EL GENERAL BELGRANO

En un nuevo aniversario del fallecimiento de uno de los padres de la Patria, es oportuno reiterar el homenaje que merece. Además de sus otras cualidades y de su amistad cívica con el General San Martín (1), cabe mencionar su austeridad de vida.

Poco antes de morir, debió entregar al médico que lo atendía un reloj de bolsillo, único bien que le quedaba. Recordemos que el premio de 40 mil pesos oro, concedido por la Asamblea del año 13, lo donó para la construcción de escuelas. Se ha estimado que dicha suma equivale hoy a 3,5 millones de dólares (2), lo que resalta su generosidad y desprendimiento de los bienes materiales. 
Ojalá su ejemplo sea imitado por los gobernantes argentinos del presente.



(2) Clarín, 20-6-13

La cultura, al servicio de políticas facciosas




Los valores de la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones -literatura, artes plásticas, música, teatro, cine, arquitectura, diseño-, expresan la confluencia de los rasgos nacionales con las corrientes dominantes en el mundo, y la interacción de los vínculos del hombre con la naturaleza y el entorno social y geográfico.

La cultura es un resultado de la historia. Pero el campo de la cultura ha sido siempre terreno de tentaciones para el poder, según se verifica una vez más de un tiempo a esta parte en la Argentina, y ahora, con el Museo Histórico Nacional como epicentro de un nuevo escándalo.

Las dictaduras del último siglo intentaron estampar en las manifestaciones culturales la impronta de su propia lógica e impregnarlas con ideologías varias. Basta recordar el fascismo y su música y literatura; el nazismo y la manipulación desmesurada de Wagner y su proyección en estructuras arquitectónicas inspiradas en una falsa recreación del pasado clásico o su desprecio por el "arte degenerado"; o la revolución cultural de la "banda de los cuatro" en China, que condenó a muerte a centenas de artistas en medio del aplauso de corifeos argentinos hoy distraídos en otros menesteres. Lo mismo ocurre con antiguos epígonos locales del comunismo estalinista, que envió a Siberia a miles de disidentes culturales y persiguió a los "músicos burgueses" que no se plegaban al "realismo socialista".

En la Argentina, tan pródiga en flechazos con autoritarismos de moda, también ha habido "listas negras", con tipos sucesivos de artistas prohibidos y promovidos, de acuerdo con el rechazo o adhesión a ideologías de turno.

La colonización de la cultura no deja de tentar a quienes abusan del poder. La ocupación de un territorio donde todo se considera válido o posible permite el adoctrinamiento sin límites, a partir de un relato unidireccional, monolítico, inflexible, dogmático, impermeable a las opiniones diferentes, negador de toda idea o construcción individual o colectiva que constituya una alternativa a la ideología oficial.

El gobierno nacional ha caído en esa tentación colonizadora. Prueba de ello han sido los conflictos, las situaciones de violencia, a veces descontrolada, y los intentos de censura en las últimas inauguraciones de la Feria del Libro; las descalificaciones públicas a actores, escritores y periodistas que se han animado a disentir del rígido paradigma oficial; los contratos millonarios con artistas obsecuentes, dispuestos a elogiar, en letanías que a veces alcanzan la cima de lo antológico, las supuestas glorias oficiales; la falta de apoyo gubernamental a iniciativas culturales sospechadas de neutralidad política y que no sirven a la exaltación de la cacareada virtud de los gobernantes, o la persecución fiscal contra directores de cine renuentes a aceptar el pensamiento único en temas de interés general.

La presencia de la Argentina como país invitado a la Feria del Libro de Fráncfort 2010, donde el gobierno nacional impuso la convivencia forzada de figuras representativas de valores tan disímiles y contrapuestos como Borges, el "Che" Guevara, Gardel y Maradona, es aún recordada como ejemplo de extravagancia, frivolidad e inconsistencia cultural.

La Presidenta, después de mucho vacilar, eligió a la impecable artista Nicola Costantino para representar a la Argentina en la renombrada Bienal de Venecia, pero con una presentación inspirada en la vida de Eva Perón. Como tal, no fue poco inquietante advertir ese otro intento de vincular el arte con la política y de mezclar la mediocridad partidista local con los valores universales de la cultura.

Ahora se ha producido un nuevo empellón del oficialismo consistente en la sustitución del director del Museo Histórico Nacional, José Antonio Pérez Gollán, por una historiadora cercana al oficialismo, como Araceli Bellotta, adscripta a la escuela que pone énfasis en reescribir la historia argentina. Se procuraría, así, omitir todo vestigio de la historia documentada desde fines del siglo XIX que se oponga en valores y estilos a la política en vigor. El grave precedente, denunciado por más de un centenar de intelectuales, ha contado, desde luego, con la participación activa del secretario de Cultura de la Nación.

Recientes movimientos en otras áreas sensibles de la cultura hacen suponer que estamos ante otra audaz arremetida para cooptar todas las áreas posibles de la cultura. Podríamos estar ante un plan teñido de un ideologismo hueco que busca coartar la libre expresión cultural como manifestación de la libertad. A este paso, no habrá de extrañarnos si, en un tiempo relativamente breve, relevantes instituciones públicas, y hasta privadas, caen en las ávidas manos de oportunistas surgidos del mundillo de la política subalterna, para convertirlas en focos de obsesiva propaganda oficial.

El Poder Ejecutivo debería comprender que la cultura no es patrimonio de un gobierno en particular, ni de un partido ni de supuestas ideologías "liberadoras", sino el producto más precioso y sublime de los pueblos libres, por encima de las deformaciones políticas o ideológicas a las que pueda ser sometida. Si no lo entiende por sí mismo, la historia lo corroborará en su lugar, por lo que bien saben los italianos, los alemanes, los chinos o los rusos a la vuelta de los truculentos fenómenos políticos y sociales que ellos han experimentado.

La Nación, Editorial, 7-4-13

Fe católica e identidad nacional





Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata

en Laguna de los Padres, Reducción del Pilar (10 de febrero de 2013)


I. El desafío de la fe

El Evangelio que acabamos de escuchar, nos presenta a Jesús en la barca de Pedro, a orillas del lago de Genesaret. Desde allí se dirige a la multitud que ha acudido y está sedienta de escuchar la Palabra de Dios.

"Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes»" (Lc 5,4). De este modo, Jesús pone a prueba la fe de sus discípulos, pescadores de oficio: "Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes»" (Lc 5,5).

Vemos aquí un rasgo de la fe. Simón, a quien Jesús llamará Pedro, conoce bien su oficio. Pero ahora, el Maestro a quien sigue desafía su sentido común y él obedece: "si tú lo dices, echaré las redes". No se apoya en su razonamiento, sino en la Palabra del Maestro.

En la fe no vemos con nuestros propios ojos, ni podemos demostrar. Sin embargo, quedamos convencidos por la autoridad de alguien que sabe y es digno de ser creído. La fe nos pone en movimiento, se vuelve obediencia. Nos saca del límite estrecho de nuestra sola razón, para ensancharla y hacerla crecer con el saber de otro.

Cuando aquel en quien confiamos es el Hijo de Dios, Jesucristo, entonces nuestra fe tiene una certeza absoluta. Nuestra mente se ilumina con su enseñanza, porque sus palabras se identifican con la verdad: "Para esto he nacido y venido al mundo –dirá Jesús a Pilato–: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn 18,37). El mismo Jesús nos auxilia al mismo tiempo con la luz interior del Espíritu Santo, pues como dice San Pablo: "Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo" (1Cor 12,3).

Cuando Simón Pedro ve el resultado de su obediencia en la fe, tiene una reacción parecida a la del profeta Isaías, cuando en el templo de Jerusalén se le manifiesta la gloria divina: "«Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido" (Lc 5,8). En este Año de la Fe deberemos detenernos a meditar más intensamente sobre esta condición primera para el seguimiento de Jesús.

Para realizar en nosotros su obra salvadora, Jesús pide siempre la fe: "Todo es posible para el que cree" Mc 9,23, responderá al padre angustiado que le pide la curación de su hijo endemoniado epiléptico. Y a Jairo, jefe de la sinagoga, que fue a buscar a Jesús cuando su hijita estaba en agonía, le pide que se guíe por la fe en él y no por los que le dicen que su hija acaba de morir y por tanto "¿para qué vas a seguir molestando al Maestro? Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas»" (Mc 5,35-36). Sería hermoso continuar. Basten estos ejemplos.

Volviendo al relato de la pesca milagrosa, nos es grato escuchar lo que Jesús dice a Simón Pedro, que se hallaba fuertemente conmovido: "Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres»".


II. La fe y la evangelización

En este momento de la historia de occidente, caracterizado por gigantescos cambios culturales, y en las actuales circunstancias de nuestra patria, todos los cristianos hemos sido convocados por el Santo Padre Benedicto XVI para dar testimonio de nuestra fe. Evangelizar es la consigna del momento. No podemos contentarnos con atender a los que se acercan a nuestras iglesias y capillas. Debemos salir a buscar a aquellos cuya fe se ha enfriado y más aún a aquellos que nunca han recibido el anuncio de Jesús como Dios Salvador.

Pero esta misma consigna de evangelizar a los pueblos, llevándoles el anuncio salvador de Cristo, la tuvieron y cumplieron muchos óptimos cristianos que nos han precedido. Es bien sabido que en nuestras tierras, en la patria común a todos, el Evangelio fue predicado desde los orígenes de la gesta del descubrimiento. Mirada en su conjunto, su fruto no fue el avasallamiento de los pueblos, sino la integración de las diversas etnias, en mutua hostilidad, constituyendo con la nueva nación emergente una unidad cultural donde los mismos sacramentos congregaban por igual a todos en la misma casa de Dios y en la mesa común.

Mi presencia esta tarde en este lugar, está vinculada con un aniversario significativo. Hace cuarenta y cinco años, el 10 de febrero de 1968, el primer obispo de la diócesis de Mar del Plata, celebró al pie de la cruz de la Reducción del Pilar, la primera Misa en este lugar, con ocasión de la inauguración de la muestra histórica.

Agradezco a los organizadores por esta iniciativa, P. Enrique Pío, párroco de esta zona, y muy especialmente al historiador Alberto Flugel, a quien he nombrado como "Delegado ad honorem" para la conservación de este patrimonio histórico y cultural.


III. La fe católica pertenece a nuestra identidad nacional

Una triste patología a la que estamos expuestos los humanos es la pérdida de la memoria. La persona está desorientada, y en casos extremos no sabe de donde viene ni adonde quería ir. Esto que pasa con las personas puede ocurrir con las sociedades. La pérdida de la memoria es siempre un grave peligro. Equivale a la pérdida de identidad y de rumbo. Y si al olvido de hecho se le suma el intento ideológico de borrar parte del pasado o tergiversarlo, estamos ante el riesgo real de una tragedia. Si el pasado no es reconocido y asumido desde la objetividad, si no es integrado en el presente, nunca habrá madurez y equilibrio, sino crisis de identidad.

El feliz neologismo "inculturación" define bien el resultado del encuentro vital entre el Evangelio y una cultura. Cuando la fe cristiana es anunciada y es recibida no sólo por los individuos sino por el grupo social, o dicho con otras palabras, cuando la fe se hace cultura y la marca en sus matrices más vitales, entonces se produce la inculturación de la fe.

No debe resultar agraviante para nadie el reconocimiento de que la cultura nacional pasa, por muchos motivos, un momento crítico. Antes bien, esta comprobación debería resultar estimulante para emprender una tarea educativa que, partiendo de una información objetiva y fundada, tienda a formar las conciencias en los valores que ayudan a la integración de todos los habitantes en un proyecto común de nación "cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común".


En este momento descubrimos con preocupación que hay un intento de volver a escribir la historia, con criterios de juicio anacrónicos, sin el fundamento sólido de las fuentes, que brindan la garantía de la serenidad en el juicio y la objetividad de los resultados cimentados en estudios serios de nivel científico. La fraseología ideológica prevalece sobre la realidad, el sentimiento (o resentimiento) sobre la razón objetiva.

Ninguna nación puede constituirse sin principios fundamentales de cohesión. Lo que es diverso y legítimo debe integrarse en la unidad que tiende al bien común por encima del bien particular. Si mediante argumentos con barniz histórico se hacen reclamos que fomentan una visión distorsionada del pasado, eso es señal de que vamos por mal camino. Más todavía, si en lugar de procurar la paz y la amistad social se convoca a un revisionismo histórico arbitrario de grávidas consecuencias.

Este rincón de la geografía marplatense se vincula con la tarea evangelizadora de los Padres de la Compañía de Jesús, que a mediados del siglo XVIII se establecieron al sur del Río Salado. Con clarividencia el gobernador Miguel Salcedo advirtió que las hostilidades entre los españoles y las distintas tribus de indios -tantas veces enfrentadas entre sí- no iban a solucionarse por la vía de la violencia. La solución la encontró en el envío de misioneros jesuitas, que ya habían mostrado su eficacia en otros lugares por el trato con los indios.

La epopeya verdaderamente heroica y gloriosa de estos hombres, sus logros en la inculturación de la fe y sus frutos de verdadera promoción de los indios, son el fundamento para entender el nombre con que habría de perdurar esta laguna llamada con toda razón "de los Padres".

Hoy como ayer, los cristianos debemos brillar en el mundo por nuestra creatividad para predicar y transmitir los mismos valores del Evangelio, en las cambiantes condiciones de los tiempos. Así volveremos a ser "fermento en la masa" (Mt 13,33), "sal de la tierra" (Mt 5,13), "luz del mundo" (Mt 5,14), "piedras vivas" (1Ped 2,5) en la edificación del templo cuyas dimensiones deben abarcar la patria, el mundo y la historia.


Agravios a San Martín




Mario Meneghini (*)

Haré un breve comentario sobre las distorsiones ideológicas de la historia argentina. Se advierte desde hace varias décadas, la tendencia a desmerecer a los héroes nacionales, en especial a los militares, con el argumento de “humanizarlos”. Este fenómeno se ha acentuado en los últimos años.
En el 2013, se ha dispuesto, por única vez, que sea feriado el día de la batalla de Salta. Llama la atención que el 2012 fuera declarado “Año de Homenaje al Dr. Manuel Belgrano”, omitiendo mencionar su grado militar; puesto que el ejército del norte, que triunfó en esa batalla fue comandado por el General Belgrano.
Los mayores ataques a la verdad histórica, sin embargo, se han dirigido a la memoria del General San Martín. Entre los escritores que han participado en esta actividad, podemos destacar a: García Hamilton, Chumbita, Pigna y Sejean. En palabras del Gran Capitán, en carta dirigida a Guido (1829): Confesemos que es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la imprudencia de un malvado, para ser indiferentes a la calumnia”.

En un acto de homenaje no podemos ser indiferentes, y disimular lo que está ocurriendo. Los principales infundios sobre el Libertador que continúan difundiéndose, lo exhiben como:
-un agente inglés, que se rodeó de ingleses, como Lord Cochrane, jefe de la flota;
-o un mestizo, hijo ilegítimo de don Diego de Alvear, que habría regresado al Río de la Plata con el único propósito de vengarse de su padre español;
-o cumpliendo un mandato masónico, lo que explicaría también su alejamiento de la vida pública, luego de la entrevista con Bolívar;
-o que estuvo motivado por la decisión de aplicar en América la ideología liberal;
-o que su plan continental, fue una simple copia del plan Maitland, un general escocés.
Todas esas hipótesis, han sido desmentidas por la investigación documental de escritores como: Díaz Araujo, Raúl Aragón, Hipólito Uzal y Patricio McGuire.

Lo más grave es que la distorsión ideológica influye en manifestaciones del propio Estado.
1. En el 2009, se retiró el destacamento de Granaderos que custodia la casa natal de San Martín en Yapeyú, debido a que iba a concurrir a un acto el entonces vicepresidente, Dr. Cobos.

2. El 10 de diciembre del año pasado, en la celebración del DIA de la Democracia y de los Derechos Humanos, en la plaza de Mayo, se escuchó el Himno Nacional ejecutado por la Fanfarria Alto Perú, acompañado del grupo de percusión Choque Urbano, en tiempo de cumbia. Las personas que estaban en el palco comenzaron a bailar, al ritmo de la música, incluidas las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, mientras la Jefa de Estado mantenía su mano derecha apoyada sobre el corazón, gesto que corresponde al protocolo norteamericano.
El protocolo argentino, aprobado por Decreto Nº 10.302/44 establece que la canción patria debe ser cantada con los asistentes de pié, en actitud respetuosa, con las manos a los costados del cuerpo.
La música del Himno debe ser la compuesta por Blas Parera, con los arreglos del maestro Esnaola.

3. Aparentemente la música de percusión goza de predilección, puesto que antes de finalizar al año anterior, fue designado como Presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, el Sr. Eduardo García Gaffi, quien se destacó en la década del 70 como integrante del grupo de rock Industria Nacional, como ejecutante de batería.

4. En el acto por el bicentenario de los Granaderos, en San Lorenzo, además de los disturbios que provocó la presencia del vicepresidente de la Nación, el homenaje quedó deslucido por la decisión de modificar la programación inicial en la que estaba prevista una carga de caballería de 400 granaderos, reemplazada por una de 40.

5. En la visita oficial argentina a la República de Vietnam, en enero de este año, se agravió a San Martín al equipararlo con Ho Chi Ming, “el San Martín de Vietnam”, comparación injuriosa. El general argentino logró la independencia de Argentina, Chile y Perú, y luego se retiró del mando.
Ho Chi Ming fue el líder del partido comunista, que impuso una tiranía sangrienta en su país, violando sistemáticamente los derechos humanos.

Pese a todo lo señalado, hay motivos de esperanza de que se produzca una restauración de la identidad nacional, imprescindible para los países que deseen sobrevivir en el mundo globalizado.
Un antecedente importante, es lo que ocurrió en 2007, cuando el canal Telefé convocó a un concurso público para determinar quien representa mejor el Gen Nacional. Para sorpresa de muchos, resultó ganador el General San Martín, con el 59 % de los votos. Como expresó el conductor del programa, Sr. Pergolini: ¿Hacía falta un programa de televisión, para saber que San Martín es el argentino más grande?”.

Creemos, entonces, que en un momento particularmente grave de la Argentina, es necesario recordar una frase del presidente Avellaneda, en un discurso con el que inició la campaña de suscripción pública para la repatriación de los restos del Libertador:
Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos; y los que se apoyan en sus tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir”.




(*) Exposición en panel realizado en el Club de las Fuerzas Armadas Córdoba, el 13-2-1913




Homenaje vergonzante



Menos granaderos en el acto por el Bicentenario de la batalla de San Lorenzo

Los festejos oficiales del Bicentenario a veces no son tan pomposos como se pretenden. Al menos ese es el caso del 200° aniversario de la Batalla de San Lorenzo, que se recordará este domingo y para el cual el Ministerio de Defensa había organizado un mega acto como se realizan en la mayoría de las fechas patrias y que iba a contar hasta con la presencia de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Pero, imprevistamente, no solamente la mandataria no asistirá a la celebración, sino que esta será bastante más sencilla de lo que se había propuesto inicialmente.

La cartera que conduce Arturo Puricelli tenía preparada la recreación de la Batalla de San Lorenzo, en la que el 3 de febrero de 1813, al mando de José de San Martín, las fuerzas independentistas derrotaron a los realistas en San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe. La batalla quedó en la historia también como el único combate del general San Martín en suelo argentino.

Los festejos para recordar la histórica fecha estaban previstos que comenzarían ayer –y así fue– y se extenderán hasta mañana, domingo, el día del aniversario. El cronograma fue respetado. Pero las visitas oficiales de primer nivel que se anunciaban en el programa –la Presidenta, específicamente–no estarán y también habrá otras ausencias. Sin dar explicaciones, Defensa redujo a prácticamente a un 10% el acto que había organizado. El plan oficial indica que el día comenzará con una cadena nacional con la Fanfarría Alto Perú que tocará el Himno Nacional y la Marcha de San Lorenzo desde el convento, que fue testigo de la batalla. También habrá fuegos artificiales y un espectáculo de luz y sonido que recreará la gesta sanmartiniana. Después, por la mañana, se izará la bandera e inaugurará una muestra sobre la marcha. A las 19 está previsto un acto en el Convento de San Lorenzo, y será el inicio de la ceremonia central y en la que estaba previsto que iría la presidenta Kirchner.

El plan original indicaba que después se realizará una demostración espectacular con un desfile cívico militar, paracaidistas, la entonación de la Marcha de San Lorenzo y el Himno Nacional y la carga de los granaderos a caballo en la que se recrea el combate. Pero de los 400 granaderos a caballo que iban a participar de la teatralización del combate sólo lo harán los 40 que integran la dotación permanente ubicada en San Lorenzo. La sorpresiva decisión ministerial causó malestar en el Ejército.


Clarín, 2-2-2013

Los verdaderos alcances de la Asamblea del Año XIII





Prudencio Bustos Argañaraz
Historiador


El 17 de noviembre de 1811, el Triunvirato disolvió la Junta Grande que lo había creado, aduciendo que “que jamás ha existido y sólo se ha supuesto”; obligó a sus integrantes a regresar a sus ciudades; encarceló al deán Funes y concentró en sus manos la totalidad del poder. “El gobierno de tres, hijo de sí mismo”, como lo llamó Juan Bautista Alberdi, impuso además un régimen de terror tras ejecutar a numerosos opositores.
Al año siguiente, convocó a una Asamblea General Constituyente, cuyo reglamento ordenaba que fuese integrada por los miembros del Cabildo porteño, los diputados de todas las ciudades y 100 ciudadanos elegidos “de los de esta capital y de los otros pueblos de las provincias que se hallaren aquí, aunque sea de paso”.
Como si esta burda desproporción no bastara, ordenó a los demás cabildos que los delegados que eligieran debían ser “residentes en esta Capital, para evitar las demoras y costos del viaje”.

Mal representados.
En octubre de 1812, un nuevo golpe de Estado reemplazó al Triunvirato por otro, el que a su vez disolvió la asamblea y convocó a una nueva. Córdoba, sometida por la fuerza y gobernada por hombres mandados desde Buenos Aires, estuvo “representada” por los porteños Gervasio de Posadas y Juan Larrea.
La llamada Asamblea del Año XIII inició sus sesiones el 31 de enero de dicho año. Pero a causa de los disensos de las distintas facciones porteñas, no cumplió su cometido de declarar la independencia y sancionar una constitución; se limitó a omitir la mención del rey Fernando VII en los papeles oficiales y su efigie en las monedas acuñadas en Potosí.
A los diputados de la Banda Oriental, que llevaban el mandato de impulsar “la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones, que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta”, no se les permitió incorporarse y su propuesta ni siquiera fue tratada.

Pura retórica.
Las medidas que adoptó, expuestas por algunos historiadores como revolucionarias, son el prototipo de las declaraciones puramente retóricas y están inspiradas en las adoptadas por las Cortes de Cádiz y la Constitución española del año anterior.
El tributo y la encomienda ya no existían; la mita, el yanaconazgo y el servicio personal de los indios habían sido abolidos en 1612. La supresión de los títulos de nobleza era declamatoria, pues los dos únicos que había en lo que hoy es nuestro país no fueron eliminados.
El marqués del Valle de Tojo, don Juan José Fernández Campero, vecino de Jujuy, continuó usándolo, al igual que el conde de Lúcar y Quilmaró (caprichosa castellanización de los títulos irlandeses earl of Lucan y viscount of Kilmallock ), el doctor Miguel del Mármol, vecino de Córdoba. 

La eliminación de los mayorazgos no tuvo ningún efecto, pues los que había entonces continuaron sin cambios. El de San Sebastián de Sañogasta, de los Brizuela y Doria, en La Rioja, subsistió hasta el siglo 20.
La libertad de vientres fue una reforma cosmética que revelaba la falta de decisión para eliminar de cuajo la esclavitud, lo que recién ocurrió en 1853 (1).
 La supresión del Tribunal de la Inquisición –dispuesto ya por las Cortes de Cádiz el 22 de febrero de dicho año– parece una ironía, pues jamás existió uno en el territorio del Virreinato del Río de la Plata.
La eliminación de la tortura como parte de los procesos judiciales también había sido dispuesta por las Cortes, pero, además, siguió practicándose. En 1817, el alguacil mayor de Buenos Aires pedía el arreglo del potro de castigo en la cárcel “por estar inutilizado el existente”.

Otras disposiciones.
Se encargó también la composición del Himno Nacional, inspirado en una canción patriótica española, y comenzó a usarse el actual escudo de la Nación, réplica del utilizado por un club revolucionario francés del siglo XVIII, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, como “Código de la Colección Qb. 1 Año 1793”.
También se dispuso la creación de un Poder Ejecutivo unipersonal con poderes absolutos, bajo el nombre de director Supremo, y se designó para ejercerlo a Gervasio de Posadas, que envió dos mensajeros a España para ofrecer al rey “las más sinceras protestas de reconocimiento de su vasallaje, felicitándolo por su venturosa y deseada restitución al trono, y suplicarle humildemente el que se digne, como padre de sus pueblos, darles a entender los términos que han de reglar su gobierno y administración”.
Su sobrino Carlos de Alvear, que lo sucedió, protagonizó un escandaloso intento de entregar estas tierras a Inglaterra, cuando le escribía al ministro de Relaciones Exteriores de ese país diciéndole que “estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”.
La paciencia de las provincias iba llegando a su fin, y se aproximaban horas de duro enfrentamiento contra las ambiciones hegemónicas del puerto.

La Voz del Interior, 31-1-2013

(1) [Nota del Foro] En 1837 Rosas sancionó una ley que prohibía en forma expresa la compra venta de esclavos en territorio nacional y en 1840 hizo pública su declaración de la abolición total del tráfico de esclavos por el Río de la Plata en todas sus formas.
(Arzac A.G., La esclavitud en la Argentina, p. 31).


Ho Chi Ming no fue el San Martín de Vietnam




 Alexis Di Capo


Durante su estadía en Vietnam, la presidente equiparó a Ho Chi Minh con el libertador San Martín: “Es el Padre de la Patria, el San Martín de Vietnam”, declaró con entusiasmo.

Esta alegre comparación no resiste la confrontación con la realidad histórica. San Martín condujo una guerra por la independencia nacional contra la dominación colonial española. Ho Chi Minh fue el jefe político y militar del Viet Cong en una guerra civil por la reunificación de Vietnam contra la República de Vietnam del Sur, que duró desde 1963 hasta el 29 de abril de 1975, cuando se produjo la caída de Saigón en manos de las tropas del norte. La intervención de las fuerzas armadas de los EEUU en el conflicto no puede soslayar el hecho de que existían dos sociedades vietnamitas: una libre y democrática en el sur y otra comunista en el norte, apoyada política, económica y militarmente por la URSS y China. Y esto nos lleva a una segunda diferencia. 

San Martín luchó y obtuvo la independencia de Argentina, Chile y Perú para establecer un sistema democrático... acorde con las revoluciones que se estaban produciendo en todo el continente americano. Ho Chi Minh fue, por el contrario, el jefe de un partido totalitario que impuso primero en el norte y luego en el sur una tiranía comunista que violó sistemáticamente los derechos humanos, de los cuales la presidente se considera una brillante abanderada. 

El Vietnam unificado fue construido sobre la base de la supresión de las libertades políticas y la libertad de expresión. Se levantaron cientos de campos de concentración y los disidentes fueron sistemáticamente perseguidos y exterminados. Esta diferencia en los valores hace que cualquier comparación entre San Martín y Ho Chi Minh resulte grotesca.

Aliada de Hugo Chávez y de los hermanos Castro, no es de extrañar que CFK se muestre ahora embelesada por un régimen totalitario, apenas inferior en sus atrocidades al de Pol Pot en la vecina Camboya, célebre por haber ejecutado uno de los genocidios más importantes del siglo XXI.

Fuente: Informador Público, 20-1-13