GUEMES


 de joven guerrero a prócer de nuestra independencia

Por Pablo A. Vázquez *


Nacido el 7 de febrero de 1785 en Salta, la figura de Güemes se eleva como muestra del coraje gaucho en favor de nuestra emancipación, de la estudiada estrategia militar de "guerra de recursos" para derrotar a los realistas y de un espíritu social -hermanado con Artigas- en favor de los más desposeídos en nuestro Norte.

"Martín Miguel Juan de Mata de Güemes, hijo de quien fuera comisario de guerra y ministro general de la Real Hacienda de la provincia de Salta, y de una hija del general Martín Miguel de Goyenechea, nacida en Jujuy, fue militar de carrera", según expresó Vicente Sierra, en el tomo VI de su "Historia de la Argentina" (1965), "la que abrazó a los catorce años sentando plaza de cadete en la compañía del regimiento fijo de Buenos Aires, destacada en Salta, el 13 de febrero de 1799. Con él pasó en 1801 a Buenos Aires y más tarde a Montevideo, actuando gloriosamente en las jornadas de la Reconquista y la Defensa, por lo que fue graduado alférez del fijo y con despacho de teniente de milicias pasó en 1808 a su ciudad natal, donde se incorporó a la guarnición local".

Con respecto a su actuación, contando con 21 años, en los hechos heroicos de 1806, se destacó "... un joven bizarro de brillante uniforme, que inclinado desde sus años juveniles a la noble carrera de las armas, había revelado en aquellos años angustiosos una actividad y una comportación (sic) tan dignas, que el general en jefe le había hecho quedar a su lado, en calidad de ayudante, como queda dicho: el día 11 (de agosto), enviado desde la plaza para informar a Liniers...", según Jacinto Yaben en "Biografías argentinas y sudamericanas", tomo II (1938), preocupados por el bombardeo constante de un buque británico que estaba varado.

Liniers le dio una orden a Güemes: "Usted que siempre anda bien montado galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampando a la altura de la batería Abascal y comuníquele la orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco que resta cortado de la escuadra en fuga".

"Güemes con la velocidad del relámpago transmitió a Pueyrredón la orden de Liniers y más rápidos aún, los húsares de aquel Jefe, se aprestaron a arrojarse al río con el agua hasta el encuentro de sus cabalgaduras, y rompían el fuego de sus tercerolas sobre el buque varado, cuyo comandante comprendiendo la gravedad de su situación, hizo señales desde el alcázar con un pañuelo blanco, anunciando su rendición; era el Justina, de 26 cañones, 100 tripulantes. de la escuadra del comodoro Home Popham".

CAUSA PATRIOTA
1810 encontró a Güemes comprometido con la causa patriota. Encontrándose en Salta de licencia, con el grado de Teniente de Granaderos de Fernando VII, no lo dudó y sumó una partida de 60 jinetes presentándose al gobierno salteño, uno de los primeros en adherir al movimiento juntista de Mayo. La "Partida de Observación" lo tuvo como capitán a su cargo, destacado en Humahuaca, en la actual Jujuy.

Su valentía y la de sus hombres fue clave para la victoria de Suipacha, del 7 de noviembre de 1810. A partir de allí, más allá del entredicho con el general Balcarce, lo encontró comprometido permanentemente con la causa de la emancipación, al punto de ofrecer un plan para defenderse de los realistas que amenazaban atacar desde Potosí, en la actual Bolivia. "He ahí la primera manifestación del genio de este conductor de multitudes gauchas: cuando los demás piensan en reunir recursos y en organizar milicias, él comprende que en su tierra nativa la guerra principal tiene que librase en campo abierto, a la descubierta" - señaló Jorge Newton, en su biografía del prócer de 1967 -. "Que tiene que ser una guerra de recursos, al propio tiempo que de acciones realizadas con tanta rapidez como audacia".

Según Fermín Chávez en "Historia del país de los argentinos", 8ø edición corregida y aumentada, (1988), no se llevó "nunca bien con los jefes nombrados por Buenos Aires. El caudillo de los gauchos salteños no estaba hecho para la disciplina de los ejércitos regulares, cosa que no entendió Rondeau y sí San Martín. Por eso es que, en 1814, el Capitán de los Andes lo había reintegrado al Ejército del Norte, pero con la misión de llevar adelante la guerra de recursos. Y en la guerrilla, Güemes se lució como ninguno durante los años 14, 15 y 16, al constituirse en valla permanente sobre el frente del Norte. Porque consiguió poner a la tierra en armas".

Contradigo la punzante afirmación de mi maestro en un solo concepto: al plantear que Güemes "no estaba hecho para la disciplina de los ejércitos regulares", en realidad -y Chávez lo aclaró- no se llevaba bien con los jefes porteños que desconocían el terreno y la idiosincrasia norteña, pero si tuvo perfecta conciencia de su sentido profesional y de respeto a sus superiores en la milicia. Además la "guerra de recursos" es un una acción, desde siempre, perfectamente contemplada en las acciones militares.
Efectivamente, San Martín eligió bien a quien estaría hermanado no sólo en el coraje en la lucha sino en tener un plan de liberación continental".

Años atrás Martín Miguel Güemes Arruabarrena, en sesión pública del Instituto Güemesiano de Salta del año 2002, y transcripto en su Boletín nø 27 - 28 del 2005, temerariamente afirmó: "El liberalismo portuario o el nacionalismo bonaerense nunca comprendieron a Güemes, salvo como defensor de la frontera norte o caudillo gaucho. No pueden concebir que el Noroeste fuera el eje del país de los argentinos entre 1816 y 1821"

Lamentablemente aún sigue siendo un patriota desconocido para las jóvenes generaciones, salvo en el territorio norte de nuestro país. Paradigma del guerrero norteño, símbolo de nuestra Gendarmería y héroe encumbrado en Salta, Martín Miguel aún guarda muchas aristas para su estudio y divulgación.

(Publicado en La Prensa, 8-2-2020)

* Politólogo; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas; Miembro del Instituto Güemesiano -asociación civil- de Buenos Aires.

SAN MARTÍN NO FUE MASÓN



por Alfredo Nobre Leite

Informador Público, 28-1-20

Con respecto a la profusa y detallada manifestación sobre la relación de San Martín con Juan Manuel de Rosas, el director del diario "La Gazeta Federal", Leonardo Castagnino, expresa, entre otros conceptos, que: En el itinerario político de San Martín hay una contradicción madre, una antinomia abismal que se agitó de su propia personalidad; comienza su aventura americana con un juramento formal en las logias inglesas -extracto ya del fuerte capitalismo protestante- y concluye legándole su sable a Rosas, la flor y nata de la reacción antimasónica de los católicos criollos; no se ha dilucidado con demasiada generosidad ese conflicto que, como toda contracción, es clave interesante en la pesquisa del carácter humano, el "nicepoint" del negocio, como dirían nuestros sospechosos amigos los ingleses" (sic) (Steffens Soler, p. 27).

Al respecto, según el ex presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, general Diego Alejandro Soria, la Logia Lautaro, era de naturaleza militar y política, y que por la época que la fundó San Martín, tenía que ser necesariamente secreta y que, por lo tanto, el Libertador no era masón -tampoco lo fue el general Maniel Belgrano-, aunque la masonería sostenga lo contrario.

El general San Martín era devoto de Nuestra Señora del Carmen, generala del Ejército de los Andes, a la que pedía la intercesión en todas las batallas y entregó su bastón de mando.

Ser católico y masón es contradictorio y opuesto, y nadie puede serlo so pena de traicionar a la Iglesia. La iglesia viene condenando a la masonería desde el 28-4-1738 con la encíclica ·"In eminente" de Clemente XII. Reitera y recuerda el 1-7-1914 que "no han sido abrogada la excomunión ni las penas previstas". Y en canon 1734 establece que "los fieles que pertenecen a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión, es decir que están excomulgados (aclaración del 26-11-1981 que lleva las firmas del Pontífice y del cardenal Ratzinger).

En 1987, el a la sazón miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, señor Patrico Maguire, afirma que "las falsedades y las columniosas imputaciones, es decir la supuesta integración masónica de San Martín, tuvieron su comienzo en falsedades arrojadas por un presuntuoso católico liberal, José Manuel Estrada, obnubilado por su odio a Juan Manuel de Rosas, odio que transfirió a San Martín, por el sostenimiento de su régimen por San Martín y el legado de su gloriosa espada por su valentía con que supo defender el país contra los avances del imperialismo. Estrada escribió un librito titulado "La política liberal bajo la tiranía de Rosas", donde defendía el liberalismo y en esa línea calumniaba a San Martín. Basado en ese libro, el general Bartolomé Mitre, que era masón con el grado 33, lo reafirmó.

Es precedente puntualizar que las logias masónicas, en esa época, todos los años extendían un informe sobre los miembros de la masonería, pudiendo aclarar el historiador católico Patricio Maguire, de la Sacra Academia de Historia de la Iglesia, que solicitó la confirmación a las grandes Logias de Londres y Edimburgo, Escocia, recibiendo la confirmación de que San Martín no figuraba como masón en sus registros.

Espero que el señor Leonardo Castagnino dé por satisfecho que San Martín era ferviente católico, que no traicionó a su Dios, Nuestro Señor Jesucristo; y que no se olvide que los masones tienen la pésima costumbre de apoderarse de nuestros próceres, como hicieron con San Martín y Belgrano.

AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO




Decreto 2/2020

Ciudad de Buenos Aires, 02/01/2020

VISTO Y CONSIDERANDO:

Que en el Año 2020 se cumplen DOSCIENTOS CINCUENTA (250) años desde el nacimiento de D. Manuel BELGRANO y DOSCIENTOS (200) años desde su muerte.

Que su destacada actuación pública, llevada a cabo entre los años 1806 y 1820, se vio coronada al erigirse D. Manuel BELGRANO como una de las figuras fundamentales del proceso que condujo a la independencia de nuestro país en el marco de las luchas por la emancipación sudamericana.

Que por su probada austeridad y honradez sacrificó sus propios intereses en pos de las necesidades de la Patria, siendo considerado por ello como uno de los ejemplos más destacados de virtud cívica entre los hombres y mujeres que forjaron nuestra Nación.

Que dado el reconocimiento general que su figura despierta en la ciudadanía, resulta valioso recordarlo una vez más como un factor que pueda contribuir a consolidar la unidad nacional.

Que resulta especialmente importante que las y los jóvenes de todo el país recuerden, a partir del conocimiento de su actuación pública, quién fue D. Manuel BELGRANO y cuál fue su obra; de la que surge una personalidad de intachable integridad y firmes convicciones patrióticas, habiendo sido un trabajador desinteresado e infatigable al servicio del progreso del país y de la educación de sus habitantes.

Que la presente medida tiene el propósito de evocar, analizar y actualizar el legado de la gesta de D. Manuel BELGRANO y de los patriotas que junto con él, pelearon por la independencia y la grandeza de la Nación Argentina.

Que el presente se dicta en uso de las facultades conferidas por el artículo 99, inciso 1 de la CONSTITUCIÓN NACIONAL.

Por ello,

EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA

DECRETA:


ARTÍCULO 1°.- Declárase el Año 2020 como el “AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO”.

ARTÍCULO 2°.- Dispónese que durante el Año 2020, toda la documentación oficial de la ADMINISTRACIÓN PÚBLICA NACIONAL, centralizada y descentralizada, así como en los Entes autárquicos dependientes de ésta, deberá llevar la leyenda: “2020 - AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO”.

ARTÍCULO 3°.- En orden a lo establecido en el artículo 1° del presente, el PODER EJECUTIVO NACIONAL realizará acciones tendientes a destacar, rememorar y reflexionar sobre la figura de D. Manuel BELGRANO y su legado, con el asesoramiento del INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO.

ARTÍCULO 4°.- Invítase a los Gobiernos Provinciales y al de la CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES a adherir al presente decreto.

ARTÍCULO 5°.- Comuníquese, publíquese, dése a la DIRECCIÓN NACIONAL DEL REGISTRO OFICIAL y archívese. FERNÁNDEZ - Santiago Andrés Cafiero - Tristán Bauer


Fecha de publicación 03/01/2020

EJEMPLOS PARA EL PAÍS



Ricardo Olaviaga

La Nación, 1-12-19

Mi amigo Albino Gómez, excelente periodista y diplomático, me relata dos ejemplos de honestidad y patriotismo de nuestra historia: el general Roca encomendó al general Pablo Riccheri que viajara a Alemania a comprar 40.000 fusiles Mauser para protección de las fronteras. Al concretar la compra, se le acercó un representante de los fabricantes con un sobre con un cheque por su intervención. Riccheri abrió el sobre, tomó el cheque, lo endosó y se lo devolvió al funcionario diciéndole: "Usen este importe para entregarnos 3000 fusiles más".

El otro episodio ocurrió tiempo después. El gobierno argentino envió al almirante Betbeder a Inglaterra para controlar la entrega de los acorazados Rivadavia y Moreno en debidas condiciones. Al concluir la inspección un funcionario británico se presentó en la oficina para entregarle un sobre por su trabajo y la imparcialidad con que había cumplido. El almirante abrió el sobre, retiró el cheque y pidió a un secretario enviar una nota de agradecimiento del gobierno argentino a los directores del astillero por la rebaja de 300.000 libras que habían tenido el bien de hacerle llegar sobre el precio de los barcos.

Que pena que hoy no tenemos ni un ejemplo como estos para aplaudir.




DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL



 la épica del combate de la Vuelta de Obligado y la bandera argentina agujereada por una metralla

Por Adrián Pignatelli
Infobae, 18 de noviembre de 2019
 
Un anciano almirante Bartholomew James Sullivan, que había combatido en Obligado como capitán se presentó un día de 1883 en el consulado argentino en Londres. Deseaba devolver una bandera argentina que había tomado ese día. Aseguró que lo hacía como un homenaje y con admiración por el coraje demostrado por los defensores.

A mediados de marzo de 1997, el presidente Jacques Chirac visitó nuestro país con el propósito de afianzar el intercambio comercial entre ambos países. En el último día de su visita, en un acto en la residencia de Olivos, devolvió al país una bandera argentina, que tenía en su centro una estrella federal, que había sido capturada en la misma acción. De la ceremonia participaron Granaderos, Patricios y los famosos Colorados del Monte, que le obsequiaron al mandatario francés un cinto pampa.

Sin embargo, existen más banderas argentinas capturadas, por lo menos en Francia.

El combate
Entre 1845 y 1850 una escuadra anglo-francesa bloqueó el Río de la Plata –los franceses habían realizado un primer bloqueo entre 1838 y 1840- impidiendo el paso de los barcos hacia Buenos Aires o a los puertos de la Confederación, con excepción de Montevideo.
Los europeos argumentaban que la existencia del Uruguay estaba amenazada por el sitio que sufría. En realidad estaban siendo afectados sus intereses comerciales que además ya tenían en mente navegar los ríos interiores de nuestro país para comerciar, algo que el gobernador Juan Manuel de Rosas, a cargo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, impedía.

Todo estallaría el 20 de noviembre de 1845 cuando la flota anglo-francesa pretendió forzar el paso navegando por el río Paraná. Habían partido de Montevideo el 17, y del imponente convoy de modernos buques de guerra, algunos a vela y otros a vapor, fuertemente artillados, iban 92 buques mercantes con un importante cargamento para comerciar.
La defensa estuvo a cargo del general Lucio Mansilla. Atravesó el río, a la altura del Paso del Tonelero, con 24 barcazas que estaban unidas entre sí por tres gruesas cadenas de hierro. De un extremo, las cadenas estaban amarradas al bergantín Republicano, apoyado por otras dos embarcaciones.

De la costa bonaerense, se habían colocado cuatro baterías, compuestas por viejos cañones, algunos de ellos de corto alcance, apoyadas por alrededor de 500 soldados de infantería. Otros tantos eran de caballería e infantes de marina. Sobre una de las costas, 10 pequeñas barcazas incendiarias estaban listas para ser lanzadas río abajo contra la flota enemiga.
El recodo que hacía el río obligó a la flota -que había avistado las cadenas-a detenerse. Algunos barcos, por precaución, anclaron alejados de las baterías argentinas. En la mañana del 20 los enemigos iniciaron el ataque contra las defensas, con sus poderosos cañones que disparaban proyectiles explosivos, mientras otros barcos se dirigían hacia las cadenas para cortarlas.

Mansilla, temprano, había arengado a sus tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra república, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos!”

El intercambio de disparos de artillería fue muy intenso. Algunos barcos debieron alejarse por estar demasiado averiados. Cuando el Republicano agotó sus municiones, su capitán decidió volarlo.
Al mediodía, las cadenas aún no habían sido cortadas. Un barco a vapor intentó arrastrarlas sin éxito, hasta que de una balsa un grupo de ingleses con un martillo y un yunque las rompieron.

Mientras tanto, las baterías eran destruidas por el fuego enemigo. A las tres de la tarde, las fuerzas argentinas habían agotado las municiones. Entonces, desembarcaron 325 infantes de marina que fueron rechazados por los argentinos, a punta de bayoneta y a arma blanca.
En esa acción, cayó herido el propio Mansilla. Los infantes debieron retroceder, pero de una nave francesa desembarcaron más fusileros y los defensores comprendieron que nada más podían hacer. Quedaron en el campo 250 argentinos muertos y 400 heridos, mientras que los atacantes sufrieron 26 muertos y 86 heridos.

Los buques debieron permanecer más de un mes en el lugar para ser reparados por el importante daño que habían sufrido.
Luego de muchas idas y vueltas diplomáticas, se firmó un tratado mediante el cual los ingleses reconocían la soberanía argentina sobre sus ríos interiores y su derecho a solucionar sus problemas con el Uruguay sin la intervención extranjera. Francia demoró en acordar, pero finalmente lo hizo.

Hasta los opositores a Juan Manuel de Rosas reconocieron y alabaron dicha acción. José de San Martín, desde su exilio de Gran Bourg, había tomado casi como una afrenta personal el bloqueo al Río de la Plata, que lo llevaría a decir “que los argentinos no somos empanadas que se comen con el solo abrir de boca”. En su testamento, le legaría el sable corvo a Juan Manuel de Rosas por la defensa de la soberanía ante el bloqueo.

Una bandera en París
El Hotel de Inválidos es una construcción monumental, construida por orden del rey Luis XIV en 1670 para alojar a heridos de guerra y a veteranos que no tenían ni hogar ni familia. Es un edificio de 196 metros de largo, que se alza imponente en la ciudad de París. Desde 1905, se convirtió en museo y es uno de los más importantes del mundo en lo que a historia militar se refiere.
En ese imponente conglomerado, se encuentra la Iglesia de San Luis. Su construcción se inició en 1677 y si se demoró en erigirla fue por la especial dedicación que el monarca francés le dedicó. En su cripta descansan, desde 1840, los restos de Napoleón Bonaparte y de algunos generales que hicieron historia en Francia.

En la nave central de la iglesia cuelgan distintas banderas y estandartes. Sobre el lado izquierdo, con el número 32, hay una bandera argentina, que los franceses capturaron en la histórica jornada de Obligado. Mudo testigo de semejante acontecimiento, pueden apreciarse los agujeros producidos por la metralla.

¿Si hubo otras? Más allá de la que devolvió Chirac, Infobae no pudo confirmar la versión de que existe otra bandera que habría sido tomada como souvenir por un soldado alemán durante la Segunda Guerra Mundial y una última que habría terminado desintegrándose por su deterioro.

A lo largo de los años, sucesivas excavaciones en el lugar de la batalla, dejaron al descubierto miles de objetos, como parte de las cadenas, proyectiles y hasta restos del bergantín Republicano. Esos objetos pueden contemplarse en el museo local. Como homenaje, el 20 de noviembre es el Día de la Soberanía Nacional.

La bandera que aún resta recuperar es la que se exhibe en la Iglesia de San Luis, silencioso testigo de que “los argentinos no somos empanadas que se comen con el solo abrir de boca”, como había escrito San Martín.

PAPELÓN HISTÓRICO



 el falso veterano de Los Andes que en 1862 engañó a todos y se hizo condecorar como héroe

Por Roberto Colimodio
Infobae, 31 de octubre de 2019


En 1862, y a instancias del entonces presidente, Bartolomé Mitre, ya concluidas las luchas armadas intestinas, se propuso condecorar y premiar al soldado veterano de las Guerras de la Independencia que luciera la mejor foja de servicios: el elegido recibiría una medalla alusiva y un premio de 10000 pesos.

Un jurado militar de amplia trayectoria, constituido por los brigadieres generales Enrique Martínez, José Matías Zapiola y José María Pirán, y los coroneles José María Albariño y Blas Pico, sería el encargado de evaluar los antecedentes de los aspirantes al concurso.

Además de traer documentación probatoria, los candidatos que se iban presentando eran interrogados por el jurado.

Los primeros postulantes no conformaban a tan exigente mesa examinadora… hasta que apareció el hombre que colmó las expectativas: José Obregoso, dueño de una foja de servicios impresionante y con 68 años de edad.



Granadero del Ejército de los Andes, cruzó la Cordillera junto a San Martín, combatió en Chacabuco, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipo. También estuvo en Pichincha, Nazca, Pasco, Ayacucho y Riobamba, entre muchas jornadas históricas más. No había campo de batalla que Obregoso no hubiera pisado, blandiendo el sable o tocando el clarín.

Ante la mesa examinadora manifestó que había sido él quien con su trompeta llamó a la carga en la última batalla por la Independencia... Ayacucho. Mitre, embelesado por tales historias, lo bautizó: “Obregoso, el trompa de Ayacucho”.

Además, el aspirante a la gloria le había salvado la vida a Mariano Necochea en Junín y, de regreso al Plata, se había integrado al Ejército de Juan Lavalle en 1828, no sin antes combatir en Ituzaingó y Yerbal. A las órdenes del “León” estuvo en Matanzas, Navarro y Puente de Márquez. Emigrado a Uruguay, formó parte del ejército de Rivera y luego siguió a Lavalle en toda su campaña hasta acompañar sus restos al Potosí.

Retornó a Buenos Aires en 1854, siendo ayudante de Mitre en Cepeda, y como sargento mayor combatió en Pavón. Realizó campañas contra los indios en Bahía Blanca y Patagones.

Receloso, el Tribunal lo acribilló a preguntas... fechas, jefes, disposiciones de las fuerzas en las batallas y cómo había peleado en tantos diferentes regimientos... Obregoso tenía respuesta para todas y cada una de las dudas de los jurados. Habló además de las veces que fue prisionero, de sus fugas y de cómo se reincorporaba a las fuerzas patriotas allí donde se encontraran. Hay que decir que seguramente el aval y la recomendación de Mitre pesaron en la balanza.

Llegó el día de elegir al ganador y éste fue José Obregoso. Recibió los 10000 pesos que le sirvieron para pagar la hipoteca de su modesta casa en Belgrano (Juramento y Libertador, nada menos) sobre un terreno de 7000 m2, donde viviría con su esposa e hijos. Su minuto de gloria quedó inmortalizado en una fotografía, con flamante uniforme militar y 21 medallas en el pecho.



Durante la Guerra contra el Paraguay, el presidente Mitre no quiso privarse de contar con el “símbolo ejemplar” y llevó a Obregoso consigo para que los jóvenes soldados lo venerasen en vida, aunque también soplaría su trompeta en la batalla de Curupaytí, a más de 50 años de los inicios de su carrera militar según lo había contado en su foja de servicios.

Se descubre la verdad

De regreso a Buenos Aires, a principios de los 70, el ya teniente coronel Obregoso inició un reclamo por pago de sueldos adeudados en diversos momentos de su extenso servicio a la Patria. Pero bien sabemos que una cosa es un jurado para evaluar un premio y otra muy distinta son los burócratas contadores que deben aprobar un gasto o pensión...

Así saltó el engaño de Obregoso, al que evidentemente lo perdió la codicia. Al revisar los archivos para chequear los pagos que se le habían realizado, se encontró que José no era porteño como declaraba sino que había nacido en Trujillo, Perú; y como si esto fuera poco, su nombre figuraba en un listado de soldados prisioneros del ejército realista capturados por el capitán de granaderos Juan Isidro Quesada, ¡precisamente en Ayacucho!

Su fraude fue descubierto en 1873 por la “Comisión Liquidadora de la deuda de la guerra de la Independencia”. Así las cosas, se consultó a varios veteranos y oficiales de San Martín quienes confirmaron que jamás lo habían visto y ni siquiera habían oído hablar de él. Inmediatamente se le exigió un descargo ante un tribunal más severo; allí su historia se derrumbó, cometió gruesos errores y cayó en contradicciones en temas específicos, lo que terminó de revelar el engaño.

Participaron de este nuevo proceso el brigadier general Juan Esteban Pedernera, el coronel mayor Eustaquio Frías y los coroneles Juan Isidro Quesada y Rufino Guido y fue fundamental -y lapidario para Obregoso- el testimonio del coronel Jerónimo Espejo.

Obregoso era un tramposo
El papelón no trascendió ni fue tan publicitado como su heroicidad. Aún hoy se lo menciona en algunos diccionarios históricos y nóminas de Guerreros de la Independencia. Falleció en Belgrano el 25 de octubre de 1877. Legendario y condecorado. Una plaza en San Isidro llevó su nombre, también alguna calle.

En 1979 Héctor Daniel Viacava realizó una excelente investigación y publicación en la revista Todo es Historia que dirigía Félix Luna. “Obregoso, el granadero mentiroso”, dando a conocer la verdadera y oculta historia del héroe premiado que no fue tal.

JUAN MANUEL DE ROSAS




30 años de su repatriación

Por Julio Lagos

Infobae, 30 de septiembre de 2019

Fue el 30 de septiembre de 1989. Ese día, el autor de esta crónica participó de la transmisión que se hizo por TV y hoy evoca ese episodio con los testimonios de los grandes protagonistas
Lo primero que pienso es que muchos lectores de Infobae tienen poco más o bastante menos que 30 años de edad.
Y les confieso algo sorprendente: yo no recordaba haber hecho ese programa en 1989, cuando ustedes ni habían llegado a este mundo o eran recién nacidos. Fue en Canal 7 -entonces ATC- junto al recordado Enrique Alejandro Mancini.

Ahora observo las imágenes y es como si mirase a otra persona. Lo que está diciendo ese, el otro que era yo mismo, me suena como una absoluta novedad.
Así que estamos parejos: ustedes toman contacto con esta historia por primera vez. Y a mí me parece que es la primera vez.
Confieso que en el video me descubro una fluidez de la que hoy carezco. Pero además el experimento me permite ubicar todo el episodio en un contexto que sólo puede brindar la perspectiva de estas tres décadas transcurridas.
¿Qué pasaba en el mundo en ese momento? ¿Qué ocurría en la Argentina?

Era el año de la caída del Muro de Berlín, y no imaginábamos todo lo que eso iba a significar. George Bush padre había asumido la presidencia de los Estados Unidos, Fernando Collor de Melo hacía lo mismo en Brasil. (…)
Entre nosotros, en enero, se producía el copamiento de La Tablada. En junio, el presidente Raúl Alfonsín renunciaba a su cargo cinco meses antes de terminar su mandato. Y el 8 de julio Carlos Menem asumía la presidencia de la Nación.
Ese día, el flamante mandatario dijo:

-Se terminó el país de todos contra todos. Comienza el país de todos junto a todos. Yo quiero ser el presidente de la Argentina de Rosas y Sarmiento, de Mitre y de Facundo…
Acababa de tomar estado público un plan que se había gestado previamente y que habría de concretarse pocas semanas después: la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas.

Hubo dos personajes fundamentales en ese operativo. Uno fue Manuel de Anchorena. El otro, Julio Mera Figueroa.
Anchorena era un hombre de campo muy vinculado a grupos nacionalistas y al revisionismo histórico. Fue miembro de los primeros grupos de adherentes a Rosas que hubo en el país. Su permanente reclamo para que Rosas estuviese enterrado en suelo argentino, ante los diversos gobiernos, no tuvo eco. 
Aunque había despertado la simpatía de Juan Domingo Perón, quien en 1970, desde Madrid, le mandó una carta en la que decía:
“En la lucha por la liberación, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas merece ser el arquetipo que nos inspire y que nos guíe, porque a lo largo de más de un siglo y medio de colonialismo vergonzante, ha sido uno de los pocos que supieron defender honrosamente la soberanía nacional.”

No pasó mucho tiempo y en noviembre de 1973, el propio Perón -en su tercer y último mandato- le encomendó una delicada tarea: negociar oficiosamente con el gobierno británico la devolución de las Islas Malvinas y el regreso a la Argentina del cadáver de Rosas.
Para ratificar la trascendencia de esta gestión, Perón lo nombró embajador ante el Reino Unido en mayo de 1974. Anchorena logró el permiso del gobierno británico para la repatriación de los restos de Rosas y el Congreso de la Nación decretó una ley para concretar ese objetivo. En marzo de 1976, Anchorena fue destituído de su cargo de embajador por los militares, pero continuó su tarea en el “Comité pro repatriación de los restos de Rosas”.

Por su parte, Julio Mera Figueroa fue un dirigente peronista enrolado en el menemismo. Había iniciado su carrera política en la Juventud Peronista de los años 70 y ocupó una banca de diputado entre 1973 y 1976 representando a ese sector combativo. Fue encarcelado durante tres años durante el Proceso y providencialmente salvó su vida al poder exiliarse en Uruguay, hasta 1982. Fue uno de los primeros en acompañar la proyección política de Carlos Menem, quien siendo presidente le confió el manejo político de la repatriación de los restos de Rosas.
Había que salvar una dificultad mayúscula: estaba muy cercano el conflicto de Malvinas y era casi imposible lograr un acuerdo de cualquier tipo con los ingleses. La habilidad política de Mera se puso a prueba y logró su objetivo. El reconocimiento de Menem no tardó en llegar: pocas semanas después lo nombró Ministro del Interior.
El Comité que integraba Anchorena había acordado en 1974 que Rosas sería llevado a la Catedral, junto a San Martín. Pero en 1989, el Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi se opuso y rechazó esa posibilidad.
Por lo tanto se decidió que fuera enterrado en el panteón familiar en la Recoleta.
El gobierno nombró una Comisión Oficial que viajó a Europa. La encabezaba Julio Mera Figueroa. Y además hubo una delegación popular, en la que -entre otros- estaba el folclorista Roberto Rimoldi Fraga, cuyo repertorio incluye canciones de marcado acento nacionalista.
Roberto, conocido como “el Tigre”, me contó cómo vivió esos días:
-Era un momento muy difícil, era un poco el hecho de tener que ir a dialogar con el enemigo, estaba muy fresco el recuerdo de Malvinas. El 21 de septiembre de 1989 llegamos al cementerio de Southampton, donde el cuerpo de Rosas fue exhumado. Fue una emoción enorme. Le pusimos una bandera argentina encima. Pensá que también vimos el cajón de Manuelita, que estaba al lado.
El féretro fue transportado a un avión, con destino a Londres. Allí hubo una reunión con funcionarios del Foreing Office, en la que Mera Figueroa presentó un escrito en el que señalaba que nuestro país deseaba reencontrarse con “un prócer de la familia argentina”. Según recuerdan algunos testigos de esa ceremonia, el funcionario inglés que leía el documento, en un momento dado levantó la vista, mordió su pipa y comentó risueñamente:
-Pero por lo que veo, con la cantidad de años que lo combatieron, ustedes no han sido muy cariñosos con el pariente…
Sirvió para descomprimir. Todo estaba ya arreglado.
Partieron rumbo a París y al entrar en el espacio aéreo francés, el avión comenzó a recibir los honores que el gobierno galo le brinda a los jefes de estado. El relato de Rimoldi Fraga cobra especial emoción:
-Cuando llegamos a Orly nos esperaba una formación militar, una alfombra roja. El presidente François Mitterrand. Estaba todo lleno de flores. Y Manolito sacó un poncho rojo con la divisa punzó que él había llevado y lo puso arriba del cajón.
La última etapa del viaje comenzó el 29 de septiembre, en un Boeing de la Fuerza Aérea que levantó vuelo rumbo a las Canarias. De allí partió a Recife, en Brasil. Más que testigo presencial, Rimoldi fue protagonista de lo que sucedió en ese tramo:
-El ataúd se había ajustado con un suncho y yo estaba sentado en una butaca, justo al lado. Y venía como quien dialoga con su tatarabuelo. Le decía “Don Juan, volvemos a Buenos Aires”, Y te cuento un episodio cortito, que pinta lo que sentíamos en ese momento: cuando el comandante, por el talk back del avión, nos dice “Señores, ingresamos al continente americano” yo desde el fondo grité “¡¡¡Mármol, la c… de tu madre!!!”.
Sin embargo, cuando el sábado 30, a las 8 y 25 de la mañana, el avión llegó finalmente al aeropuerto de Fisherton de Rosario, el ambiente no reflejaba la ruda confrontación de pasiones que siempre rodeó a Rosas, incluyendo aquella frase de José Mármol, el autor de Amalia: “Ni el polvo de sus huesos la América tendrá”.
Había un clima de ceremonia, respeto y solemnidad.
En medio de un gran despliegue de efectivos y funcionarios, el ataúd fue llevado en un helicóptero a la base de la Prefectura Naval Argentina, desde donde una cureña militar lo depositó frente al Monumento a la Bandera, junto al altar en el que el arzobispo de Rosario, Monseñor Jorge Manuel López, ofició una misa solemne. En la ceremonia estaban presentes 7 tataranietos de Rosas, uno de los cuales, Carlos Ortiz de Rosas, habló en nombre de los descendientes.
Finalmente el presidente Menem pronunció el primer discurso de su mandato y dijo:
-¿Es posible construir una patria sobre el odio entre hermanos? Al darle la bienvenida al Brigadier General don Juan Manuel de Rosas también estamos despidiendo a un país viejo, malgastado, anacrónico, absurdo.
Cuando terminó la ceremonia oficial, el féretro fue trasladado a bordo del patrullero Murature de la Armada Argentina y comenzó su navegación por el río Paraná, rumbo al puerto de Buenos Aires. Al pasar por la zona de San Pedro hubo salvas de cañones, en homenaje a la Vuelta de Obligado.
-Cuando llegamos -recuerda Rimoldi Fraga- me sorprendió la cantidad de jinetes con sus caballos que había por todas partes. En el muelle, en la avenida del Libertador. Gente de todas las provincias. Y algo que fue tocante para mí. Venía sentado detrás de la cureña y cuando llegamos a la altura de Callao, subimos contramano para ir a la Recoleta. Y era impresionante ver a la gente que desde los balcones tiraba rosas y claveles rojos. Cientos y cientos, toda la avenida Callao quedó tapada por flores rojas.
Desde ese día, los restos de Rosas están en la Recoleta.
Había sido derrocado en 1852, murió en el exilio en 1877, fue repatriado en 1989. A lo largo de los años, se disolvió el hondo desencuentro que provocaba la sola mención de su nombre.
Hoy, en Buenos Aires, los pasajeros de la línea B de subterráneos lo encuentran al final del recorrido, luego de atravesar -entre otras- estaciones que tienen los nombres de Alem, Pellegrini, Pueyrredón, Dorrego y Echeverría, en un igualitario nomenclador que archivó las diferencias históricas.
Sí, la terminal se denomina Juan Manuel de Rosas.

Y como el tiempo se encarga de dibujar las paradojas más inesperadas, hoy a nadie le sorprende. Y tampoco que esté en el corazón de un barrio entrañable que se llama Villa Urquiza, en homenaje a su enemigo de la batalla de Caseros.
Hace 30 años, en aquella mañana del 30 de septiembre de 1989, cuando presenté ese programa de televisión, yo no me hubiese atrevido a imaginarlo.