudiada estrategia militar de "guerra de recursos" para derrotar a los realistas y de un espíritu social -hermanado con Artigas- en favor de los más desposeídos en nuestro Norte.

"Martín Miguel Juan de Mata de Güemes, hijo de quien fuera comisario de guerra y ministro general de la Real Hacienda de la provincia de Salta, y de una hija del general Martín Miguel de Goyenechea, nacida en Jujuy, fue militar de carrera", según expresó Vicente Sierra, en el tomo VI de su "Historia de la Argentina" (1965), "la que abrazó a los catorce años sentando plaza de cadete en la compañía del regimiento fijo de Buenos Aires, destacada en Salta, el 13 de febrero de 1799. Con él pasó en 1801 a Buenos Aires y más tarde a Montevideo, actuando gloriosamente en las jornadas de la Reconquista y la Defensa, por lo que fue graduado alférez del fijo y con despacho de teniente de milicias pasó en 1808 a su ciudad natal, donde se incorporó a la guarnición local".

Con respecto a su actuación, contando con 21 años, en los hechos heroicos de 1806, se destacó "... un joven bizarro de brillante uniforme, que inclinado desde sus años juveniles a la noble carrera de las armas, había revelado en aquellos años angustiosos una actividad y una comportación (sic) tan dignas, que el general en jefe le había hecho quedar a su lado, en calidad de ayudante, como queda dicho: el día 11 (de agosto), enviado desde la plaza para informar a Liniers...", según Jacinto Yaben en "Biografías argentinas y sudamericanas", tomo II (1938), preocupados por el bombardeo constante de un buque británico que estaba varado.

Liniers le dio una orden a Güemes: "Usted que siempre anda bien montado galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampando a la altura de la batería Abascal y comuníquele la orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco que resta cortado de la escuadra en fuga".

"Güemes con la velocidad del relámpago transmitió a Pueyrredón la orden de Liniers y más rápidos aún, los húsares de aquel Jefe, se aprestaron a arrojarse al río con el agua hasta el encuentro de sus cabalgaduras, y rompían el fuego de sus tercerolas sobre el buque varado, cuyo comandante comprendiendo la gravedad de su situación, hizo señales desde el alcázar con un pañuelo blanco, anunciando su rendición; era el Justina, de 26 cañones, 100 tripulantes. de la escuadra del comodoro Home Popham".

CAUSA PATRIOTA
1810 encontró a Güemes comprometido con la causa patriota. Encontrándose en Salta de licencia, con el grado de Teniente de Granaderos de Fernando VII, no lo dudó y sumó una partida de 60 jinetes presentándose al gobierno salteño, uno de los primeros en adherir al movimiento juntista de Mayo. La "Partida de Observación" lo tuvo como capitán a su cargo, destacado en Humahuaca, en la actual Jujuy.

Su valentía y la de sus hombres fue clave para la victoria de Suipacha, del 7 de noviembre de 1810. A partir de allí, más allá del entredicho con el general Balcarce, lo encontró comprometido permanentemente con la causa de la emancipación, al punto de ofrecer un plan para defenderse de los realistas que amenazaban atacar desde Potosí, en la actual Bolivia. "He ahí la primera manifestación del genio de este conductor de multitudes gauchas: cuando los demás piensan en reunir recursos y en organizar milicias, él comprende que en su tierra nativa la guerra principal tiene que librase en campo abierto, a la descubierta" - señaló Jorge Newton, en su biografía del prócer de 1967 -. "Que tiene que ser una guerra de recursos, al propio tiempo que de acciones realizadas con tanta rapidez como audacia".

Según Fermín Chávez en "Historia del país de los argentinos", 8ø edición corregida y aumentada, (1988), no se llevó "nunca bien con los jefes nombrados por Buenos Aires. El caudillo de los gauchos salteños no estaba hecho para la disciplina de los ejércitos regulares, cosa que no entendió Rondeau y sí San Martín. Por eso es que, en 1814, el Capitán de los Andes lo había reintegrado al Ejército del Norte, pero con la misión de llevar adelante la guerra de recursos. Y en la guerrilla, Güemes se lució como ninguno durante los años 14, 15 y 16, al constituirse en valla permanente sobre el frente del Norte. Porque consiguió poner a la tierra en armas".

Contradigo la punzante afirmación de mi maestro en un solo concepto: al plantear que Güemes "no estaba hecho para la disciplina de los ejércitos regulares", en realidad -y Chávez lo aclaró- no se llevaba bien con los jefes porteños que desconocían el terreno y la idiosincrasia norteña, pero si tuvo perfecta conciencia de su sentido profesional y de respeto a sus superiores en la milicia. Además la "guerra de recursos" es un una acción, desde siempre, perfectamente contemplada en las acciones militares.
Efectivamente, San Martín eligió bien a quien estaría hermanado no sólo en el coraje en la lucha sino en tener un plan de liberación continental".

Años atrás Martín Miguel Güemes Arruabarrena, en sesión pública del Instituto Güemesiano de Salta del año 2002, y transcripto en su Boletín nø 27 - 28 del 2005, temerariamente afirmó: "El liberalismo portuario o el nacionalismo bonaerense nunca comprendieron a Güemes, salvo como defensor de la frontera norte o caudillo gaucho. No pueden concebir que el Noroeste fuera el eje del país de los argentinos entre 1816 y 1821"

Lamentablemente aún sigue siendo un patriota desconocido para las jóvenes generaciones, salvo en el territorio norte de nuestro país. Paradigma del guerrero norteño, símbolo de nuestra Gendarmería y héroe encumbrado en Salta, Martín Miguel aún guarda muchas aristas para su estudio y divulgación.

(Publicado en La Prensa, 8-2-2020)

* Politólogo; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas; Miembro del Instituto Güemesiano -asociación civil- de Buenos Aires.

SAN MARTÍN NO FUE MASÓN



por Alfredo Nobre Leite

Informador Público, 28-1-20

Con respecto a la profusa y detallada manifestación sobre la relación de San Martín con Juan Manuel de Rosas, el director del diario "La Gazeta Federal", Leonardo Castagnino, expresa, entre otros conceptos, que: En el itinerario político de San Martín hay una contradicción madre, una antinomia abismal que se agitó de su propia personalidad; comienza su aventura americana con un juramento formal en las logias inglesas -extracto ya del fuerte capitalismo protestante- y concluye legándole su sable a Rosas, la flor y nata de la reacción antimasónica de los católicos criollos; no se ha dilucidado con demasiada generosidad ese conflicto que, como toda contracción, es clave interesante en la pesquisa del carácter humano, el "nicepoint" del negocio, como dirían nuestros sospechosos amigos los ingleses" (sic) (Steffens Soler, p. 27).

Al respecto, según el ex presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, general Diego Alejandro Soria, la Logia Lautaro, era de naturaleza militar y política, y que por la época que la fundó San Martín, tenía que ser necesariamente secreta y que, por lo tanto, el Libertador no era masón -tampoco lo fue el general Maniel Belgrano-, aunque la masonería sostenga lo contrario.

El general San Martín era devoto de Nuestra Señora del Carmen, generala del Ejército de los Andes, a la que pedía la intercesión en todas las batallas y entregó su bastón de mando.

Ser católico y masón es contradictorio y opuesto, y nadie puede serlo so pena de traicionar a la Iglesia. La iglesia viene condenando a la masonería desde el 28-4-1738 con la encíclica ·"In eminente" de Clemente XII. Reitera y recuerda el 1-7-1914 que "no han sido abrogada la excomunión ni las penas previstas". Y en canon 1734 establece que "los fieles que pertenecen a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión, es decir que están excomulgados (aclaración del 26-11-1981 que lleva las firmas del Pontífice y del cardenal Ratzinger).

En 1987, el a la sazón miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, señor Patrico Maguire, afirma que "las falsedades y las columniosas imputaciones, es decir la supuesta integración masónica de San Martín, tuvieron su comienzo en falsedades arrojadas por un presuntuoso católico liberal, José Manuel Estrada, obnubilado por su odio a Juan Manuel de Rosas, odio que transfirió a San Martín, por el sostenimiento de su régimen por San Martín y el legado de su gloriosa espada por su valentía con que supo defender el país contra los avances del imperialismo. Estrada escribió un librito titulado "La política liberal bajo la tiranía de Rosas", donde defendía el liberalismo y en esa línea calumniaba a San Martín. Basado en ese libro, el general Bartolomé Mitre, que era masón con el grado 33, lo reafirmó.

Es precedente puntualizar que las logias masónicas, en esa época, todos los años extendían un informe sobre los miembros de la masonería, pudiendo aclarar el historiador católico Patricio Maguire, de la Sacra Academia de Historia de la Iglesia, que solicitó la confirmación a las grandes Logias de Londres y Edimburgo, Escocia, recibiendo la confirmación de que San Martín no figuraba como masón en sus registros.

Espero que el señor Leonardo Castagnino dé por satisfecho que San Martín era ferviente católico, que no traicionó a su Dios, Nuestro Señor Jesucristo; y que no se olvide que los masones tienen la pésima costumbre de apoderarse de nuestros próceres, como hicieron con San Martín y Belgrano.

AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO




Decreto 2/2020

Ciudad de Buenos Aires, 02/01/2020

VISTO Y CONSIDERANDO:

Que en el Año 2020 se cumplen DOSCIENTOS CINCUENTA (250) años desde el nacimiento de D. Manuel BELGRANO y DOSCIENTOS (200) años desde su muerte.

Que su destacada actuación pública, llevada a cabo entre los años 1806 y 1820, se vio coronada al erigirse D. Manuel BELGRANO como una de las figuras fundamentales del proceso que condujo a la independencia de nuestro país en el marco de las luchas por la emancipación sudamericana.

Que por su probada austeridad y honradez sacrificó sus propios intereses en pos de las necesidades de la Patria, siendo considerado por ello como uno de los ejemplos más destacados de virtud cívica entre los hombres y mujeres que forjaron nuestra Nación.

Que dado el reconocimiento general que su figura despierta en la ciudadanía, resulta valioso recordarlo una vez más como un factor que pueda contribuir a consolidar la unidad nacional.

Que resulta especialmente importante que las y los jóvenes de todo el país recuerden, a partir del conocimiento de su actuación pública, quién fue D. Manuel BELGRANO y cuál fue su obra; de la que surge una personalidad de intachable integridad y firmes convicciones patrióticas, habiendo sido un trabajador desinteresado e infatigable al servicio del progreso del país y de la educación de sus habitantes.

Que la presente medida tiene el propósito de evocar, analizar y actualizar el legado de la gesta de D. Manuel BELGRANO y de los patriotas que junto con él, pelearon por la independencia y la grandeza de la Nación Argentina.

Que el presente se dicta en uso de las facultades conferidas por el artículo 99, inciso 1 de la CONSTITUCIÓN NACIONAL.

Por ello,

EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA

DECRETA:


ARTÍCULO 1°.- Declárase el Año 2020 como el “AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO”.

ARTÍCULO 2°.- Dispónese que durante el Año 2020, toda la documentación oficial de la ADMINISTRACIÓN PÚBLICA NACIONAL, centralizada y descentralizada, así como en los Entes autárquicos dependientes de ésta, deberá llevar la leyenda: “2020 - AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO”.

ARTÍCULO 3°.- En orden a lo establecido en el artículo 1° del presente, el PODER EJECUTIVO NACIONAL realizará acciones tendientes a destacar, rememorar y reflexionar sobre la figura de D. Manuel BELGRANO y su legado, con el asesoramiento del INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO.

ARTÍCULO 4°.- Invítase a los Gobiernos Provinciales y al de la CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES a adherir al presente decreto.

ARTÍCULO 5°.- Comuníquese, publíquese, dése a la DIRECCIÓN NACIONAL DEL REGISTRO OFICIAL y archívese. FERNÁNDEZ - Santiago Andrés Cafiero - Tristán Bauer


Fecha de publicación 03/01/2020

EJEMPLOS PARA EL PAÍS



Ricardo Olaviaga

La Nación, 1-12-19

Mi amigo Albino Gómez, excelente periodista y diplomático, me relata dos ejemplos de honestidad y patriotismo de nuestra historia: el general Roca encomendó al general Pablo Riccheri que viajara a Alemania a comprar 40.000 fusiles Mauser para protección de las fronteras. Al concretar la compra, se le acercó un representante de los fabricantes con un sobre con un cheque por su intervención. Riccheri abrió el sobre, tomó el cheque, lo endosó y se lo devolvió al funcionario diciéndole: "Usen este importe para entregarnos 3000 fusiles más".

El otro episodio ocurrió tiempo después. El gobierno argentino envió al almirante Betbeder a Inglaterra para controlar la entrega de los acorazados Rivadavia y Moreno en debidas condiciones. Al concluir la inspección un funcionario británico se presentó en la oficina para entregarle un sobre por su trabajo y la imparcialidad con que había cumplido. El almirante abrió el sobre, retiró el cheque y pidió a un secretario enviar una nota de agradecimiento del gobierno argentino a los directores del astillero por la rebaja de 300.000 libras que habían tenido el bien de hacerle llegar sobre el precio de los barcos.

Que pena que hoy no tenemos ni un ejemplo como estos para aplaudir.