ACLARACIÓN SOBRE LA LOGIA "LA PERFECTA AMISTAD"


En el post anterior se publicó un artículo sobre la famosa medalla acuñada en Bélgica con la efigie del Libertador. Al respecto, es necesario insistir una vez más, en que nuestro héroe nunca perteneció a la masonería. Reproducimos, a continuación, un comentario que documenta lo afirmado.

 

Nuevos datos sobre San Martín

En la revista Todo es Historia, se publicó un artículo del embajador Guillermo Jacovella[1], que aporta nueva información, debidamente documentada, que complementa lo sostenido en nuestro artículo "San Martín no fue masón" (http://forosanmartiniano.blogia.com/2006/octubre.php  ).

 

1. Nos interesa detenernos en lo que se expone respecto a la medalla confeccionada por el artista belga Jean Henri Simon, una de las diez que preparó por encargo del Rey, como homenaje a otros tantos hombres célebres. Para esta medalla el general posó expresamente, y se logró el único retrato de perfil de nuestro héroe. Se conserva una sóla medalla en bronce, en la Biblioteca Real de Bruselas, que tiene escrito, en el reverso: “Loge La Parfaite Amitié constituée a l’Oriente de Bruxelles le 7 julliet 5807 (1807) au Géneral San Martín 5825 (1825)”.

En el anverso, figura “General San Martín”, alrededor del retrato, y abajo “Simon F”, indicando el nombre del grabador y su pertenencia a la masonería (F: frere, hermano).

 

2. Se puede deducir que esta medalla fue confeccionada sobre el molde de la oficial, encargada por el Rey, y no hay constancias de que San Martín la haya recibido. No figura en ella como “F”, sino como General. Tampoco figura su nombre en las listas y actas de la logia mencionada, como lo ha reconocido Frank Langenauken, director del Centro de Documentación Masónica de Bruselas. Esto es muy importante, pues, al ser ocupada Bélgica en la 2da. Guerra Mundial, los alemanes incautaron archivos oficiales y de la masonería. Luego esos archivos quedaron en poder de la Unión Soviética en Moscú, y el gobierno belga consiguió recuperarlos recientemente

 

3. Hace una década, el Dr. Terragno escribió: “Cuando todos los materiales estén clasificados y al alcance de los investigadores, quizá surjan nuevos elementos sobre la Parfeite Amitié y los vínculos masónicos de San Martín en Bruselas”[2]. Pues bien, estando ya los documentos disponibles, se realizó una exhaustiva investigación, “sin que se pudiera encontrar mención alguna al general San Martín o al homenaje de la referida medalla”[3].

 

4. Consideramos muy valiosa la información aportada por el señor Jacovella, para desmentir una falsedad histórica. Debemos discrepar, sin embargo, con dos afirmaciones del autor:

a) que “se puede afirmar que era de claras convicciones liberales”;

b) que la masonería no estuvo condenada por la Iglesia hasta 1884.

 

5. Sostiene Jacovella que “si San Martín hubiera querido iniciarse en la masonería durante los largos años que vivió en Europa (hasta 1850), ello no hubiera sido abiertamente incompatible con su condición de católico y mucho menos de liberal” (p.25). La encíclica de 1884, a la que se refiere el autor, es la Humanum genus, de León XIII. Pues bien, ese documento ratifica expresamente las constituciones:

 

“In eminenti”, de 24-4-1738, de Clemente XII.

“”Providas”, de 18-5-1751, de Benedicto XIV.

“Ecclesiam a Iesu Christo”, de 13-9-1821.

“Quo graviora”, 13-3-1825, de León XII.

 

A través de dichos documentos, la “Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la masonería, constituída contra todo derecho divino y humano, era tan perniciosa para el Estado como para la religión cristiana. Y amenazando con las penas más graves que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad”[4].

 

6. Sobre el liberalismo, nos pronunciamos en "San Martín, ni masón ni liberal" (www.mario-meneghini.blogspot.com ).

7. Félix Luna, director de la revista Esto es Historia, hasta su fallecimiento, escribió en el editorial del número comentado, refiriéndose a San Martín:

 

“…no hizo falta ninguna medida de gobierno para imponer su culto. En este aspecto, vemos cómo han sido inútiles algunos intentos de revisar el recuerdo histórico de San Martín aportando pretendidos documentos o revelaciones que modificarían sustancialmente su personalidad. Así, los intentos de presentarlo como un mestizo, hijo de una india guaraní, o los que le adjudican hijos ilegítimos habidos en el Perú. Aparte de la orfandad de las pruebas que se presentaron en estos casos, estas revisiones no calaron popularmente ni sirvieron para que la imagen clásica del Libertador se modificara”.

 

[1] Jacovella, Guillermo. “San Martín y los ideales masónicos”; Todo es Historia, Nº 505, agosto de 2009, páginas 20-25.

[2] Terragno, Rodolfo H. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, p. 193.

[3] Jacovella, op. cit., p. 23.

[4] “Humanum genus”; p. 4.


EL PRIMER HOMENAJE NUMISMÁTICO


al general San Martín en Europa

Roberto L. Elissalde 

La Prensa, 20.07.2020

Destacados numismáticos han estudiado las muchas representaciones en distintos metales que se han hecho del general San Martín, empezando por el marino e historiador don Humberto F. Burzio junto al doctor Belisario J. Otamendi en 1952, autoridades en la materia. A ellos lo siguieron otros reconocidos especialistas que se dedicaron al tema tratando algunas de ellas en artículos o conferencias recordando a vuelo de pájaro a Siro de Martini, Jorge Ferrari, José María González Conde, Fernando Chao, Manuel Padorno y Santiago L. Sanz.

 

Sin embargo hoy que el Reino de Bélgica celebra su día nacional, bien está recordar que fue en Bruselas donde se le hizo al Libertador el primer homenaje numismático en Europa con una medalla acuñada en vida cuando residía en esa ciudad.

 

El Libertador embarcó en febrero de 1824 rumbo a Francia en compañía de su hija Mercedes Tomasa, y después de pasar a Inglaterra fijó su residencia a partir del mes de octubre en Brueselas. La prefirió por el bajo costo y la libertad que en ella se disfrutaba, se instaló en una casa de campo a pocas cuadras de la ciudad en compañía de su hermano Justo Rufino. Mientras tanto la niña se educaba en un colegio privado y fue en esa tierra donde escribió las famosas “Máximas para mi hija”. Tampoco era buena su situación económica por la devaluación del peso argentino, y en tren de restringir erogaciones dejó la quinta para establecerse en una casa ubicada en la Rue de la Fiancée 1422, solar que hoy lo recuerda con una placa.

 

No es nuestra intención referirnos en una breve nota a la estadía del Libertador en aquellas tierras, sino rescatar su prestigio que mereció el homenaje de una medalla por parte de la Logia “La Parfaite Amitié” (La Perfecta Amistad ) que fue diseñada por el reconocido artista judío y grabador real Jean Henri Simón en la cual puede verse el perfil de San Martin. La medalla en el anverso representa el busto del libertador con el perfil izquierdo y la leyenda " Le General San Martin". El reversos contiene la siguiente leyenda: " La Logia La Parfaite Amitié constituida al oriente (en la ciudad) de Bruselas el 7 de julio de 5807 (fecha de creación de la logia) al General San Martín 5825. Como vemos se agregaba 4000 años a la fecha que corría.

 

El 19 de enero de 1825 se había anunciado en el periódico "La Belge Ami du Roi et de la Patrie" ("La Bélgica Amiga del Rey y de la Patria") que Simon  había sido comisionado por el gobierno para confeccionar diez medallas con efigies de hombres célebres, entre los que se contaba un militar sudamericano, José Francisco de San Martín.

 

Esto demuestra el prestigio que había adquirido como militar en Europa donde sus campañas eran muy bien conocidas, homenaje que además fue reproducido por la prensa local lo que le da mayor relieve. Bien vale evocarlo en el día nacional de Bélgica, cuyo embajador Peter Maddens hace un culto de la estadía nuestro Libertador en la tierra que representa.

 

Roberto L. Elissalde

Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.


PERIÓDICO "EL RESTAURADOR"


Esta publicación, que desde hace varios años viene realizando una labor de gran calidad y seriedad histórica, puede leerse ahora en formato digital en un blog de libre acceso:



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HITOS DE LA HISTORIA ARGENTINA



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1.    Independencia:  julio 9

2.    Cultura nacional:  julio 29

3.    Reconquista de Buenos Aires:  agosto 12

4.    San Martín: agosto 17

5.    Independencia; aportes del interior: setiembre 5

6.    La Constitución Nacional:  setiembre 23

7.    Campañas del Desierto:  octubre 7

8.    Guerra revolucionaria: octubre 21

9.    Guerra de Malvinas: noviembre 4

10. Vuelta de Obligado:  noviembre 20


Expositores:


Andrés Torres, Mario Meneghini, Juan Manuel Lozita, Raúl Tejerina, Jorge Cima.


LOS COLORES DE LA BANDERA




Por: Fernando Romero Moreno

Crítica Revisionista, 3-6-20

Los colores azul y blanco de nuestra bandera poseen un rico simbolismo, arraigado en la historia más antigua de la Patria. En 1761 el rey Carlos III consagró España y las Indias a la Inmaculada, proclamando a la Virgen María Patrona de sus reinos y diez años después, en 1771, creó una Orden Real en su honor (que aún existe en España), cuyos caballeros debían portar un medallón y una cinta con los colores azul y blanco. Le correspondió luego al rey Carlos IV cambiar la banda real de la Orden, estableciendo una nueva que fuera blanca en el medio y azul en ambos costados. Es la que se ve en los cuadros de Reyes españoles de la Casa de Borbón, tanto en los de la rama isabelino-alfonsina que gobernaron de hecho, como en los de la rama carlista. Estos colores fueron también, en nuestras tierras, los del Escudo de Buenos Aires, los del Consulado porteño, los enarbolados por soldados voluntarios que participaron en la Reconquista de esta Ciudad en 1806 (como distintivo de reconocimiento a la Virgen de Luján) y por los Húsares de Pueyrredón en la Defensa, durante las jornadas de 1807.
También fueron usados por algunos partidarios de la Junta de Mayo con posterioridad a su instalación (no French y Beruti, como se sigue afirmando de modo erróneo, quienes el 25 de mayo de 1810 sólo repartieron cintas blancas con la imagen de Fernando VII) y el mismo Belgrano, al disponer que azul y blanco fueran los propios de la escarapela (él dijo “celeste”, que en rigor es una tonalidad del azul, pero esto, que es importante en heráldica, no lo es en vexilología). El 27 de febrero de 1812, siendo las 18:30, a orillas del Paraná y frente a la entonces Villa del Rosario, Belgrano enarboló la bandera celeste y blanca (probablemente con solo dos franjas, blanca la superior y azul la inferior). Las baterías Libertad e Independencia, en cuya cercanía la izara, fueron bendecidas por el Padre Julian Navarro, pero la primera bendición de la bandera propiamente dicha se realizó el 25 de mayo de 1812 en la Provincia de Jujuy a cargo del canónigo Juan Ignacio Gorriti. El 13 de febrero de 1813, en el Río Pasaje (hoy Juramento), las tropas del Ejército prestaron juramento bajo bandera a las autoridades centrales y el 20 del mismo mes y año, lograron una importante victoria en la batalla de Salta, la primera de nuestra historia presidida por la Bandera creada en Rosario.
          ¿Por qué razón eligió Belgrano esos colores? Es mucho lo que se ha debatido al respecto hasta el día de hoy. El comunicado de Belgrano al Triunvirato es muy escueto al respecto: “Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, mandela hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la Escarapela Nacional”. Pero el asunto es más complejo. Lo primero que hay que entender es cómo interpretaba Belgrano la deposición del Virrey Cisneros y la instalación de la Primera Junta en 1810. Así se lo explicaba el 20 de febrero de 1811 al General Cabañas con ocasión de la Expedición al Paraguay: “Soy verdaderamente Católico, Apostólico, Romano y también fiel vasallo de Su Majestad el señor Don Fernando VII (…). Aspiro a que se conserve la Monarquía Española en nuestro patrio suelo si sucumbe la España al poder del tirano, del usurpador más infeliz, Napoleón, cuyo yugo han querido que suframos los malos españoles europeos (es decir los “afrancesados”) y algunos americanos engañados (…). Yo he traído las armas para sostener tan santa y sagrada causa como la sostendré con los míos hasta perder la última gota de nuestra sangre”. Era la misma explicación que dieran por entonces o pocos años después Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Domingo Matheu, el Congreso de Tucumán en su Manifiesto a las Naciones de 1817, el Padre Castañeda, Tomás Manuel de Anchorena y Juan Manuel de Rosas, entre muchos otros protagonistas o testigos de esos hechos. El testimonio de Anchorena interesa sobremanera en esta materia, pues no sólo participó de los hechos del Año X y fue miembro del Congreso de Tucumán, sino que además se desempeñó como secretario de Belgrano en el Ejército del Norte (1).
Lo explicaba precisamente Anchorena en carta a su primo Don Juan Manuel de Rosas con estas palabras: “Vsd. sabe que…se estableció el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII, y que bajo esta denominación, reconociendo por nuestro Rey al que lo era de España, nos poníamos sin embargo, en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles, apurados por Napoleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También le exigimos, a fin de aprovechar la oportunidad, de crear un nuevo título para con Fernando VII y sus sucesores, con que poder obtener nuestra emancipación de la España, y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la Península española”. Es lo que expresaba también una Canción Patriótica de aquellos años, que decía:

“La América tiene
el mismo derecho
que tiene la España
De elegir gobierno;
Si aquella se pierde
por algún evento
No hemos de seguir
La suerte de aquellos”

         Además de ese motivo de “fidelidad fernandista”, dichos colores eran los propios del vestido y manto de la Santísima Virgen. Y la naturaleza “mariana” de nuestra bandera no era sólo un efecto traslaticio de sus orígenes borbónicos, sino que respondía a la voluntad explícita de su creador. Así lo explicaba el Padre Alberto Ezcurra, siguiendo una serie de citas documentales y bibliográficas que fueron seleccionadas en su momento por la Revista Mikael, del Seminario de Paraná: “José Lino Gamboa – afirmaba Ezcurra -, que era miembro del Cabildo de Luján junto con un hermano de Belgrano y que estaba allí cuando Belgrano pasa con sus tropas, escribe: ‘Al darle Belgrano los colores azul y blanco a la bandera de la patria había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, honrar a la Pura y Limpia Concepción de María de quien era ardiente devoto, por haberse amparado en su Santuario de Luján’. Y el otro testimonio, que es el del Sargento Mayor Carlos Belgrano, hermano de Manuel Belgrano, desde 1812 Comandante Militar de Luján y Presidente del Cabildo de Luján.

Y dice Carlos Belgrano: ´Mi hermano tomó los colores de la Bandera del manto de la Inmaculada de Luján, de quien era ferviente devoto’”. Como puede advertirse, todos estos datos y testimonios analizados conjuntamente permiten corroborar la naturaleza tanto hispánica como mariana de nuestra enseña patria, a diferencia de otro tipo de explicaciones o bien ridículas (“los colores del cielo”) o bien insuficientes (los colores de la escarapela a que alude Belgrano, que él mismo había creado). Y por lo mismo no resulta caprichosa la opinión de quienes sostienen que Belgrano también eligió los colores azul y blanco de los Borbones para poder distinguirlos de los ejércitos enemigos que usaban la bandera blanca con la Cruz de San Andrés, siendo también realistas. Esto se explica pues, hasta 1815, la guerra no había sido, en general (nos referimos al Río de la Plata) entre secesionistas y realistas sino entre realistas autonomistas y realistas centralistas. Esos colores de los Borbones le permitían a Belgrano combatir contra el Consejo de Regencia sin que eso significara una rebelión contra el Rey. Con todo, el Triunvirato vio en esto un peligro y le exigió a que no usara la nueva Bandera.

          Con posterioridad a estos hechos y a la Expedición del Ejército del Norte, Belgrano viajó a España por orden del Directorio a fin de parlamentar con el Rey, toda vez que la idea de independizarnos del monarca y no sólo de la España peninsular, era sólo sostenida (en el Río de la Plata) por Artigas (debido a la ocupación de la Banda Oriental por los portugueses a pedido de los realistas centralistas) y por San Martín (convencido que una independencia justificada en fundamentos concretos era la opción más prudente, pues ya no se podía lograr un acuerdo con España, aunque él insistiera entonces y después en procurar una paz honrosa tanto para la Corona como para los americanos). No parece pues que Belgrano haya creado la Bandera con la intención de tener, en ese momento, una enseña “nacional” (la Argentina como tal no existía, sino que todos se reconocían españoles americanos de distintas regiones) aunque sí pudo pensar que serviría como tal, en caso que España sucumbiera del todo ante Napoleón o Fernando VII volviera con imposiciones inaceptables (que es lo que al final sucedió).
La misión de Belgrano y Rivadavia en España era felicitar a Fernando VII por su restauración en el Trono, lograr que se garantizase la autonomía al Río de la Plata (tal vez sobre nuevas bases jurídicas) de la que gozaban todos los Reinos de Indias desde 1519 por decisión de Carlos I ( V del Sacro Imperio) junto con su naturaleza de territorios inalienables e indivisibles, e impedir o dilatar la expedición punitiva decidida por el Rey contra los “realistas autonomistas” y los ya declarados “emancipadores”. Los tres derechos de los Reinos americanos (autonomía, inalienabilidad e indivisibilidad) venían siendo conculcados por los sucesivos Reyes españoles de diversos modos desde la llegada de los Borbones. Basta con mencionar el Tratado de Permuta con Portugal (1750) por el que se enajenaron las Misiones Orientales (y que ocasionó la famosa Guerra Guaranítica), el trato de “colonias” que (de hecho y verbalmente) se nos venía dando desde 1768,  la “farsa” de Bayona por la que fuimos entregados a Napoleón, la traición de los “afrancesados” sumisos a José Bonaparte y el ilegítimo Consejo de Regencia (sujeto a la doble influencia inglesa como francesa), etc. A pesar de todo esto (el Manifiesto a las Naciones del Congreso de Tucumán, publicado en 1817 lo dice con claridad), no se rompieron los vínculos de fidelidad con el Rey hasta que Fernando VII mostró con claridad su verdadero rostro, absolutista, vengativo y acomodaticio. (2)
          Belgrano y Rivadavia, en cumplimiento de la misión encargada por el Director Supremo, se dirigieron primero a Brasil, para entrevistarse con Lord Strangford y la Princesa Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII. Algunos por ingenuidad y otros por felonía, confiaban en la mediación inglesa. La realidad es que en 1814 Gran Bretaña había renovado su alianza diplomática y militar de 1808 con España, de modo que no le interesaba alentar independencias, sino sólo garantizar el libre comercio, la libertad de cultos y, en caso de consolidarse comunidades independientes “de facto”, procurar dividirlas en la medida de lo posible (el caso de la Banda Oriental entre nosotros es emblemático). Por eso el embajador inglés animó a Belgrano y Rivadavia a viajar a Madrid para lograr un acuerdo con el Rey y evitar la expedición punitiva, revelándoles al mismo tiempo el plan “cipayo” propuesto por Carlos María de Alvear a Gran Bretaña, que tanto Rivadavia como Belgrano dejaron sin efecto.
En cuanto a Carlota Joaquina y al Príncipe Regente, se negaron a recibirlos. En marzo de 1815 ya estuvo claro que las gestiones ante Madrid serían infructuosas y el 17 del mes siguiente se dejó de izar la bandera rojigualda en el Fuerte de Buenos Aires, comenzándose a usar la azul y blanca, aunque no podamos afirmar que haya una relación de causalidad entre uno y otro de los hechos. Sarratea (que ya estaba en Londres desde 1814) junto con Belgrano y Rivadavia, insistieron ante distintas personalidades con otros proyectos, pero todos fracasaron. Belgrano regresó en noviembre de 1815 a Buenos Aires y se convirtió desde entonces en uno de los más ardientes defensores de la Independencia tanto del Rey como de la España peninsular (más no de los valores religiosos y culturales de la Hispanidad) bajo un régimen monárquico limitado. No faltan quienes sostienen que, aun admitiendo la sinceridad del sector “conservador” de las Independencias americanas como los errores de la Corona Española, esos protagonistas no se dieron cuenta que estaban sirviendo sin darse cuenta al objetivo británico de destruir al Imperio Hispánico.
Es curioso que varios de ellos desconozcan o no den importancia a los proyectos de mantener unidos los Virreinatos, independientes de España pero aliados de un modo u otro a la Corona de Castilla, como sucediera con la propuesta del carlotismo en el caso de Belgrano, al menos como la explica Lozier Almazán; la de Miraflores y Punchauca en el caso de San Martín, bien analizada por De la Puente Candamo, Steffens Soler o Diaz Araujo; o el Plan de Iguala de Ithurbide, figura defendida, entre otros, por el P. José Macías S.J. Todos estos  planes (pensados para los Virreinatos de Nueva España, del Perú y del Río de la Plata) fueron obstaculizados o por agentes ingleses o por la ineptitud de Fernando VII. Es probable que sí fuera distinto lo sucedido en el Virreinato de Nueva Granada, pero es un caso que debemos estudiar con más detenimiento. Si Belgrano, San Martín o Ithurbide no hubieran tenido en cuenta lo que estaba en juego a nivel internacional, jamás se habrían arriesgado a conducir planes para salvar América y el Imperio Español bajo nuevas modalidades, que les costó la falsificación de sus biografías, la difamación en vida o después de muertos, en algún caso la persecución y el exilio (como  sucediera con San Martín) y en otros la pena de muerte (como pasó con Ithurbide). Es probable que algunos vieran las cosas con más claridad que otros o que fueran descubriendo progresivamente qué papel jugaba Gran Bretaña en todo esto. Pero esos mismos críticos de las independencias americanas (Luis Corsi Otálora, Julio González, Miguel Ayuso, José Antonio Ullate Fabo, Patricio Lons, etc) , no parecen ecuánimes cuando tienen que hablar de la enorme responsabilidad que en esta tragedia tuvieron Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, el Consejo de Regencia, las Cortes de Cádiz o figuras como Murillo, Valdez o Cevallos.
          Nuestra Independencia se declaró finalmente el 9 de julio de 1816 en Tucumán y el Congreso que la declaró dispuso en 1818 que la enseña creada por Don Manuel Belgrano fuera la Bandera de las Provincias Unidas de Sud América, que con el tiempo darían lugar a la República Argentina. Era una Independencia pensada para conservar unidos al Bajo y Alto Perú, Chile y el Río de la Plata bajo un régimen monárquico y católico. Esa bandera enraizada en nuestra Tradición hispánica y en la devoción a la Virgen (al fracasar el proyecto unitivo surgieron otras tantas banderas como estados nuevos se fueron creando) es la que nos distingue entre los variados pueblos del orbe. Sepamos valorar y defender su simbolismo como su vera historia



Notas:
1)      No es un dato menor saber que la bandera creada e izada por primera vez en Rosario fue confeccionada (según una importante tradición oral) por Doña María Catalina Echevarría, hermana del Doctor en Leyes Don Vicente Anastasio Echevarría (rosarino, quien en el Cabildo del 22 de mayo votara por la deposición del Virrey), amigo de Belgrano y el cual, habiendo quedado huérfano, fuera criado junto con todos sus hermanos por otro vecino ilustre de la Villa del Rosario, Don Pedro Tuella y Monpesan, opuesto (a diferencia de Don Vicente Anastasio) a lo decidido en Mayo de 1810. Tuella, años antes, había compuesto un soneto contra la Revolución Francesa, donde atacaba con brío a los libertinos, jacobinos y bonapartistas, a la vez que defendía a España como madre amorosa (como puede verse, un auténtico “contrarrevolucionario católico” rosarino, de quien nos ocuparemos en otro artículo). Postura que no empaño las buenas relaciones entre Tuella y Echevarría. La bandera original (que no se conserva) fue confeccionada con telas que vendía el propio Tuella.
2)      No olvidemos sus buenas relaciones con Napoleón; su rechazo a los liberales de las Cortes de Cádiz con quienes sin embargo pactó con ocasión de la Revolución de Riego, para luego volver a traicionarlos en 1823; su apoyo a los proto-carlistas del Manifiesto de los Persas, con quienes se comprometió a restaurar la Monarquía Tradicional, para luego dejarlos de lado y reimplantar el absolutismo; y su violación de la ley de sucesión en favor de su hija Isabel, a quien rodeaban los liberales, contra los legítimos derechos de su hermano Don Carlos María Isidro, apoyado por los tradicionalistas.

Bibliografía

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Ullate Fabo, José Antonio, Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la Independencia Americana, Libroslibres, 2009.


MALVINAS ARGENTINAS



 soberanía y unión nacional

La Prensa, 10.06.2020

Por Rodolfo D. Giacomozzi *

Hoy 10 de junio, conmemoramos la creación en 1829 de la Comandancia Política y Militar en Islas Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos, en el Mar Atlántico, a cuyo frente fue designado primer Gobernador y Comandante argentino Luis Elías Vernet; de familia francesa, aunque nacido en Hamburgo, se radicaría en Buenos Aires en 1817, muy interesado en la colonización de Puerto Soledad, teniendo en cuenta su experiencia en la administración de cargas navieras.

En los considerandos del decreto que plasma su nombramiento y que firma el Gobernador interino de la Provincia de Buenos Aires, Brigadier General Martin Rodríguez, se le ordena: "que la población de dichas Islas observen las leyes de la Republica y el cuidado en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios"…

La fecha fue elegida para conmemorar el Día de los Derechos Argentinos sobre las Islas irredentas, que a su vez coincidía con otro 10 de junio pero de 1770. En esa fecha los españoles habían expulsado a los ingleses, establecidos en una de las islas de la Gran Malvina.

España ejercerá el dominio de las islas a través de treintidos Gobernadores, que finalizara en 1811 con el último de ellos, el Oficial de Navío Pablo Guillen.

Con estos antecedentes, el 14 de noviembre de 1973, el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo, -para recordar y reafirmar el reclamo de soberanía sobre los territorios usurpados- sancionan y promulgan, el 30 de noviembre de ese mismo año la Ley 20561/73.

En su Art. 1°. dicha ley fija como "Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre Malvinas, Islas y Sector Antártico" el día 10 de Junio, expresión de soberanía que se celebrara todos los años en todo el país.

En nombre del Gobierno de Buenos Aires, Luis Vernet toma posesión de las islas el 30 de agosto de ese mismo año. Desembarca con su familia, una entusiasta peonada de gauchos, indios y morenos, junto a unos cincuenta colonos entre alemanes e ingleses. Habrá izamiento del pabellón nacional con cintas celestes y blancas en los sombreros de los pobladores, con salvas de veintiún cañonazos en medio de vivas a la Patria!. ..así lo relata su esposa María Sáenz de Vernet.

En medio de ese clima austral riguroso e inclemente, lograran desarrollar la incipiente economía isleña: promoviendo la exportación de cueros y carnes saladas, propiciando la distribución de tierras y cartografiando el archipiélago en toda su extensión. La documentación oficial como rubrica de soberanía, llevara el sello de distinción: "Armas de la Patria-Comandancia Malvinas".

La inmigración -en notorio aumento- llegara en un año a 300 habitantes. y como rimero familiar, el 5 de febrero de 1830 nace en el terruño isleño su hija Malvina Vernet.

Hasta la Revolución de Mayo, la monarquía española detentaba la posesión austral, desde las Islas Malvinas hasta el cabo de Hornos, respaldada por el derecho del primer ocupante, el consentimiento explicito de las potencias europeas de la época y obviamente por formar parte del Virreinato del Rio de la Plata, creado en 1776.

Al General Manuel Belgrano ,como miembro de la Primera Junta, le tocara liquidar los sueldos y gastos de Pablo Guillen, último gobernador español de Malvinas, que en febrero de 1811, hace abandono intempestivo de la comandancia, afectando los derechos soberanos que nos pertenecen - por sucesión de Estados- a las Provincias Unidas del Rio de la Plata. "Es necesario no olvidar, observa la Gaceta Mercantil, la importancia estratégica de Malvinas, llave del Atlántico Sur y del estrecho de Magallanes".

Con retraso gubernamental, recién a principio de 1820 y atento a la explotación indiscriminada e ilegal de ballenas y focas en los Mares del Sur, se toma la decisión de ocupar con todos los atributos legales la geografía de Malvinas.

El señalado para sostener económicamente la empresa, será un familiar de Juan José Castelli, el armador naviero empresario y garante de patentes de corso, Patricio Lynch, quien acepta alistar la fragata "La Heroína" de casi 500 toneladas y pertrecharla con treinta cañones.

Autorizado a emprender la aventura por el Director Supremo Juan Martin de Pueyrredon, se designa al coronel americano David Jewett, inscripto en el libro de corsarios, con reserva de la operación, "Código de Señales de la Armada" y el objetivo excluyente en el norte de su brújula: Malvinas!. Con ellos iba, sumado a la tripulación, el Subteniente de Marina, Luciano Castelli, sobrino del General Belgrano.

Cuando "La Heroína" navegaba por las heladas aguas del Atlántico Sur - por la zona en que fue torpedeado y hundido el Crucero ARA General Belgrano-, ese 20 de junio de 1820 transitaba hacia la inmortalidad el General Manuel Belgrano, entre el 25 de Mayo de la Libertad y el 9 de Julio de la Independencia. Coincidencias del destino.

El 27 de octubre de 1820 la fragata "Heroína" llegaba a Puerto Soledad. La novedad del arribo trasmitida por el capitán Jewett al Director de las Provincias Unidas, Juan Martin de Pueyrredon fue cursada mediante oficio como "Capitán de la Armada de las Provincias Unidas de Sudamérica". Nuestros territorios australes dejaban de ser enclave colonial español, tremolaba al fin jirón del cielo, la sublime enseña. El espíritu de Belgrano se hacía presente con su distintivo de soberanía, para distinguir lo que es de lo que no es.

Desde el punto de vista jurídico la proclama de soberanía de David Jewett es el título más relevante que como Nación podemos oponer a cualquier otro título que esgrima cualquier potencia como es el caso del Reino Unido. y así se debe accionar en los años sucesivos.

Las concesiones de explotación ganadera en la isla oriental de Malvinas al grupo empresario Vernet-Pacheco, -descriptas precedentemente- convalidan nuestros derechos. Vernet sumara a sus tareas, la misión de integrar a través de sus líderes y caciques, a la comunidad nativa tehuelche con la firme intención de extender la Comandancia al estrecho de Magallanes.

Esa expansión geopolítica de desarrollo malvinense, hará fruncir el ceño al Almirantazgo británico que en consecuencia, comienza su arrime naval de hostigamiento, planteándose la ocupación de nuestras Malvinas.

Tanto el Foreing Office como los juristas de la Corona, sustentan los títulos británicos de antigüedad de dominio y comunican al Gobierno de Buenos Aires, el 19 de noviembre de 1829, que no van a renunciar a su pretensiones.

Tomada la decisión por Gran Bretaña de invadir las Islas Malvinas, el comandante en jefe de la Estación sudamericana de la flota británica con sede en Rio de Janeiro, contralmirante Baker, imparte instrucciones al capitán Oslow, al comando del navío Clío, para que desembarque y consuma la expulsión de los ocupantes del Archipiélago, que rindan sus armas y que abandonen el territorio.

El 2 de enero de 1833 se lleva a cabo la usurpación y el desalojo . Nuestros marinos y civiles se rinden, sin chances de combatir ante una fuerza militar superior en medios. A su llegada a Buenos Aires, recibirán con vergüenza, el duro reproche del Almirante Guillermo Brown.

La perdida desde entonces de las Islas Malvinas, poseídas en justos títulos primero por España y luego por la Republica Argentina, es deber sagrado de los nacionales, el velar por la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. "Esos derechos -dirá José Hernández no prescriben jamás".

Desde entonces nuestros reclamos históricos son permanentes. La Asamblea General de Naciones Unidas a través de la Resolución 2065, reconoce el conflicto en 1965 y lo caratula como acto de colonialismo, exhortando a quienes mantienen enclaves coloniales a devolverlos a sus legítimos poseedores. Nos acompañan en la misma dirección de nuestros reclamos el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas, La Organización de Estados Americanos, Mercosur y todas las Cumbres Iberoamericanas.

Imborrable en nuestra memoria, la Batalla de Malvinas iniciada el 2 de abril de 1982, con sus fuerzas de aire, mar y tierra, por la recuperación de las tierras irredentas, nos llaman a la reflexión. El operativo de rescate de Malvinas era difícil. Siendo las fuerzas británicas la infantería de la OTAN en la defensa de Occidente frente al Pacto de Varsovia, tornaba quimérico el intento de alterar los términos de la geopolítica bipolar en esa coyuntura mundial.

Mas acá de las causales de política interior, la gesta sin mácula que libraron oficiales pilotos y soldados está inscripta en la mejor pagina de la historia nacional.

Y en esa marcial presencia en el teatro de operaciones no estuvo al margen el personal de la Aduana Argentina. Convocado sorpresivamente por orden superior, todo el personal de la Sección Brigada de Fondeo se unió a las fuerzas navales para realizar tareas de control y auxilio en altamar.

Los 16 brigadistas de Aduana, embarcados en el buque Piloto Alsina emprendieron una navegación hasta 180 millas náuticas de la costa argentina -altura Mar del Plata- para desde allí, hacer trasbordo a la Fragata Libertad.

El fondeo de guerra estaba orientado al control ocular de material bélico o personas de procedencia británica.

El Chino Corbelle, Víctor Schiavo, Lafalce, Lugones, Fernandez Doval, Pariente, Rossi, López, Islas, Crisafi, Usaurou, Cannata, Mortola, Caba, Chamorro y Fontana todos ellos aduaneros brigadistas de fondeo, centinelas del mar, no registraron deserciones en orden a una convocatoria ineludible.

A su regreso, después de 50 días de operaciones, desembarcados en el apostadero Naval de Buenos Aires, sobrellevaron el mismo sigilo que tuvo el arribo de los heroicos combatientes al volver de esa memorable lid anticolonialista que no tiene fin, sino objetivo: la recuperación soberana de las Islas Malvinas.

Abrigamos esa esperanza."Solo la esperanza tiene las rodillas nítidas, porque no registra genuflexión".

Que la recordación de esos sucesos de Afirmación de los Derechos Argentinos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur, retemple nuestras convicciones de Soberanía Nacional sí, pero cobijada en los pliegues de la Unión Nacional, clave de nuestra felicidad como argentinos. En este año tan relevante en que conmemoramos el bicentenario del paso a la inmortalidad del Gral. Manuel Belgrano. -


* Secretario A.E.A.N.A.