EL ROL DE LOS INDÍGENAS

 


 en la conquista española: el caso de Hernán Cortés y la caída de Tenochtitlán

 

Pablo Yurman

Infobae, 12 Oct, 2024

 

Desde hace un tiempo, cada 12 de octubre, la polémica sobre el significado del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en nombre de la Corona de Castilla se reaviva. Este año no es la excepción a juzgar por el incidente diplomático generado a raíz de las declaraciones del presidente saliente de México, Andrés Manuel López Obrador, y de la actual mandataria, Claudia Sheinbaum, ceremonia a la que no fue invitado el rey de España, Felipe VI.

 

A propósito de esto, hay que tener presente que en ocasiones, la comprensión de los hechos históricos depende mucho del hecho de formularnos preguntas que son a todas luces razonables o de sentido común.

 

Y la pregunta que se impone en este caso es: ¿cómo fue posible que Hernán Cortés lograra tomar la ciudad de Tenochtitlán, en agosto de 1521, con apenas unos centenares de soldados españoles? No debe perderse de vista que la capital del pueblo mexica era por entonces una urbe con más de doscientos años de antigüedad y mucho más poblada que algunas capitales europeas.

 

Lamentablemente para dar respuesta a la pregunta suelen abundar pseudo argumentos, que analizaremos a continuación, que llamativamente eluden ir al fondo de la cuestión y encontrar la respuesta histórica válida. Quizás no sea simple casualidad.

 

Suele afirmarse que los pocos centenares de españoles lograron vencer a los guerreros aztecas, que según los cálculos más conservadores se contaban por decenas de miles, por su supuesta superioridad militar. Esto es, por contar con armas mucho más sofisticadas que los locales. Pero esto no se sostiene. En efecto, las armas con que contaban Cortés y sus hombres consistían básicamente en arcabuces, espadas, armaduras y morriones de acero. Pero hay que considerar algunos matices que sugieren que esto no representaba mucha ventaja contra los nativos. El arcabuz utilizado a comienzos del siglo XVI no era, ni por asomo, una ametralladora moderna, ni siquiera una escopeta a repetición. Los proyectiles consistían en perdigones, la letalidad de éstos era harto dudosa y la tarea de recargar con pólvora para repetir ese único tiro insumía el tiempo necesario como para que un guerrero azteca llegara e hiriera mortalmente a su enemigo.

 

Las pesadas armaduras y cascos de acero podrían ser útiles para la guerra en Europa, pero en América, en sitios expuestos a un calor sofocante, más que una ventaja eran lo contrario.

 

Las espadas españolas suponían su uso en un combate cuerpo a cuerpo, y en esas circunstancias no eran superiores a las armas de los indígenas, que eran un pueblo guerrero experimentado y que pese a no conocer el acero, manejaba hábilmente la flecha, la cerbatana, y sobre todo el temible hacha con puntas de piedra obsidiana, tan cortante como el acero de Toledo.

 

De refilón digamos que sólo algunos de los españoles contaban con caballo, que por su costo y dificultades en los traslados, estaba reservado a unos pocos. Es posible que en un primer momento los nativos americanos se sorprendieran al ver estos animales, ya que eran desconocidos en América. Pero cuando comprobaron que los caballos eran herbívoros, que no lanzaban fuego por su hocico y que con un flechazo se desangraban y morían, el misterio y la subyugación se debe haber desvanecido por completo.

 

Otra justificación pasa por afirmar que habrían circulado leyendas orales entre los pobladores de esa parte del continente según las cuales, algún día llegarían sujetos de contextura similar a la europea (altos, de tez blanca, con barba), a bordo de extrañas naves, acontecimiento que marcaría el fin de la civilización mexica. Se infiere que el choque cultural debe haber sumido a los aztecas en una suerte de desesperación y de una obnubilación tal que los paralizó por completo. “Creían que los españoles eran esas deidades de las que hablaban las leyendas” suelen repetir algunos.

 

Seguramente el impacto psicológico existió en un comienzo de ese encuentro de dos mundos hasta entonces separados entre sí. Pero convengamos que a los españoles también les deben haber espantado algunas cosas propias de la cultura local. Por ejemplo, el repugnante espectáculo de las pirámides utilizadas para el sacrificio humano de los pueblos vencidos, práctica habitual entre los aztecas y que se corrobora con nuevos y periódicos descubrimientos arqueológicos.

 

Pero superado el primer impacto visual, y con las primeras escaramuzas armadas previas a la toma de Tenochtitlán, los mexicas pudieron comprobar que esos “dioses” o seres extraños, se les parecían bastante en su condición humana: se desangraban por la herida de flechas y piedras, y morían. Fin del enigma. Eran tan humanos como ellos.

 

Si nos detenemos en esta explicación, nos damos cuenta de que quienes la utilizan subestiman llamativamente las capacidades cognitivas de los indios americanos, suponiéndolos como niños asustadizos ante la presencia de algo que les era desconocido. Recordemos que los aztecas eran una etnia de entre decenas que poblaban el actual territorio mexicano y que se caracterizaban por ser un pueblo guerrero, que había alcanzado por la fuerza su predominio sobre otros. Cuesta creer que fuesen fáciles de atemorizar.

 

Otro pretendido argumento al que se echa mano es afirmar que con los españoles llegaron enfermedades contra las cuales las poblaciones pre-hispánicas carecían de inmunidad biológica. Esto efectivamente ocurrió en lo que fue la paulatina llegada de contingentes españoles a América. Pero con algunas aclaraciones. Por más que Cortés hubiera deseado utilizar virus de enfermedades como “arma biológica”, ello no hubiera sido posible, al menos en esa época. No se podía aislar el transmisor de las enfermedades y guardarlo en un tubo de ensayo para esparcirlo luego donde se quisiera. Por otra parte, si bien es cierto que los españoles soportaban mejor algunas enfermedades, por ejemplo, la gripe, no es menos cierto que otras (por caso, la viruela) seguían siendo mortales. A ello hay que agregar que así como los mexicas no estaban preparados para enfermedades europeas, los españoles no lo estaban para enfermedades que eran endémicas en América y que solían diezmar muchos de sus contingentes, fundamentalmente en áreas tropicales, predominantes en el continente recién descubierto.

 

No obstante lo señalado, es lógico deducir que la fulminante conquista española de un continente inmenso, produjera posteriormente y hasta tanto no se terminara de organizar la sociedad basada en el mestizaje -promovido desde el inicio por la misma Corona castellana- un cierto impacto psicológico en sectores del pueblo mexica. Al respecto refiere Alejandro Pandra a un aspecto poco estudiado, diciendo que “Mientras el varón indígena, vencido, perseguido o sometido a servidumbre queda aniquilado después del derrumbe de su cultura, la mujer indígena huye de los suyos -que ancestralmente la habían sometido y explotado-, se acerca al invasor, le sirve de intérprete, le consuela. La india sobrevive psíquicamente.” (“Origen y destino de la Patria”).

 

A propósito de lo que señala Pandra, un caso paradigmático es el de la joven nahua Malintzin, conocida como La Malinche, originaria de la actual Veracruz, México, quien fue pareja de Cortés y con quien tuvo un hijo, llamado Martín. Fue ella quien ofició de intérprete y según varios historiadores, hasta de consejera del conquistador español.

 

Por todo lo anterior, la conclusión es que evidentemente la astucia y fortaleza de Cortés y sus escasos hombres procedentes de España debió consistir en otra estrategia para lograr vencer a un imperio de estructura jerárquica militarista que contaba con decenas de miles de guerreros dispuestos a combatir a muerte al invasor. Y es quizás el indagar sobre esta circunstancia la que incomode a personas como López Obrador o Sheinbaum, por no encajar en su mirada prejuiciosa sobre la conquista.

 

Los hechos históricos documentados dan cuenta de que desde su desembarco en Yucatán y hasta llegar a la zona central de México donde se hallaba Tenochtitlán, Cortés fue tejiendo alianzas con los pueblos indígenas sometidos al imperialismo mexica, entre los que destacaron los totonacas y los tlaxcaltecas, entre otros. Esto es lo que explica que los pocos cientos de españoles fuesen acompañados por decenas de miles de indígenas dispuestos a luchar por su liberación del yugo mexica.

 

Con razón afirma Marcelo Gullo en su libro “Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán” que “cuando se analiza la historia sin prejuicios … se llega a la conclusión de que los aztecas llevaron a cabo como política de estado la conquista de otros pueblos indígenas para poder tener seres humanos para sacrificar a sus dioses. Año tras año los aztecas arrebataban los niños y las niñas a los pueblos que habían conquistado para asesinarlos después en sus templos”.

 

Al decir del propio Gullo, para esos pueblos sometidos por los aztecas, Cortés no fue un conquistador, sino un liberador de un yugo al que se hallaban sometidos desde tiempo atrás.

¿LA CULPA ES DE COLÓN?

 


 las verdaderas motivaciones detrás del juicio póstumo al descubridor de América

 

Claudia Peiró

Infobae, 12 Oct, 2024

 

La primera mujer electa presidente de México se negó a invitar al Rey Felipe VI a su asunción, una afrenta ante la cual Pedro Sánchez anunció que el gobierno español no estaría presente en la ceremonia. Si el gesto resulta absurdo más lo son sus fundamentos.

 

La explicación o reclamo de Claudia Sheinbaum fue que, en 2019, el Rey no respondió la carta del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con motivo de los 200 años de la independencia de México, en la que le proponía un trabajo bilateral en una hoja de ruta para hacer en 2021 “una ceremonia de alto nivel para que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado (¿?) de su historia común”, a fin de iniciar una nueva etapa en sus relaciones.

 

Sheinbaum se consideró agraviada porque esa misiva no recibió respuesta alguna de Felipe VI como según ella “hubiera correspondido a la mejor práctica diplomática de las relaciones bilaterales”. Digamos que la carta de AMLO, además del brutal sesgo histórico que expresaba, era de por sí ofensiva como para aspirar a una respuesta diplomática de la otra parte.

 

Es curiosa la obsesión del ex presidente de México con estos temas. Una posible explicación es que sea por influencia de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, cuya tesis de maestría en la Universidad de Puebla en 2002 se tituló: “Memoria artificial en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

 

De todos modos, las motivaciones de los mandatarios progresistas de estas primeras décadas del siglo para abrazar el indigenismo y la leyenda negra antiespañola no son precisamente domésticas. Corresponden a una política que se repite calcada en todos lados y que está muy lejos de acarrear algún beneficio para los países de la región.

 

Hispanoamérica le debe su unidad cultural a España, pero nuestros políticos -y nuestras políticas- se empeñan en desconocerlo. Una excepción en la izquierda es el ex presidente de Uruguay José Mujica que ha dicho: “Los latinoamericanos tenemos dos grandes instituciones comunes: la lengua [y] la Iglesia católica. Esas son las columnas vertebrales comunes que tenemos en nuestra historia y no reconocerlo es un error garrafal en América Latina. Y yo, por más ateo que sea, no voy a cometer ese error”.

 

Claudia Sheinbaum dijo que la relación con España “se beneficiaría con una renovada perspectiva histórica”. Pero si se parte de la caracterización de la conquista y colonización española como un genocidio y se plantea la ridícula exigencia de que pidan perdón los de hoy por supuestos agravios de hace 500 años, sólo cabe imaginar perjuicios para la relación.

 

Es una manía propia de la cultura occidental en crisis esto de los arrepentimientos y pedidos de disculpas extemporáneos.

 

Claudia Sheinbaum también subrayó la importancia que tiene para ella el reconocimiento de los pueblos indígenas. Y acá nos acercamos a un aspecto del tema. No hablemos de culpas. De lo que corresponde hablar es de responsabilidad. ¿Quién tiene en el presente más responsabilidad por la situación de marginalidad en la que se encuentran muchas comunidades aborígenes en nuestros países? Pues precisamente los presidentes -y presidentAs- progresistas, bolivarianos, populistas, demagogos, de las últimas dos décadas y de la actual, porque en sus manos están los resortes políticos, económicos, sociales y culturales para poner remedio a esa situación, para favorecer el desarrollo de esas comunidades y para promover un mayor mestizaje étnico y cultural, porque ese es el camino virtuoso, y no -con la excusa del respeto- un apartheid. Pero es más fácil culpar a Colón.

 

Como dice el historiador español Juan Eslava Galán: “Mientras culpan a España no se ocupan de sus verdaderos problemas. España se fue de allí hace más de doscientos años. Son países potencialmente muy ricos pero tienen gravísimos problemas sociales y estructurales, algo se estará haciendo mal”.

 

Lo llamativo es la coordinación con la cual estos políticos se lanzaron a la cruzada antiespañola. Con iniciativas idénticas unas de otras. Con un mismo guión. Como si alguien los mandara…

 

Por caso, Claudia Sheinbaum y Cristina Kirchner no tienen en común solamente el hecho de reclamar que las llamen “presidentAAAA”; las dos experimentaron el mismo brote iconoclasta anti Colón.

 

La Sheinbaum lo hizo cuando era alcaldesa de la Ciudad de México. Retiró la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma para reemplazarla por la de una mujer indígena… De manual. “Claro que Colón fue un gran personaje universal y también hay que reconocerlo, pero creemos que, en el centro de nuestra ciudad, tiene que haber un reconocimiento a la mujer indígena”, justificó.

 

¿Por qué una cosa contra la otra? Desde el primer momento de la conquista de México por Hernán Cortés, muchas mujeres indígenas se casaron con españoles, dando lugar a lo que hoy es el pueblo mexicano, detalle que no parece importar a los gobernantes. La corona española tan denostada fue la promotora de los casamientos mixtos. La reina Isabel lo ordenó: “Cásense españoles con indias e indias con españoles”.

 

En 2012, el diario ABC publicó la impresionante lista de los atentados post mortem que ha padecido el descubridor (sí, descubridor) de América en estos años. Allí señalaban que Sheinbaum no tuvo en cuenta el valor patrimonial de la obra que removió y que era “el conjunto histórico más antiguo de la avenida”.

 

Un atropello patrimonial parecido al que ya había cometido Cristina Kirchner, cuando removió un hermoso conjunto escultórico donado por Italia, que decoraba elegantemente los fondos de la Casa de Gobierno, para poner en su lugar una pobre estatua de Juana Azurduy que luego hubo que quitar porque no resistía la intemperie...

 

Un atentado al buen gusto pero sobre todo un atentado a nuestra identidad. Somos parte de la cultura occidental por nuestra historia, les guste o no a los (y las) indigenistas.

 

También a Estados Unidos llegó la campaña de vandalización de monumentos a Colón y una estatua de bronce del navegante fue decapitada en un parque de Nueva York, en 2017, por acción de grupos pro derechos civiles de los afroamericanos para denunciar a los supremacistas blancos. ¿Qué culpa tiene Colón?

 

Varios gobernantes demócratas se sumaron a esta campaña, decía el ABC, “con medidas y argumentos ideológicos similares a los que esgrimió el chavismo”. Por ejemplo, suspendieron los tradicionales homenajes en muchos estados. “Es curioso que fuera una de las ciudades con raíces hispanas más profundas la que acabara también con el Día de Cristóbal Colón y lo sustituyera por el Día de los Pueblos Indígenas”, decía el diario, en referencia a Los Ángeles.

 

Lo mismo hicieron Denver (Colorado), Berkeley (California), Phoenix (Arizona), Albuquerque (Nuevo México), Minneapolis (Minnesota) y Seattle (Washington).

 

Es curioso que culpen a Colón por el exterminio aborigen que fue en realidad obra de los colonos blancos en su fiebre del oro. como explica Alfonso Borrego, bisnieto del célebre jefe apache Geronimo.

 

Los demócratas deberían además recordar lo que dijo uno de sus más destacados presidentes, John Fitzgerald Kennedy: “Una de las grandes omisiones de los americanos en este país, en lo que se refiere a su pasado, ha sido el desconocimiento en su totalidad de la influencia, exploración y desarrollo españoles a lo largo del siglo XVI en el sudeste de los EEUU lo que constituye una historia formidable. Desgraciadamente demasiados americanos piensan que América fue descubierta en 1620 y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar durante el siglo XVI y principios del XVII en el sur y en el sureste de los Estados Unidos”.

 

En Venezuela, el estilo chavista metió la cola y el 12 de octubre de 2004, Cristobal Colón, es decir, su estatua, fue juzgada y condenada a muerte por “genocidio”. La pantomima consistió en ponerle una soga al cuello y derribarla. Todo un acto de arrojo. Colón fue arrastrado por el suelo y colgado en medio de cantos y bailes de euforia. Hugo Chávez cambió además el Día de la Raza por el Día de la Resistencia Indígena.

 

Payasadas similares se replicaron en Bolivia, donde en 2018 fue vandalizada la estatua de Colón ubicada en el Paseo del Prado de La Paz. ABC destaca que esto pasó justo después de que el alcalde de Los Angeles retirara la estatua de Colón, y que Evo Morales aplaudió esa iniciativa con un mensaje en Twitter: «Saludamos al hermano concejal de Los Ángeles, Mitch O’Farrell, descendiente de la tribu Wyandotte de Oklahoma, que logró que se retire la estatua de Cristóbal Colón del Grand Park de esa ciudad. Coincidimos con él en que el llamado descubrimiento fue un genocidio y un saqueo de los recursos naturales”.

 

Es curioso ver cómo estos referentes izquierdistas que antes quemaban banderas norteamericanas ahora se las toman con Colón…

 

Unos días antes de viajar a España en visita oficial, en mayo del 2023, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reivindicó la lucha de su pueblo por “liberarse del yugo español; destronar reyes, duques y príncipes; acabar con privilegios y con un régimen productivo de esclavistas que condenaban al hombre negro a ser esclavo por perpetuidad”.

 

“Era una sociedad del yugo”, insistió en referencia a la América precolombina, pero no rechazó el collar de la Orden de Isabel La Católica que le dieron poco después…

 

Sheinbaum, como antes AMLO, Petro, Evo Morales y otros, son repetidores de la leyenda negra antiespañola. La ignorancia histórica no alcanza para explicar esto. Hay una deliberada opción por estos discursos y no tenemos por qué pensar que son ingenuos.

 

En la polémica entre México y España, varios referentes de Podemos se alinearon con el relato de Sheinbaum. Esto llevó al historiador español Gonzalo Rodríguez García, a decir: “La izquierda en España trabaja para que España deje de existir. Conspira para que España se deconstruya. La izquierda es antiespañola”.

 

“México es fruto de la acción de España en América -siguió diciendo-. México existe porque España llegó a América. Hernán Cortés destruyendo la tiranía antropófaga azteca es el creador de México. México existe por la labor civilizatoria de Cortés (que) lo logra gracias a los pueblos mexicas que lo ayudan a derrocar a una casta sacerdotal envilecida”.

 

Aunque se autoperciba azteca, AMLO no tiene una sola gota de sangre indígena. Es ciento por ciento español genéticamente hablando. Sus cuatro abuelos eran españoles. Si fuese coherente con su planteo debería subirse a un barco y marchar a España. Porque si los españoles del siglo XXI tienen alguna culpa por injusticias cometidas durante la Conquista -que las hubo- él es tan responsable como ellos.

 

Rodríguez García decía otra cosa muy cierta: “A quien más daña la confrontación es a los mismos americanos porque pierden una palanca fundamental de arraigo y comprensión de sí mismos”.

 

Por caso, en 2017, Petro decía: “El 12 de octubre se conmemora una invasión, un genocidio, una conquista, un saqueo. Jamás hubo un descubrimiento”. Se equivoca y en grande. Del 12 de octubre en adelante, no solo los españoles -y a través de ellos todos los europeos- descubrieron América; también lo hicieron los indígenas, que no tenían ni idea de que vivían en un territorio que era parte de un todo mayor, ni conciencia de la existencia de otras etnias indígenas a lo largo y ancho del continente. Salvo las vecinas con las que vivían en estado de guerra.

 

Ni hablar del genocidio que no se condice en absoluto con la política de mestizaje que dispuso la Corona desde el primer momento, ni con la creación de instituciones políticas, jurídicas y culturales, etc. Si prefieren un argumento más pragmático, más materialista, en modo alguno podían los conquistadores llevar a cabo un exterminio masivo de indios porque sin las poblaciones locales era imposible cualquier desarrollo o aprovechamiento de las riquezas y recursos del nuevo continente.

 

Eslava Galán sostiene que “con la conquista española no hubo etnocidio, sino mestizaje, se fomentaron los casamientos mixtos y una sociedad mestiza, algo que no se dio en ninguno de los demás colonialismos europeos”.

 

Otro argumento indigenista es la exaltación de la cultura precolombina, una fantasía. Los mismos que viven criticando la religión católica, reivindican los cultos nativos, pasando por alto su crueldad.

 

Claudia Sheinbaum dijo ser una persona de fe, aunque aseguró no profesar ninguna religión. Pero la de su familia, el primer monoteísmo -”nuestros hermanos mayores”, como decía Juan Pablo II-, no promovía los sacrificios humanos como la de los aztecas.

 

La azteca “era una religión despiadada -dice Eslava Galán- Abrían el pecho a la víctima y le sacaban el corazón palpitante”. “La arqueología nos sigue dando pruebas cada día, han aparecido cráneos mexicas de niños y mujeres atravesados por cuchillos. Se empieza a subrayar que era un sistema muy cruel. Los mexicanos lo saben” pero “hay algún demagogo, como López Obrador…”

 

Rodríguez García dijo también que “no hay izquierda nacional en España”. Tampoco la hay en Argentina, ni parece haberla en los demás países del continente.

 

La mala política es producto de la falsa historia, como dice el politólogo Marcelo Gullo. Estos discursos anti hispanistas e indigenistas no son inocuos. Son antinacionales y antipatrióticos. Van creando el clima para la división, la fragmentación territorial y social, además de servir para desviar la atención de los verdaderos problemas y de los “colonizadores” del presente.

EL PRIMER VIAJE DE CRISTOBAL COLÓN

 


Por Horació Boló

La Prensa, 30.09.2024

 

Mucho se ha escrito sobre este tema. Pero la mayor parte de la información está llamativamente tergiversada por motivos ideológicos o por ignorancia. ¿Qué sabía Colón?

 

Colón no descubrió que la tierra era redonda. Esto se sabía desde la más remota antigüedad e incluso en el siglo III antes de Cristo. Eratóstenes midió el perímetro de la tierra con una diferencia mínima con respecto a los métodos actuales.

 

Aparentemente desde la época de Aristóteles, siglo IV antes de Cristo, se sabía que bastaban pocos días de navegación para llegar a tierra firme, llamada India Oriental, navegando hacia Occidente. En numerosos mapas de la época esto se ve claramente: en el mapa de un monje benedictino Walsperger del 1448 y en el de Martellus Germanicus de 1489 y en los trabajos de Toscanelli y de Pierre d’Ailly, (1350-1425), Cardenal de la Iglesia.

 

En una nota que figura en este último Colón escribió: “El fin de España y el comienzo de la India no son muy distantes y es evidente que este mar es navegable en pocos días con un buen viento”. Colón mismo en una carta a los Reyes Católicos del 18 de octubre de 1498 dice textualmente haber llegado a “...islas y tanta parte de tierra firme de los antiguos muy conocida y no ignota como quieren decir los envidiosos e ignorantes”. Un viaje de Europa a la China sin escalas hubiera sido un viaje demencial, imposible.

 

¿CUAL FUE EL PROPOSITO DEL VIAJE?

 

La idea de las especias y de fomentar el comercio responde a una interpretación típica de nuestra época que sólo piensa en el beneficio y el goce y le cuesta aceptar que haya algo superior por lo que alguien esté dispuesto a emprender una acción. En ningún documento de la época se habla de economía ni de comercio. Eso lo ponemos nosotros con nuestra mentalidad. Como muy bien dice el historiador argentino Enrique de Gandía “hay que vivir como vivían aquellos seres, rezar como ellos rezaban, creer lo que ellos creían, instruirse como ellos se instruían, contemplar las Catedrales…”.

 

En ningún documento de la época vinculado a la empresa se habla de encontrar una ruta a la India. El propósito que se menciona es “descubrir tierra firme e Islas del mar Océano”.

 

Los motivos fundamentales fueron dos: la lucha contra el Islam y el evangelizar a los tártaros, a los chinos y a los territorios gobernados por el gran Kan.

 

El Islam era una gran amenaza para Europa y los reyes de España, Fernando e Isabel, terminada la guerra contra los moros, estaban empeñados en continuar la lucha contra el Islam.

 

Por otro lado desde hacía muchísimos años existían conexiones entre las monarquías de Francia y España y la república de Venecia con los tártaros, mogoles y chinos. Marco Polo fue un enviado del Papa ante el gran Khan, y es más, los khanes, y los emperadores de Mogolia y China le pedían misioneros cristianos.

 

Colón dice textualmente en el diario de su primer viaje: “...después que Su Majestad había dado fin a la guerra contra los Moros que gobernaban Europa... a través de la información que le proporcionara a Su Alteza sobre las tierras de India y sobre un príncipe llamado Gran Khan lo que significa en nuestra (lengua) vernácula ‘Rey de Reyes’ que muchas veces él y sus antepasados han ido a buscar a Roma doctores en nuestra Santa Fe para instruirle en ella y que nunca el Santo Padre los ha provisto y que por lo tanto se han perdido muchos pueblos caídos en la idolatría... Su Majestad... enemigo de la secta de Mahoma resolvió enviarme a mí, Cristóforo Colombo para ver la manera en que debe ser llevada a cabo su conversión a la Santa Fe”.

 

Consecuentemente con lo anterior se sabe que la Reina Isabel de Castilla no empeñó sus alhajas para financiar la expedición de Colón, es más, ella había empeñado con anterioridad sus joyas para solventar la reconquista de Granada. La plata la puso la Iglesia Católica y fue entregada a los Reyes por el tesorero de la Cruzada, Alonso de las Cabezas de la diócesis de Badajoz.

 

¿COMO ERA COLON?

 

Estaba casado con una mujer de la nobleza, era un experimentado navegante y vinculado con el comercio marítimo. Había aprendido además a confeccionar mapas, arte en el que se destacó.

 

Había leído a los autores antiguos: Aristóteles, Ptolomeo, Marino de Tiro, Estrabón y Séneca. Quedó muy impresionado al leer en Medea de Séneca con un pasaje en el que dice que llegará una era en que el Océano romperá sus cadenas, se descubrirá una tierra grande y Tiflis, un piloto, descubrirá nuevos mundos. Creyó que esta profecía le estaba destinada.

 

Era profundamente religioso. “He sido bautizado Cristóforo, el que lleva a Cristo y llevando a Cristo he de morir”, rezaba y ayunaba como un monje, comulgaba con frecuencia y era muy devoto de la Virgen y San Francisco y comenzaba todos sus escritos “Jesús con María esté en mi camino”. Siempre sintió que tenía una misión que cumplir, que Dios lo había destinado a ser un instrumento de la ´reparación de la fe.

 

CARACTERISTICAS DEL PRIMER VIAJE

 

La tripulación estaba constituida por 90 hombres de los cuales se conoce el nombre de 87; sólo cuatro no eran españoles. Sobre esto se ha creado la leyenda de que la tripulación estaba integrada por personas desesperadas, criminales y ex presidiarios. Nada más lejos de la verdad. La leyenda surgió a raíz de que uno de los tripulantes había matado a un hombre en una pelea y había sido sentenciado a muerte y entonces tres amigos de él lo sacaron de la prisión. De acuerdo a una extraña ley vigente en Castilla ellos también fueron sentenciados a muerte. Estos fueron los únicos presos que se acogieron a la orden real que suspendía todo proceso civil y penal a quien se anotara como integrante de la expedición.

 

Por los datos complementarios que se conocen del resto de los tripulantes, se sabe que no eran presos comunes. Casi todos los miembros de la tripulación eran de Palos y de las ciudades vecinas, Cádiz, Sevilla, Córdoba, etc. Muchos se conocían e incluso eran parientes. Lejos estamos de un conjunto de criminales y desesperados.

 

Vale la pena resaltar el espíritu religioso que reinaba en la expedición. Todos los miembros se confesaron y comulgaron antes de su partida. Se rezaban algunas de “las horas del Oficio”, como en los monasterios, sobre todo al atardecer las vísperas, y después de cenar, completas.

 

Al alba el grumete encargado de la guardia saludaba al día que nacía con este hermoso himno:

 

“Bendita sea la luz

Y la Santa Veracruz

Y el Señor de la Verdad

Y la Santa Trinidad;

Bendita sea el alma,

Y el Señor que nos la manda;

Bendito sea el día

Y el Señor que nos lo envía”.

 

Sería un ingenuidad y una falsedad pensar que era una expedición de ángeles: como toda empresa humana tuvo sus claroscuros, pero este era el espíritu que la guiaba.